jueves, 16 de octubre de 2014

Filo



Si habré masticao el chala
en mis noches sin fortuna
mirando cómo la luna
dispacito se resbala;
ninguna amargura iguala
a la que hizo nido en mí,
tal vez ella me hizo así:
apartao, triste y uraño
rondando los desengaños
que en la huella recogí.

Como fogón de tropero,
empinao en algún paso,
me ñublo con los ocasos
y me enciendo en los luceros,
soy cinta de clavijero
atada en una mancera
y es mi vida toda entera
cuando el pesar la desgarra,
el alma de una guitarra
que tener alas... ¡quisiera!

Cuando el infortunio un día
con su daga envenenada,
me hirió por la puñalada
porque es sangre de poesía;
en mi existencia no había
otra ilusión y otro empeño,
como el de templar mi sueño
al calor de la esperanza,
fui reja en mis acechanzas
ahondando surcos de ensueño.