martes, 31 de agosto de 2010

El merecido


¡No te cruzo la jeta de un lonjazo
porque te tengo lástima, sotreta!...
¡Prepará d'enseguida tu maleta;
montá el "nochero" y arrimá el "picazo",

que aquí tenés las pilchas de tu apero,
pa qu'ensillés ¿me has oído? y sobr'el pucho
te alejés d'estos ranchos, que hace mucho
soportan tus alardes de grosero!...

No has andao lerdo pa "mostrar la hilacha",
-aunque, ¡de poco te sirvió el apuro!-,
porque habrás aprendido, de siguro,
que no es lo mesmo güérfana que guacha...

Pensabas que el amor como el carancho
ha de saciar en carne su apetencia,
y créibas -¡Dios bendiga tu inocencia!-
que no cabe el honor dentro de un rancho;

pero la garra de la moza altiva
te trujo a la razón, cuando, insolente,
pujaste hasta poner sobre tu frente
el beso que ha de asquiarla mientras viva!...

¡Brutal como tu istinto jué su zaña!
Decime ¿habrá quién dude, al verte ansina,
qu'en trances d'esa ley saca una china
aliento pa voltiar una montaña?...

Vos no pensaste ansí, dejuramente;
¿rebelarse a tu hombría?... ¡qu'esperanza!,
pero ella puso un ¡miente! a tu confianza,
dibujando esa "flor" sobre tu frente!...

Gueno es que aprienda el que querer no sabe,
y si no, ¡que no quiera!... -Esta advertencia
quiero que llame juerte a tu concencia
y dentr'en ella, porqu'en ella cabe...
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Mirame y no llorés... No quiero llanto;
solo quiero, sabés? que lo que has hecho
no güelva a repetirse bajo el techo
d'este "nido" de paz, mil veces santo...

Andá y pedí perdón, que la ofendida
no conoce el rencor más que de vista,
y si pa lesionarte anduvo lista,
no ha de andar lerda pa curar tu herida...

¡Andá te digo!... ¡Obedecé o m'enojo!...
Decile... ¡yo no sé!... lo que te cuadre;
pero jurale por tu pobre madre
que nunca volverás a ser tan "flojo"...

Yo ya te he perdonao, y sólo espero
que tu concencia a la razón atienda,
pues, si tras del perdón viene la enmienda,
concluirán tus alardes de grosero...

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