"...guacho y gaucho me parecían lo mismo, porque entendía que ambas cosas significaban ser hijo de Dios, del campo y de uno mismo". (Don Segundo Sombra)
Fuiste el viejo monturero de la estancia "La Victoria", centinela de la historia en "La Loma del Rodeo"; por eso, cuando te veo sin remedio derrotado, siento que se ha terminado con vos parte de mi vida, que arrastraste en tu caída lo mejor de mi pasado.
Aún adivino tu estampa recortando el horizonte en el ojo donde el monte se abre a la luz de la pampa... Ya no veré el sol que estampa besos de oro en tu costado, como cuando, ya cansado, me llegaba hasta tu alero como hasta un altar campero a ofrendarte mi recado.
Eras el templo sagrado guardián de pilchas camperas: riendas, matras, encimeras y cueros amontonados; al fondo, varios recados en el aire galopaban, y al entrar se destacaba, por su criolla distinción, el recado del patrón: mi abuelo, Don Jaime Achával.
Ya es una imagen perdida ver toda la caballada en tu palenque ensillada antes de la recorrida. Ya tu presencia extinguida cubrió el yuyo y la maleza, y me gana la certeza que a tu palenque olvidado quisiera morir atado con un cabresto 'e tristeza.
Lauro era rubio y ágil como el puma. Se lo dieron a mama. Lo crió ella. Los dos usamos una sola cuna. Los dos juimos en ancas a la escuela, nos arrastró a los dos una divisa, nos balaba a los dos una querencia... y el día que el amor nos puso alas, nos chamuscamos en la misma estrella!
Éramos carne y carne, Cruz y Fierro: un poncho, un mate amargo, una estribera... Amigos! esas dos manos que junta pa rezar un bendito, la cumbrera; el ñudo potriador de dos varones que cuanto más lo estiran, más se aprieta!
Pero el diablo no quiere cosas puras y nos enamoramos de una prienda que tenía los ojos pestañudos y dentradores como dos espuelas. Lauro la llamó Rosa, y yo, la Nazarena.
Me la quiso dejar, salió una noche... Se la quise dejar, gané la ausencia... Y no se pudo; peludió la yunta en el tembladeral de su tranquera! Nacidos pa querer a dos orgullos, dentramos a sufrir con dos bicheras y ansí se nos enanca un odio viejo, un odio de venao y de crucera.
No lo pude peliar: mama vivía. Y éramos uno pa esa criolla vieja... Sonréibamos los dos, mascando fuego, ataos, codo con codo, a la prudencia. Por el "puma" y por mí, gruñe el amargo...
Un día se nos arde la pacencia: hay un "venite"! un revoliar de ponchos, un rechinar de filos, una trenza...! Se nos cruza mi madre y con su llanto, nos apagó la brase de las crestas.
Dispués salimos con divisa y lanza; porque pa suerte, reventó la guerra. Vamo a jugar a cara o cruz la vida, en la primer pelea: uno se ha de quedar con los caranchos y otro con Nazarena.
En las noches azules de sereno, Lauro no duerme poro pensar en ella y yo, sobre el recao lleno de abrojos, voy pitando hasta el pucho, la pacencia... Un: Carguen! nos sacó del purgatorio a púa y a clarín, lanza y sotera. Yo deseo su muerte y él mi muerte. Y zambullimos en la polvareda... Volvimos unos pocos esa noche; pero el "puma" está allí, no duerme; piensa, mientras yo en el recao no enriedo el sueño por más que sigo dando güelta y güelta.
Y una tarde, nos sacan en redota, con los pingos charquiaos por las paletas. Vienen cerquita, errándonos trabuco. Apura, nos alcanzan, revolean... y los tres puños de las boleadoras zumban en el carpido de las güeyas.
En eso, rueda un flete: es el del "puma". Cae parao. Pa morir. Ni me doy güelta! Por fin, se va a quedar con los caranchos, y yo, con Nazarena...!
No se pudo! Algo toro, algo que sale del pecho de mi madre o de mi tierra, me hace sentar el flete en los garrones; y hundirlo en la tormenta! Golví pa cáir con él, en Cruz y Fierro, pa salir enancaos en una décima, pa mirar en los ojos a la guacha que rezó por los dos en mi tapera! Y lo saqué nomás!
Callaos y tristes nos vamos acercando a la tranquera de la mujer que Lauro llamó Rosa y yo, la Nazarena. Allí el "puma" me dijo de a caballo, cuasi al cerrar el alma y las espuelas: -Yo sigo con la vida que me diste, vos casate con ella.
Aquel roble que asoma por tan alto,
el más viejo quizá de todo el monte,
al viento que pasaba le decía,
que por viejo el era el padre de ese bosque,
que de toda la distancia que miraba,
fue sin duda el primero de los robles.
Y le hablaba con orgullo de sus siglos,
de otras formas que hace mucho tuvo el lago,
de sentir temblar la tierra tantas veces,
allá cuando los ríos se formaron,
que ese cerro en otro tiempo conversaba,
un lenguaje de fuego hoy apagado.
En mi sombra se durmieron tantos años,
vi llegar y vi partir mas de una raza,
yo di lumbre a la noche de los hombres,
que pasaban por esas rastrilladas,
quien me puede hablar a mi de otras edades,
si hasta creo que nací con la montaña.
Entonces, dijo el viento en ese idioma,
sintiéndose tan joven todavía,
si es verdad que conociste todo aquello,
como puedes hablarme de la vida,
pues serás el mas antiguo de los robles,
pero olvidas que yo traje tu semilla…
Secundino Barbosa era mi amigo.
Cuando nací, ya estaba de pión en casa;
y dejé de gatiar pa dir prendido
de su modesto chiripá de apala.
Supe ser, de gurí, flor de cargoso.
No tenía prienda que me conformara,
y ái andaba Quindín, qu´era su apodo,
pescándome la luna en las cañadas.
Lo tengo bien patente en el ricuerdo
de la noche´el asalto de la estancia;
fortín de piedras que melló en sus tiempos
mucho malón filoso de l´indiada.
Tata´bía acantonao, pa´defenderse,
su personal de crédito en las casas;
y mama, como encinta de la muerte,
pasiaba un delantal preñao de balas.
Yo dentré a tener miedo, pero en esas,
al rejucilo anaranjao di un arma,
lo ví´ a Quindín Barbosa hecho una fiera,
meta trabuco al lao de mi ventana.
Y el miedo se me jué; m´entró sueñera,
y al bárbaro arrorró de las descargas,
clavé el pico y soñé la noche entera,
que aquel gaucho era´l Angel de la Guarda.
Pasó lerdiando el tiempo, que´s el modo
que tiene de pasar por la campaña,
y en mi amigo hallé un máistro que gustoso
me diba rasquetiando l´inorancia.
M´enseñó a hacer trencitas y retobos,
y enriedao en los tientos y las pláticas,
me dio el secreto ´e la virtud del criollo,
que es ser juerte y sobao, como las guascas.
Y era de comedido y bondadoso...
De recorrer el campo siempre tráiba
p´al "patroncito", un aperiá o un zorro,
o algún pichón de tero o de calandria.
Nunca más viá olvidar la tarde aquella
cuando él jué a racionar la caballada,
y yo, atado al tilín de sus espuelas,
me arrimé a pirichar cómo lidiaba.
Rellenó un imbornal pal doradiyo,
que´ra un diablo importao, orgullo e´tata,
idioso el condenao y decidido
pa´distribuir los dientes y las patas!
Ni me le había arrimao, cuando ví el brillo
de sus ojos salvajes, odio en llamas,
me abrasó la clinera; los colmillos
rajaron como un trapo la distancia.
Sentí un derrumbe y me asombró el padrillo
pataliando en el suelo entre boquiadas,
mientras el puño alzao de Secundino
era un ñudo en la lonja de la guacha.
Y ái tiene, ¿ve?, por eso jué el despido.
El puro había costao su güena plata,
y el hombre no explicó lo sucedido,
porque quedaba mal que lo explicara.
Salió del escritorio como ido...
Ya estaba en el palenque´l malacara
y se puso a ensillarlo dispacito,
como quien gusta revisar las garras...
Dispués armó un cigarro; en rudo mimo
me palmió la cabeza; la mirada
se l´enllenó de estrellas... Dio un suspiro,
y se secó la frente con la manga.
Ganao por un apuro repentino,
hizo caracoliar al malacara,
y agarró por la güeya al trotecito...
Yo, recién compriendí lo que pasaba,
y no sabía qué hacer ¡era tan chico!
La pena m´hizo un ñudo en la garganta
que redepente desaté en un grito;
el sol voltió a mi lao la sombra e´tata:
¡Se va, tatita, se me va´l amigo!
¿Quién va´pescar mi luna en las cañadas,
cuando el viento cerrero traiga arisco
sus tropillas de miedo hasta mi almohada?
Y desfleque el chilcal los alaridos
del lobizón, y tiemble la perrada.
No va´star el trabuco´e Secundino
como un sol de coraje en mi ventana.
Jué pa´salvarme que mató al padrillo!
me jué a morder y el l´abajó la guacha!
Como él dijo dispués: "estaba escrito..."
¿Me lo va´echar? ¿Al Angel de la Guardia?
Tata era un hombre güeno, compriensivo,
le dolió aquello, ¿sabe? Sin palabras
salió hasta la tranquera; dio un chillido,
y sofrenó el bagual el Secundino
con un tirón que lo sentó en las patas!
Corrió pa´regresar, eco ´e cariño
recogiendo el largor de la llamada...
"Mande, patrón...
--Quedate, Secundino,
el gurí no quiere que te vayas.
No pregunten de ande soy,
vengo del tiempo aparcero,
y ni los mismos senderos
Comprenden pa’ donde voy;
voy tiempo arriba y estoy
resignado a mi destino,
de andar siempre peregrino,
durmiendo sobre mis garras,
y despertando guitarras
a la orilla del camino.
Sin fajón en la carona
ni lazo atado a los tientos,
traigo un temblor que los vientos
dejaron en mis bordonas,
y una pena en las lloronas
que no quieren alzar vuelo,
porque el rigor del pihuelo
la lleva atada a mi huella,
pa' que no se hagan estrellas
alumbrando desde el cielo.
Ni me espera una querencia
ni los caminos me espantan
porque no hay pa’ los que cantan
más pago que el de la ausencia;
nada me ata a la existencia,
voy muriendo al tranco lerdo
cada atardecer me pierdo
tras los horizontes rojos,
con un niebla en los ojos
y acosa’o por los recuerdos.
Me han echa’o en el fogón
ramitas de mataojo,
espinas en el rastrojo,
un dolor en el corazón;
y voy con esta canción
en los labios de una herida,
pa’ que al final de mi vida
quede mi canto despierto,
pues todo cocuyo muerto
deja una luz encendida.
No sé si el agua es cosa de la tierra que se hace nube,
o cosa del cielo que se hace río,
pero intuyo de pronto que hombre y agua
tenemos destino de tierra y vocación de cielo,
y me descubro un alma limpia y recién nacida,
como esta lluvia mansa...
...........................
Como esta lluvia mansa
que cae al campo
Cuando me vuelvo nube
no llevo barro.
Suelo hacerme rocío
sobre los pastos
Ni el perfume me llevo
cuando levanto.
Suelo cambiar de nombre
según los años
Arroyo que la seca
transforma en charcos.
A veces ando mucho
y otras me estanco
Mirada azul que el cielo
pierde en el llano.
Soy a veces silencio
y a veces canto
Modos de ser el agua
y este paisano.
Pero eso si sufrido
de andar penando
Cuando me vuelvo nube
no llevo barro.
El viento, medio frescón, que todo el día ha soplao aura parece cansao, tropezón tras tropezón, el monte serio y tristón al manso compás se agita, y ayá a lo lejos, solita, se vá perdiendo una nube como el humo cuando sube del cigarro que se pita.
La luna blanca y briyante parada sola en el cielo vá alumbrando todo el suelo como un ojo vigilante, y en la rama lagrimiante de un viejo sauce yorón silba el chingolo gauchón un silencio en su clarín pa' que descanse, por fin, mi angustiao corazón.
Yo andaba en un redomón
bastante bruto y macaco
cuando lo escuche al "mataco"
que toriaba en un zanjón.
Sali medio al galopón
pa ver lo q habia encontrao
pero me quedé pasmao
cuando distinguí de paso
q era un jabalí machazo
y de cormillo cruzao.
Como nunca fui chambón,
pa voltiar cualquier padrillo
pensé que sería sencillo
partirle en dos el melon
pero me tembló el garrón
cuando se me vino airoso
quise pelar el bufoso
pero el matungo macaco..
se enredó en un alpataco
y al suelo fui tembloroso.
En tremenda mezcolansa
cuando medio me paraba
vi que el caballo sangraba
desde el encuentro y la panza
y al perder las esperanzas
de voltiarlo de un balazo
disparé unos cuantos pasos
pero al mirarme de a pie
volvió a encararme otra vez
como pa hacerme pedazos.
El perro tuito sangrao
desde el ocico al cogote
no le aflojaba al grandote
y parecia duplicao
y si no he sido achurao
por aquel chancho fierazo
fue por el perro amigazo
porque cuando se venía
al cruce se le prendia
sin miedo a los cormillazos..
...
Entre tantas reculadas
y apurones sin ventaja
me había hecho perder la faja
y una alpargata gastada
y fue en una corajiada
mezcla de miedo y cosquilla
que al saltar una jarilla
alcance a pelar el fierro..
y haciéndole honor al perro
se lo prendí en las costillas.
Como quien siente el amargo
dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo
y se alejó al trote largo,
pero el perro sin embargo
lo siguio firme y parejo
y cuando lo hallé allá lejos
en una playa estirao
se había muerto desangrao
por defenderme el pellejo.
Allí quedó pobrecito
entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampas
a quien lo crio de chiquito
en cambio el chancho maldito
herido pero se fue
y tristemente pensé
que julepe compañero..
donde casi dejo el cuero
de puro tonto esa vez!
"Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música..." Jorge Luis Borges
"La pampa, señor, es como la serpiente..., lo magnetiza al hombre, lo encanta y lo adormece, y al fin se lo devora". (G.E. Hudson)
Visite al Gauchoguacho en...
Estancia "La Brava"
Pampa
Madre. Horizonte. Soledad. Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva...Cuna, sepulcro y sustento. Creadora del gaucho afirmativo, del caballo amigo de la distancia, del puma escondido y del chajá ascendente. Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta...¡Tú que das resignación al pequeño, empampado de infinito! Ricardo Güiraldes.
El hombre nacido en la pampa tiene todo el cielo y todas las estrellas que parece que se le vienen encima. Tiene las primeras luces del sol a la mañana y las últimas del anochecer. El horizonte es la primera abstracción para el hombre, ya que es una línea que se ve pero que no existe, porque en la medida que avanza, se aleja más. Nunca va a encontrar el horizonte, sin embargo está ahí. Entonces el canto de ese hombre es reflexivo, intimista, profundo, como asombrado por la grandeza de la inmensidad. (Suma Paz)
"La pampa con su mutismo imponente y su monotonía tan característicos, predisponían poco a la locuacidad. -'El campo es tan lindo, me decía cierta vez un gaucho, que no dan ganas de hablar" Leopoldo Lugones
Paisajes
Pareciera que se agacha la huella del horizonte, y uno se pierde en el monte hasta hallar una lomada. La tierra parece nada y en ella se afirma el hombre.
Presentación
De n'antes
De ranchos y taperas
Pa'la moza
Sucedidos
Oficios
Nuestros paisanos los indios
Cosas del campo
Baguales
Jenofonte dice que al andar a caballo se siente la necesidad de que a uno le crezcan alas... Así el caballo resulta no sólo maestro del músculo sino también del alma... El caballo educa, rige al hombre y le da una filosofía propia. La filosofía de un jinete es distinta a la de un caminador...En el caballo se aprende la vida. Sobre su cabeza nace la lejanía y entre sus cascos se fatiga la tierra. A todo el que va jinete en su caballo su soledad lo acompaña. (Eduardo Jorge Bosco). ..................................................................................
A un domador de caballos
"Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: Es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra..." (Leopoldo Marechal)
Juiiira perro
Bichos de mi tierra
De chacota.
Canto con jundamento
Viva la Patria
Aquí me pongo a cantar
Cruz diablo
"He dicho muchas veces que aquí recibí mis primeras lecciones de abismo y de absoluto.
El cielo me las dió, me las dió la llanura abierta y desmesurada. (Olga Orozco).
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".