"...guacho y gaucho me parecían lo mismo, porque entendía que ambas cosas significaban ser hijo de Dios, del campo y de uno mismo". (Don Segundo Sombra)
Mis consejos le han de cair al viejo, al mozo, al cachorro y si lonjazo no ahorro es pa sacarles provecho que el hombre ha de ser derecho lo mesmo que cueva 'e zorro.
La decencia es una planta
que no le teme al pampero,
las flores de enero a enero
se seca al menor descuido
y el hombre que la ha perdido
al diablo le ha vendido el cuero.
Un amigo es un amigo: ricachón, tristón o en pata no lo pulsés por la plata cuando veas sinceridad que él beberá tu amistad aunque sea en un jarro'e lata.
La mentira es una doña
pinchadora como espiche,
aunque de lejos te biche
cortale la rilación;
con la verdad y la razón
comprás en cualquier boliche.
El que da sin que le pidan en su nobleza se agranda, si el corazón te lo manda jamás te arrepentirás: la galleta que comás te va a resultar más blanda.
Se perdonante con esos
que la bondad te lonjearon,
y a la maldad la dejaron
pastoreando en tu terreno,
si a Dios por ser gaucho y bueno
también lo crucificaron.
Saber elegir mujer es mucha sabiduría mas naides decir podría salvo de todo engaño: si la que eligió pa'un año le puede durar diez días.
La bruja de la guadaña
ya está amagando a este viejo,
ahi va mi último consejo
y no lo echés al olvido:
si en tierra gaucha has nacido
por ella da hasta el pellejo.
Las torres se levantan cuan brazos poderosos
Y el alma se estremece cruzando este portal: Señora de Luján
Aquí nos encontramos con vos y con nosotros
Como aves cobijadas en tu alma maternal: Oh madre celestial
HERMOSA COMO EL CIELO, BENDITA SIN IGUAL.
MIRAME CON TERNURA DIVINA Y MATERNAL.
MIRAME Y NADA MAS.
Aquí le das consuelo al triste y lo levantas
Y sanas las heridas del alma popular ungiéndola de paz
Aquí se humilla el rico postrado ante tus plantas
Y aquí reafirma el pobre su inmensa dignidad: Señora celestial
Al contemplar tu rostro, espejo de la gracia
Reciben los pequeños la luz de tu bondad, Señora de Luján.
Y aquí dejan los sabios soberbios su arrogancia
Para beber un poco de tu fresca humildad, remanso celestial.
HERMOSA COMO EL CIELO, BENDITA SIN IGUAL.
MIRAME CON TERNURA DIVINA Y MATERNAL.
MIRAME Y NADA MAS.
Aquí en tu santuario la Patria toca el cielo
Aquí respira el pueblo fragancia celestial de paz y de hermandad
Y desde aquí tus ojos irradian en mi suelo
la fuerza y la energía que solo Dios nos da, Patrona del lugar
HERMOSA COMO EL CIELO, BENDITA SIN IGUAL.
MIRAME CON TERNURA DIVINA Y MATERNAL.
MIRAME Y NADA MAS.
Recitado:Virgencita de Luján, madre del pueblo argentino bendice nuestro destino da paz a los corazones y escucha las oraciones que te hacen los peregrinos
HERMOSA COMO EL CIELO, BENDITA SIN IGUAL.
MIRAME CON TERNURA DIVINA Y MATERNAL.
MIRAME Y NADA MAS.
En la estancia "La Enramada",
después que murió el patrón,
un día llegó un camión
a cargar la caballada
del viejo Zenón Almada
que fue antiguo domador.
De los domaos, lo mejor
lo mandan al sacrificio
y a tantos años de oficio
ya nadie le da valor.
Bayos, zainos, azulejos,
tobianos y gargantillas,
orgullo de esa tropilla:
todos domaos por el viejo.
Fueron al tacho, ¡canejo!
mejor dicho al matadero...
¡La pucha! los herederos
fueron vendiendo de a poco
lo que no hacía ni loco
el finao Juan Cruz Lucero.
Como añorando el pasao,
después que se fue el camión,
en la puerta del galpón
quedó un cencerro colgao;
por allá dentro un recao,
entre bosales y cueros,
tan solo quedó "el Nochero"
que por descarnao y viejo
dijo el comprador: "Lo dejo...
no sirve pa'l matadero".
"El Nochero" bichoqueando
se llegó hasta la alambrada
y de cabeza levantada
quedó a lo lejos mirando.
Relinchó un poco, escarbando
en un rincón del potrero
y al no ver sus compañeros
en su instinto de animal,
volvió de nuevo al corral
entre un griterío de teros.
Divisó la polvadera
que a lo lejos se veía,
llevando los de su cría
quizás a tierra extranjera.
Parao junto a la tranquera
quedó un instante sumiso
y cuando la noche se hizo
en aquél corral a oscuras
quedó quieta su figura
como clavao en el piso.
Al otro día temprano
está de nuevo ensillao
y aunque anda un poco desviao
de las manos y de las patas,
hasta que viejo y tobiano
se muera allá donde acampa
y al ver caída su estampa
entre caranchos y teros
quizás yo, como "el Nochero",
muera solito en la pampa.
Expulsao del paraíso
salió Adán con su mujer;
no pudieron retener
el bien que habían perdido:
siempre el pecao ruempe el nido
de aquello que va a nacer.
Y aunque el castigo era grande
era más grande el amor
que les tenía el Señor;
y al verlo en tanta ruina
en su clemencia divina
les prometió un Salvador.
Dos hijos llegaron pronto
y empezó a poblarse el mundo;
jué un alegrón projundo
en aquél vivir severo;
Caín se llamó el primero,
y Abel el que jué segundo.
Crecieron los dos muchachos
sin dar motivo de queja;
formaban una pareja
ande el hermano mayor
risultó un agricultor
y el menor pastor de ovejas.
"Los hermanos sean unidos
porque esa es la ley primera",
pero si dentra cualquiera
a quererlos separar,
se viene abajo el hogar
como una vieja tapera.
Y en Caín dentró la envidia
culebriando al corazón;
y por una distinción
del Tata Dios para Abel,
se levantó contra él
y lo achuró en un rincón.
Qué pena me da, amigazo, ver al hombre que entuvía lleva en el alma la cría de aquella mesma culebra que a la unión en dos la quiebra y acaba con la armonía. Y con sangre de su hermano el agricultor Caín regó la tierra el muy ruín, cosechando de esta suerte el llanto, dolor y muerte que hasta hoy no tiene fin.
Hoy les ruego silencio;
simplemente
hoy les pido silencio, porque debo
en esta noche celebrar guitarras.
Nada más que guitarras.
La primera será la de don Mauro,
-allá por los verdes de la infancia-
don Mauro de múltiples oficios;
habitualmente carpintero, a veces
perseguidor de pumas,
cazador de quirquinchos y vizcachas,
o sacristán, por veces, en el coro
de las capillas serranas;
yo dormía en su poncho, duro poncho,
-suave de manos de mujer puntana-
escuchando brotar de las bordonas
pañuelos, pañuelos y pañuelos
con pétalos de zamba.
Cierta vez en un pueblo
de la sierra que dicen La Quebrada,
cantaba Crisóstomo Quiroga,
detrás de una guitarra,
le faltaba una cuerda,
y sin la cuerda,
me obsequió una tonada
con este cogollo que me duele
sobre la oreja musical del alma:
«Poeta Agüero que viva
cogollito de cardón,
yo lo quiero porque dice
cosas de su corazón».
Cuando Manuel Cornejo se moría,
en su pago natal de Piedra Blanca,
presintiendo la muerte, y su reclamo
de búho a la distancia,
llamó a su amigo Rudecindo Cuello,
para decirle, ronco:
-Vení con la guitarra,
porque siento la muerte que me ronda,
y quisiera escucharla,
con el último resto de mi oído,
hasta que apunte el alba.
Don Rudecindo obedeció a Cornejo
y trajo la guitarra,
se arrodilló en un pardo cojinillo
a los pies de la cama,
y tañía y lloraba
y lloraba y tañía
a los pies de la cama;
la eternidad afuera traducía
los silencios de un tala.
Yo conozco los ranchos de los cerros,
las taperas de la pampa,
el corazón del pobre,
y el cuarto triste de una sola cama,
donde no hay puerta,
lámpara,
sonrisa,
nada,
ni siquiera la silla para el huésped,
ni tenedor ni cuchara,
pero allí he visto yacer
sobre la única almohada,
con cintas en el cuello
como una muchacha
dormida y desnuda
la guitarra.
El Chocho Arancibia
una mañana
golpeó la puerta
de mi antigua casa,
me traía canciones sobre el pecho,
me trajo su guitarra:
¡»Camino de carros»...
Mañanitas de Merlo»...
»Caminito del Norte»...
Él las cantó, las dijo;
yo no le dije nada.
Solamente guitarras.
Nada más que guitarras.
Yo no la quiero árabe,
no la quiero española,
no la quiero en los teatros,
donde aplauden manos
con las uñas pintadas,
no la quiero en la Radio
porque suena
a dinero de feria y propaganda,
porque yo la quiero
modesta y humilde como un palo,
como una simple tabla,
como el mortero rural, o la batea
como el mortero, sí, como el mortero
en cuya boca ancha
se muelen las uvas de la Cueca,
el maíz de la Zamba,
y el trigo natal y comunero
que después será pan en las tonadas.
Don Crisanto Lucero cierta noche
quiso cruzar un vado del Conlara.
Entre los truenos y los rayos
de la tormenta de color de azufre,
y las violentas aguas;
su caballo era negro y en la noche
parecía un demonio
de crines enlutadas;
don Crisanto traía por delante,
sobre el apero de gozar domingos,
su mujer: la guitarra.
Y esto fue lo que vieron esa noche
los levantados hombros del Conlara:
un hombre solo hundiéndose en la muerte,
sobre el caballo de su amor de gaucho,
con las manos frenéticas alzando,
hasta la última ola de agonía,
para que no se ahogara
su mujer: la guitarra…
Aquí digo ese ataúd de música
que navega el Conlara.
Nada más que guitarras.
¿Y tu guitarra, Laura?
La pequeña guitarra que vendiste
por monedas una tarde en Larca,
entre la luz del aire con bumbunas
zorzales y cigarras
para pagar tu viaje hacia la muerte
donde esperaba sin saber tu amante.
Pero, ¿estás muerta, Laura?
¿Tu materia de luna se ha disuelto?
Solamente hay un muro con un clavo
donde cuelga sin ojos
y sin manos
la pequeña guitarra.
Jofré y Heredia son puntanos,
serenos constructores
de sonoras guitarras,
las fabrican de sueños,
las tejen de la nada
con rezagos de mesas inservibles,
con restos de antiguos ataúdes,
y sin embargo prontas
a cualquier resonancia.
Solamente guitarras.
Cuando el sábado enarbola:
las banderas del Vino.
Las guitarras
iluminan la noche desde Quines
hasta Buena Esperanza;
trepen a cualquier árbol,
asciendan a cualquier lomada,
podrán distinguirlas, invisibles,
más allá de las huellas del camino;
millares de guitarras,
nada más que guitarras...
Mejor morir en sábado
si queremos la muerte festejada.
Cada cosecha parten
los braceros puntanos,
a caballo
en camiones,
en vagones de carga
como otra bolsa más,
van al maíz,
al trigo,
a la vendimia,
a soportar los filos de la chala,
el mordisco sutil de la mazorca,
las ofensas del cardo, la urticaria
de la arpillera burda sobre el hombro,
y la lepra del amo
que les muerde la espalda.
Y sin embargo, luego, en los galpones
infernales de zinc, se recuperan
tañendo y soñando las guitarras.
Desde las cuerdas tensas
les sube, celeste, hasta la cara
una brisa de valles, que les dice
los cerros morados, el arroyo
donde sauces inventan la esperanza,
las venerables piedras amarillas,
los ranchos de adobes, la ternura
de los techos de paja,
y niños, más niños, otros niños,
detrás de mujeres solitarias.
Por un instante sienten
la libertad zumbar como una abeja,
o volar por el ámbito cerrado
como una golondrina equivocada.
Don Alonso Gatica, el «tartamudo»,
tenía un caballo, una montura,
el desamor de su amor,
y una guitarra;
diez mil lunas lo vieron en la noche
al pie de una ventana,
como ante el marco de un retrato oculto,
entonando la misma serenata;
comenzó cuando joven y ya era viejo
la noche aquella del gendarme torpe
que destripó a sablazos su guitarra;
lo mandaron a Oliva, encadenado
contra los hierros de una cama blanca.
-Murió de amor (rezaron las comadres).
-De amor por su amor y la guitarra.
Una noche saldré por la provincia
sin más compañía que estos Digos
que ayudaré a decir a la guitarra;
no llevaré más baqueano que mi instinto
de resero y calandria,
y caminaré caminos asfaltados
donde ruedan los autos de los ricos
que parecen los padres de las vacas,
recorreré las huellas de los carros
orilladas de tónico poleo
y díscolas viznagas,
y treparé senderos de caballo,
atajos de majadas,
las rutas que saben los mineros,
los pastores,
las cabras.
Y dondequiera se hermanen y reúnan
puntanos y puntanas,
les cantaré la guerra que proclamo,
esta guerra de paz que nos permita
conquistar la mañana,
incendiar la pobreza y los harapos,
quemar los maderos carcomidos,
decapitar el rencor, o fusilarlo,
derrotar heredados egoísmos,
sanar a los niños que agonizan
porque la leche falta,
repatriar a los jóvenes que parten
en trenes de sombra hacia ciudades
donde la vida es una muerte larga,
y romper los embrujos de la Sed
liberando los pájaros del Agua,
que duermen debajo de nosotros
prisioneros de rocas planetarias.
Para esa guerra tengo
-en un baúl sin llave-
la bandera guardada,
y el manuscrito de una copla vieja
que será la proclama;
y en otro baúl con cerradura
-para el grito guerrero
y la rapsodia- una verde guitarra.
Y ahora les pregunto:
- ¿Y la otra guitarra,
la que guardo
entre pecho y espalda?
¿La que tiene cordaje masculino
y diapasón de alma?
La guitarra interior que sólo siento
cuando abrazo silencios de la almohada?
¿Esta otra secreta,
la mía,
la guardada,
es que no vale
nada?
¿Y no puede volar hasta el poema
a ser también como una flor de fuego
en las últimas ramas?.
Aquí la muestro ahora,
es mi retrato, el rostro
que repite el espejo en la mañana,
aquí la muestro ahora,
esta hecha de sangre palpitada,
de madera de sueños,
de vísceras rosadas,
de música y destino,
del amor que me sobra,
del rencor que me falta,
de soles siempre nuevos,
de lunas apagadas,
de soledad,
de muerte,
de sombra de palabras...
Pero ¿es que no vale
nada
mi secreta guitarra
y no puede subir hasta nosotros
como suben las otras esta noche
de siderales fiestas y fragancias?.
Que este Digo los cubra, como cubre
con su sombra de abuelo el Algarrobo,
mi cuna de ayer en Piedra Blanca.
Canta el gallo en su corral
y por eso se cree güeno;
pero el hombre, más sereno,
sin perderse en el barullo,
debe cantar en el suyo
lo mesmo que en el ajeno.
No copés paradas chicas
malgastando tu fortuna;
abordá la suerte en una
como mi cencia lo aborda.
Banca juerte y china gorda
no se me pierde ninguna.
En ganándole el tirón,
no hay animal pescuecero,
persuadilo al ventajero
que en el misal no hay responso:
pa'verlo correr al zonzo
hacele creer que es ligero..
Un clavo saca otro clavo,
un amor saca otro amor;
por bravo que sea el dolor
que a padecer te convide:
no hay pena que no se olvide
con otra pena mayor.
La guitarra y la mujer
las hizo Dios pa'tocarlas,
pero si querés usarlas
sacándole buen sonido:
no vas a echar al olvido
que primero hay que templarlas.
Pa'confesarla a una china
tu sentimiento sincero
no te mostrés palabrero
ni en floreas te perdás,
ninguno le dice más
que el que le dice: "te quiero".
Piensa muy mal el que piensa
que otros no saben pensar
y se emperran en negar
las bondades que otros hacen:
donde hay yeguas, potros nacen
y de un par, sale otro par.
Verseadores por versear,
vuelta a vuelta los encuentro
mas yo no achico mi centro
por apurao que me vea
y al cantar vuelco la idea
que ya he madurado adentro.
Pero el que es cantor de ley
nunca se gasta en posturas,
pa'l diablo son las diabluras
de adornar las falsedades:
el jagüel de las verdades
no guarda más que agua pura.
Canta el gallo en su corral
y por eso se cree güeno;
pero el hombre, más sereno,
sin perderse en el barullo,
debe cantar en el suyo
lo mesmo que en el ajeno.
que nunca podré olvidarlo;
los pelos sabían taparlo
de tal modo al infeliz
que pa´verle la nariz
era preciso soplarlo.
A mentir y a refranear
naide el tranco le seguía
y tan lindo refería
las cosas que yo me ráiba,
y sus bolazos le cráiba
sabiendo que me mentía...
..........................................
Aquí ande me ves (me dijo),
las tuve de tuitas menas
a las sanas y morenas,
querendonas y bagualas:
los disgustos de las malas
me los pagaron las buenas.
Las mujeres se parecen
lo mesmo que las estrellas,
pero en hallándos'entre ellas
la prienda de nuestro amor:
siempre será la mejor
y más bella entre las bellas.
Desconfiá de la mujer
que no d'entra a la cocina,
y no se acerca a las tinas
pa' lavar, ¡ni por descuido!
En las pilchas del marido
se ve el amor de la china.
Cuando una pena traidora
te envuelva en la cerrazón,
sacá en limpio la razón
que motivó tu tristeza:
se ataja con la cabeza,
los golpes al corazón.
Pensá en Dios pero no creas
ni en brujos ni en charlatanes,
que viven como haraganes
emponchaos en la penumbra:
no hay más candil que el que alumbra,
ni trigo que el que hace panes.
La vida es sencilla y clara
como Dios quiere que sea
y el que su charco ensucea
pa'que parezca más hondo
es el que escuende en el fondo
lo que le falta a su idea.
Qué serena está la noche!
Qué blanca está la laguna!
Resero de la fortuna,
no te llevés mis novillos...
cuando se apaguen mis brillos
te iré a buscar en la luna.
...........................................
Se fue tendiendo en el catre
por el peludo vencido
y ya en el primer ronquido,
de las botas lo alivié,
con mi poncho lo tapé
y allí se quedó dormido.
"Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música..." Jorge Luis Borges
"La pampa, señor, es como la serpiente..., lo magnetiza al hombre, lo encanta y lo adormece, y al fin se lo devora". (G.E. Hudson)
Visite al Gauchoguacho en...
Estancia "La Brava"
Pampa
Madre. Horizonte. Soledad. Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva...Cuna, sepulcro y sustento. Creadora del gaucho afirmativo, del caballo amigo de la distancia, del puma escondido y del chajá ascendente. Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta...¡Tú que das resignación al pequeño, empampado de infinito! Ricardo Güiraldes.
El hombre nacido en la pampa tiene todo el cielo y todas las estrellas que parece que se le vienen encima. Tiene las primeras luces del sol a la mañana y las últimas del anochecer. El horizonte es la primera abstracción para el hombre, ya que es una línea que se ve pero que no existe, porque en la medida que avanza, se aleja más. Nunca va a encontrar el horizonte, sin embargo está ahí. Entonces el canto de ese hombre es reflexivo, intimista, profundo, como asombrado por la grandeza de la inmensidad. (Suma Paz)
"La pampa con su mutismo imponente y su monotonía tan característicos, predisponían poco a la locuacidad. -'El campo es tan lindo, me decía cierta vez un gaucho, que no dan ganas de hablar" Leopoldo Lugones
Paisajes
Pareciera que se agacha la huella del horizonte, y uno se pierde en el monte hasta hallar una lomada. La tierra parece nada y en ella se afirma el hombre.
Presentación
De n'antes
De ranchos y taperas
Pa'la moza
Sucedidos
Oficios
Nuestros paisanos los indios
Cosas del campo
Baguales
Jenofonte dice que al andar a caballo se siente la necesidad de que a uno le crezcan alas... Así el caballo resulta no sólo maestro del músculo sino también del alma... El caballo educa, rige al hombre y le da una filosofía propia. La filosofía de un jinete es distinta a la de un caminador...En el caballo se aprende la vida. Sobre su cabeza nace la lejanía y entre sus cascos se fatiga la tierra. A todo el que va jinete en su caballo su soledad lo acompaña. (Eduardo Jorge Bosco). ..................................................................................
A un domador de caballos
"Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: Es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra..." (Leopoldo Marechal)
Juiiira perro
Bichos de mi tierra
De chacota.
Canto con jundamento
Viva la Patria
Aquí me pongo a cantar
Cruz diablo
"He dicho muchas veces que aquí recibí mis primeras lecciones de abismo y de absoluto.
El cielo me las dió, me las dió la llanura abierta y desmesurada. (Olga Orozco).
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".