lunes, 11 de marzo de 2013

A "Tucuta" Schang





(Foto de la moza Nora Susana Abrego quien está junto al famoso jinete Tucuta Schang)

viernes, 8 de marzo de 2013

La guitarra



(Dibujo: Federico Abuyé ...¡un baqueano ilustrador!)

En tu templado sonido
hay infinidad de encantos,
en tus bajos y en tus altos
como arrancando un gemido,
se va marcando el latido
que nace del encordado,
como si hubiera robado
al jilguero o al zorzal
la música matinal
para brindarlo apurado.

En manos de la mujer
es poesía, sentimiento,
es el delicado acento
que nos hace padecer
y es a mi modo de ver
en esta tierra Argentina,
una calandria que trina
acompañando a la raza
la dulce voz que se amasa
y eternamente domina.

Y entonando un pericón
una zamba o un cielito,
es la guitarra un "bendito"
que sale del diapasón.
Es dardo que al corazón
va derecho sin tardanza,
es la sublime esperanza
entre seis cuerdas escrita,
es la fragancia infinita
de la criolla semblanza.

Guitarra, tú has conquistado
las emociones pampeanas,
oración de las mañanas
al sol ardiente arrancado.
Con tí guitarra he soñado
los poemas de la vida,
en una endecha sentida
que de tus cuerdas salió
una poesía brotó
allá en la noche perdida.

Poncho gaucho

 

(Pintura: Quirós)

De uno a otro confín
vos has llevado la gloria,
a los héroes de la historia
a Belgrano y San Martín.
En los combates sin fin
sobre el pecho y las medallas
diste aliento a las batallas
y estuviste bien presente,
palpitando consecuente
al crujir de las metrallas.

En un rodeo se lució
entre la hacienda baguala;
si el gaucho cayó en la mala
ahí nomás se le ofreció,
y siempre lo acompañó
como un pedazo de pampa,
sirviéndole como manta
pa'taparse con su china
es emblema en la Argentina,
es savia de nuestra planta.

Y si en alguna refriega
cayó el gaucho mal herido,
el poncho lo ha socorrido
porque a naides se le niega.
El payador "Santos Vega"
enalteciendo al gauchaje;
pa'vengar algún ultraje
en una noche de luna,
a orillas de una laguna
también lo usó de vendaje.

Pampa, cielo y resplandor,
con todo se entrelazó
y muchas veces enlazó
al pampero soplador.
En las fiestas fue la flor
de la patria perfumada,
y al nacer una alborada
cubrió al gaucho en su regazo
lo confundió en un abrazo
afirmando su pisada.

El ceibo (Milonga campera)



Glosa:

El ardiente sentimiento criollo, fue a buscar en el corazón de las selvas, la reina de las flores argentinas. Cinco pétalos de sangre, cinco pedacitos de finísimo terciopelo que como boca apasionada, se entreabren en las poéticas alboradas, para recibir el beso, del primer rayo del sol.

Cuenta la tradición que una paloma herida fue a posarse moribunda en la rama de un árbol solitario, con humildes flores blancas. Una de ellas, entreabrió sus pétalos para recibir la sangre que manaba sangrante de la avecilla moribunda.
Así se tiño de rojo la flor del ceibo, que como brasas de quebracho, llenan de fulgores enrojecidos, la inmensidad de las selvas argentinas.

Ceibos grandiosos, que el río
acaricia su enramada;
flores al fuego arrancadas
para ofrendarles rocío.
Ceibos que en horas de estío,
como en plenas madrugadas,
nos recuerdan puñaladas
de esas tiradas a fondo;
flores que cavan muy hondo,
sus bellezas coloradas.

Flores que quedan prendidas
al alma y al corazón;
ardientes como fogón
de fulgores encendidas.
En sus ramas extendidas
cuelga el "boyero" su nido
y en armonioso sonido
hamacado por el viento,
nos transmite su contento
en el ceibo florecido.

Es el ceibo en nuestro pago,
la hermosa flor nacional:
es el dulce madrigal,
que se brinda con halago.
Es el relámpago vago
que se destaca en la noche;
es la embriaguez en derroche
de una pintura divina;
es la flor de la Argentina
que ostenta su regio broche.

Vibraciones

 
(Dibujo: Patricio E Marenco)

Es tan hondo lo que siento
que el alma se va a pedazos
y al corazón entrelazo
con vibración y lamento.
Con emocionado acento
desborda mi inspiración
y brota mi entonación
con sentimiento, con garra,
porque yo soy la guitarra
que canta la tradición.

Y esta luz que siempre abraza,
como un fogón encendido;
es el fuego, es el latido,
es carne de nuestra raza;
es el canto que entrelaza
el amor patrio primero;
es el grito del boyero
que desborda a la mañana;
es el trinar que engalana,
del zorzal y del jilguero.

Ojos del corazón



(Foto: Jorge Gonzalez)




















Son tus ojos dos puñales
que llegan al corazón;
son fuegos de una pasión
que curan tuitos los males.
Son cimientos, son puntales,
de mi rancho carcomido;
son la bravura, el sentido,
taloneando mi existencia,
son la dulzura y clemencia
que hay en mi amor dolorido.

Son luces, con más primores,
que parecen dos estrellas
y hacen la vida más bella,
porque reparten fulgores.
Y de los tiernos amores,
son esperanza y consuelo,
son luceritos del cielo,
que alumbran de mañanita;
son la ternura infinita
de un alma llena de anhelos.

Surero




Sí, señora, soy surero
pelechao con luna y brasa,
y bien criao sobre los lomos
de los fletes de la pampa.

Un poco guaso, tal ves,
y enduresido en la escarcha
del despresio que entumese,
pero puro como el agua
de la lluvia bienhechora
que le da verde a las plantas.

No sé, si usté me habrá visto
florearme en una payada
o domar a un potro chúcaro
con la lus de una esperansa.

No sé, si usté, por rasones
sentimentales de rasa,
me vio pasar en tropilla
confundido con mi lansa,
rastreando campo en silensio
y trasnochao en la mala,
desmelenao y sin pilchas
o rotoso, en las patriadas.

No sé, señora, si ha visto
en lo más hondo de su alma,
emosiones de querensia
en toda la aurora gaucha
que se hiso ovillo en el pecho
pa’ no ser desilachada
cuando demarcó horisontes
con un flete y su guitarra.

Tal ves, usté, no ha oservao,
porque las cosas estrañas
le hacen olvidar el claro
color de nuestra alborada
que pasó como una sombra
en flechasos de aire pampa
con los colores del sielo
en mis horas de añoransa.

Güelva los ojos, señora,
que ya tengo vincha y alas
y un lusero brillador
de mi tobiano en las ancas,
pa’ dirme donde usté guste
en las güenas o en las malas
como chispaso de sol
bordao en la asul y blanca.

Güelva los ojos, señora,
que los dos haremos patria.
Pa’ nutrirnos de coraje
y de emosiones yenarla;
a ella que es la donosa
dueña de todas mis ansias.

El fogón

 
(Pintura: Tito Saubidet)


Con tu calor el gauchaje
en las eternas veladas,
en las horas angustiadas,
fue enhebrando su coraje.
Y al compás del encordaje
y a la luz de tus tizones,
fue proyectando ilusiones
en su gaucho corazón
con las llamas del fogón
fue tejiendo tradiciones.

Y también los payadores
en tu fuego se inspiraron
y las décimas brotaron
como perfume de flores.
Y a "Vega" y demás cantores
les sorprendió la alborada
en más de una trenzada
el resplandor de fogones
cuando en sus improvisaciones
quedaba el alma templada.

Y en la vida del resero
en medio de un callejón,
también se plantó un fogón
que alumbró como un lucero.
Y allí hasta se doró un cordero
o se tomó un cimarrón,
con la más sana intención
en el medio del camino,
porque así es el gaucho argentino
sencillo y sin ambición.

Y al terminar las faenas,
en la estancia los peones
se largan a los fogones
en busca de horas amenas
y también vuelcan las penas
sobre las llamas tiradas,
para que queden quemadas
para siempre en un rincón,
y apagándose el fogón
en cenizas olvidadas.

Pinturita pampeana

 

(Pintura: Molina Campos)


Anunciando la mañana
el chajá lanza su alerta
y la pampa se despierta
de hermosura soberana.
En la inmensidad pampeana
se oye trinar los jilgueros,
hacen nido los horneros
cerquita de los sauzales
y allá... en los pajonales
se oye chillar a los teros.

Se acomodan los aperos
pa'los trabajos habituales
y pa'l lao de los corrales
van rumbiando los troperos.
Resplandecen los aleros
sombreados por espinillos
y para darla más brillo
a esta pintura pampeana,
sobre florida ventana
cuelgan lazo y cojinillos.

Y decorando la pampa
trebolares y gramillas,
han verdiado las cuchillas
como una tendida manta.
A lo lejos se levanta
saludando a la mañana,
una melodía lejana
de calandrias y zorzales
y un relincho de baguales
cierra la nota pampeana.

Mañanita campera



Asoma el sol mañanero
coloreando el horizonte,
los pájaros en el monte
nos saludan tempranero.e
Un cuzco bajo el alero
ladra medio retobón,
la pollada en formación
va dejando el gallinero
y relinchando el overo
¡da su toque de atención!

La pava sobre el fogón
se nos ofrece roncando,
invitando a un cimarrón
pa'l que quisiera ir cebando.
Las mariposas volando
de diferente color;
el hornero hace el amor
bate sus alas marrones
y un puñado de gorriones
están picando una flor.

El alfalfar primoroso
brilla en toda su extensión,
y allá en el sauce llorón
garganteando pretencioso,
se oye el trinar armonioso
del arrogante zorzal,
un saludo matinal
de la torcaza tristona,
se oye también querendona
arrullando sentimental.

Se ve venir a lo lejos
la tropa de Liberato,
un jilguerito de a ratos
hace oír su canto flor
y hasta el gallito cantor
canturreando en el corral
y como broche final
de esta mañana campera
la calandria placentera
canta juntito... al cardal.