miércoles, 17 de octubre de 2012

Pájaros en el monte (Pericón)


Los dos caminos (Salmo criollo: 1)

1
Feliz y digno es el gaucho
que no va con los cuatreros,
ni a pajales de matreros,
ni se sienta a su fogón;
pero la Ley del Señor
va rumiando con esmero.

2
Se parece al duraznillo
que junto a la aguada crece,
cuyas hojas no perecen
ni las marchitan los vientos.
El prospera en sus intentos
cuando el maula desfallece.

3
Son los maulas flor de cardo
que va arrastrando el pampero;
no triunfará el pendenciero
enfrentándosele al justo;
éste vivirá sin susto
cuando se hunda el bandolero.


.
(Foto: Duraznillo de agua/ Ludwigia peploides)

martes, 16 de octubre de 2012

El camino a la Tablada



"Ya lo ha de ver"... El carancho
al verla fácil pensó
en hacer suya la priesa
y hablándole con su voz:
-"vení, acercate -le dijo-
torcaza". Ella lo miró
muy sorprendida y al cabo,
sin hacer oidos, siguió
saltando entre las matitas.

Pero el bicho voltiador
insistió: "Sos entonada
y orgullosa porque Dios
te pintó lindo plumaje,
¿pero no sabés que yo
puedo poseerte a la juerza?"
Y ella dijo: "Sí, Señor:
pero qué quiere que le haga
si a mí me tuesta otro sol
y otro cariño más güeno
me ha ganao el corazón".

-"¿Y vos cres, charabona,
que hay quien valga más que yo?"
Y ahí no más abrió sus alas,
ella el güelo levantó
pa juirle: pero el carancho
entrañudo y cimarrón
cortó el aire como flecha
y en su güelo seguidor
se le jue poniendo arriba
hasta que al fin la prendió
entre sus garras y ansina
la jue aprietando, Señor,
hasta que al sentirla muerta,
contentazo con su acción,
la dejó cair. La torcaza
deshecha al suelo cayó.

Pero ahí, en la mesma tierra
que con la sangre mojó,
de su cuerpito caliente,
un tala bravo nació.
Con un brazo en cada rama
y en cada espina un facón.

Pasó un tiempo... y el carancho
seguía picoteando al sol
las osamentas perdidas
hasta que en otra ocasión
dentró a ñublarse la tarde
y en ancas trujo el Señor
la tormenta más machaza
que se ricuerda. Pensó
ganar el monte el carancho,
pero el pampero rugió
dentrándole a castigar
las alas con tal juror
que ya ladeao y sin rumbo
pal tala lo arrempujó
y allá en la espina más brava
el carancho voltiador
aprovechao y bellaco
jue a ensartar su corazón.
...............................................
De la sangre de los pobres
inocentes, siempre Dios,
que manda en tuitas las tropas,
hace brotar una flor
que pal que quite una vida
o pal que mete un mal
se convierta en una espina
que les clava el corazón...
Pasé por un caminito
¡y este cuento se acabó!


(Tala /"Celtis tala")

Mi canto


 (Pintura: Patricio E Marenco)
 
Ýo canto la tradición
porque su espíritu crea
la grandeza que bravea
en el filo del facón.
Síntesis de rebelión
que la raza lleva innata,
idea que no se mata
porque se marca triunfal
como a una blanca inicial
en el pañuelo escarlata.

Yo canto la tradición
porque su nombre altanero
tiene soplos del pampero
y resistencias de horcón.
Voz que, a indomable son
de los gritos del salvaje,
se impuso sin vasallaje,
-tormenta de odios que ruge-
¡en avalanchas de empuje
y ponchadas de coraje!

Yo canto la tradición
que está en el sauce que añora
y en la paloma que llora
dolida tribulación;
melancólica expresión
de la gran llanura inmensa,
palpitación que condensa
nostalgias de un pecho herido,
¡ramo de jazmín prendido
a la cinta de una trenza!

Yo canto la tradición
que perdura con porfía
en esta guitarra mía
que habla como un corazón...
Peregrina ensoñación
de los ramajes dormidos,
apogeo de los nidos,
la miel de la lechiguana,
¡el cedrón de la ventana
perfumando tiempos idos!

Yo canto la tradición
del viejo palenque rudo
a quien derribar no pudo
ningún potro en el tirón;
del pozo que, en la oración,
retrata a la linda moza,
 del hornito que alboroza
con la empanada, y la luz
que en la solitaria cruz
pone la estrella, piadosa.

Yo canto la tradición
de la vieja pulpería
-contrapuntos de armonía,
néctar del tosco porrón-.
Yo canto la bendición
del lucero que fulgura
y alumbra con su luz pura,
estos dos destinos grandes:
¡un San Martín en Los Andes
y un Sarmiento en la llanura!

Fresco rocío augural
que moja la tierra mía,
bautizando de poesía
a la guitarra inmortal:
sigue cayendo, cordial,
en la tradición innata,
¡como una blanca inicial
en el pañuelo escarlata!

Tormentas...



Era la tarde pesada
pero ya del sur venía
una ancha faja sombría
como tropa disparada...
El ave en su retirada
puso trágicos los montes;
en diabólicos aprontes
todo pájaro fugó,
y la neblina envolvió
con humo los horizontes.

Una procesión de guampas
bravías, viose a lo lejos,
ya en los últimos reflejos
del sol hundido en las pampas.
De los postes en las grampas
crujió el hilo silbador,
y en tono de "re menor"
por los campos desolados
gimieron los alambrados
su prisionero dolor...

Mi noble pingo sufrido
-que en el peligro se encela-
marchaba bajo la espuela
en la rienda sostenido.
Mas de repente un bramido
tremendo y largo se oyó...
el alazán vaciló
y allá por la lejanía
el chajá con gran porfía,
su grave alerta gritó.

Ya se borraba la huella
y el alma, desencantada,
como la noche nublada
iba triste sin su estrella...
Dolor, que me hiciste mella:
en tu gran melancolía
flota aquella pena mía
que silencioso guardé,
por el amor que se fue
y no ha vuelto todavía...

Vieja casa solariega
cuya gran tragedia narra
la descendencia bizarra
¡del payador Santos Vega!;
trsite a tus puertas hoy llega
el eco de mi canción,
como una lamentación
de los que bajo tu alero
vieron morir el lucero
de la gaucha tradición.

Yo vengo como un zorzal
que busca el antiguo nido
que en el ramaje florido
dejó cerca del juncal;
como en la siesta estival
buscan las aves frescor,
como busca el payador
en su "prenda", amor ardiente,
y como busca vehemente
la mariposa a la flor...

Pero ya no encuentro nada
del recuerdo que dejaron
esos gauchos que habitaron
en tu soledad callada.
Baluarte, en fiera jornada,
en la lucha nacional,
fuiste; y al choque fatal
de los bélicos pamperos,
se agacharon tus aleros
y te arrasó el vendaval.

Entonces enmudeció,
como protesta altanera,
la guitarra lastimera
que Martín Fierro templó.
Hasta el matrero lloró
sobre tus míseras ruinas,
y murieron tus glicinas
y tus cantos de zorzal
en la tristeza otoñal
de las tardes argentinas...

Ya vienen en procesión,
para imponerte sus yugos,
los que serán tus verdugos:
esos de la inmigración...
Esos que, sin compasión,
te darán golpe mortal,
y en la fiebre tropical
de sus pasiones mezquinas,
han de alzar sobre tus ruinas
algún palacio ducal...

A mi caballo



Noble caballo lobuno
que en la pampa de mi vida
con la rienda recogida
fuiste con paso oportuno;
tal vez amigo ninguno
se pueden a ti comparar,
y hoy que te veo pasar
por la huella del recuerdo,
¡en vano gimo y me muerdo
por quererte sofrenar!

El anca vuelta al pampero
pasas... y te vas callado
con el último bocado
del pastito del sendero.
Las nostalgias del apero
empañan tus vagos ojos,
y sin lograr tus antojos
como una sombra te pierdes
por las lontananzas verdes,
¡la cola llena de abrojos!...

El palenque en tu retina
se refleja a cada instante
y escucha el lazo silbante
parada tu oreja fina...
La laguna cristalina
ansía tu sed calmar,
y tú te quieres alzar
bajo la opresión del basto,
¡dulce bocado de pasto
que ya no has de saborear!

Cuando la mañana asoma
sonriendo en los pajonales,
en un canto de zorzales
te besa el sol de la loma.
Grato zahumerio de aroma
te da el verde trebolar,
y el tordo se va a posar,
en tu lomo, ¡pobre flete!,
¡como el último jinete
que te quisiera domar!...

Ya tu crin no flota al viento
peinando los horizontes;
te la tuzaron los montes
en un cruel ensañamiento.
En tu cogote sangriento
no luce el maneador colgando
¡cual si fueses anunciando
tu propia y cercana muerte!


El payador



El sol llegaba a su ocaso,
cuando el desierto pampeano
iba cruzando un paisano,
llevando el corcel al paso;
la manta, envuelta en el brazo
izquierdo, el gaucho llevaba,
el fuerte viento azotaba
su renegrida melena,
y en su mirada, su pena
intensa se reflejaba.

Con la cabeza inclinada,
iba aquél americano,
cruzando el inculto llano
de la Pampa dilatada;
después de alzar la mirada
hacia el poniente, un segundo,
tornóse meditabundo
y algún recuerdo evocando,
siguió al acaso vagando
como apartado del mundo.

El resplandor vespertino
enervábase; entre tanto
tendía la noche el manto
sobre el páramo argentino;
siguió el gaucho su camino
sin rumbo ni derrotero,
pero al rato el parejero
se paró en una lomada,
delante un cruz, ladeada
por la lluvia y el pampero.

Y después de estar parado
el corcel un rato largo,
salió el gaucho del letargo
en que se había engolfado;
y bajando apresurado
entre unas matas de abrojos,
enjugó sus negros ojos,
a los que el llanto inundaba,
y ante la cruz que allí estaba
postróse el criollo de hinojos.

Era de noche. En el llano,
tan sólo el leve rumor,
no se oía ni un clamor;
de un arroyuelo cercano
llegó a oídos del paisano,
que atribulado rezaba.
Densa oscuridad reinaba
en nuestra Pampa grandiosa
y en noche tan tenebrosa,
una que otra luz brillaba.

Y en medio de tal reposo
se oyó en la Pampa argentina,
la voz sonora y divina
de aquél gaucho misterioso,
que entre triste y quejumbroso
y con melodioso acento
lanzó este amargo lamento,
hijo de su desventura,
que se perdió en la llanura
con el susurro del viento.

"Padres a los que he perdido
"para siempre en este mundo,
"mi dolor es tan profundo,
"que maldigo haber nacido.
"Todo el llano he recorrido
"regándolo con mi llanto,
"y a pesar de sufrir tanto,
"el padecer no me deja;
"¡ay! mi dolor se refleja
"en este mi triste canto.

"Mis ilusiones queridas,
"cual las hojas de una flor,
"con los golpes del dolor
"cayeron desvanecidas;
"las penas por mí sufridas
"me han dejado casi inerte,
"¡cruel sarcasmo de la suerte
"tener lacerada el alma,
"y esperar sólo hallar calma
"en el seno de la muerte!

"Soy el más desgraciado
"de todo el suelo argentino,
"por mi maldito destino
"voy al abismo arrastrado;
"me hizo el mundo desdichado
"con su terrible egoísmo,
"él me impelió hacia el abismo
"y al implorar yo piedad,
"la inhumana sociedad
"me escarneció con cinismo.

"¡La vida! ¡fatalidad!
"¿qué placer para mí encierra,
"si yo jamás en la tierra
"hallaré felicidad?
"Ante la cruel realidad,
"toda ilusión se derrumba;
"¡madre es fácil que sucumba,
"porque la ansiada hora llega,
"en que el gaucho Santos Vega
"vaya a ocupar una tumba!".

Así acabó el trovador;
y al terminar, su instrumento
lanzó un sensible lamento
que conmovió al payador.
De la aurora el resplandor
clareó la ramada umbría,
y al huir la noche sombría
ante esa luz mortecina,
también huyó la neblina
que a la campaña cubría.

Una que otra ave canora
de los campos argentinos,
con sus gorjeos y trinos
saludaron a la aurora;
mientras tanto Vega que ora
sobre esa tumba querida,
se alza y como despedida
un beso en la cruz estampa;
monta... y se pierde en la Pampa
con ruta desconocida...

El viejo rancho



Vuelvo a verte, viejo rancho,
el de los años primeros,
con mi cariño sincero
y mi devoción de gaucho.
Vaya pa vos el más ancho
aprecio que hayas sentido,
si a tu recuerdo prendido
está el de mi santa madre,
la almiración a mi padre
y el de mis años floridos.

Azotao por mil pamperos
como potros desbocaos,
con valor has aguantao
sol, heladas y aguaceros.
Pero te has mostrado entero
fiel en tu ley de cobijo,
aguantando siempre fijo
a la tempestad que cuadre:
porque sos como la madre
cuando defiende a sus hijos.

¡Cuántas escenas vivientes
evoco aquí al contemplarte,
como que de un mundo aparte
mi alma las vive y las siente.
No te encuentro diferente,
pa'mi siempre estás igual
aunque por la ley fatal
en que todo se envejece,
más te miro y me parece
que vas a ser inmortal.

Y pa que más gaucho fuera
diviso desde tu alero
el nido que alzó un hornero
en la saliente cumbrera,
cuando la noche afuera
tiende su negro crespón
y allá del lao del galpón
el silencio va quebrando
un grillo que está mostrando
la guardia con su canción.

Rompe la monotonía
desde el solitario tala,
de un chingolito la escala
anunciando el otro día.
Con su nota de alegría,
mi pensamiento despierta
y allá en la pampa desierta
y al ver lo que en mi alma pasa,
siento que mi gaucha raza
todavía no está muerta.

Milonga



Yo desde la Pampa vengo,
no traigo más que el montao,
más fortuna no he juntao
porque pa'tanto no tengo.
A formar rueda me avengo
con la mejor intención,
más prevengo en la ocasión
y que no pase de largo:
que como armas sólo cargo
el trabajo y la razón.

El estudio que he tenido
lo fui juntando en la vida,
son lecciones que aprendidas
las que de ella he recibido.
Si juntar más no he podido
mi saber aquí se planta;
mi ignorancia no se espanta
si en el afán de buscar:
defectos le han de encontrar
hasta el pájaro que canta.

No me pretendo igualar
con el que sabe o estudia
es como querer, la lluvia
tapar las aguas del mar.
Lo que tengo lo he de dar
aunque sea poco el valor,
habrá quien lo haga mejor
mas creo justo advertir:
que es necesario sufrir
pa'conocer el dolor.



lunes, 15 de octubre de 2012

¡Pucha!... Si no vale nada


 (Pintura: Eleodoro Marenco)
 
¡Oigalé al duro, paisanos!
háganme el bien de escuchar,
que aquí vengo a retozar
entre puros orejanos;
puros criollazos serranos
a que nunca quemó el fierro,
pero que oyendo el cencerro
que a los crioyos convoca,
en la vida dan la popa
¡pues son fieles como perro!

Quiero hablar de nuestras cosas,
de lo que hay en nuestra tierra,
de lo que vive y se encierra
en sus praderas hermosas;
de sus ríos, de sus chozas,
de sus sierras escarpadas,
de sus selvas dilatadas,
sus arroyos y sus flores,
de sus pájaros cantores
y sus brisas perfumadas.

De lo que al gaucho fascina,
lo subyuga y enamora;
su guitarra gemidora
y el caballo que arrocina;
de su rancho y de su china,
sus lecheras, su majada;
de una existencia pasada
a la orilla del fogón,
de toda una tradición
¡Pucha...! si no vale nada.

Cuando un potro se hace ovillo,
y el gaucho sale parao,
cuando muentra un reservao
que hace crugir el lomillo;
cuando sobre el cojinillo
se queda como pegada
la osamenta disgraciada
de ese gaucho en la ocasión;
toda es es conversación...
¡Pucha! si no vale nada.

Cuando en alas del deseo
volando su pensamiento,
pulsa el gaucho su instrumento
en sus horas de recreo,
hace un breve bordoneo
y con la voz entonada
se trenza en una payada
dando gausca a la petisa,
sobre temas que improvisa...
¡Pucha! si no vale nada.

Y cuando a batirse llega
porque motivos le dan,
y lucha como un titán
mano a mano en la refriega;
cuando al tigre en la masiega
va a chumbarle la perrada,
y con el arma montada
se le acerca paso a paso
y lo mata de un balazo...
¡Pucha! si no vale nada.

Cuando nubes de tisú
van cruzando por el cielo,
y canta el gaucho su duelo
como el triste urutaú;
y el ranchito y el ombú
se ven allá en la lomda,
y hay rumores de cascada
entre la selva vecina
donde la calandria trina...
¡Pucha! si no vale nada.

Y cuando despunta el día
y se cubre el horizonte
con rojos tintes que al monte
le dan vida y poesía,
y el gaucho con alegría
despuntando la cañada,
una décima silbada
va entonándole a su prenda,
mientras repunta la hacienda...
¡Pucha! si no vale nada.

Desata el sol en la esfera
y relincha el potro errante
su gran melena flotante,
emprendiendo la carrera;
por el llano y la ladera
se esparrama la majada,
la lechiguana colgada
en el árbol se cimbrea,
y eso que al alma recrea...
¡Pucha! si no vale nada.

Entre tanto, bajo el techo
del ranchito de totora
con la china que lo adora
vive el gaucho satisfecho;
y se ve de trecho en trecho
a la huerta cultivada,
a la carreta toldada,
al hornito donde amasa,
y otras cosas de la casa...
¡Pucha! si no vale nada.

¡Oiganlé al duro, paisanos!
dejenmé desensillar,
que aquí vengo a retozar
¡entre puros campechanos"
Criollazo hasta los tuétanos
soy, y al serlo tengo a gala,
soy retobao pa la bala,
correntón en la chacota,
y uso de potro la bota
y el chiripá a la orientala.

Tirador uso y facón,
para guardar el dinero
y por si algún pendenciero
me provoca sin razón.
¡Vengan, dénle un apretón
a este viejo del retrato,
que aunque le han metido gato
por liebre en el parecido,
es siempre el viejo curtido
que llaman Calisto el Ñato!