sábado, 18 de febrero de 2012

A mi China


Mi prienda, te has olvidao
de tu viejito querido;
cual mesmo que un gaucho juído
vive por el descampao.
En mi alma sólo han quedao
ricuerdos de esa ocasión
cuando a la orilla del jogón
un cielito te cantaba,
mientras que vos me brindabas
un sabroso cimarrón.

Ricuerdo cuando llegaba
con mi pingo al trotecito,
y esperando a tu viejito
en la tranquera te hallaba.
Donde yo te acariciaba
con un beso en tu boquita;
vos como una palomita
que recién alza su vuelo,
jugabas con mi pañuelo
cantando una vidalita.

Tuavía conservo las prendas
que hacías pa mi recao;
era un pañuelo bordao,
el bocao para las riendas.
Y a veces por esas sendas,
cruzaba con vos en la anca:
y al subir por la barranca
orgulloso me sentía,
por el ruido que me hacía
tu dura pollera blanca.

Cuántas veces sé cantarte
desde mi humilde querencia;
lo triste que me es tu ausencia,
lo mucho que sé adorarte.
Yo nunca podré olvidarte
podés creémelo, viejita,;
así querida chinita
siempre seré tu amador,
aunque me vea por tu amor
juyendo como mulita.

Sombras delatoras


En la falda de una loma
de paja y barro formao,
un rancho había levantao
blanco como una paloma,
perfumao por el aroma
de rosas y de glicinas.
Entre las notas genuinas
del melodioso jilguero,
indiscutible trovero
de las pampas argentinas.

Ese rancho y mi paisana
eran la riqueza mía,
y esperanzas de un mañana;
el trabajo y la alegría,
la dicha en la vida humana
es un alba matutina,
visita de golondrina
que breve instante alboroza,
tallo de una linda rosa
donde se oculta una espina.

Iba en mi picazo overo
atravesando el bañao;
ya la noche había cerrao
cubriendo tuito el sendero.
Yo no sé qué mal agüero
azuzaba en mi interior,
un amargo sinsabor
me daba el presentimiento
que me transportaba el viento
tristeza en su rumor.

El overo asujeté,
pues me sentía intranquilo;
quise silbar un estilo
pero ni uno recordé.
Cabeza loca, pensé;
¡Porqué tienes que dudar!
Sin dejar de cavilar
hasta mi rancho llegué;
en el palenque bajé
y empecé a desensillar.

Como si algo divisara
al otro lao del alero,
entró a orejiar el overo
con una insistencia rara.
Eso hizo que mirara
en la mesma dirección,
y bajo el sauce llorón
vide el zaino malacara
del hijo del viejo Lara,
una criolla estimación.

De pronto, no sé por qué,
entró a pincharme la duda,
y en mi lucha interna y muda
hasta el umbral me llegué,
cuando pa dentro miré
vide un cuadro original,
dos sombras del natural,
enfocadas de perfil,
que reflejaba el candil
en un beso pasional.

Mi vista se oscureció
con una aflición tremenda,
cuando vide que a mi prienda
el paisano la besó.
Yo dije: "Mi amor murió
en la noche de este día";
ante mis ojos tenía
todas las pruebas concretas,
en las patentes siluetas
que el candil reproducía.

Iba a dentrar de pronto, pero
como hombre reflexioné;
volví en puntitas de pie
hasta mi picazo overo.
Velay, le puse el apero,
a rienda alta lo dejé,
desde el palenque silbé
pa que ellos me conocieran,
y en voz alta que me oyeran
"¡Juera!", al perro le grité.

"¿Qué tal?" - le dije sonriente
a medida que iba entrando-
- "Ya ve, lo estaba esperando",
respondió indecisamente,
"Dejuro ha estado impaciente",
dije con cierta ironía;
lo pior que la prenda mía
ni mate le habrá cebao;
siento que lo haya pasao
en tan mala compañía".

"Verlo en esta casa, Lara,
me parece un desatino
hoy lo hallé por el camino
y me dio güelta la cara
- "No lo he visto". - "Cosa rara
yo creo de que me vido
pero yo estoy convencido
aunque me lo niegue a mí
de que usté a venido aquí
viendo que yo había salido".

El paisano titubeó
y dijo: "Me voy a dir":
-"Usted no debe partir,
quien debe dirse soy yo".
Como no me contestó,
sobre el pucho proseguí:
-"Usted es el dueño, insistí,
de este rancho y su alegría,
porque ni la prenda mía
ya me pertenece a mí".

-"No es cierto, soy inocente;
me está acusando a ciegas",
-"Yo no sé por qué lo niegas
si el semblante te desmiente.
El ser que adora y se miente,
traiciona a su mismo ser;
recién acabo de ver
que en la pared reflejaban,
dos sombras que se besaban
de un hombre y una mujer".

Ella lloró conmovida.
Él quiso pedir disculpa.
-"Naides comete una culpa,
cuando el amor lo convida".
Esa fue la despedida
que a mi prienda le dejé;
en el overo monté
con el recuerdo febril
de las sombras que el candil
me reflejó en la paré.

Me sorprendió la mañana
amargado y pensativo,
con el corazón cautivo
al amor de mi paisana,
la dicha en la vida humana
es un alba matutina;
visita de golondrina
que breve instante alboroza,
tallo de una linda rosa
donde se oculta una espina.






Unas qui'otras

(Pintura: Molina Campos)

No porqui'ande a chuequidas,
siempr'es renguera:
si esajero las eses
es la giñebra.

Que yo he salío:
medio blandu'e la boca...
¡pa'l gorgorito!

No me baile di'a saltos,
negru'e demontres:
si un envite li'han hecho,
nu'es pa candombe.

Que chinas y ésto:
por cosas pa blancos,
no son pa negros.

Tiene bolas siguras
mi avestrusera:
la que mida mi tiro,
s'irá... ¡con eyas!

Que no perdonan:
ni ñanduses ni chinas
mis boliadoras.

Amalhaya l'arisca,
qui'and'arisquiando:
no conocí un'espuela
que vaya hincando.

Mis nasarenas:
costiyar ande s'hincan...
¡sacan galgrenas!
¡triste, suspiro apenas,
de sentimiento henchido!

A media voz, intenso
canto se oyó; gemido
de algún dolor oculto
¡que estalla repentino!
"También, aunque temprano,
su corazón altivo
probó sinsabores,
pasó por el martirio;
jamás para él tuvieron
ni flores ni atavíos
las lomas y cañadas
de sus cantos nativos.
Le fue el amor ingrato,
le traicionó el amigo,
y huyendo de los hombres
acosado y proscrito,
hermanos fue buscando
a los toldos del indio."
Después, ¡qué reflexiones
desesperdas hizo
en su cantar doliente!
mostrando a un tiempo mismo,
¡su ciencia de la vida!
¡su amargo pesimismo!
Y mana de sus labios
sin orden ni artificio,
real, brotando sangre,
tan hondo y tan sentido,
que abrasa en cada estrofa,
desgarra en cada grito,
¡y el alma de los gauchos
arranca de su quicio!

Cuando apagóse el eco
de su cantar sombrío
entre el silencio inmenso
que sacudió a sus himnos,
dejando en cada pecho
un vibrador gemido,
alzóse el otro gaucho
con el rostro encendido,
y a un lado y otro haciendo
a los que les hacen círculo,
a su rival llegóse
con un arranque digno
y estrecho, fuerte abrazo,
¡fundió su rencor antiguo!
¡Y es que sobre la tierra
es el dolor el vínculo
que ablanda los corazones
bajo su fuego activo;
celos, envidia, orgullo,
la rabia, el odio mismo,
todo el dolor lo dobla
sobre su yunque vivo!

(Pintura: Molina Campos)

Los mentirosos

(Pintura: Eleodoro Marenco)


-"Traiga -dijo don Zenón-,
la guitarra, pa cantar;
que así les voy a contar,
lo que merece atención".
-"Aproveche la ocasión",
-dijo otro viejo sentao,
mientras cambiaba el recao,
al mate que revolvía,
que hacía rato que corría,
y sin gusto había quedao.

-"Después se la he de entregar,
pa que cuente un sucedido
que un viejito comedido
como usted sabrá contar"-
mientras se puso a templar,
le contestó don Zenón.
Pidió a todos atención,
y con respeto lo oyeron;
yo no sé si lo creyeron;
esta jué la relación:

"Las verdades, en los viejos,
todos las pueden hallar,
nos tienen que respetar
porque venimos de lejos.
Si una vez damos consejos,
es por lo que hemos pasao;
la esperencia hemos juntao
como pa hacer un regalo;
sacándolo del lao malo
al que ha dentrao a ese lao."

"Les viá contar lo pasao,
una vez, siendo tropero;
se descargó un aguacero
como pa'ser ponderao.
Se desparramó asustao,
el ganao, causa de un trueno;
y, de repente, sereno,
vide el cielo abrirse en dos,
y por ahí, asomó Dios,
su cara de viejo bueno."

"Con la lluvia el río Salao,
enojao hinchaba el lomo,
sin saber por qué, ni cómo,
el río, quedó cortao.
El agua, a cada lao,
como dos lomas formaba;
y yo al cielo me asomaba,
por aquél tajo de luz,
viendo cómo don Jesús,
riyendo me saludaba."

"Me gritó: -Adiós don Zenón;
le pondero su coraje,
al animarse a este viaje
y arriando en un redomón.-
Le agradecí la atención
y cuando pasó el ganao,
volvió de nuevo el salao
a hacer barranca del lomo...
Hast'aura no entiendo cómo,
el paso quedó cerrao."

"Pero aquél tajo en el cielo,
quedaba lo mesmo abierto;
¡Qué músicos!¡Qué concierto,
nos mandaba Dios pa'l suelo!...
Se vía que el desconsuelo,
arriba, a naide alcanzaba;
como todo allí abundaba
y nada se encarecía,
la gente se divertía
y muy feliz lo pasaba."

"Dende la tormenta oscura,
de fuego salió una bola,
traiba colgando una cola,
de luz, con mucha lindura.
Hizo como una costura,
sopló el pampero enojao,
dejando al cielo cerrao;
desparramó la tormenta
y cuando nos dimos cuenta,
la noche se había estrellao."

Galopió una carcajada,
en los troperos presentes
que se mostraron prudentes,
al no interrumpir en nada.
Y la guitarra templada
fue a manos de don Benito,
que era aquel otro viejito,
que ensillaba el cimarrón;
cuando empezó don Zenón
a canturrear despacito.

El fogón


Era largo el trasfoguero,
que se había quemao mucho
pa quedar mesmo que un pucho
tirao en el cenicero.
Con eso el fogón campero,
daba calor a la gente;
y cuando ya suficiente,
se ha usao, y no se precisa,
se le tapa con ceniza
pa soplarlo al día siguiente.

Los paisano se juntaban
al calor de los fogones
y con cuentos y canciones,
los momentos alegraban.
Los más viejos, comentaban
a su modo sucedidos;
pasajes de tiempos idos,
que en la memoria guardaban
y que en los mozos quedaban
como si jueran vividos.

Y el fogón de los troperos
que en los viajes se prendía,
también la gente reunía,
descansando en los senderos.
Dos viejitos embusteros,
servían de diversión
y en más de una ocasión
ponían todo el empeño,
pa hacer alejar el sueño
porque era largo el tirón.

(Pintura: H. Berta)

El viaje


Hay que formar el rodeo,
a campo; es día de aparte,
y allí, se demuestra el arte,
que no es de puro floreo.
Para que se haga el arreo,
con el que habrá que seguir,
de la estancia hay que salir,
con la hacienda bien contada,
siendo brava la jornada,
donde tiene que elejir.

Ordena el interesao,
ande se halla el animal,
que el tropero servicial,
debe dejar apartao.
Su caballo, acostumbrao,
sabe ponerse a la par;
y ni se le ha de ordenar,
tironeando de la rienda,
para que el pingo comprenda,
cómo debe trabajar.

Si chúcaro, campo ajuera,
el que es apartao dispara,
el pingo no se separa,
en esa escena campera.
Y el tropero, en la carrera,
tiende con acierto el lazo,
prolongación de su brazo,
la herramiente resistente,
de las guampas, obediente,
al chúcaro cierra el paso...

Salta el animal balando;
empacando, se desespera;
y prendido a la asidera,
el lazo queda vibrando.
El pingo sigue tirando,
poniéndose de costao;
otro lazo al empacao,
de las patas lo manea,
suave se le tironea,
y cai al suelo estirao.

Corre y apreta un paisano,
que ha de sacarle la armada,
a la res allí estirada,
pa lo que ha de ser baquiano.
Afloja el lazo la mano,
que abre la armada enseguida;
bufa la bestia, vencida,
y, al quedar libre el cogote,
se levanta y se une al trote,
con la otra hacienda elegida.
...........................

Y la tropilla entablada
que tiene cada tropero
hace punta en el sendero
al clarear la madrugada.
La hacienda, como embretada,
sigue pa'l rumbo marcao;
hace manga el alambrao,
ande el tropero, seguro,
va despacio, sin apuro,
pa no cansar al ganao.

El apero

(Pintura: Rodolfo Ramos)

En las pilchas del recao,
se ve el paisano prolijo,
y se descubre, de fijo,
de qué modo se ha educao.
Sobre todo, si es aseao,
y si es buen trabajador;
no mostrando el esplendor,
de la platería labrada,
sino la prenda arreglada,
con sencia de trensador.

Linda es la cincha bordada,
hecha de algún cuero blanco,
ande el criollo que no es manco,
deja su sencia marcada.
Las riendas; las cabezadas;
el cabresto y el bozal;
y como un lujo el pegual,
que asujeta el sobrepuesto,
ande se prende el cabestro,
trayendo algún animal.

La manea asegurada,
suele dir en el fiador,
prenda que con gran primor,
es, a veces, trabajada.
Como badana, sobada,
como acero resistente;
y el bozal, sobre la frente,
lleva las letras del dueño,
ande se nota el empeño
del tropero dilijente.

De un cuero bien estaquiao,
trabajao en redondel,
siendo su costumbre fiel
hará un lazo bien trenzao.
Con hígado barnizao,
le puede dar suavidad;
y así, con facilidad,
pal trabajo lo maneja,
seguro que ande lo deja,
no le dentra la humedad.

Cada prenda del recao,
tiene un poquito de historia,
página que en la memoria,
de nuestro gaucho ha quedao.
De día, sobre él sentao,
pasa su vida el tropero;
y al estilo campero,
cuando procura reposo,
lo halla en la noche dichoso,
siendo su cama el apero.

Los piones

(Fotos de Francisco Madero Marenco)

Los cachorritos hermanos,
cachorritos ovejeros,
serán, sus dos compañeros,
y sus dos piones baquianos.
Ya crecidos, veteranos,
sabrán rodear la majada;
y aunque sea la jornada,
de sol a sol, tesoneros,
tendrá la mejor peonada.

Harán rodar los ladridos,
ordenando a las ovejas,
y han de ser mimos o quejas,
sus delicados gruñidos.
Lenguajes incomprendidos,
conque hablan a sus patrones...
Y, al calor de los fogones,
en el balance del día,
recordando la maestría,
merecen ponderaciones.

Entienden cuando el patrón,
a viajar se determina,
al verlo que se encamina,
puntiando el día, al galpón.
Sea corto o largo el tirón,
ellos lo van a trotar;
han de ponerse a la par,
y cuando el calor los carga,
sacando la lengua larga,
es como pueden sudar...

No son perros peleadores,
ni como galgos, lijeros,
simplemente son arrieros,
guapos y trabajadores.
Son los leales servidores,
de probada resistencia;
que sin mayor exijencia,
sin mesquinar sacrificio,
prestan el mejor servicio,
con voluntad y obediencia.

En el rancho, vigilantes,
despertando de sus sueños,
ladran, diciendo a sus dueños,
que se acercan visitantes.
Son, como los niños, constantes,
sufriendo sus travesuras
y prodigando ternuras,
se hacen juguetes vivientes,
de los niños exijentes,
compartiendo sus dulzuras.

Porque el niño lo comprende,
sus golosinas le entrega,
y así, a pagarle llega,
el momento que lo ofende.
Porque, en el suelo se tiende,
obedeciendo al tirano;
se sienta, le da la mano,
corre, cuando se le ordena,
y hay, en su mirada buena,
algo del sentir humano.

Sí; el perrito ovejero,
humilde y leal servidor,
es el amigo mejor,
que tiene cualquier tropero.
Seguidor en el sendero,
servicial en el hogar;
él merece aquel lugar,
de respeto y de cariño,
conque el hombre, como el niño
le han sabido destinar.

viernes, 17 de febrero de 2012

Yo me he criado a puro campo

Yo me he criado a puro campo,
Rancho, rebaño y maizal,
Con noches de historias viejas
Y mañanas de cristal.

Bajo un cielo de gaviotas
Vi a mi padre trabajar:
No sé si sembraba coplas,
Por el modo de cantar.

Un día yo vi un camino
Y me puse a caminar
Y anduve, anduve y anduve
Mezclando dicha y pesar.

Después de muchos trabajos
En un mundo fui a parar:
Un mundo de nombre extraño...
Se llamaba... soledad.

Angustias e ingratitudes,
Esas cosas de penar
Nunca podrán lastimarme
Mientras viva en soledad.

Solo podría cambiarlo
-pero es imposible ya-
por un mundo de historias viejas
y mañanas de cristal.

Sólo podría cambiarlo
Pero es imposible ya:
Ni mi madre está en el patio,
Ni mi padre en el maizal...

Paisano errante