viernes, 17 de febrero de 2012

Un hilito de agua


Un hilito de agua!...
¿Quién sabe de aonde viene haciendo juerza,
abriéndose cancha,
y sale jugando, como los cachorros
que ricién se largan...

Retozón, alegre; corriendo sin rumbo;
haciendo un festejo de sus propias gracias,
es un inocente, reventando 'e vida,
que ansina la gasta...
Talmente, parece que siente una dicha
y quiere contarla!...

Mesmo que un botija que de tan contento
se enrieda en el habla,
y en su media lengua, son puros trompiezos,
y un atropellarse señas y palabras, -
igual me risulta, dende que lo miro,
este hilito de agua!...

Tiene alguna dicha; tiene alguna idea
que quiere contarla.
Y, aunque no le entienda,
árboles y yuyos, el pasto, las plantas, -
sienten la alegría que se les contagia!

Hasta repriesenta,
que haciendo cosquillas, el traviesa pasa,
y riyendo quedan las raicitas sueltas,
de verse sin tierra, temblando en el agua...

Y a su lao risulta que tuito es más verde;
más vivo, más lindo, de mejor fragancia:
El aroma sano de la vida juerte...
Los colores juertes de la vida sana...

La expresión que tiene... ¡tan de criatura!...
No se la cambea la tierra que arrastra:
si mesmo por causa que se vé la tierra,
se vé l'agua clara!...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Se allega un botija con las manos negras,
la cara embarrada,
y tienen sus ojos el mirar tan limpio,
que uno, se le ríe, lo besa y lo alza.
Si mesmo, figura que se nos dentrase
un poco 'e su alma!...
Y el aroma sano de su vida juerte,
se siente deveras, como una fragancia!...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Talmente un botija,
el hilito de agua...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Dá gusto 'e beberla...
aunque sea sin ganas...

(Enero 21, 1934)

Mi tapera

(Foto: Isabel Hardoy)
Existe allá en Canelones
una derruída tapera
voy a recordar siquiera
aquellos caídos terrones
ya no se oyen las canciones
que a mi madre le cantaba
ella atenta me escuchaba
y me solía decir;
¡yo no te puedo sentir!
¡hijo de mi alma... y lloraba!

Oh! solitaria tapera
quiero turbar tu reposo
porque me siento dichoso
aunque es mi voz lastimera;
recuerdo que en la cumbrera
la golondrina anidaba,
a mi padre le agradaba
sentir tanta melodía
y al nacer la luz del día
a yerbear se levantaba.

Hoy la miro con dolor
la contemplo entristecido
donde fue mi hogar querido
hay un ombú protector,
hay un ceibo que da flor
y viste de colorado
que mi padre con cuidado
muchas veces lo podó;
como recuerdo quedó
de aquel tiempo que ha pasado

Cuando la noche callada
extiende su negro manto
tristemente lloro y canto
a mi tapera arruinada
y tan solo una mirada
de mis ojos desprendida
trae a la mente enseguida
recuerdos que ya pasaron
pero que en mi alma quedaron
como una pena escondida

¡Adios mi adorada choza!
tu hijo querido se va
buscando la soledad
y la noche silenciosa
hoy la vida me es odiosa
al verte solita así;
pero sabrás que hay en mí
un pesar que me desgarra
pues cantando en la guitarra
quiero morir junto a tí.

Doña Micaela


Cerca de aquel pueblo donde yó nací
De Canelones a una legua escasa
Bordeando un camino de "pitas" y "tunas"
Un rancho se alzaba.
Era un rancho viejo de ladrillo y zinc
Tan humilde y pobre, que hasta daba lástima
Y a pesar de todo soportaba el tiempo,
No se conmovía, ni se tambaleaba
Ese era mi rancho...
allí nacimos todos...
Esa fué mi casa...
Bendito su recuerdo, aquí dentro de mi alma.



Había un pozo al frente
Al que un viejo sauce su sombra le daba
Era un pozo inmenso, obscuro y hondo;
¡pero tenía un agua!
Las más pura y sabrosa de aquellos lugares...
Según se contaba...
Todos los vecinos y los peregrinos
Tejían alabanzas
Para el agua pura de aquel noble pozo
de mi humilde casa.
Era tan famoso como era su dueña
Una pobre anciana...
Partera del pago hacía 50 años.
Tenía unas manos, decían las madres
Igual que una "santa".

Mi madre y el pozo eran en el pago
Dos cosas sagradas...

Parece que aun siento después de 30 años
Una voz que llama...
Para repetirle lo mismo de siempre...
Doña Micaela?, deme un vaso de agua
¡Oh que pura, ¡que linda... que fresca!...
Que Dios se lo pague!
Que agua divina, parece filtrada...

Y mi pobre madre
A veces descalza
Porque en el apuro perdía una "alpargata"
tendíale la mano,
al que allí llagaba
Con un vaso lleno, desbordante de agua,
de aquel viejo pozo de mi pobre casa...

Doña Micaela?, deme un vaso de agua!
Y era para ella un placer profundo
Cuando aquellos mozos y esas mozas guapas
Que ayudó a nacer
De cientos de madres de aquella comarca
Le pedían sedientos al pasar allí...
Doña Micaela?, Deme un vaso de agua!

Pobre madre mía!...
A veces lloraba de puro contenta
Cuando tantos hijos, que eran casi suyos
Al pasar llamaban y le repetían;
Dona Micaela?, deme un vaso de agua!

Todo está muerto
ya no existe el rancho...
Ni tampoco el pozo, y menos la planta...
Aquel viejo sauce donde yo pasaba
Las horas benditas de dulce infancia...
Todo está muerto
Ya no queda nada...

Sobre esos recuerdos, ha nacido alfalfa,
Un hombre muy rico
Compró aquella chacra
Puso dos obreros, con tremendas palas,
Que en poquitas horas taparon la boca
del pozo querido que aún se conservaba
Cual un centinela sobre una montaña...

Así terminó todo,
Ya no queda nada.
Nada que recuerde a los caminantes
La noble figura, la cabeza blanca,
la sonrisa triste de la pobre anciana...
Pero para muchos seguirá, viviendo
Como una leyenda
Aquellas palabras;
Doña Micaela?, deme un vaso de agua!...

El pozo y mi madre eran para el pago
Dos cosas sagradas

....................

Yá se acabó todo
yá no queda nada
Ni padre, ni rancho,
ni pozo, ni sauce...
Nada, nada, nada...

El Benteveo

(Pintura: Luis Nuñez)

Benteveo siempre estás
jugando a las escondidas;
benteveo de mañana,
de tarde y al medio día;
Benteveo, cual si todas
las aves de la campiña,
se escondieran de tu paso
pero nunca ante tu vista.

Eres un poco grotesco;
pico grande, cabezón;
y además escandaloso,
audaz y alborotador;
con una vincha en la frente,
como curando el dolor
de cabeza, que a ti mismo
te causas por lo gritón.

Mas no quiero ser injusto,
y te digo sin rubor,
que tienes bellos colores
color tierra, color sol;
y la vincha blanca que usas
con dolor o sin dolor
te sienta bastante bien
(No es porque lo diga yo).

¿Que buena vida pasas,
pajarraco comilón,
frutas, insectos, semillas,
desperdicios, qué se yo!
Hasta pececitos comes
en tu afán engullidor,
tan "vivitos y coleando"
que causas indignación
por tu crueldad de mas fuerte,
¡si no tienes corazón!

Por eso es que te han cambiado
el nombre, presumo yo,
y te llaman "Bicho feo"
con muchísima razón.

Solos del campo


Yo soy la silvestre bruma
extendida en la colina,
como faja cristalina
que va derramando espuma,
yo soy la arrogante suma
de soñadas impresiones,
soy la lira de fogones
con cuerdas de agrestes hilos,
soy la que llora en estilos
y canta en los pericones.

Yo soy la ruda poetisa
de la tranquila espesura,
soy la que cantar procura
bajo luz de una sonrisa,
soy la musa que improvisa
con nutridos arsenales,
soy la que en medios rurales
halla el afán que le brota,
yo soy la bruñida nota
que arrojan los pajonales.

Yo soy la flor que se pierde
y que sola se deshoja,
soy la margarita roja
que salpica el campo verde;
yo soy la pena que muerde
sobre un recuerdo esculpido,
soy un arroyo crecido
por la pasión desbordada,
yo soy la sangre tirada
que viene a pedir olvido.

Yo soy la pureza franca
que se ostenta de relieve,
yo soy la gota de nieve
suspendida en la barranca,
soy la margarita blanca
que perfuma el arroyuelo,
soy el impulsivo anhelo
coronado en la victoria,
yo soy la nube de gloria
que Artigas puso en mi suelo.

Yo soy el glauco castillo
que en el monte se guarece,
soy la savia que florece
dentro de un manto amarillo,
soy la flor del espinillo
que prodiga su agasajo,
soy la que tiembla en el gajo
para exhalar un tesoro,
yo soy la cachimba de oro
que brota con el trabajo.

Yo soy la tela de grana
que teje el agua a su lado,
yo soy el raso encarnado
con que el ceibo se engalana,
yo soy la corona sultana
que sus dominios explaya
yo soy la vida que ensaya
su vigor contra reveses,
soy la lluvia de altiveces
que mojó el alma uruguaya.

Yo soy la flor que se pierde,
viento movido y galano,
yo soy el clavel serrano
que en la cumbre balancea,
yo soy el sol que pestañea
sobre la entibiada loma,
soy alambique que toma
fragancias para lucirce,
yo soy la flor que al abrirse
llena los valles de aroma.

Yo soy la flor sin esencia
que saca su azul a flote,
soy la flor del camalote
que vive con indolencia,
soy la de pobre apariencia
que se hamaca en el abismo,
soy el celeste aforismo
que el ansia libre prefiere,
cuando corre el patriotismo.

Yo soy el aire que encierra
todo el vapor desprendido,
yo soy el pasto crecido
con el sudor de la tierra,
yo soy la espina de sierra
que su rastro colorea,
yo soy la inflamada tea
que sobre el campo palpita,
yo soy el pueblo que grita,
cuando su bandera ondea.

La daga


Yo entoné al lazo criollo mi canción más sentida;
yo recé al poncho pampa mi oración funeral,
pero a ti ni te rezo ni te canto. ¡Mentira!
¿Cómo puedes ser criolla, si te dieron la vida
estiletes y alfanjes, cimitarra y puñal?

Por legal pasaporte presentaste dos filos,
que servil ofreciste a la "acción del terror";
y en las zarpas uñosas de Moreira y Cuitiño,
sobre crenchas sedosas serruchaste tu brillo,
porque no se vistieron de colgajos punzó.

En su historia sombría te enseñó la mazorca,
que la patria era un mito y que Dios no era Dios;
para ti no valieron las jornadas heroicas,
y las picas bermejas de la plaza de Olta,
la cabeza del Chacho, ¡por tu culpa se alzó!

Y una noche de invierno que te hiciste a la vela,
fatigada de muertes, por poder descansar,
tus anhelos de sangre no admitieron la tregua
y prendida a la espalda de Florencio Varela,
las auroras te vieron en la Banda Oriental.

Es en vano que quieras disfrazar lo que eres;
en el cinto del gaucho, no te queda lugar;
tú serviste al instinto del feroz Santos Pérez
y no oíste del niño su infeliz "miserere",
que arrancó de las selvas un sollozo al jaguar.

Y en las páginas de oro de Rafael Obligado,
tu vileza apresura una acción de dolor;
¡es así como digo! no pretendas negarlo:
contra el noble Carmona, ¿quién endilga la mano?
¿y por quién Santos Vega contra el diablo payó?

No permito te incluyas en las cosas nativas;
¡ni siquiera hermanastra del facón, puede ser!
y en lugar de la "S" que en tu mango se afirma,
por tu vida de horrores, como sello de estigma,
una "M" de ¡muerte" te debieran poner.

Matando penas

(Foto: Bordagaray)

Compañeros, ¡arriba los corazones!
¡Quiero escuchar alegres carcajadas!
¡Sirvansé lo que gusten, que está pago,
tuito el gasto que se haga!

Aquí en el tirador, hay mucha plata;
bien ganada, a rigor, tirando vida;
hay en las manos, cayos, que no mienten
carisias de la horquiya.

Me ha chamusquiao hasta los caracuses
sobre la parva, el sol del medio día,
por juntar patacones, que aquí traigo
pa comprar alegría.

Vení, Casique, echate aquí, a mis pieses
que algo te pasa que te encuentro triste:
ya sabés que conosco tus pupilas
cuando'e pesar se visten.

Me parece alvertir que ayá en el jondo
anda un ricuerdo po'asentar el güelo;
no dejés que el trompeta se te prienda;
sacale el cuerpo al duelo!

Qué lo que aura estrañás, ¿son sus caricias?
la dulsura'e su risa cristalina?
Si tuito jué mentira; ya lo has visto
como se jué la indina!

Sacudí la cabesa, no seas sonso;
aventá los ricuerdos al olvido;
pa'qué pensar en eya, si la falsa
jamás nos ha querido!

Hacé como hago yo, raite de tuito:
de rabia o de pesar, no le hace, raite!
Ni pensés en la yel de las mujeres
que es amargarse al cuete!

No vas a contagiarme tus tristezas,
que está linda pa, rairse, la mañana;
ladrá juerte, que venga la pulpera,
con el porrón de caña.

Rigoriala

(Pintura: Carlos Montefusco)

No le andés mesquinando al overo
que de viejo se ha puesto sobón;
afirmalo en la rienda primero
y mostrale el talero de tu pretensión.

Rigorialo con fe en la partida
que dispués, ni presisa talón
y verás que en la cancha se estira,
parece mentira pero es ligerón.

Las apariencias engañan
dicen los hombres de sensia;
no olvides que la esperensia
es madrastra de las mañas;
unos la pintan con canas,
los otros con picardía;
por eso aura te desía
colocándome en el medio,
que el rigor es güen rimedio
pa'l mal de la fantasía.

Una ves en carreras cuadreras
cuando yo era entuavía mamón,
le corrí a una potranca ligera
que era forastera del pago'el amor.

En el pique, salimos prendidos,
pero al poco correr, me ganó,
por no haberme afirmao en el tiro,
por eso te digo, rigor... y rigor.

Como el hornero

(Pintura: Molina Campos)


Lo mesmito que vos, cantando siempre,
un rancho coquetón, yo levantaba
a la costa' el arroyo, ande bañaba
su ramaje, el sausal, en la corriente;
yentia el alma, de amor ardiente
feliz, como inocente
paja y barro, a montones, acarriaba.

De sol a sol, sin resoyar siquiera
con el afán de verlo ya concluído,
picaniao por la chusa de Cupido
y los ojos sombriaos de mi hechisera
que me había dicho, que la quisiera
que en esa primavera
quería venir a disfruar del nido.

Yo como vos, también, iba y venía
y a cada rato mi obra contemplaba,
que al verla qué ligero adelantaba
me inundaba de orguyo y alegría
y esatamente como vos sentía
en la noche y el día
que un mundo de esperansas me cuartiaba.

Tenía una contra fiera; la tormenta,
el chaparrón, el viento, el sol, el rayo,
pero yo trabajaba sin desmayo
pa'cobrarle al amor, mi ansiada cuenta
sintiendo el alma, felis, contenta
como cuando se aumenta
del árbol del amor, su verde tayo.

Pero mi rancho, sólo jué tapera
avansao po'el cardal y la flechiya
teniendo el sicutal como goliya,
que augarla entre sus garras pretendiera;
sin más encanto que l'agorera
lechusa que ligera
pa'l jogón del dolor, trai una estiya.

La dueña'e mi pasión, remontó güelo
con... no sé que otro gavilán extraño
y aunque d'esta han pasao ya muchos años
no puedo hayar pa'mi dolor consuelo;
y en mis noches sombrías, en mis horas de duelo
le pido al mesmo sielo
que me ayude a olvidar mi desengaño.

En cambio, vos, hornero, estoy siguro
que sos felis, al lao de tu adorada
eya también trabaja entusiasmada
y ansina siempre, junto, dejuro,
no verán el escuro
fantasma que auga la pasión soñada.

Dios, castiga sin palo y sin rebenque
y es justa su revancha; ¡qué canejo!
Yo también una güelta corté el sejo
el potrero del mal, siendo consiente
y a una crioyita de amor ardiente
dejé rastreramente
sin escuchar del alma, su consejo.

En fin, hornero! Vos, sos más constante;
las maldades, no anidan en tu pecho;
vas en procura del amor, derecho,
y a él te entregás, solísito y amante;
en cambio el hombre, busca anelante,
dispertar depravante,
la honra que duerme en su dorado lecho.

Boda campera

(Pintura: Gustavo Solari)

Canturriaba el Pampero sus endechas
enredao en los talas y espiniyos
y el poniente asulao, se festionaba
de rojo fuego, lila y amariyo.
Ansinita la tarde iba cayendo
entre los tintes de esa lus difusa,
cuando anunciando el paso de un viajero
se oyó el "chas... chararás" de la lechusa.

Yegó el paisano y sofrenó su flete
junto al foyaje de una verde liana
que por darle soltura a su tientaje
l'iba achicando el güeco a una ventana.
De ayisito salió una linda prienda
de ojos más negros, que el más negro olvido,
con el pelo partido medio a medio
como las alas de un biguá dormido.

Su manito, buscó la del amante;
él, procuró su boca color grana
y eya campió en el fondo de aquél beso
un mundo de promesas, pa'l mañana.
Ya por última ves, miró aquél rancho,
y persinó entre alegre y dolorida
y detrás de dos lágrimas matreras
un beso le tiró de despedida.

De un salto se sentó sobre las ancas
de su cómplice, el ruano coscojero,
que picó retosón, como juyendo
del cortejo nusial del teru-teru
como siñuelo asul de su destino,
y soñando despiertos contemplaron
la esperanza jugando entre el selaje
y la gloria, de pie sobre el camino.