jueves, 8 de septiembre de 2011

De madrugada

(Pintura: Carlos Montefusco)
Me levanté bien temprano
-tenía que salir con tropa-
y m'eché sobre la ropa
mi poncho bayo, liviano;
luego avivé con la mano
los tizones del fogón,
le di juerte al cimarrón
y estando ya más dispierto,
truje a mi gatiao, por cierto,
pa'ensiyarlo de'un tirón.

El recao acomodé
ricostao en el portón,
y a mi pingo -que's nuevón-
el lomo le cepiyé.
Ayí nomás lo enfrené
por debajo del bozal,
hablándole al animal
como hago todos los días,
mientras su estampa lucía
de cabayo servicial.

Primero una sudadera
hecha de'un cuero esquilao,
sobre el lomo cepiyao
puse a modo de bajera;
endispués un mandil que'ra
un ricuerdo de mi agüelo,
dos matra'agarré del suelo
de blanco y negro color,
que le compré a un vendedor
que anduvo bajo este cielo.

Las matras, como al descuido
doblé a la altura'el mandil,
y eché -de chato perfil-
encima, el basto partido;
luego un cuerito curtido
y dispués ancha encimera,
del anca'una vaca overa
que se quebró en el corral,
cuando la voltié de'un pial
en un volcao puerta ajuera.

En los corriones sobao
sujeté una cincha usada
por mis manos trabajada
y al pingo dejé cinchao;
puse estribos trabajao
con las aspas de'un carnero,
un cojiniyo campero,
un sobrepuesto, el pegual...
Monté, y tranquió el animal
con mi destino resero.

Con pilchas de dominguear


Picazo pampa bragao
calzao de las cuatro patas,
lindo haces lucir la plata
que reluce el emprendao.
¡Ta'que's un lujo, cuñao,
poder ensiyar ansina!
Se me'antoja que no hay china
que no "afloje" a su floreo,
si hay más de un crioyo, ya veo,
que'al mirarlo se arrocina.

Del bozalejo fiador
-hecho de anchos eslabones-
priende con dos corazones
el freno que's muy cantor;
las copas -de lo mejor-,
a la coscoja hacen eco,
y aunque de curioso peco
en el pretal dan la nota
en oro, la "pe" y la "jota"
de Don Jacinto Pacheco.

Le acerca ricos fulgores
el sol, a tan crioyas priendas,
y rejucilan las riendas
en bombas y pasadores;
el pingo es de los mejores
pa'lucir bien emprendao,
y estando ansina ensiyao
-como el dueño es muy campero-
un par de estribos braceros
resaltan en el recao.

Si el hombre ensiyó con lujo
pa'una fiesta dominguera,
sepan que él es, ande quiera,
un crioyazo sin tapujo:
curando bichera' es brujo;
güen pialador, además;
como domador... capaz,
y es que abajo del chaleco,
tiene un corazón Pacheco
¡Que's gaucho como el que más!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El gaucho de la epopeya

(Pintura: Francisco Madero Marenco)

¡Ay, Dios mío, qué reunión!
¡Qué linda que está la rueda!
Si algún rinconcito queda
me atracaré hasta el fogón
porque traigo el corazón
lleno'e güenos sentimientos
y si escuchan un momento
en mi gaucho patriotismo
viá levantarle al criollismo
el más justo monumento.

Un monumento grandioso,
como el gaucho lo merece,
porque luchó sin dobleces
por ver su suelo glorioso,
por eso quiero con gozo
recordar con gratitud,
su noblez y su virtud,
que es mi orgullo en cualquier parte
porque es el gaucho un baluarte
en la América del Sud.

Él, con Güemes el caudillo,
en enterezas muy fieras
con sus bravas montoneras
luchó con lanza y cuchillo;
él le dio a mi patria brillo
con su nervio de guerrero
y él fue también el primero
que al llamado del clarín
corrió junto a San Martín
pa formar los Granaderos.

Gaucho fiel a su destino
que llevó desde Mendoza
para la gesta gloriosa
su noble pecho argentino.
Gaucho valiente y genuino
que a la patria engrandeció;
fue el primero que cruzó
la cumbrera de los Andes
y sin guapiar de ser grande
a Chile la libertó.

También con Manuel Belgrano
y a la sombra'e su bandera
para llevarla altanera
luchó el gaucho veterano.
Y en el Perú soberano
sobre su gloria se empina,
por eso mi alma se inclina
frente al gaucho y sus blasones:
¡libertador de naciones
Chile, Perú y La Argentina!

martes, 6 de septiembre de 2011

La llegada

(Foto: Estación "Herrera Vegas")
Del campo ya estaba asquiao,
decidí de tal manera
dejar Estacion: "Herrera"
como pa olvidar el pasao.
De las mujeres cansao,
haciendo a un lao la razón,
el pedazo'el corazón,
dolorido y a los tumbos
cambié en busca de otro rumbo
y me vine a Concepción.

Por el viaje saturao,
al llegar al edificio,
cansao por el sacrificio
con la ciuda`encandilao
pelié con el encargao
y más se agrandó la cosa
cuando en forma rencorosa
dijo apretando las muelas:
-"Saquese ese par de espuelas
que me raya las baldozas".

Con la pelea perdido,
en el primer piso entré
y un aparato encontré
pa mi ver con mucho ruido.
Me le trepé decidido.
Entró a correr el sudor,
sentí en el cuello un ardor
con fervor gritaba al cielo;
cuando me apretó el pañuelo
la puerta del ascensor.

Ya sentao en la cocina,
matiando en forma risuelta,
un golpe sentí en la puerta
y ahi estaba mi vecina.
Una morocha divina
que dijo en forma discreta:
-"Disculpe que yo me meta
usté 'ta haciendo macana
y tira por la ventana
los huesos de la chuleta".

Es de apellido Padillo,
una rubia preparada
que entró gritando enojada:
-"¡Qué olor que hay en el pasillo!",
baquiano pa hacerme el pillo,
primero me hice el sordón,
mas tarde pedí perdón
y le dije a la muchacha:
-"Tengo un cuero'e vizcacha
estaquiada en el balcón".

Pa amortigüar la llegada
al boulevar fui de noche
y manejando mi coche
salí pa buscar volada.
Una rubia bien parada
me gritó, de labios rojos:
-"¡Para saciar tus antojos
acá te anoto en mi lista
y aunque no sea oculista
yo te enderezo los ojos!".

Manotió mi billetera
pa empezar el tratamiento;
yo les juro y no les miento
y que lo vieran quisiera
me trató de tal manera,
se me prendió como abrojo
gritando: "...con vos me mojo!"
Es por eso, ahora ansina,
ando buscando una espina
pa pincharme el otro ojo.

De versos hice un derroche,
mi garganta ya resonga,
pa terminar la milonga
me sincero y pongo un broche;
la paso mal en las noches
como si rabia tuviera
con el termo y la yerbera
me la paso caminando
porque yo sigo extrañando
mi gran pueblito de Herrera.

Estilo para María

Dulce guitarra querida
tengo una pena en el alma
ando buscando la calma
que cicatrice mi herida.
Dulce guitarra querida
con seis caminos sonoros
hoy que de pena te lloro
por una dicha olvidada
recuerdo la boca amada
de la que fue mi tesoro.

Ah! malaya que matreros
fueron tus ojos, María,
eran mi noche, mi día
en mi penumbra un lucero
yo que fui buen aparcero
en el campo ´e tus amores
hoy solo tengo dolores
que me lastiman el pecho
mi gaucha con que derecho
me privas de tus amores.

Dulce guitarra querida
novia adorada en mis brazos
al contarte mi fracaso
se profundiza la herida
al aferrarme a la vida
desesperao suelto el llanto
amargo es el quebranto
que me ha postrao en el lecho
te pregunto si hay derecho
para hacerme sufrir tanto.

Al Gato y al Mancha y a Aimé Tschiffely

(El criollo que nos ha honrado con su soberbio raid ecuestre)
Entre muchos recuerdos, que nos quedan del tiempo
cuando vino a esta tierra el soldado español;
hay un algo que nunca dejará de ser digno
de respeto y aprecio por su justo valor.
Son aquellos caballos que por ser los primeros
que pisaron la tierra del solar querandí,
nos trajeron la rama de los pingos heroicos
que llevaron las tropas del genial San Martín.

Y pasadas las horas de conquistas gloriosas
cuando todos juraron la concordia y la paz,
esos pingos volvieron a los lares nativos,
a prestar sus servicios en la vida rural.
Esos fueron los criollos, los de origen y tipo
y colores variados, del caballo andaluz;
que pararon rodeos y cruzaron galeras
en las vírgenes pampas de las tierras del Sud.

Ellos fueron los fieles compañeros del gaucho,
los ligeros, los guapos y de todo rigor;
que unas veces lucían primorosos aperos,
y otras veces las pilchas de aglún pobre "nación".
Esos pingos rosillos, rabicanos, manchados,
y de tantos colores, que no es dado apuntar;
arrastraron pacientes los primeros arados
que tiraron las melgas en la tierra del pan.

Se pasaron los años y nos trajo el progreso
el servicio estimable del potente tractor;
y cruzaron los campos, esas cintas de acero
donde suplen diez carros con un solo vagón.
Se alambraron potreros, se achicaron estancias,
los rodeos quedaron reducidos también;
y en las mismas praderas que los criollos pastaban
se le hizo galpones al hermoso plantel.

Y quedaron los pobres, los rosillos y overos,
en las playas peladas del camino real;
contemplando el progreso de la patria que un día
los mezcló en la epopeya de la gran libertad.
Los más viejos murieron tironeando del carro
de algún turco mercero, que asoció al mancarrón,
la miseria del pasto, el trabajo forzado,
y la dura sotera, del pesado arriador.

Pero en esos lugares que la gran cordillera,
con su lomo soberbio nos embriaga de azul,
aún perdura la raza del caballo que un día
transportó la bandera de los bravos del Sud.
Y como una protesta, al desprecio y olvido
en que vive el caballo, tan glorioso de ayer,
surgió el Gato y el Mancha, los valientes que hicieron
la proeza que nunca hará el auto ni el tren.

Loado sea mil veces el caballo argentino,
que en los tiempos de guerra y en los tiempos de paz,
ha sabido aportarle con divinos laureles
al escudo glorioso de su tierra natal.
Y nos dan el ejemplo que sin ser Botafogos,
ni pisar en la pista donde el mago corrió,
el caballo argentino se corona de triunfo
cuando lleva un mensaje de cariño y unión.

Embajada sublime la del Gato y el Mancha,
con sus cascos humildes y su gaucha virtud,
han unido en un lazo de inmortal existencia
las ciudades del norte, las ciudades del Sud.

A mi viejo doradillo


Al verte triste, amacetado y viejo,
cierro los ojos, doradillo mío:
y veo en mi alma, como en un espejo
de sus jornadas el pasado brío.
Veo las horas de su tiempo mozo
cuando en el lomo te ceñía el apero
y por el gusto de ponerte brioso
con las espuelas te pinchaba el cuero.

Veo el boliche de pared muy ancha
hecha de paja y de adobe crudo;
veo las huellas de la vieja cancha
donde ninguno derrotarte pudo.
Veo la china de mirada viva
como ninguna para mí bonita;
la que al principio se mostraba esquiva
y que más tarde se entregó solita.

Ni por el tiempo al recordar me canso
-que ante tus ojos y el favor de Dios-
le dije; suba, que aunque brioso, es manso
y desde entonces, te montamos dos.
Pero... la china de los ojos magos
que enrojecida te montó esa vez
está probando los primeros tragos
del reuma infame que nos trae la vejez.

Y, aquél apero, que produjo antojos
en otros tiempos de placer y amor;
está empañado como nuestros ojos,
un moho verde le quitó el fulgor.
Tu pobre dueño que partió contigo
el mismo poncho, y hasta el mismo pan
denota triste, que le falta abrigo
porque las fuerzas y el calor se van...

Somos lo mismo que las viejas cajas
que son recuerdos del hermoso ayer;
que no guardaron ni caudal, ni alhajas
sino las cartas del mayor querer.
Y con el tiempo nos pondrán en cajas
cuando nos lleven al helado Edén;
tu cuero alcanza para dos mortajas,
la china y yo, nos taparemos bien.

Bien plantao

(Pintura: Justo Errecaborde)

Nada tengo patrón, pa que a su altura
pueda llegar según sus exigencias.
Pa mi, todo es pobreza y amargura
y es pa usté, lo mejor de la existencia.

Usté pone la tierra, yo el trabajo,
mi esfuerzo aumenta el capital que es suyo,
yo luchando en la sombra dende abajo,
tengo también, en mi humildá mi orguyo.

Cuando al cielo, los tintes de la aurora
llegan, pa comenzar la madrugada,
trabajando su tierra bienhechora,
pienso que ella, sin mí, no daría nada.

Mientras usté se luce en los salones
y gasta a manos llenas sus caudales,
yo voy desmenuzando los terrenos
pa que luego produzcan los trigales.

Y no está mal, porque para eso es dueño,
pero si cotejamos los valores,
pa la Patria más útil es mi empeño
que su plata, sus lujos y sus flores.

Vale más cada tranco de mis bueyes
tirando, pa abrir surco del arao,
que todas sus palabras y sus leyes,
con que a veces, patrón, me ha rebajao.

Si miramos pa atrás de ande venimos,
y miramos después pa donde vamos,
cualquiera ha de saber cuanto trajimos,
que es lo mesmo, patrón, cuanto llevamos.

Dios nos emparejó de esa manera
dende que comenzamos la jornada,
y al llegar al final de la carrera
ninguno de los dos, valemos nada...

Hombre Flojo

(Pintura: Molina Campos)
Los que no comprenden el dolor ajeno
porque me ven triste, agachao y solo,
dicen medio viendo, aunque yo los oiga:
¡Pucha que hombre flojo!

Y yo que de frente, encaré el peligro,
yo que dende chico no conocí al miedo,
aura juyo a todos... Y pa estar tranquilo
me entrego al silencio.

Peliar en las guerras, esperar al tigre
pa ofrecerle el brazo con el poncho envuelto,
y el facón hundirle. Eso ha sido siempre
pa mi, como un juego.

La víbora mala, enterró el colmillo
una vez y puso veneno en mi sangre,
yo a punta'e cuchillo, revolví la herida
y alcancé a curarme.

Peliar frente a frente al fiero enemigo
con el que uno sabe, como ha de atajarse,
no es gracia, el peligro aunque uno no tenga
suele dar coraje.

Pero, ¿quién pelea contra las miradas
de la criolla linda, que en la huella vemos.
Esas que en nuestra alma se prienden y al ñudo
sacarlas queremos?...

El hombre más juerte, el de más coraje,
sufre si en la vida, a ganar no llega,
por más que trabaje, no como limosna
el cariño de ella.

Y ansina anda triste. Buscando la sombra
como perro enfermo, agachao y solo,
pues tiene de sobra, pa que muchos digan:
¡Pucha, qué hombre flojo!...

Porque sos mala

(Dibujo: Palliere)
Mañera y caprichosa, me enredaste
en las negras serpientes de tu pelo
cuando en mi boca, con maldá dejaste
caer como de miel tus dulces besos.

En la tranquera, cuando hirió el pampero,
tu frente blanca mesmo que la luna,
me dijiste, mimosa, yo te quiero,
pa mi solita... No me olvides nunca!...

Dende entonces, pa mi, lo mejor juiste,
¡Te precisaba mesmo que a mi vida!
Pa no estar en mi rancho solo triste
te puse en él pa ser mi Margarita.

Y eras como esa flor, junto a mi madre.
¡Te quise más que a todo!... ¡Que a mi mesmo!...
Pa que pagaras mi querer más tarde
con lo pior de lo tuyo: tu desprecio...

¡Juiste mala nomás: Por eso un día
volcaste como víbora el veneno,
mordiendo el corazón del que sabía
darte, pa ser feliz, todo lo güeno.

¿No has visto como cái la mariposa
que quemó sus alitas en la llama?...
Lo mesmo cái aquel que se enamora
de una linda mujer que luego es mala!...

Y mirá al picaflor: el pajarito
para cada florsita tiene un beso,
le busca el corazón con su piquito,
chupa lo dulce, y levanta el vuelo...
..................................
Así ha de ser el hombre. Sin temores,
sepa como besos conquistar quereres.
¡Pa no ser desgraciao en los amores,
hay que ser picaflor con las mujeres!...