martes, 10 de mayo de 2016

Una carta de otoño


(Pintura: Eleodoro Marenco)




Sólo me siento solo
porque no estás conmigo.

El tiempo se me alarga en una pena
que no tiene regreso, ni destino.

Suelo tirar piedritas en el pozo,
como un gurí... porque me gusta el ruido
redondo donde despiertan de un silencio
tan hondo como el mío

y suelo ir arrastrando las espuelas,
para ponerle puntos suspensivos
al antiguo sendero de andar juntos...

De tarde, casi al alba de los grillos,
voy al palenque; muere el horizonte
con un delgado tajo de oro vivo,
mientras se ondula y crece en las lomadas
una intensa costumbre de mugidos...

No galopo como antes
por el llano tranquilo;

gusto llegar al monte rumoroso de nidos,
abrevar mi caballo, conversar con el río,
recostarme a los últimos arrullos de la tarde,
y estar sobre la playa como un árbol caído.

No siento soledades de pagos que no he visto...

Sé que la dicha es un paraje raro,
que no tiene baqueanos, ni caminos.

Y no es mi soledad fruto del campo,
ni mi silencio;
mi silencio es hilo
de este sonoro manantial de ausencia
que acaso me dejaste por olvido...

Sólo me siento solo
porque no estás conmigo.