jueves, 30 de abril de 2015

Juan Moreira (Milonga)



Recuerdo que fue una vez
A mi padre regalado,
Por un tal Pancho Mercao,
Que aún recuerda en su vejez,
Así llegó a mi niñez,
Como algo más del pasao,
Que yo curioso, intrigao,
Despacio dentré a leer,
Tal vez por querer saber,
De quien tanto había escuchao.

Entre sus hojas dormidas,
Que aún recuerdo en mi memoria,
Descansaban mil historias,
Y fotos descoloridas,
De un paisano al que la vida,
Según algunos dijeron,
Lo hizo malo y pendenciero,
Pero algún otro decía:
Que con él la policía
Se habían ensañado primero.

Y la verdad que era cierto,
Que había sido maltratao,
Perseguido, acorralao,
Y con un destino incierto,
Dicen que hasta p’al desierto,
Habrían querido arriarlo,
Y de tanto castigarlo,
Consiguieron que se hiciera,
De un hombre bueno, una fiera,
Capaz de al diablo pelearlo.

Juan Moreira se llamaba,
Dicen nacido en matanzas,
Y con tesón y esperanza,
De sol a sol trabajaba,
Algunas tropas arriaba,
Rancho y hectáreas tenia,
Con tranquilidad vivía,
Junto a una esposa que amaba,
Y ni por gusto pisaba,
Jamás una pulpería.

Fue un alcalde enamorado,
De una mujer ya con dueño,
El disparador pequeño,
De un gran mundo desgraciado,
Perseguido y acosado,
Cambia el rumbo de su vida,
Y en forma muy decidida,
Se arrastra solo al abismo,
Al comenzar por sí mismo,
A pelear con la partida.

Pelea y mata a destajo,
Herido en lo mas profundo,
Pues ya no existe en su mundo
Rancho, familia y trabajo,
Su ira pronto le trajo,
Mas desgracias a su vida
Y no encontró otra salida,
Que dormir a campo abierto,
Ocultarse en el despierto,
O de guardia en guardia.

Su coraje era temido,
Su valor muy respetao,
Su nombre muy mencionao,
Por la gente del partido,
Políticos han querido,
Pa’ tenerlo de su lao,
Borrar su oscuro pasao,
Y el prontuario que tuviera,
Pagando de esta manera,
Tantos servicios prestaos.

El miedo ante su valor,
Y su daga tan mentada,
Lo llevó hasta una emboscada,
Que le hicieron por temor.
De todo ese alrededor,
Llegaron varias partidas
Que cercando su salida,
En la pulpería "La Estrella",
Consiguen la tarde aquella,
De a traición cortar su vida.

Donde su daga cayó,
Al mes, sin razón alguna,
Una plantita de tuna,
Junto al paredón se halló,
Ahí sigue, la he visto yo,
Inmensa, histórica, erguida,
Un siglo y medio de vida,
Se enredan entre sus gajos,
Tal vez brotó de aquel tajo,
Que hizo el arma en su caída.

Juan Moreira, hombre cabal,
Que bien pudiera haber sido,
En vez de un ser perseguido,
Un gran héroe nacional,
La historia lo trata mal,
Y lo muestra injustamente,
Como un gaucho delincuente,
Vago y mal entretenido,
Yo seguiré convencido,
Que con él la historia miente.