miércoles, 11 de marzo de 2015

El perro de los fortines



El perro de los fortines
el de la hazañas muchas,
el que estutvo en tantas luchas
entre toques de clarines.
Cuzcos, galgos y maitines,
fueron como una lumbrera
de aquella angustiosa era,
cuando la impetuosa marcha
iba pisando la escarcha
en las líneas de frontera.

El galgo, el sobresaliente
huesudo de hocico enorme,
que casi era deforme
pero el más inteligente.
De todos el preferente
no siendo en tiempos muy fríos
pero en los ratos impíos
gastó su último aliento,
para traer el sustendo
en los momentos sombríos.

O aquel que en la comandancia
andaba igual que un milico,
alzando al aire el hocico
avisando a la distancia.
Por su fina vigilancia,
el "atención del corneta",
a su mocha oreja inquieta
la pudo tranquilizar,
cuando el toque era carnear
o era un toque de retreta.

Con cualesquiera salía
a las leguas enfrentando,
tanto sea trasnochando
como marchando de día
Siempre la fiel compáñia,
de un perro seguía sus roles,
cuando los grandes crisoles
del campo lo sofocaba,
bajo el caballo marchaba
protegido de los soles.

Y en crueles noches heladas,
del invierno, en fríos muy grandes,
cuando andaba por los Andes
todas las tropas todas bloqueadas.
Llos perros fueron las hadas
de baquianos rastreadores,
esperanzas de calores
a milicos resignados,
cuando dio a sus pies cansados
alivio a sus dolores.

En los campos más oscuros
fue el anónimo sirviente,
avisador competente
de aquellos momentos duros.
Descubridor de "clinudos",
vigilante sin un fallo,
valiente, de firme tallo,
y guapo en cualquier terreno,
como la mula de bueno...
y de fiel, como el caballo.