jueves, 26 de septiembre de 2013

Soledad montoyera



Veo al monte juntar sombras
mientras pesco en un  ramblón,
un domingo de los piores,
solito mi corazón.

El perro ha venido a echarse,
aburrido como yo,
atado cerca en un limpio
pastea mi mancarrón.

Como a una vara del agua
vuela el Martín Pescador,
mientras aguaita el momento
de pegar el sambuyón.

Medio como descontento
vine a dar a éste rincón,
ya ni me gusta hechar humo
masco el tabaco mejor.

Uno es peón de campo, ¡claro!
es carrero, es arador,
es tropero en ocasiones,
y de a ratos domador.

Sabe trabajos de monte,
de gauscas y de galpón,
sabe remediarse en todo
pero siempre anda pobrón.

Me pongo a escuchar las aves,
y del vacaje el rumor,
no me interesa el anzuelo,
hay puro descarnador.

Grita porfiao el caráu,
y el carancho alza la voz,
y sigue el protestadero
como viejo rezongón.

Raya el aire atardecido,
del bañao el rayador,
la gallineta de lejos,
manda su grito burlón.

Llamo al perro, monto el bayo,
el domingo terminó,
mañana será otro día,
¡solito mi corazón!




(Pintura: Aldo Chiappe)