miércoles, 9 de junio de 2010

Mi perro

(Pintura: Carlos Montefusco)
Calló a mi rancho hace muncho,
tanto, que a penas me acuerdo;
de entrada nomás quedamos
de vos y ché con mi perro.

No nos sacamos la oreja
pa cuidarnos y querernos
del fondo de la amistá
nos salen salamereos.

Me ganó una tarde de esas
que en verano son de invierno;
lo vide llorar a solas
mirando pal cementerio.

Aquel camposanto estaba
mesmo en la falda de un cerro;
yo truje del la dureza
de sus piedras y el silencio.

Dios puso el llanto en los hombres
pa aliviarles sufrimiento
y regar flores del olvido
que crecen en el misterio.

Más que yo no sé de lágrimas,
hace, quien sabe qué tiempo,
me han resecao los mormasos
los caminos y el pampero.

Y que venga un perro criollo
-muncho mas criollo que perro-
a llorar mas que el que quiso;
da bien pa remordimiento.

Cuando desensillo el moro
pa medirlo en un cotejo,
el se echa sobre el recao
y, cuidao que esto es ajeno.

Y ande me mame y no alcance
a estribar ni sobre un cerco,
mientras yo duermo, el me tiene
el caballo del cabresto.

Una noche, -aunque Dios sabe-
que yo ni mamao peleo,
cuasi mato un mal hablao
si no lo salva mi perro.

Quemaba la pulpería
ardiendo el alcohol y juego,
y las rodajas bordaban
signos trágicos al suelo.

Cuando eché mano al facón
pa parar al pendenciero
me asujetaron el brazo
cuatro colmillos de fierro.

Valiente el otro paisano
cuando me vió prisionero
dio un paso atras esperando
que me largara mi perro.

No sabe el pobre animal
por más que nos entendemos
lo que valió su gauchada
y cuanto se lo agradezco.

1 comentario:

Nicolás Oršanić dijo...

Los perros están en las buenas y en las malas, che, símbolo de compañerismo y valía y un claro ejemplo pa' imitar.