miércoles, 5 de septiembre de 2012

viernes, 31 de agosto de 2012

La vuelta del Montonero (Recitado)

(Monumento a Pancho Ramirez en el Paraje La Esquina,un lugar cercano a la localidad de San Francisco del Chañar en la prov. de Córdoba)


Güenas noches, Pedro Argüello,
un escapao... no sé cómo,
qu'estando cuasi de lomo
no lo han pasao a degüello;
de un galope sin resuello
me trujo mi doradillo,
soy soldao de mi caudillo
y a fe de güen entrerriano,
pa los amigos, la mano,
pa los otros, el cuchillo.

Si hay gente de otro partido
artiguistas o porteños
que quieran hacerse dueños
d'este suelo en qu'he nacido,
como de encargo he venido
pa'que dentren a servirse:
campo tendrán pa lucirse
ande empiece la junción
y si tienen corazón
no se irán sin divertirse.

Si he cáido al ruedo, cavilo,
no será pa que me asusten,
he tráido pa los que gusten
recién asentao el filo,
una luz de rejucilo
me alumbra el paso apurao
y anque ando juido y cortao
y desconozco la cancha,
el que quiera hacer pat'ancha
que se ponga pa un costao.

No crean que los provoca
un zafao de nacimiento:
ande más peligro siento
menos me gasto de boca;
nadie sabe a quién le toca
si hay "quintada" ser el quinto: (*)
soy pintor y cuando pinto
pinto flor en pinta brava:
¡el que me pise la taba
tendrá que tantiarse el ciento!

Dejuro no es de Entre Ríos
el que suponga que abuso:
Dios o Mandinga me puso
como un tapial, pa los míos:
ranchos y campos vacíos
va dejando el invasor
ande me tope un traidor
áhi comienza mi venganza:
con uno que háiga, me alcanza
pero si son más, mejor.

El que a lonja nos tratara
igual tratamiento espere.
Pancho Ramirez lo quiere
y lo afirma mi tacuara"
Quien tenga sangre en la cara
sabrá qué cosas lo obligan;
es la ocasión pa que digan
lo que son, y lo que pueden:
los resinaos, que se queden,
y los dimás, que me sigan.

Ansí soy y pa esto llego,
si rodiao y presidario
me le hice humo al alversario
como una rama en el "juego",
que se confíen les ruego
en mi ley de rumbiador,
juro qu'en el caso pior
lanza en mano y Dios mediante
el que no salga triunfante
podrá morir con honor.

No han de blanquiarme las canas
sin que a esos contrario vea
cuando el jefe, los arrea
como a güeyes, con picanas:
ya me güelve gusto a ganas
de otro Cepeda, cualquiera;
pa que sientan, lo quisiera
and'entren a dispersarse,
la vergüenza de Balcarce
juyendo en la polvadera.

Sepan que ha llegao el caso
de ser todo o no ser nada
y hay que ganar la cinchada
anque se reviente el lazo:
pa eso pide nuestro brazo
la tierra que nos acuna:
Entre Ríos no hay más que una
y aunqu'ella no es la nación
mientras no haiga lial unión
ella es la patria, o denguna!

Juró el Supremo Entrerriano
el federal compromiso
porque el pueblo ansí lo quiso
y ansí lo cumplió su mano.
Me apena, que a un orejano,
le haiga confiao la "escuadrilla";
no es de los nuestros, Mansilla,
y más que aliao, prefiriera,
qu'el Supremo lo tuviera
de enemigo, en la otra orilla.

Es de sentir que un valiente,
como Arau de Lamadrí
se venga a nadar aquí
contra la propia corriente.
Entre Ríos, le hará frente,
pues si nos ataca, es justo,
que dispués de hacerse el gusto,
por meterse a comedido,
se lleve su merecido
y a López le deje el susto.

Se le'acabao la pacencia
al que con tropa a caballo
llegó a Plaza de Mayo
vencedor, pero a concencia,
su generosa prudencia
rispetó pueblo y cuarteles
y pa ejemplo de sus fieles
noble, honrao y justiciero
pensó en la patria, primero,
que en agravios y laureles.

Ni el pan qu'entonces comimos
jué a cuenta de la vitoria;
pagamos con sangre... y gloria,
el gasto que les hicimos:
la libertá que les dimos
sirvió pa que al día siguiente
proclamando falsamente
sus embrollos de escribanos
nos palmiaron como a hermanos
pa engañarnos nuevamente.

Esa es la esperencia triste
que dende Pilar sacamos
por eso al servicio estamos
del hombre que los resiste:
pa vestirse ella, desviste
Gúeno Saire a los dimás,
su gobierno lenguaraz,
nada ofrece y tuito pide
y al pobre que se descuide
le hund'el fierro por atrás.

Y es puro humillarse al cuete
dir sacándose el sombrero;
será una mano de acero
la que le baja el copete,
tenaza que cuando apriete
no le afloje, ni con rezo,
garra que l'entre hasta el güeso
pa que sepa de una vez
que ha risuelto hacerse juez
cansao de abusos, el preso.

Si llega a salirnos güena
la torta qu'el jefe amasa,
dispués de limpiar la casa
vamos a barrer l'ajena:
esto lo digo con pena
pero en familia nutrida
juerza es pa tenerla unida
que alguien maneje el cencerro,
y reparta a cara e perro
deber, trabajo y comida.

No saben mis pocas luces
si dejaremos en esta
de andar con la pal'a cuesta
sembrando el suelo de cruces,
semos medios avestruces
los gauchos, pa compriender,
mas he comenzao a crer
que si tanto padecemos
es porque al final tenemos
algo muy grande que hacer.

En nuestro más pobre rancho
ande la raza se cría
tal vez empolle algún día
güevos de águila el carancho:
la güella que abre Don Pancho
tiene albores de destino
y ese ha de ser el camino
que un entrerriano, siñuelo,
le señale, rumbo al cielo
a tuito el pueblo argentino.

.......................................
(*)Cuando se ejecutaba prisioneros para no hacer a veces un exterminio total se "quintaba". Contándolos en filas improvisadas se fusilaba al quinto.

jueves, 30 de agosto de 2012

La vuelta del Montonero (Milonga)



Lucilo Ramón Argüello,
prisionero echao de lomo,
a juerza de ni sé como,
no me pasan a degüello.
Di un galope, y sin resuello,
me trujo mi doradillo,
soy soldao de mi caudillo,
y como buen entrerriano,
pa’ los amigos la mano,
pa’ los otros, el cuchillo.

Estando entre hombres, cavilo:
no ha de ser pa’que se asusten,
he tráido, pa’lo que gusten,
recién asentao el filo,
en sangre de rejusilo,
tengo el pecho envenenao,
y aunque ando solo,cortao
y desconozco la cancha,
el que quiera hacer pata ancha,
que se vaya haciendo a un lao.

No crean que los provoca
un zafao de nacimiento,
es que amor y sufrimiento,
me han puesto hiel en la boca.
Al que le toca, le toca,
si hay quintadas en el quinto,
soy pintor, y cuando pinto,
pinto flor en pinta brava,
y el que me pise la taba,
tendrá que tantearse el cinto.

De juro, no es de Entre Ríos
quién considere que abuso.
Dios o Mandinga me puso
como un tapial pa’ los míos.
Ranchos y campos vacidos,
va dejando el invasor
Y envenenao de dolor,
sangre pido pa’ mi lanza:
con uno que haiga, me alcanza,
pero si son más, mejor.

Se ha de quebrar mi tacuara,
antes que mi empeño ceje,
Pancho Ramírez, el jefe,
mi palabra lo declara.
Quien tenga sangre en la cara,
sabrán que cosas le obligan.
Aquí estoy pa’ que me digan,
cuántos son, y los que jueren,
los asustaos, que se queden,
y los otros, que me sigan.

No es pa’cantar la milonga,
que los convido a la fiesta.
En las patriadas como éstas,
el baile es de meta y ponga.
Si la bala nos rezonga,
duebla el valiente sus bríos,
naides sienta escalofríos,
cuando chifle la coruja,
frente al clarín, que rempuja,
gritemos: ¡Viva Entre Ríos!

miércoles, 29 de agosto de 2012

Caudillo

(Pintura: Hugo Diez)

Alzó la espuela en la bota
blandió en el aire su lanza
atrás, su gente en derrota
y al frente el grupo que avanza.

-"Floro Luna no dispara
-rugió mordiendo el barbijo-
me v'a servir la tacuara
pa salvarle el nombre a m'hijo".

Todo el campo se estremece,
cierra la tropa el camino
y ante ella un gaucho parece
el hombre frente al destino.

El choque es breve y sangriento
mil chuzas contra una chuza
se ahoga en polvo un lamento
y el grupo triunfante cruza.

Después, el silencio, nada,
un valiente que agoniza
y una mano casi helada
que aún aprieta la divisa.

¿Y aura...?


Norte de Entre Ríos, sobre los límites del Guaiquiraró, 1932.

Güeno Comesario, aquí estoy y dentro,
no vengo a peliarlo ni me tráin atao;
medio potro en tratos, le salgo al encuentro
pa decirle cosas que no habrá escuchao.

Una vez que me haiga sacao este peso
corte puande quiera; total mi rosillo
se salva de trotes si me deja preso;
cuanto más escuro, mejor canta el grillo.

Soy Pedro Larriera, criollo hasta las eses;
mi agüelo jué puma, mi tata un matrero,
yo en cambio, le tuve más miedo a los jueces
qu'el zorro a los dientes del perro ovejero.

Nací güey, siendo hijo de un brazo hecho garra
más que la divisa me gustó el arao
y si anduve triste, mi única guitarra,
jueron los sáis hilos de algún alambrao.

Pa no estar solo, como las perdices
le endulcé a silbidos el óido a mi china,
y ansí nos llenamos de años y gurises,
yo siempre en el campo, y ella, en la cocina.

Dende muy muchacho, me chocó la fama
que le hacen al criollo; cuando no es tramposo
es un vago a monte sin techo ni cama
que acaba sus días en un calabozo.

No me he dao sosiego pa labrar mis tierras,
vigilé a lo madre, novillo y majada,
nunca anduve en chismes ni en fiestas ni en guerras,
ni tengo en mi apero bajera empriestada.

¿Y áhura Don, que semos, dispués del repecho?
Estos cuarenta años que llevo sudando
en vez de servirme de amparo y provecho
harán que mañana viva mendigando.

Ahí tiene la hacienda, no pagan ¡ni el cuero!
Vale más un pucho que una bolsa e lino
y una tarde d'estas llega el bolichero
planta dos banderas y m'echa al camino.

Quise que en mi vida, como en un espejo
se vieran mis hijos... Pensé que podía
cuando me sintiese fatigao y viejo
gozar del riposo que me merecía.

Y áhura, ¿qué me dice Comesario d'esto?;
ya'llegao el caso, ya estoy blanco en cana
de pura vergüenza me aguanto en el puesto
y me empujo al surco, yo mesmo, a picana.

No crea que invento ni me quejo al ñudo;
vea a mis muchachos: el que esté mejor
poco ha de faltarle pa que ande desnudo
y por mí se callan y aguantan, señor.

Pero tuito acaba, por eso he venido
pa que no le extrañe si disesperao
el m´sa manso d'ellos, se güelve un bandido
¡No lo hará de malo, sino de obligao!

Paisano errante


martes, 28 de agosto de 2012

Las chancletas de Ña Juana



Sin andar con indiretas
ni palabras de dotores,
voy a contarles, señores,
la historia de unas chancletas.
Son ellas tan indiscretas
que en perjuicio de ña Juana,
se han hecho cada ventana
para que le dentre fresco,
que le dan como refresco
seis resfríos cada semana.

Ya se pueden figurar
como será la cosiaca,
y pobre del que se atraca
y las tiene que olfatiar,
si no las llega a calar
le da el cólera a la fija
porque es pior que una vasija
llena de mala conserva,
tiene como de reserva
un poco de sabandija.

Y es lástima que así sea
porque la dueña es güenaza,
no tiene más que la traza
más que un poquitito fea,
cabeza como azotea
porque de crespa es porruda,
es por demás orejuda
la nariz como picana,
pero tiene misia Juana
una boca macanuda.

Lengua hasta de sobra tiene,
y charla hasta por los codos,
te pleitea de tuitos modos
y en enredos se entretiene;
mas, esto al caso no viene
perdonen mi distraimiento,
voy a seguir al momento
mi empezada rilación
y a dentrar de sopetón
con las chancletas del cuento.

Ellas andan a disgusto
tuita la santa semana,
porque en los piese'e ña Juana
tienen medio siglo justo,
¡y cómo han de andar con gusto
si casi esqueletos son,
tienen cada costurón
y cada parche poroso,
qu'es por demás doloroso
verlas entuavía en junción!

Tienen remiendos tamaños
de zaraza y terciopelo,
de pedazos de pañuelos
y de diferentes paños.
Hace ya como veinte años
que la suela se acabó
y d'entonces empezó
a arreglarlas con cartones
qu'en más de cien ucasiones
a mí mesmo me pidió.

Y a pesar de tal cuidado
mientras que va caminando,
los dedos van asomando
por uno, y otro costado;
muchas veces se ha cortado
con vidrios qu'encuentra al paso
y se ha pegado un porrazo
lastimándose la jeta,
y ha sentido la chancleta
mucho más que el hocicazo.

Pero, para eso es prudente,
y si acaso ha rezongao
es porque se le ha averiao
la chancleta nuevamente.
Y, si se halla, casualmente,
dispuesta pa'costuriar,
la comienza a champurriar
pa'no comprar más terreno,
pero, si se le hace güeno
l'anda haciendo viboriar.

A veces, de sufrir harta,
la pobrecita se sale
pero eso de nada vale,
porqu'ella otra vez la ensarta...
¡Pu... cha, la vieja lagarta!
Hereje con la chancleta,
aunque ande como carreta
nunca es capaz de dejarla,
si debieran de multarla
pa'que no juera trompeta...

Tiene botas abrochadas
que son para los domingos,
pues van unos cuantos gringos
que invita con empanadas,
gracias a estas convidadas
en qu'ella hace gran derroche,
pasan la tarde y la noche
las chancletas descansando,
mientras tanto les va dando
un poquito a las de broche.

(Foto: José Carlos Soto)



Décimas copiadas de un cuaderno del señor Arnaldo Bordeu por Mario A. López Osornio en su libro "Oro Nativo".

En el fogón del velorio

(Pintura: Vasco Machado)

Hace, no sé qué tiempo, setenta años lo menos
llegó, p'hacer tropillas en la estancia "Los Talas"
un domador con fama de guapo entre los güenos
d'esos que no reculan ni anque le lluevan balas.

Generoso a lo santo, no negaba ni el habla,
capaz por un amigo de quedarse desnudo,
derecho en upiniones lo mesmo que una tabla
y en las de a pie, lujoso de puro corajudo.

No es qu'él buscase guerra... atento a sus quihaceres
l'eran pocas las horas cumpliendo ubligaciones
pero fallaba fiero ande hubiese mujeres
ansí jueran las priendas de sus mesmos patrones.

Natural qu'ese vicio, suele trai a la cincha
cuistiones peligrosas, y más p'aquél entonce
cuando usaban los hombres facón, trabuco y vincha,
y las chinas tenían las carnes como bronce.

Las mentas, que le diban haciando de baquianas
ni el trabajo le daban de andar rondando puertas;
los viejos, se acostaban cerrando las ventanas
y el mozo, a medianoche, las encontrab'abiertas.

Cantor de voz templada, sabía pa lucirse
gemir en un estilo, y ansina, las muchachas
dentraban a encintarse, cuchichear y sentirse
en el desasosiego que viven las viscachas.

Picaba como el cuervo, ojos, pechuga y boca;
pañales y puñales jué dejando en su rumbo;
más de una vez la muerte que sabe ser tan loca
le costurió la vida sobre el ojal de un chumbo.

De "Los Talas" por eso, tuvo que dirse un día,
dispués de andar a tajos a causa de una piona
hirió al dueño del campo, asigún se decía
porque lo halló prosiando pegao a la patrona.

De estancia en pulpería y de monte en chilcales
cruzó tuito Entre Ríos y a filo de agua y tierra
vido pa la otra costa peliar los Orientales
y dentró como a un baile contra el gubierno en guerra.

No se perdió en la lucha lanciada ni entrevero
lo silbaron "las moras" en las cuchillas grises
y en paz ya los hermanos, se trujo sobre el cuero
pa no olvidarse d'ellos, como diez cicatrices.

No bien pisó sus pagos, le hicieron abanicos
de enconos y machetes, por cuentas atrasadas,
y se trenzó a lo perro con gauchos y melicos
en un vivir a saltos, cambiando puñaladas.

Tuvo que juir de nuevo, p'allá, p'ande el Bermejo
como si le envidiara su resplandor de plata
le güelca borbollones de barro en el espejo
al río, que entre los juncos se añuda y se desata.

Ahi jué el hacerse nutria comiendo verde y crudo
dormir de un ojo abierto, vichando a lo cigüeña
marcar el tiempo en piola, por cada luna un ñudo,
saber lo que se sabe cuando el dolor enseña.

En esas soledades, se jué poniendo blanco,
los indios le robaron avíos y tropillas
no le quedaba nada más que un lobuno manco
que andaba haciendo ruido con tripas y costillas.

Hilachas se golvieron sus ropas más vistosas
se le gastó hasta el mango platiao a su cuchillo,
la cama era un rejugo de bajeras grasosas
y la barba una mata ceniza, de espartillo.

A veces cavilaba mascando un pasto amargo.
"Si juera camalote... pelusa... nube... pluma..."
Miraba a los silbones que cruzaban de largo...
se echaba junto al río pa ver pasar la espuma.

Cismando en sus disgracias lloraba la criatura.
¿Él era Juan Osuna, lancero de Don Justo
el hombre entre los hombres, mentao por su bravura
el que no halló una moza que no le hiciera el gusto?

"¡Qué fiesta se darían, si viesen esa ruina
los que venció en los lances de amor correspondido
dejándoles un tajo a cuenta de una china...
tantos melicos maulas con el lomo curtido!"

En muchas ucasiones pensó dir y entregarse
pero ¿y dispués, su fama, su estao y su apellido...?
y lo paraba en seco la pena de mirarse
hecho una sombra triste del hombre que había sido.

Mas al final, un día, no tuvo ya ni orgullo.
"No sé pa qué demontres andar como el zorrino
jediendo y disparando de un yuyo pa otro yuyo
total, si me ajusilan se habrá cumplido el sino".

"Qué dice mi lobuno, ¿se anima pa este viaje?"
Mosquió el matungo viejo como si lo entendiera;
no le faltaban ganas, al pobre, ni coraje
la cosa eran los años, la vista y la manquera.

Salieron un verano por la orilla de un banco
de arena y sarandises, costiando siempre el río,
y ansina a cada legua el lobuno más manco,
el aire más caliente y Osuna más sombrío.

Pararon bajo un sauce, llamiando el sol a plomo
y en cuanto le sacaron el peso de los cueros
se jué el lobuno al suelo; dentró a encoger el lomo
y a dar como un cristiano, quejidos lastimeros.

Al rato arquió las patas lo mesmo que un cangrejo
pegó un relincho suave, l'entró una dormidera
y se cortó de a poco el pobre manco viejo
entre hipos y cociadas y soplos de ronquera.

Se estuvo hasta la noche al lao d'esos despojos.
La Cruz del Sur le puso la luz de cuatro velas;
y él le alisaba el pelo, le tantiaba los ojos,
los rastros, en la panza, de lanzas y de espuelas.

Igual que pa una fiesta, le trenzó cola y clinas
le emparejó los vasos con su mellao rabincho,
aperó la osamenta, y como p'alzar chinas
le tendió sobre el anca un cuero de carpincho.

Dispués, con ramas y hojas del sauce le hizo manta
le armó una cruz de palo junto a la cabecera
y dijo en su extravío no sé qué cosa santa
dispacio, pa que naide más que el cielo lo oyera.

Puntiando ya la otra'alba, continuó a pie la marcha
de a trecho se golvía, saludaba al vacío
y en la barba las lágrimas, parecían la escarcha
que se hace entre los pastos con gotas de rocío.

Ansí anduvo los meses, perdido en la maciega
hasta que unos isleros lo hallaron en un güeco
descalzo, sin un trapo, la vista cuasi ciega
puro pelo y abrojos, encorvao y reseco.

De lástima a la güelta, lo trujeron río abajo
le hicieron medio poncho de un chiripá rompido,
y apareció en el pago, más arrugao que un cuajo
un viejito que hablaba mesmamente que un ido.

Denguno lo entendía; comenzó a ser la risa
de grandes y de chicos; conversaba sin tino
de amores y grandezas; andaba sin camisa
rezando y mendigando igual que un peregrino.

Ya naides se acordaba ni d'él ni sus hazañas
el que no se había muerto tenía otra querencia,
no vido en las riuniones más que caras extrañas
en ranchos y tranqueras más que rastros de ausencia.

A veces lo encontraban pegao a una tapera
con la vista ñublada mirando una ventana
o prosiando en un cerco tuita la noche entera
con sepa Dios qué sombra misteriosa y lejana.

Le decían "El Duende" los gurises traviesos,
"El viejo Salamandra" las chinas enjundiosas;
algunos le pedían, payé, gualichos, güesos,
secretos de Mandinga pa engatuzar las mozas.

En otras ucasiones se diba al camposanto
rodiaba sepulturas con flores de potrero,
les pedía disculpas pu'haberse tardao tanto
y se estaba las horas parao y sin sombrero.

Echao en los caminos miraba arriar las tropas
con gente, pelo y marcas, que ya no conocía
y en las yerras y bailes, si le daban dos copas
se caiba mermurando contra la polecía.

De trompezón en golpe llegó a un galpón en ruinas,
se le juntó una yunta de gatos cimarrones
y áhi le traiban comida las familias vecinas
que el hombre repartía a grito y manotones.

Un día, haciendo posta, se arrimó una orientala,
mujer dentrada en años, pero linda entuavía
con restos estrelleros de potranca baguala
y cachetes y labios jugosos de sandía.

Vaya a saber qué cosas conversó con el viejo
le entriegó al bolichero como una bolsa'e plata:
"Gástela en él, le dijo, que pa eso se la dejo"
y se jué refregando los ojos con la bata.

De poco le sirvieron al disgraciao los riales...
ansí es siempre la suerte...! Amaneció torcido,
tenía al lao la guardia de sus dos animales
y en las manos un ramo de aromo florecido.
...................................................

-"¡Pu... cha qu'es triste el cuento! ¡Me secó la saliva!
Digame, pa si acaso, no es el viejito Osuna,
ese qu'est'áhi adentro con las ráices p'arriba?"
-"El mesmo".
Media noche, vela al muerto la luna.


(Pintura: Patricio E. Marenco)

Gracias al pingo azulejo


Pobre mi pingo azulejo,
en el recuerdo te evoco
al verte así, tan bichoco
y que apena’andás de viejo;
juiste pa’ todo parejo,
yo te amansé con pacencia,
y a pesar de mi esperencia,
cuando una semana hacía
que en mi poder te tenía
...te fuiste pa’ tu querencia.

A ver quién te había atracao,
le pregunté al del remate...
¡Por vos ligué’l primer mate
de los tantos que me ha dao!
Y ya salí entusiasmao,
por eso, sin más espera,
dejé abierta la tranquera
pa’ poderte ir a buscar
y así poder conquistar
a la que’s mi compañera.

Pero un día al dirte a traer
me salió al cruce, su Tata,
que “me devolvía la plata”
si no te podía tener.
Entonces, fue mi deber
el tenerle que aclarar
que te dejaba escapar
pa’ que busques la querencia.
Y ya le pedí licencia
pa’ poderte visitar.

En sus ancas t’he cargao
pa’ yevarte al casamiento
y ya desde aquel momento
¡cuánto servicio has prestao!
Nuestros hijos has yevao
a la escuela, que’ra lejos,
fuiste pa’ todo parejo
y hoy… un nieto te ha subido…
Recuerdo... ¡t’he conocido
gracias al pingo azulejo!


lunes, 27 de agosto de 2012

Los potros



Fué un borbollón de crines y relinchos,
de resuellos potentes, cascos ágiles...
multicolor y rápido,
resonante en la loma
que cortaban sesgado.

Corrían porque sí.
Pasaban rebotando
en sol los músculos
palpitantes de un ímpetu primario,
y del lustroso pelo
se miraba fluir
un torrente de luz hacia los pastos.

Corrían como locos...
¡Locos de ir exultando
su libertad, corrían!...
Se alejaron
como sombra de nube por los campos.

Silencio de suspensa expectativa
se elevó tras las ancas del tropel
como si fuera polvo...
Y quedaron
unas miradas mozas, largamente
fijas en el camino solitario...