viernes, 6 de julio de 2012

Amalhaya, quien tuviera

(Pintura: Carlos de la Torre)

Amalhaya... quien tuviera
un simple rancho quinchao,
prolijamente plantao
sobre una loma campera,
y de "las casas" pa'juera
un poco de tierra pa'arar,
un buen flete pa'ensillar,
un chiquero, unas gallinas
y abajo'e la cina cina
un horno'e barro pa'hornear.

Cuidar alguna majada
que'l patrón me dé "al cincuenta"
pa'que se agrande la cuenta
como galleta mojada.
Y pa'que no falte nada
en ese rincón campero
la lechera, un ovejero,
una quintita al costao,
donde lo que uno ha enterrao,
sirva pa'echarlo al puchero.

En la cocina ande lucen
los más prolijos servicios
que nunca falten "los vicios"
pa'cuando alguno se cruce.
Rodeao por los "caracuses"
quiero tener el fogón
y pa'simple distracción
-si es que una pena me agarra-
¡que no falte una guitarra
dispuesta en algún rincón!

Algún banco de cadera,
un buen asador de fierro
y colgao... un buen cencerro,
un lazo, un chifle, quisiera,
bien tiznada una caldera,
cartas de truco o de mus,
y pa'que no falte luz
varios candiles colgaos
y un buen mate retobao
con un buche de avestruz.

Y después, pa' qué aumentar,
si con esto es suficiente,
pa'vivir como la gente
mejor que'n cualquier lugar.
¡Claro...! que pa'ambicionar
de que la dicha sea entera,
buscar una compañera,
de esas chinas de la de antes...
¡Pa'que escuche cuando cante!
¡Amalhaya... quién tuviera!...


(Pintura: Francisco Madero Marenco)


miércoles, 4 de julio de 2012

Ceibo


Poblando los bañaos, entre juncales;
en las costas de arroyos y albardones;
en las oriyas de los cañadones
o en la bravura de los fachinales.

Entreverao en ásperos zarzales
de bravas y espinosas ramazones
entre talas y cinas, sus pendones
despliega el ceibo en flores federales.

Mezcla al verde gastao del monte crioyo
el briyante verdor de su frescura
y el encarnao racimo de sus flores;

y anque en el viejo monte es un pimpoyo,
afila sus espinas, y mistura
en el rudo paraje, sus colores.

(15/5/1985)

M'burucuyá


1.
En los montes que pueblan mi querencia,
ande chairean el aire, las espinas,
s'entreveran los talas, cina-cinas,
coroniyos y acacias, en pendencia.
Y poniendo su toque de prudencia
hermanando las ramas de una y otra,
dende la tierra sustanciosa brota
crioyo el m'burucuyá, con su presencia.

2.
Va trepando por troncos ya curtidos
pa'trenzarse a los gajos, por altura,
y reventar de ayí, con la frescura
de sus lindos florones coloridos.
Son de un blanco cabal, embeyecidos
por gauchita corona que hacia el centro
pone un toque de patria, y el encuentro
con reflejos de soles bien nacidos.

3.
¡Crioyo el M'burucuyá! ¡Si son sus flores
emblema crioyo que'ngalana el monte!,
y que's en las mañanas el apronte
cuando ¡güen día! gritan sus colores.
Puede y habrá quizás otras mejores
pero en los montes que hay en mi querencia,
airosa, se destaca la presencia
que abre el m'burucuyá, con sus primores.

(11/5/1985)

Acacia


1.
Estás en postes, bariyas...
Sos horcón... Sos esquinero.
Sos el cabo de un talero
y en un fogón, dura astiya.
Si tu madera no briya
menos se duebla al rigor:
un corazón de valor
anida en tu entraña, acacia
y pa'darte entonces ¡gracias!
yo me improviso cantor.

2.
Cual muchacha pa'una fiesta
que coqueta se engalana,
vos florecés campechana
con tu lindura modesta;
tal vez por eso te presta
la vida una blanca flor,
puede que no tenga olor
pero al nacer en racimo,
paisanamente yo estimo
que'ntabla sueños de amor.

3.
Es a veces un hornero,
en otras, una torcaza,
que'n tu ramazón machaza
hace su nido campero;
y no falta un leñatero
que te entrevere su choza,
y de'se modo, donosa,
salpicás tu verde manto
con algún nido, y el canto
de bandadas buyiciosas.

4.
En tu corteza arrugada
el viento engüelve su queja
cuando alguna espina vieja
lo tajea a la pasada.
Alguna oración rosada
baja el sol a tu ramaje,
se hace de fiesta tu traje,
y ansí, con humilde audacia
al dirse la luz, acacia,
sos el lunar del paisaje.

(24/9/1981)

Ombú

(Foto: Gustavo Acosta)

1.
Sos el paisano emblema de'sta pampa
porque a la zona la marcó tu estampa,
tu estirpe patriarcal de crioyo puro,
porque sos senciyón, sin pilcha fina,
¡y aunque naciste humilde no se inclina
tu presencia, aunque te traten duro!

2.
Tus tamaños raigones a la tierra
la abrazan cariñosos y eya aferra
como madre, tu corpulencia al suelo;
y vos le voltiás sombra en los veranos
estendiendo tus ramas como manos,
formando un techo verde bajo el cielo.

3.
¿Qué tu leña no sirve pa'hacer fuego...?
¿Qué ni siquiera flores das tan luego...?
¿...y de áhi? ¿Qué importa acaso tuito eso?
¡Si no hay rancho de crioyo en este pago
que con orguyo no tenga justo halago
por sentir de tu sombra el gris de un beso!

4.
¿Ande se ha visto un rancho en que no tayes
pa'que'en la aurora, en cuanto el día raye
trine su ¡güenos días! un hornero?
Si siempre están tus brazos bien abiertos
ofertando pa'l nido un lugar cierto,
ya que sos bien dispuesto, por campero.

5.
¡Mirá que tendrá añares tu esistencia!
¡Si'es más vieja que'l gaucho tu presencia
en los campos tendidos de'ste sur!
Por hermano del indio y del paisano
te dejo en verso este apretón de mano
que hoy te ofresco gustoso, ¡crioyo OMBÚ!

(5/7/1981)

Tala



1.
Te azotaron granizos y aguaceros.
Te zamarriaron bravos ventarrones.
Y a más, la helada en muchas ucasiones,
supo emponcharte en los inviernos fieros.
Y si es que te curtieron entreveros
que'ntropiya en silencio "don destino",
jué cura del dolor, el cristalino
canto de pajaritos mañaneros.

2.
Trenzaron los jilgueros, sus amores,
en el amparo de tus toscas ramas,
y tus muchas horquetas jueron camas
de senciyos niditos soñadores.
Si el continuo vivir no te dió flores
te dió un fruto pequeño, que maduro,
pone lunares bayos al oscuro
sufrido opaco gris de tus verdores.

3.
Pero sos servicias ¡sin güelta de hoja!
y de no, que lo digan los fogones,
ande son brasa eterna tus tizones
porque tu leña dura, nunca afloja.
Siendo monte tupido se me antoja
que sos techo de sombra pa'la hacienda;
y antaño, juistes rústica vivienda
del que ensució el facón en sangre roja.

4.
Te versió de lo lindo un oriental
-Osiris, el de los pájaros locos-,
y aunque mi verso es rústico y tioco,
quiero que sepas que mi canto es leal.
Un poco le hablo sólo al del corral
(el de la añosa sombra de las yerras),
pero tuitos los TALAS de mi tierra
se merecen mi canto por igual.

((30/6/1981)

Cina -Cina


1.
Centinela de guardia en la barranca;
sostén del nido de un paisano hornero.
Hoy te improviso un canto a lo campero
que de mi entraña mesmamente arranca.
Tu humildá, cina-cina, pura y franca,
mira pasar las aguas del arroyo
dende la altura en que tenés apoyo,
y aunque vivís sujeta a una querencia,
no hacés con el arroyo diferencia
porque sos fiel a tu paisaje crioyo.

2.
Tus hojas son delgadas esperanzas
como los tientos de una lonja fina,
senciyés, que paisana se ilumina
con las florcitas que te nacen mansas:
son rubionas... con soles de añoranzas...
una gota de sangre les da vida,
y haciendo tu esistencia compartida
cuelgan racimos de pequeñas chauchas,
teniendo pa'defensa, ¡planta gaucha!,
un montón de espinitas alvertidas.

3.
Cina-cina pobrona de ramaje
desparramao y con la sombra escasa,
durante el día un tibio sol, te abraza,
y en la noche, la luna es tu ropaje.
Puede que un viento a veces te desgaje
más no te vence una prepiada ansina.
¡Sos curtida, mi crioya cina-cina!
¡Sos senciyés dende la ráiz al cielo!
Por eso sinto orguyo, yo, tu suelo,
porque somos los dos, de la Argentina.

28/6/1981)

El puente viejo (Triunfo)

(Foto: Eduardo Amorim)


A orillas del Puente Viejo
en San Antonio de Areco,
que digo, del Puente Viejo.

Que lindo estirarse un rato
para escuchar el silencio,
que digo, del Puente Viejo.

Silencios que guardan sombras
del grito de los reseros,
que digo, de los reseros.

Que marcaran aquel río
con lo brillo del lucero
que digo, de los reseros.

Y visto desde los años
este triunfo es un reflejo
del alma del Puente Viejo.

La sombra de Don Segundo
iluminando recuerdos,
que digo, lindos recuerdos.

Que vienen arriando sueños
desde los Pagos de Areco
que digo, del lao de Areco.

Y con recuerdos brindamos
al llegar a La Blanqueada
que digo, allá en La Blanqueada.

Buscando los años mozos
en una caña quemada
que digo, allá en La Blanqueada.

Y en un árbol medio viejo
palenque de aquel paraje,
vuelco, yo, mi homenaje.




Despedida

(Foto de San José del Morro en San Luis)

(Motivo Puntano de 1890)

¡Adiós, San José del Morro!
¡Adiós, Balde de Taboada!
Que me voy pa los disiertos
en mi mula colorada.

Ya no se oirá mi guitarra
en la puerta'e la cocina
mientras se za'uma la tarde
de poleo y peperina.

¡Adiós, aloja y patai!
¡Adiós los cercos de rama!
¡Adiós, también el telar
ande trabajaba mama!

Me despido de'sos valles
cubiertos de algarrobal
ande corre la corzuela
y silba siempre el zorzal.

Adiós, mi ranchito viejo;
quizá no te vuelva a ver...
que me voy por el delito
de fiarme de una mujer.

Nunca más m'hei de dar yo
a otras hembras por entero
porque cambian de cariño
como la víbora el cuero.

Y agora... ¡Dios me perdone!
aunque yo no lo haiga hecho,
pues al otro lo dejé
con un buraco en el pecho.

Y que sirva de lección
a los que tienen por güeno
el meterse a pastoriar
adentro de campo ajeno.

Pura jarilla y guadales
se vuelve la travesía
y más triste que las penas
que agobian el alma mía.

Quema el sol; a'uga la arena...
Y allá entre los alpatacos,
va juyendo viento arriba
una tropilla'e guanacos.

¡Velay la mulita guapa
que me trae de tan lejos!...
Me hace dormir su "marchado"
porlo suave y lo parejo...

Y es pa pior que'so me ocurra
porque dentro a soñar fiero
que estoy al ladito d'ella
diciéndole que la quiero,

pa despertarme de golpe
y cair a la realidá.
¡Epa, mula! ¿Qué te pasa
que tanto te alborotás?

¿Ventiaste el agua? ¡Qué suerte!
¡Bien clarito se te nota!
¡Como que dende ayer tarde
no probamos ni una gota!

Ya se divisa el río Quinto
y sus montes de chañares
y también diviso yo
el final de mis pesares.

Ya estoy en los campos libres
ande el destino me lleva.
¡Quede mi pasado atrás;
empecemos vida nueva!

Ya estoy en los campos libres
ande no hay naide que mande;
no se ve ni un alambrau
y canta la perdiz grande.

Y será hast'otra ocasión
si Dios me conserva vivo.
Mi nombre es: Emerenciano,
Gatica, de apelativo.

martes, 3 de julio de 2012

La milonga'e Santa Tecla



¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!...
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua en las vertientes.

Qué gloria sería pa’ mi
al ratito de aclarar,
ver los carpinchos andar
por la costa del arroyo,
¡y en un buen caballo criollo
por los campos galopar!

Y que lindo recorrer
la orilla de los esteros,
alborotando los teros
y haciendo volar los patos...
¡Y qué macanudos ratos
charlando con los puesteros!

¡Mi Dios lo que yo daría
por conocer a un cainguá!
¡Ver algún guazú pihtá
brincando entre las totoras!
¡Y pasarme largas horas
contemplando el Yberá!

Escuchar el alarido
de los tapes jineteando,
ver tantas aves nadando
por las inmensas lagunas...
¡Y en esas noches de luna
amanecerme cantando!

O bien cuando a medio día
el sol reluciendo está
sobre el río Paraná,
y ya la calor aprieta
¡sentir desde alguna isleta
el grito del carayá!

¿Y las tropas de carretas
cómo en tiempo que pasó?
¡Bien quisiera verlas yo
entre arenales y zanjas
hasta el tope de naranjas
rumbeando pa’ Utúzaingó!

Y aquellos trabajos “a uña”
puerta ajuera del corral
entre griterío infernal,
balidos y polvadera.
¡Amalhaya quien pudiera
presenciar escena igual!

¿Y estremecerse en la noche
oyendo el urútaú?
¿Bolearse al cruce un ñandú,
en medio del desplayado?
¿O asustársele el montado
ante un boacuriyú?

O con mi buen 30-30
al que tengo tanta fé,
balear algún yacaré...
Y hasta pienso que pudiera
¡en la isla ‘e Talavera
rastrear un yaguareté!

Tomar mate con chipá
a la sombra ‘el corredor
y aspirar el rico olor
de una vaquilla con cuero
mientras canta un guitarrero
algún compuesto en mi honor.

Vagar entre los palmares...
y saliendo a mariscar,
en la canoa remar
contorneando un embalsado,
o ver algún toro alzado
por el monte disparar.

Y presenciar un rodeo
faena por demás ruda
lo que nadie pondrá en duda
ni un momentito siquiera...
¡Con lo brava y lo ligera
que’s esa hacienda guampuda!

¡Y a lucirse correntinos
que no tienen fama en vano!
Rueda de pronto un paisano
¡y... se me hace estarlo viendo
salir al indio corriendo
con el cabresto en la mano!

¡Jué pucha!... y que bien vendría
aprovechar la ocasión,
pa’ entrar en un pericón
en esos mates danzantes,
que evocando el tiempo de antes
gusta de dar el patrón.

¡Ah bailes de Santa Tecla!
donde no hay yerros ni tachas,
cuajaus de lindas muchachas
y tanto criollo prolijo,
de tirador y barbijo,
espuela, poncho y bombachas.

Con todo, nada ‘e lo dicho,
me hiciera ese viaje hacer,
si no fuese Ernesto Ezquer
(por mal nombre “Gato Moro”)
¡cuya amistá es un tesoro
de inapreciable valer!

¡Les garanto!... Hay pocos hombres
que como él, no tengan falla.
Buenos, leales y de agallas,
caballeros, generosos...
¡Pucha si hacen falta mozos
como Ernesto Ezquer Zelaya!

¿Y qué diré de los suyos?
La patrona ‘el Caraí,
Papín, precioso gurí
y la señora mayor...
¡Familia más superior
no se vido por aquí!

¿Y la gente de su estancia?
Bien creo valdrá la pena
mentar a Pantaleón Sena
y a Claudelino Esquivel...
aquel criollo bravo y fiel
de negra y larga melena.

Y seguiré enumerando
a toditos los de allí
y no me lo olvido aquí
a Isidro Zarza, como hombre
que goza de gran renombre
pa’ manejar el Smith.

Viene aura “Camba Thiú”
indio crudo y peleador,
cuyo probado valor
falló una vez en Posadas
ante las bruscas bajadas
de un condenado ascensor.

Y Moncho, los Barrios, Chito
hombres de facón y lazo...
Rojas, Ferreira... y si acaso
dejo alguno en el tintero,
¡sépanse que a todos quiero
confundir en un abrazo!
................................................

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua, en las vertientes!

Buenos Aires, junio de 1938