lunes, 10 de septiembre de 2012

Al venir la primavera...

(Pintura: Florencio Molina Campos)

1.
Al venir la primavera,
¿no has visto los campos solos,
los casales de chingolos
cuerpiando por donde quiera?
Y no sé porqué manera
me andás huyendo alma mía
con que espere todavía,
que después, que otro momento,
o que hace frío, que hace viento,
que otra noche, que otro día...

2.
Si vengo de mañanita
me salís con qu'es temprano,
si voy de tarde: es en vano
ya no es hora pa'visita.
Si caigo de tardecita
no hay quien te alcance aunque corra,
que si llora la cachorra
que si estás cebando mate,
que se vuelca el chocolate,
que se arde la mazamorra.

3.
De pronto te da un dolor
cuando no te da un insulto,
todo es por sacarme el bulto
de puro miedo al Amor,
de repente a lo mejor
dentro de los dedos te huís...
¡Y dale con el psh, psh...!
Que escondete, que callate,
que entrá, que salí, que andate,
hasta que te hacés perdiz.

4.
Así ando el año entero
de un lado al otro trotiando,
y siempre me andás armando
más alborotos que un tero.
Decime: ¡quiero o no quiero...!
Y dejate de embrollar
porque con tanto cuerpiar,
como pescado en la arena,
como algún ánima en pena
dejuro me has de cansar.
...............................

(Copiadas de un cuaderno de don Domingo Casalins, 1872).

Ricordando

(Pintura: Bernabé de María)

Al aparcero Jacinto Amores


1
Con mil apeyidos suyos
aquí le brindo, Ño Amores,
estas marchitadas flores
que más bien parecen yuyos;
no busque tiernos arruyos
en mis humildes canciones,
que’levo sin pretensiones
y en ellas solo reflejo,
de mi corazón de viejo
amarguras y afliciones
2
Ya soy muy viejo, amigazo,
no valgo lo que he valido,
si lijerón hube sido
hoy no me sacan del paso;
mas, como todo criollazo,
cuando ricuerdo el pasao
lo contemplo despejao
y de luz resplandeciente,
mientras mirando el presente
se me presenta ñublao.
3
“Hoy todo es luz qu’ilumina”
nos dice la estranjerada
maldigo la luz mentada
si pa’ mi, solo es ñeblina;
cuando yo tenía una china,
un rancho y un parejero,
cuando yo tenía un apero
y una guitarra… que hablaba;
¡esa era luz que alumbraba
porque’ra luz de campero!
4
Cuando bajo la ramada
sentao al lao de mi prienda
(dispués de encerrar l’hacienda
y acorralar la majada),
una décima entonada
con amor puro y sin trampa
iba a conmover la estampa
de mi precioso lucero,
¡esa era luz, aparcero,
porque’ra luz de la pampa!
5
Cuando rodiando un jogón
estábamos los paisanos,
quién cantando unos pampianos,
quién prendido á un cimarrón;
otro pegao á un porrón
como cachorro á la perra,
ó cuando en alguna yerra
se carniaba un orejano,
¡eso si era luz, paisano,
porque’ra luz de mi tierra!
6
O cuando en noche serena
de’sas en que duerme’l viento,
bajo un ombú corpulento
cantaba el gaucho su pena;
cuando su negra melena
se peinaba con acierto,
formando como un concierto
con su estampa y con su flete,
esa era luz ¡la gran siete!
porque’ra luz del desierto.
7
Hoy nos han falsificao,
tuito se hace á maquinaria,
no le queda’l pobre paria
ni el ricuerdo del pasao;
hasta dicen que han sacao
(esto me contó un nación)
una especie de cajón
que guarda la voz humana;
¡y no hay un alma cristiana
que guarde la tradición!
8
La taba nos ha echao “cero”
y el criollo vive á tirones,
no se bailan pericones
ni se come un güen puchero;
ya el paisano no es puestero,
esos tiempos se acabaron,
ranchos y hacienda volaron
lo mesmo que la ilusión,
¡quién sabe que maldición
sobre los gauchos echaron!
9
Solo se vé algún paisano
soportando con pasencia
el rigor y la inclemencia
de su destino inhumano;
que pa’l criollo americano
esta tierra es casa agena,
naides consuela su pena
y es, á mi ver, sin disputa,
lo mesmo que la cicuta
que hasta su olor envenena.
10
Por eso es que’n la ocasión,
aunque lo hago sin estudio,
evoco en este preludio
a la gaucha tradición;
que la civilización,
á media rienda avanzando,
vá, poco a poco, tapando
con el poncho del olvido
y que algún viejo atrevido,
como yo, vá ricordando.

Buenos Aires, 1905

Serie Molina Campos

En el tranguay


1.
De la costa del Salado
truje yo una novillada,
y pa'la ciudad mentada
abajé por mi pecado.
Sin haber siquiera echado
dentro'el buche un cimarrón,
enderecé a un carretón
d'esos que llaman tranguay
y no bien trepé, ¡Velay!,
rodé dando un trompezón.

2.
Dispués que me hube parado
dió el carretón la arrancada,
y le atraqué una pechada
a un mozo qu'estaba al lado.
Hice pie despatarrado
cuando el que iba manejando,
paró de golpe apretando,
el mango de un mojinete,
y me juí como chijete
largo a largo manotiando.

3.
"Dispense", dije, y seguí
aguantando el traqueteo
pero hice un escobilleo
y de nuevo me cayí.
Como dir rodando ayí
no era güeno a mi entender,
juí a sentarme y sin querer
le di a un viejo un pisotón,
y me senté pesadón
encima de una mujer.

4.
El viejo pegó un chillido
como puerta amojozada,
la mujer dijo enojada
de que yo estaba bebido.
Me sujeté confundido
de un cajetilla ajustao
que iba mirando embobao,
y ansina m'enderecé
pero otra vez me ladié
y ansí anduve de lao a lao.

5.
Logré sentarme ¡Por fin!,
junto mesmo a una deidá
y pa'trabar amistá
le dije: "Mi serafín...
"que dicha pa'un gaucho ruin
"estar a su lao rendido..."
Pero halló mal el cumplido
tildándome fieramente,
pues, delante de la gente,
me dijo: "Gaucho atrevido..."

6.
"¡Hembra linda!- retruqué-,
"tan mala, cómo me reta...
"Si quiere pondré mi jeta
"pa'que la pise su pie..."
Con ésto medio logró
seguir haciendo mi juego,
pues, viendo una hembra me pego
como abrojo entre la lana,
y cabrestiando con ganas
me vuelvo manso y m'entriego.

7.
Contento me le arrimaba
al lao de lo calientito,
y en cada balencecito
de intento me refregaba,
viendo que ya no mosquiaba
más cerquita me le pongo
cuando oigo como un rezongo...
Era un gringo sofocao
ancho, gordo apelotao
y la panza com'un porongo.

8.
Luego vide al lao del lazo
un inglés engarrotado,
pelo rubio azafranado
larguirucho y muy fierazo.
Seguí pegando un vistazo
a otro banco medianero,
vide una moza, primero,
lujosamente aperada,
con l'anca muy empinada
y gorra como plumero.

9.
Bostezando y aburrida
la gente iba amontonada,
pujando tuita apretada
como a la gata parida;
cada parada o rompida
que daban los mancarrones,
dentraban los refregones
de que yo me aprovechaba,
mientras los otros ligaban
pechadas y pisotones.

10.
Cuasi medio carretón
poco menos ocupaba,
una gorda que trataba
de consolar a un mamón;
agrupaos en un rincón
cabeciaban dos mamados
y adelante entreverados,
ande va la campanilla,
se acomodó una tropilla
de gringos amadrinados.

11.
Al rato el gringo panzaón
soltó el puerco por el fondo,
un resuello tan gediondo
que juyí del carretón.
Voy y pego un trompezón
sin tener de qué agarrarme
y al querer enderezarme
contra el inglés me ladié,
y juerte le pisotié
los juanetes sin fijarme.

12.
Puso una cara el inglés
que no he visto otra más fiera,
pero, ¡ni ay!, dijo siquiera,
quedando tieso otra vez.
Quise empinarme después
pa'tocar la campanilla,
se me duebla una canilla
y a la guasca no alcancé
y manotiando áhi rodé
encima del cajetilla.

13.
Le dije que dispensase
que no estaba acostumbrado
a ser pruebista embarcado
en carretón de esa clase.
Ni esperé que contestase
pues, cumplidos pa'pior era,
cuando al dir saliendo ajuera
sofrenan el carretón,
bailo un gato y de un guantón
hago plasta una galera.

14.
"No es nada", dije turbado,
disparando de la gente,
pero quedo de repente
de una pollera enredado,
y, tantiando yo apurado
-procurando no ofender-
la manera de poder
lo más pronto desmaniarme,
manoseo sin yo fijarme
las piernas de una mujer.

15.
Salgo ajuera armo un cigarro,
pisa un charco el más sotreta
y me salpica la jeta
con un chijete de barro,+
la punta del poncho agarro
y jurioso lo limpié
¡Pare!- dije- y me abajé
de arrib'abajo manchao
y cansao y medio golpiao
a la Tablada llegué.



(Décimas copiadas de un cuaderno del señor Arnaldo Bordeu, del libro "Oro Nativo" de Mario A. Lopez Osornio).

domingo, 9 de septiembre de 2012

Indio de lanza

(Pintura: Eleodoro Marenco)


Como una visión pasada
que dende’l ayer me alcanza
veo el coligüe de la lanza
con plumas, empenachada.
Lo serio de una mirada
indio, me obliga a pensar,
y en mi pensamiento andar
pa’ brindarte con acierto,
mi ricuerdo anque estés muerto
porque te debo un cantar.

Aquel noble valor tuyo
defendiendo la querencia,
solo afluejó a la inclemencia
del jusil, sigún intuyo.
No se doblegó tu orguyo
y en una carga suicida
vendiste cara tu vida
antes que’ngriyarte a un cepo,
porque a mi ver, ¡ni de prepo!
tu lanza cayó rendida.

De cada pampa valiente
que abonó este crioyo suelo
se prendió en el aire’l güelo
de su imagen propiamente.
Por eso que ridepente
hoy noto tu aparición
como histórica visión
que me viene a ricordar,
que del indio jue’l lugar
ande hoy armo mi fogón.

Te puedo ver de a cabayo
en un overo galán
y que los dos viendo están
mi priesente de soslayo.
Por eso que pronto rayo
mi verso más parejero,
por tu estampa, por tu overo,
por tu yano y por tu gloria.
¡Pues lo cierto de la historia
quiero sepa el mundo entero!

Es cierto que maloquiaste
a tu gusto y discreción
pero antes una invasión
d’estranjeros soportaste,
y si al principio afluejaste
¡por asombro! y no temor,
dispués mostraste valor
y en lucha, por muchos años,
enfrentaste sin engaños
a’quel que jue “tu invasor”.

A vos te venció el progreso
y no el valor pecho a pecho:
la bala, anque grande’l trecho
te dio con juerza su beso.
Se sangreó tu cuero grueso
curtido viviendo al raso,
y si reculó tu paso
en defensiva bataya,
¡ni un jeme cedió tu agaya
en la línia del ocaso!

Tu presencia, indio guerrero
-con la libertá de istinto-
en mi crioyo verso pinto
por verte de cuerpo entero:
Bien montao sobre un overo
que’s calzao de pata y mano,
de grueso poncho pampiano,
chiripá y bota de potro,
hacia vos (o a cualquier otro)
estiendo mi brazo: ¡hermano!

(27/03/1982)

viernes, 7 de septiembre de 2012

El aparte

(Pinturas: Patricio E Marenco)

1
Copa el sol en el naciente
la banca a la oscuridá,
estiende su claridá
y huye la sombra al poniente.
La brisa va mansamente
peinando los pastizales
y en alivio de sus males
entre gorjeos divinos:
se hablan las aves con trinos
en mil notas de cristales.
2
Un grito vibrante y fiero
-nota aguda y sostenida-
clarín de la recojida,
rompe el silencio campero.
Y como un eco certero
que viene del infinito,
se oye repetirse el grito
al frente, a uno y otro lao
y entra a rumbiar el ganao
pa’l rodeo, derechito.
3
Suben desde la cañada
entreveraos con balidos
roncos y finos ladridos
de la furiosa perrada.
Una vaca rezagada
por defender su ternero
provoca aquel entrevero
y agachando la cabeza,
contra un gran perro endereza
que a cuerpiadas salva el cuero.
4
Del sol a los resplandores
va la hacienda como oleaje,
dándole vida al paisaje
con sus diversos colores.
Y al brindarles sus primores
la paleta de natura
a la vista se figura
que un telón se hubiese alzao
y un cuadro nos ha mostrao
de su más bella pintura.
5
Queda un momento en reposo
la hacienda que allí se junta,
el paisanaje se ayunta
dicharachero, animoso.
Y del trabajo anheloso
da comienzo a la jornada
y avizora la mirada
escudriñando al ganao,
por si ven un abichao
darle vuelta la pisada.
6
El día sigue avanzando,
y en diestras atropelladas
para esquivar las sentadas
sacan reses paletiando.
La tropa se va formando
con la hacienda más pareja,
porque siempre se aconseja
que el aparte ha de ser tal:
que uno con otro animal
no ha de sacarse una oreja.
7
Y ya la tropa formada
en la huella, maravilla
ver puntiando la tropilla
baquiana y aquerenciada.
El resero en la jornada
en gran mutismo se encierra,
todo su interés se aferra
al arreo de la tropa,
que’n ella, marchan a Uropa
las carnes de nuestra tierra.


Encargado de estancia

(Dibujo: Patricio E Marenco)

Aunque impongan los años su distancia
se quedó en la memoria de la estancia.
Lo recuerdo en la fría madrugada
retando por lo bajo a la perrada
que a los saltos sus paso’interrumpía
al salirle al encuentro cada día.
Puedo verlo ordenando su recado
y ensillar con esmero algún gateado,
mientras sólo el rozar de los correones
rompía el silencio en los galpones.
Me figuro que aún puedo escuchar
su voz diciendo “¡Vamos!” al montar,
la orden invariable y suficiente
que acataban los perros y la gente.

Así siempre comenzaban sus rutinas.
Llegando a las primeras cina-cinas
soltaba el galope del montado
y, apenas cuando el día había aclarado
ya andaba recorriendo los potreros
controlando pariciones y terneros.
Encaraba con gusto esos trabajos
por ser hombre de aquellos campos bajos.
Se había criado acostumbrado a la visión
del inmenso pastizal en su extensión
y de entonces, sin duda, provenía
la afición por el caballo que tenía
y ese típico modo de los viejos
de tender la mirada hacia lo lejos.

Era parco en el gesto y el decir,
como es quien ha logrado conseguir
el respeto cabal de los demás
por su propio prestigio y por capaz.
Conocía el manejo de la estancia
y sabía mandar sin arrogancia.
Porque fue para mí como un maestro
que en esos menesteres me hizo diestro
le rindo el homenaje que merece.
Y en muchas madrugadas me parece
que era ayer cuando el tranco del gateado
lo veía salir, acompañado
por el viejo ovejero seguidor,
con su lazo torcido y su arreador.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Al mate

(Dibujo: Patricio E Marenco)

Mate gaucho del ayer
de aquel ayer muy lejano.
Pasaste de mano en mano
y en la madrugada fría,
tu calor fue compañía
del solitario paisano.

El mate resulta siempre
motivo de inspiración.
Es el alma del fogón
y sin hacerse rogar,
el mate sabe llegar
y animar una reunión.

El mate es el compañero
que en torno a la mesa gira.
El rezongando se estira
y en todas las manos queda,
cuando más grande la rueda,
más se agranda la mentira.

El mate aparte de todo,
es económico y sano.
Es delicia del paisano,
lo toman hasta en el polo.
Ninguno se siente solo,
teniendo un mate en la mano.

Por ahí,el mate se para,
porque se arma algún debate
y en lo mejor del combate,
grita un viejo rezongón
cortando la discusión
-¡hagan caminar al mate!.

El mate estuvo en las buenas
y estuvo en cien entreveros.
Con los rudos montoneros,
supo tratar a la par
y cansado de rodar
hizo noche entre reseros.

Mi verso

(Dibujo: Patricio E Marenco)

Mi verso no es de salón
ni tampoco de alabanza
es como chuzo de lanza
como filo de facón
la furia del redomón
que busca hacerse justicia
mi verso no es la caricia
que estriba desde el palenque
es el chirlo del revenque
castigando la injusticia.

Mi verso no es la mordaza
ni sirvió nunca de freno
es ese decir sereno
del ayer de nuestra raza
ese ayer que no se pasa
al calor de los fogones
alegrando las reuniones
sin ladearse del camino
porque se siente argentino
donde cantan tradiciones.

Mi verso no es la picana
no es tampoco la sotera
es como pial puerta afuera
uniendo el hoy y el mañana
el hoy que al ayer se hermana
en el llano y en el cerro
y en el tin tin del cencerro
y en el potro bufador
Santos Vega el payador
y el inmortal Martín Fierro.

Mi verso es la simple idea
buena regular o mal
es el arisco bagual
que no conoció manea
es potro que corcovea
disparando a voluntad
es el grito del chajá
en la sociedad del llano
es el decir bien paisano
de algo nuestro que se va.

Mi verso no tiene escuela
es rudo sin pulimento
a ocasiones como el viento
tiende las alas y vuela
el no nació para espuela
ni ser hijo del rigor
no es el lazo zumbador
ni la décima que implora
ni la calandria que llora
ni canta endechas de amor.

Es mi décima como es
no claudica ni se vende
y como un chico la entiende
un chico le hace de juez
no tiene la pulidez
que da luz a la poesía
no se mezclan en porfías
y andando siempre a la cola
tiene una virtud sola
son modestas pero mías.

miércoles, 5 de septiembre de 2012