jueves, 14 de octubre de 2010

Poncho gatiao overo


Tengo un ponchito cortón…
Tengo un ponchito cortón
Mezcla de gatiao overo,
Que en cada fleco un trovero
Parece cantar tristón,
Él sabe de la emoción
Que puede arrimar un trino,
Porque lo hallé en el camino
Una noche en ensenada,
Que retumbaban payadas
De orientales y argentinos.

Él vio llorar el orgullo…
Él vio llorar el orgullo
De muchachos payadores,
Y guardó entre sus colores
Aquello como algo suyo.
Su recuerdo no destruyo
Porque alma y valentía,
Pero cuando yo partía
Quiso al fin acompañarme,
Tal vez para cobijarme
En mis noches larga y fría.

Oh poncho gatiao overo…
Oh poncho gatiao overo
Que silencioso me narra,
Zumbidos de otras guitarras
Y voces de compañeros,
Cuando lo topo al pampero
Polvoriento y zumbador,
Suelo sentir su calor
Entre la espalda y el pecho,
Como si lo hubieran hecho
Pa andar con el payador.

Poncho gaucho, poncho errante…
Poncho gaucho, poncho errante
Que quiero tanto, confieso,
Porque él sintió mis trompiezos
De payador principiante,
Y desde entonces adelante
Si justo el tiempo nos gasta,
Será de mi canto el asta
De cada rumbo que sigo,
Siempre enyuntao como amigo
Hasta que Dios diga ¡basta!

miércoles, 13 de octubre de 2010

Milonga para Don Pedro



A Don Pedro Almaraz

Pión golondrina, gaucho curtido,
de changa en changa lo he conocido
y al desamparo de aquellas chacras
cobijas sucias, colchón de chala.

La sacadora iba abriendo melgas,
dejando papas a flor de tierra,
y ese paisano que junta y junta,
con otro criollo tirando en yunta.

En el resuello del mediodía,
se lava el cuerpo con agua fría,
y cuando apenas hubo comido
el maquinista pegó el chiflido.

De tardecita, brazada ‘e chala,
tapó montones por si la helada,
y sin embargo consuelo ‘e pobre,
a él no hay chacota que no le sobre.

Cuando la noche ya está viniendo,
Se van los pobres pal’ campamento,
Y entre truquiada, cuentos y mates,
Vino quebracho, guiso picante.

Y cuando todo estaba en silencio,
Tocó milongas pa’ entrar en sueño.

El chalador de máiz



Cerquita del Pago Lindo
por los campos del Yatay,
una mañana de frío
lo vi al chalador de máiz.

Se había retobao los pies
con pedazos de arpillera
y había engrasao pa’ l rocío
a sus botas de madera.

Y cuando la blanca helada
comenzaba a lagrimiar,
ya había llenao tres maletas
manotiando sin parar.

Manos tajiadas el hombre
por las chalas del maizal,
por cada surco su patria
por cada jornal su pan.

Troja llena hasta el copete
y alegría pal’ patrón,
algún charrecito que otro
arrimó pa la estación.

Y aunque el progreso en su avance
máquinas trajo al Yatay,
aún se lo ve por los surcos
a aquel chalador de máiz.

La pena del hornerito



En un gajito del pino,
en que rosaba el alero
se anidaron dos horneros
que eran alegre y divino'.
Desde el hornito al molino
iban y venían volando,
siempre lo hacían cantando,
con alegría y de atropello
por eso es que al canto de ellos
tal vez me fui acostumbrando.

Pero un día que yo llegaba
del campo en el pangaré,
al hornero lo encontré
solo y que ya no cantaba;
me sorprendió de que estaba,
sobre el hornito sentado,
se ve que ni había notao
que yo había pegao la vuelta,
las plumas todas revueltas
solito, triste y callao.

Me dentro curiosidá
y me arrimé despacito,
ya vi que en el pajarito
reinaba la soledad
y que una inmensa horfandá
cubría hasta sus plumitas
era al caer la tardecita
cuando ellos vienen y van;
quien sabe qué gavilán
se la llevó a la hornerita.

Desde entonces aquél hornero
jamás lo escuché cantar;
lo sabía ver volar
con dirección al potrero.
Pienso que el pájaro entero
iba por dentro enlutao
porque se quedó callao
desde que faltó la hornera
no se si otra compañera
con el tiempo habrá buscao.

Una vez vino hasta el nido
solito llegó del monte,
como a buscar horizonte
o algún recuerdo querido.
Porque despues de un volido,
cruzó por el galponcito
y se perdió despacito
volando por la ladera,
y así se fue campo afuera
con su pena el hornerito.

Bronce y madrinas


Cencerro, viejo cencerro...
Cencerro, viejo cencerro
que ayer nomás, madrinero,
cruzaste como el pampero
del cañadón a los cerros;
calandrias, potros y perros,
caminos y poblaciones;
despertaron con tus sones
al dir la yegua trotiando,
pero siempre amadrinando
corrientes y chucarones.

Cuántas vece'un campiador...
Cuántas vece'un campiador
con frío y de madrugada,
al oir tu clarinada
te agradeció con amor;
y sabe el madrugador
por luz de gaucho sin tregua,
que al caminar de la yegua
sobre los campos dormidos,
puede escucharse el tañido
a veces, hasta de una legua.

Cencerro viejo en los bajos...
Cencerro viejo en los bajos
y en las lomas que sentencio,
si abrás quebrado silencio
al golpe de tu badajo;
cada gaucho de trabajo
te ha de estar agradecido,
y no de echar al olvido
quien campeó de madrugada,
cuando más grande la helada
se oye más claro el sonido.

Por eso al verte colgao...
Por eso al verte colgao
como una cosa cualquiera,
ya sin lustre ni collera
con el badajo osidao,
cierro los ojos cansao
pa ocultar dos lagrimones,
tanto me formé a tus sones
y a tus camperos tallidos,
que entuavía sueña mi oído
con tropel de redomones.

De lo nuestro


La vida que Dios te ha dao,
es tuya y no es pa tirarla,
pa que dure, hay que cuidarla,
como lo más delicao.
Aquel que vive enconao,
no puede llegar muy lejo:
de ahí que te de el consejo:
debes de tener pasencia,
pa que dure tu existencia,
y así, alcanzarás a viejo.

Nuestro cuerpo, es una alhaja,
lleno de complicaciones,
por vicios y por pasiones,
en su valor se rebaja.
Cuando gastao, se relaja,
no hay nada que lo levante;
y naides sabe bastante,
pa que pueda renovarlo;
por eso debes cuidarlo,
pa que no falle su aguante.

Desde chico, has de saber,
que el estómago liviano,
pa que te mantengas sano,
sobre todo has de tener.
La vida no debe ser,
para mascar y tragar;
dando gusto al paladar,
te quedará el buche lleno,
y el estómago, el más bueno
seguro se ha de cansar.

Enviciarse en la bebida,
eso, pal hombre, es lo pior,
teniendo el mesmo valor,
que el de hartarse en la comida.
De los dos modos, la vida,
tan codiciada, se apoca;
y hasta su fin se provoca,
con esas barbaridades;
pues, muchas enfermedades,
suelen dentrar por la boca.

Hay peligro en ser glotón,
y hay peligro en ser borracho;
por eso, dende muchacho,
hay qeu emplear moderación.
Quien tenga tal condición,
no gaste plata en dotores,
y cuando algunos dolores,
se asoman haciendo el gasto,
como el perro, masca pasto,
y gambetea a sus rigores.

Quien de muchacho se apura,
a gastar sus energías,
tendrá cerquita los días,
llenito de desventuras.
Lo que se llama diabluras,
beberajes, trasnochadas,
dejan las alas cortadas,
justo en la edad de volar
y no se pueden juntar
las fuerzas desparramadas.

Y después, son los lamentos,
cuando todo se ha perdido;
uno piensa en lo que ha sido,
con el mayor sentimiento.
Hay pa todo aburrimiento,
se vive como cansao,
porque como se han llenao,
todas las aspiraciones,
se han cortao las iluciones
y el hombre es un desgraciao.

Porque el que no tiene nada
que le llame la atención,
ya le ha dao terminación
a la vida regalada.

Es una vela apagada,
que no ha de romper la sombra;
pisoteao como una alfombra,
sin rumbo, sin voluntad,
sin cariño ni amistad,
y al que ninguno lo nombra...

Porque hasta el nombre ha cambiao,
le queda, por un apodo,
resultando de ese modo,
que ya es un ser olvidao.
Es que su tiempo, apurao,
sin miramiento ha vivido;
y cuando ya está vencido,
se siente flojo y cobarde,
porque sabe, que ya es tarde,
pa reponer lo perdido.

Si llega a formar hogar,
con tamaño aburrimiento,
ha de ser pal sufrimiento
de la que pueda alcanzar.
Será mejor avanzar,
solo, nomás en su huella,
salvo que ponga su estrella,
alegría en su corazón
y al despertar la ilusión,
se siente otro hombre en ella.

Lo nuestro, es lo que trajimos
y que más tarde llevamos,
cuando a la fuerza vamos
pal pago de ande vinimos.
Y sigún aquí vivimos
del modo que nos portemos
cuando los ojos cerremos
en la última estirada,
si no hemos realizado nada,
ni el recuerdo, dejaremos...

domingo, 10 de octubre de 2010

Reliquia gaucha


Rodiada por un sauzal
de un potrero sin tranquera
hay una vieja tapera
que va tapando el cardal,
y como marca y señal
se ve del pozo, el crucero,
donde tan solo un hornero
al caer la tardecita
como una extraña visita
llega y canta en el alero.

Palo, alambre y varilla
se han cáido entre el pastizal
y donde estaba el corral
es más verde la gramilla;
al palenque, en las orilla',
lo adorna un gran hormiguero.
Deshecho nido campero
¿cuál será tu desventura?
Y en las noches más oscura
vigila el chajá y el tero.

Como un negro nubarrón
anunciando una tormenta
del horno, la boca abierta
igual que la del fogón;
de lo que fuera el galpón
escombros amontonau,
los palos apolillau
el yuyal los fue tapando
y un viejo tala cuidando
las ruinas como un soldau.

Hay una lezna clavada
en un palo del alero
hecha de alambre de acero;
y en un tiento acollarada
hay dos argollas colgada'
oxidadas por igual,
de maneador o bozal,
¿quién sabe quién dejaría?,
y allí están, desde aquél día
¿sabrá Dios...? con que final.

Quién sabe que maldiciones
te convirtieron en ruinas
y hoy son chuzas como espinas
clavadas en tus terrones;
el tiempo y sus ventarrones
te han augeriao la techumbre;
yo tengo la certidumbre
que Dios te dio la fortuna
que por áhi entre la luna
y por las noches te alumbre.

Vieja tapera que estás
como adorno del paisaje,
reliquia de aquel paraje
¡no te derrumbes jamás!
Porque yo sé que guardás
oculta entre tus rincones,
leyendas y tradiciones
y pa'no echarte al olvido
te dejo un verso encendido
pa'puntalar tus horcones.

Plegaria a la Virgen de Luján


Arriando tropiyas y acarriando haciendas,
tropero incansable, mis años se van;
y hoy vengo a rezarte por tuitas las gracias
que me concediste, Virgen de Luján!

Apilando antojos por venir a verte
galopié caminos que vos bien sabés;
Virgen milagrosa que estás en las almas
de los que te imploran y alaban dispués.

Tropas cimarronas de sueños paisanos,
viejas ilusiones y ansias de cantar,
tuito me cuidabas vos con tus ternuras
por las güeyas largas del eterno andar.

Más de cien nevadas blanquiaron mi poncho
y en medio'e la pampa me diste calor,
ladiándome el rumbo de los aguaraces
que pá'algo a la vida los echó el Señor.

Marcaron mi rostro vientos peliadores
de plano y de punta, de revés y en cruz,
cuando en zafarrancho de truenos, guiñaba
loco el rejucilo, su ademán de luz.

Aguaceros mácuas mis güesos calaron;
y yo el gaucho firme a tu devoción,
iba atracadito junto a tu ricuerdo
oyendo la buya de mi corazón.

Aplané colchones de tierra, tropiando,
chamusquiao por soles en mi arriero afán;
y en las cerrazones de las madrugadas
en más de una güelta topé el huracán.

Con ajuar bien blanco te véian mis ojos,
con mano celeste rogando por mí;
y tus bendiciones santísimas fueron
las que me aclararon la senda y seguí.

Y al amparo suave de distintas lunas,
bajo las estreyas blanquitas de Dios,
recé vidalitas dulces a tu nombre
pá que me ayudaras, como siempre, vos!

Virgencita gaucha: por eso te ofrezco
la humilde plegaria que crió mi sentir;
¡Virgencita gaucha del pobre y del rico!
¡Consuelo machazo pa'l rudo sufrir!

Mi chúcara vida se priende a tu manto
de rodiyas, Virgen, como el saguaipé.
De tu altar me alejo pá tropear de nuevo
y pongo a tus plantas el cardo'e mi fe!

Arriando tropiyas y acarriando haciendas,
tropero risuelto, mis años se van;
y hoy vine a rezarte por tuitas las gracias
que me concediste, ¡¡Virgen de Luján!!

Temporal de Santa Rosa


La lluvia se hace presente
entreverao con los rayos,
inquietando los caballos
que no quieren dar el frente.
Un refucilo'e repente
ha tajiao el firmemento;
es el trágico momento
pa'mi caballo ensillao,
que del cabresto colgao
encontró un final violento.

Con el recao chamuscao
por el rayo o la centella,
quedó del fuego la huella
de surco en el campo arao.
Quieto el cencerro, callao
en la madrina asustada,
y otra nueva atropellada
de la furiosa tormenta,
me hace caer en la cuenta
que se viene la pedrada.

El poncho tendió su manto
de luto, la noche aquella,
y del cielo las estrellas
se apagaron con espanto.
Encomendao a algún Santo
haciendo cruces con sal,
se acuerdan del santoral
algunas viejas chismosas,
y piden que Santa Rosa
nos libre de todo mal.

Qué va a hacer la pobre Rosa
si ya todo se ha perdido,
y es tando el daño sufrido
por la tormenta impiadosa,
que las plantas resfalosas
quedaron amontonadas,
y del rancho, la quinchada
se fue desflecando todo
convirtiendo el agua en lodo
con las plantas destrozadas.

¡Qué tormenta, Dios piadoso!
los temporales de agosto,
cuanto hay que pagar de costo
en los campos generosos.
Los daños que son cuantiosos
han diezmao los animales,
se entierran los pastizales
inundaos en los potreros,
y hasta el año venidero
sufriremos estos males.

Tristeza en el campo herido
que no se rinde por nada,
y otra vez la tierra arada
dará el fruto merecido.
Así el hombre habrá cumplido
explotando su riqueza,
la madre naturaleza
balanceará sus favores,
deseando tiempos mejores
luchando con entereza.

Permiso, Gran Capitán


Por simple ley natural
merecías un destino
con limpio rumbo argentino
y una meta sin final;
dueña de un rico caudal
dentro de tu alma guardada
pretendiendo ser donada
sin las gracias merecer...
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".

Soñaron tus forjadores
entre leyes y cuarteles
los sacrificaos laureles,
con que cargarte de honores;
sin esperar más favores
que comprender la gauchada,
calculando en la jugada
un Santo bien pa'ofrecer...
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".

Con la ilusión que tus hijos
esparcidos en tu suelo,
ignorando que es desvelo,
con mil hechos desprolijos,
pusieron los ojos fijos
en la meta señalada,
sin perder la rastrillada
rumbo hacia tu amanecer...
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".

No existió tiempo medido
ni punto determinao,
el sendero comenzao
jue pa'un sueño convencido;
ansí tuito lo torcido
vino de otra correntada:
ambición descontrolada
pa'tu sueño oscurecer...!
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".

Nunca podré liberar
quien manche tu trayectoria,
quien arrastre tu memoria
con un cálculo vulgar;
cuando se quiere trocar
Nación por arca colmada,
una feroz llamarada
siento en mi pecho encender...
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".

¡Mi Patria! ¡Por vos deliro!
con mi muy pobre lirismo,
pero sé que el patriotismo
ese, por el que suspiro,
solamente en el retiro,
como imagen venerada,
en tu pueblo está guardada
y él la habrá de sostener!
"Serás lo que debas ser
o si no no serás nada".