jueves, 29 de abril de 2010

Mis teneres


Yo vivo en el umbral de una alborada
en un rancho nomás de estilo criollo
levantao en la orilla de un arroyo
ande cuelga el boyero su morada.

Lo que hay en su interior, no vale nada:
un lazo ramaliao en cada rollo,
una guitarra donde mi alma apoyo
y un par de bolas que perdió la indiada.

Y, nu es poco pa mí, que poco ansío,
lo que tuve lo dí, pa andar liviano
y anduve tanto que gasté mi brío.

Me suebra pa vivir lo poco mío:
la señal de la cruz pa usar mi mano
y la guitarra pa ahuyentar mi astío.

El potro entero


Sobre el testuz azul de una lomada
atajadora de horizonte lila
del sol rojizo y la azafrán pupila,
tiembla de un semental la clarinada.

Es salvaje señor de la manada.
Crinudo y montaraz, muestra intranquila
su testa herguida, donde el viento apila
ovillos de su crin enmarañada.

¡Hace temblar con un relincho el llano
y le lanza en carrera enloquecida!
De sol parece su pelaje ruano.

Cubre una loma la crinera blanca
del sol que sube a verlo ajigantado;
y el potro imita al sol ¡y trepa a un anca!

Señor, una gauchada

(Foto: Pedro Luis Raota)
Señor, te viá pedir de güeno a güeno
confiao en tu bondá bien demostrada,
un poco de élla, pa un hermano mío...
Ñués nomás que pedirte una gauchada.

Yo no tengo derecho pa invocarte,
ende muy chico no te rezo nada;
no me acuerdo de vos, si ando en la güena,
suelo acordarme sí, si ando en la mala.

A veces, pa ofenderte, no te ñego:
Si me chamusca el lazo en las pialadas,
si me quita el cabestro algún clinudo
y busca el campo repartiendo garras.

O, agarro en un fogón, sin darme cuenta
de la caldera muy caliente el asa;
nos hiciste flojones pa lo malo...
Nos hiciste más víbora que garza.

Pero sé que sos güeno. ¿Quién no ha visto
al pájaro que surca las distancias
pa trair un gusanito al pico abierto
de una espera sin plumas en las alas.

Y quien no ha visto a la tigresa madre
con qué amor sus cachorros amamanta
todo lo has hecho vos, de güeno y grande.
Como vas a negarme una gauchada.

No via pedirte por mi pobre hermano
lo que no hacés por otro; que esperanza,
él es aguantador pa las bicheras
y viene, como yo, de güena raza.

Lo templaron los soles y los fríos,
lo caroñó la vida despiadada,
y él pelió la pobreza sin doblarse
pa no ensuciar con barro su alma blanca.

Defectos tiene sí, pero a lo pobre:
se arrima a un mostrador a colar cañas,
se sienta a una carpeta a probar suerte...
y suele entretenerlo una guitarra.

Mas, vos que sos tan güeno y perdonaste
a tanto redotao por la desgracia,
echale una manito: que se cure.
Yo te voy a rezar por la gauchada.

lunes, 26 de abril de 2010

Un lechón de jabalí (foto: Eduardo Amorim)



Salí a buscar la lechera
con la orientación precisa:
una "charolai" mestiza
que andaba con la ternera.
Hija de un toro negro era
y le faltaba pal año...
¡Estaba linda!, sin engaño,
y al prestarse la ocasión
quiso carnearla el patrón
pa festejar su cumpleaños.

Había ensillao un gatiao,
traido de la cordillera,
un petiso criollo que era
mansito y muy bien domao.
Salí bien acomodao,
por supuesto decidido;
con el "Conito" aguerrido,
la "Tinto" muy cachorrona,
y el "Taco" que no perdona,
pal patrón es garantido.

Entré al cuadro del molino
y al llegar a un tajamar,
de allí pude divisar
el vacaje en remolino.
Como quien arrea un destino
el alambre recostaba,
lo saqué como si nada,
dentro de unos chañarales,
y rumbeando a los corrales
me le fui con la perrada.

Al tranco nomás, silbando,
diba la marcha pareja,
hasta que una vaca vieja
se ganó al monte trotando.
Por lo sucio, galopeando,
pa atajar, como destaco;
via a arrearla, me les atraco
pal lao donde que yo quería,
y un lechón vi que salía
por entre los alpatacos.

Cambia el rumbo de un guascazo
quien la intención agudisa,
y topé a la jabiliza
de mí, como a trece pasos.
Ahí le sacudí un balazo
pero se me escabulló;
lo sucio el monte, impidió
que le pudiera apuntar,
mas le alcancé a manotear
uno que el "Taco" apartó.

Lo vió el perro, como un rayo,
morderlo en la carretilla,
y cae, pisé una jarilla
cuando salté del caballo.
El monte no es como el playo
pa moverse con soltura,
y lo agarré, ¡se figura!
de la pata'aquél sotreta,
y abajo de la paleta
le mandé el de la cintura.

Cuando se hubo desangrao
lo aseguré, por supuesto,
con la ayuda de un cabresto
en el anca del gateao.
Y pa las casas rumbeao,
al ver que ya no podía,
seguir con esa porfía
y no encontrar la manera,
y la vaca y la ternera
la dejé pa'l otro día.

¡Y viera... y viera cuanto llegué!
en la mirada leía
de doña Olga la alegría,
cuando en el patio crucé;
yo también imaginé,
con una cuestión así:
¡cómo don Roberto allí,
pudiera como les digo,
compartir con los amigos
un lechón de jabalí!.

Y murió allá en "La Blanqueada".

Papel y lápiz en la mano,
el dueño de "La Blanqueada",
estancia criolla y mentada
allá en el norte pampeano.
Están roedaos los paisanos
del escritorio a la par,
es el día de arreglar
y al mediar de la mañana,
cuando suene la campana
será la orden de cobrar.

Pasó Segundo Torrilla
que está en el puesto'e la loma,
y como es hombre que doma
cobró el mes y la tropilla.
Después pasó Juan Mansilla,
un mensual acreditao
y el hijo de Justo Aldao
salió al tranco rezongando,
pasó adentro pensando
que este mes no le alcanzaba.

De uno a uno la peonada
fueron cobrando tranquilos,
pero el hijo de Cirilo
¡claro! al último quedaba.
Primera vez que cobraba,
entuavía es muy pichón,
entró con educación,
habló con gran sencillez:
-"Antes que me arregle el mes,
quiero que escuche, patrón"...

"Quiero comprarle el overo
que domó Fermín Videla,
el que me llevó a la escuela
casi seis años enteros.
su capataz Juan Cisneros,
hombre campero y derecho;
al verlo viejo, maltrecho
le abrió grande la tranquera
y lo largó campo ajuera
pal lote de los deshechos"...

"Le pedí una explicación,
quizás cosa de muchacho,
me dijo: -"lo mando al tacho
porque está viejo y panzón".
Tal vez él tenga razón,
es conocedor campero,
pero yo quiero el overo
ya que me marcó el camino;
no es justo que a ese Argentino
se lo coma el extranjero"...

"Yo lo miré entristecido,
salió al tranco, manqueando,
pa mis adentros pensando
lo noble que él había sido.
¡Cuántas leguas ha recorrido
sin mesquinarle distancias!
Mostró fuerza, mostró ansia
es por eso, patrón, quiero:
de que me venda el overo
para que muera en la estancia".

-"Cobre el mes... ¡vaya tranquilo!,
ya me ha hecho temblar la pera
no piensa de otra manera,
un hijo de Juan Cirilo.
Aunque mi vida en un hilo,
quizás esté sujetada,
doy mi palabra empeñada
a quien ha sido campero
y de viejo el pingo overo
¡se morirá en "La Blanqueada!".

domingo, 25 de abril de 2010

La primera vista

La conoció pa una fiesta
en la esquina: "La Totora",
bailaron hasta la hora
que se tuvo que ir la orquesta.
La cosa quedó resuelta
y a visitarla iba a dir,
por eso se ve venir
en el tordillo escarciando
y ella que lo está esperando
ya lo sale a recibir.

Y así, después de pasar,
hecha un vistazo al palenque;
hace un ñudo en el rebenque
y lo dentra a desatar.
Ya comienza a castigar
la bota con la sotera,
y se va la tarde entera:
palabra va, mate viene;
y el sol que no se detiene
resvala por la ladera.

La vieja se va a juntar
los huevos al gallinero,
y el viejo a atar los ternero
de las vacas de ordeñar
y él sin hacerse esperar,
viendo que el tiempo es escaso
va desenrrollando el lazo
y ahí cerca nomás el criollo
le tira con todo el rollo
pa pialar un sí ¡machazo!.

Los cachetes colorean
como tomates maduros,
y dos corazones puros
¡como locos beyaquean!
Las miradas se cambean
y ni cuenta se están dando,
que la pava está cantando
y hasta la tapa salpica
con ruido de perdiz chica
cuando se aleja volando.

Cuando la noche se viene
hace mención de marchar...
Con un: "¡Quédese a cenar,
total, ¿qué apuro tiene?",
risulta que lo entretienen
y en el lomo del tordillo,
la lana del cojinillo
con el rocío se moja;
mientras que hace las coscoja
contrapunto con un grillo.

Mis botas


Tan pronto lo desprendió
al bagualón del palenque,
como sotera'e rebenque
con la nuca chicotió.
Muerto lo desensilló
con tristeza el domador;
a cincha y a maniador
lo arrastró luego a un cardal
donde le sacó al bagual
las botas para el cantor.

Lindo regalo a mi ver
pa quien apreciarlas sabe
y las ha dejao de suaves
como guantes de mujer.
Al irmelas a poner,
cuantito las patas cruzo,
le tiro un recuerdo al chuzo
que me ha dejao al morir,
pa que yo pueda lucir
las botas de potro que uso.

Desde el día del estreno
es cosa de ver, paisano,
piso con ellas liviano
como pollo en patio ajeno.
Tiene un ancho más o menos,
de un bocao domador;
el tiento sujetador
que ata mis patas enclenques,
con un ñudo de palenque
pa sujetarlas mejor.

¿Las ato? con ñudo rosa
por fácil de desatar,
son muy lindas de calzar
de caña corta y sedosa.
Blanquitas, maravillosas,
mis botas de potro son;
antes cerca del jamón
las cortó el gaucho oriental,
pa usarlas con delantal
bolcao sobre el corrión.

Cada vez que visto el traje
que a la tradición me ata,
me gusta calzar las patas
entre el garrón de un salvaje,
como rindiendo homenaje
a su épico historial,
al facón tradicional,
el chiripá y las de potro:
hemos consagrao nosotros
como emblema nacional.

lunes, 19 de abril de 2010

Al montador estropeao

(Foto: Eduardo Amorim)
No olvidaré la voleada
del reservao aquél día,
cuando la gente decía:
"¡Ojalá que no sea nada!"
Tenía una pierna quebrada
pero me pude parar,
el saber que voy a sanar
no logra que me consuele,
porque lo que más me duele
es que no puedo montar.

En Las Chilcas soy puestero,
menos mal que está mi hermano,
que vino a darme una mano
mientras yo me recupero.
¿Qué sabe el que es estanciero
lo que es montar por pasión?
Por esa misma razón,
antes de que suelde el hueso,
tuve que sacarme el yeso
porque venía el patrón.

El error fue el engancharlo,
porque cuando se las puse,
se las bajé desde el tuse
como para degollarlo;
al sentarse sobre el marlo
cuando uno se las arrima,
capaz que no se lastima
si cae pegao al mañero;
pero yo caí primero
y el pingo me cayó encima.

¡Claro que el golpe es distinto
cuando se cae separao!,
porque hay que caer pegao
como moneda en el cinto.
Este yeso ya es el quinto
con algún clavo también,
van diez días y recién
seis que aguanto y no me muevo,
pa cuando muente de nuevo
¡ahí si, me via sentir bien!

Rancho caído

(Pintura: Ricardo Bossié)





Viejo rancho de terrón
me han dicho que te has caído,
ya no sos el tibio nido
que me abrigó de pichón.
Cuanto llegué la ocasión
retornaré a ese lugar,
sin pretender derrotar
el tiempo que nos golpea
y en el mundo de la idea
te volveré a levantar.

Cuantos recuerdos presiento
junto a mi menten andarán...
hasta mis padres que están
vivos en mis pensamientos.
Ya que los años y el viento,
han podido derrumbar,
la memoria de ese hogar
mi darle mis ilusiones
apuntalando emociones,
te volveré a levantar.

¡Cuántos se nos va perdiendo
si nos ganan los olvidos!.
El hogar, seres queridos,
despacios se nos van yendo.
Rancho viejo estoy sintiendo
que a tu lado debo estar.
Tus ruinas serán altar,
en donde a solas con calma,
por un instante en mi alma,
te volveré a levantar.


jueves, 15 de abril de 2010

El indio


Parado sobre el lomo
de su flete sin apero,
la figura del guerrero
es una estatua de cromo,
el sol que le cae de plomo
curte su torso bronceao,
su pelo negro, engrasao,
una vincha lo asujeta,
y aquél indio es la maqueta
de un tiempo nunca olvidao.

Por guerrero y buen jinete
supo su cuero ofrecer,
pa la patria defender
del invasor insolente,
con sus gritos estridentes
y sus lanzas tan temidas,
dispersaron en corridas
junto a los bravos soldados,
a aquellos que habían osado
ser dueños de nuestras vidas.

El indio pampa por cierto
tuvo momentos de gloria,
y para algunas memorias
fue el Rey de nuestro desierto,
cabalgando a cielo abierto
era una estatua viviente,
pero fue un irreverente
cuando en medio del malón,
diera muerte sin razón
a tanta gente inocente.

Es por eso que la historia
según sea quien la escriba,
se ha de perder en diatribas
cercenando tu memoria,
para algunos, tendrás gloria,
y en otros olvido eterno,
y andarás de cielo a infierno
en las mentes Argentinas,
y tus raíces genuinas
serán sol de nuestro invierno.