viernes, 5 de enero de 2018

Romance (Poema)



Aquí estoy en mi Neuquén
hombre-árbol semillando...
con la fuerza del pehuén
y el dulzor de los manzanos.
Me miró la cordillera
con los ojos de sus lagos
y galopan por mi sangre
sus hechizos milenarios.

El viento me dio su grito,
el Limay su agreste canto...
la vieja machi Quillem:
la magia de sus veranos,
viento metido en el grito
va agitando mis remansos
y se hace astillas  mi voz
cuando quiere hacerse canto...

Altivo, audaz,  arrogante
con milenaje araucano,
cobré estatura en mi tierra
nutriéndome en su regazo...
Piñón, michay, frutilla;
me dieron sabor indiano,
orgullo de ser neuquino,
con pulso del río Agrio.

Trepé la sombra del árbol
por el centro del verano,
regresé en el invierno
montado en un potro blanco;
anduve leguas de ensueño
de "La Angostura" a "Varvarco"
y encontré al tiempo dormido
en los chenques araucanos.

La luna salió a mirarme
con un cultrún en la mano,
las machis juntaban días
en las orillas de marzo
y con su antigua presencia,
los señores olvidados
apretaban su tristeza
en las pircas del cansancio.

Lanín arriba flameaba
el cielo de mis paisanos
y volvieron con un ruego
entre el silencio y los labios.
El nguillatún los llamaba
con voz de bruma y ocaso
y hasta rezaron en indio
los de Namuncurá, el santo.

Por las arenas bravías
iba rodando mi rastro
y el viento se entretenía
desnudando su pasado.
Sueños de alfarería
quebrados en un cántaro,
por su boca destrozada
se quejaba aun el barro.

Tierra Mapuche, mi tierra,
conserva su propio llanto
y canta sus alegrías
en el ñorquín de sus pájaros.
Ninguna tiene su acento,
ni sus bosques, ni sus lagos,
ni sus ríos corajudos
de galope desbocado.

Con el Limay, el Neuquén,
la patria hará su milagro...
Florecerá la grandeza
que tanto y tanto soñamos,
cuando sujetan su furia:
Chocón, cerros colorados,
un complejo de mayúsculas...
himno de paz y trabajo.

Laten por mis orígenes
los volcanes derrumbados,
dioses de fuegos violentos
hundidos en un letargo.
donde la sangre termal
fundadora de milagros,
los que a copahue dieron
la vida en aguas y barros.

Y cuando veo mi desierto
por torres crucificado,
regalar su corazón
de petroleo milenario,
corro en el malón del viento
sin espuelas ni caballo,
con un orgullo salvaje
de argentino y de paisano.

Y en la boca de las machis
se va templando mi canto
en el grito más antiguo
prisionero del uranio,
y amanecido de oro...
me voy a Andacollo abajo
soñando por sus orillas
viejos sueños desvelados.

Y subo, en el silbo arriero
por las cuestas del Palao,
hayo yuyos milagreros
custodiados por el Ñanco,
lunas rotas en los cohiues,
incendios en los ñirantos,
vertientes que se ríen
con los ojos escarchados.

De la nieve más altiva,
fugitiva de los barros,
yo dejo mi corazón
prendido en su pecho blando
para que vuelva a los valles
repartido entre los pastos
cuando jueguen con sus crías
los ciervos y los guanacos.

Pulsando las soledades
voy regresando a los llanos,
voy volviendo hacia mi origen:
mezcla de indio y de blanco,
y aquí estoy en mi Neuquén
hombre-árbol semillando...
con la fuerza del pehuén
y el dulzor de los manzanos
parado al pie de mi sangre,
de frente, frente a lo extraño,
con la lanza maloquera
o el sable expedicionario.

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Muchas gracias por la generosa y paciente colaboración: don Emanuel Aguilar!!


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