domingo, 27 de noviembre de 2016

El cencerro



Melancólico cencerro,
cansado de rodar leguas,
al pescuezo de las yeguas,
por la llanura o el cerro;
tienes música de entierro
que hay veces que, con afán,
tu monótono "tan-tan"
nos brinda, en sus expresiones,
las errabundas visiones
de las cosas que se van....

Sólo pena y decepción
tu música sintetiza,
como la fría ceniza
de un extinguido fogón.
Una gran tribulación
siéntese, tu eco al vibrar;
y tienes, al repicar,
la canción con que te inmolas,
el mal de las tardes solas
cuando empieza a lloviznar...

Del monte espeso al guardarte
en la gran desolación,
comunicas la impresión
de que pronto has de apagarte...
Cual derrotado estandarte
te bates en retirada;
mas como la clarinada
de tu victoria final,
cantas un himno augural
¡el alma de la yeguada!

Entre el quebrar de las hojas
que amustia el alma campera,
te vas por la carretera
repitiendo tus congojas...
Grave tascar de coscojas,
de palenques el temblar,
se oye... y tu débil sonar,
ya a la hora del tramonto
es anuncio de que pronto
te tendremos que enterrar.

Yo no sé quién te inventó
(algún gaucho ha de haber sido)
ni en qué pago tu sonido
por vez primera se oyó.
Ignoro si alguien cantó
la pena que en tu son narras;
-armonía de guitarras
en postrer nota sensual-,
¡dolor del sauce otoñal
donde mueren las cigarras!

Tú fuiste la voz campera
que llenó los horizontes,
la música de los montes,
solaz del alma viajera;
consuelo de la tapera
cuando arreció el vendaval;
y con expresión cordial
has traducido a tu idioma,
¡la proeza de la doma
y las destrezas del pial!

Entre la fresca sonrisa
que de los campos emana,
parece que en la mañana
llamando, fueras, a misa...
El ave que va de prisa
detiénese al oír tu son;
y con recogida unción
se vuelve el campo profundo,
que no hay cosa en este mundo
sin su santa religión.

Tus graves melancolías,
tus azares, todos, son
inquietud y desazón
para las nostalgias mías.
Yo sé que en vano porfías
por recobrar tu vigor,
y advierto con sinsabor,
de tu música en los giros,
¡que tan sólo son suspiros
tus tintineos de amor!...

Te vas, música indecisa,
entre sombras y aleteos,
arrastrando los trofeos
de tradición, muy a prisa.
Lanza sarcástica risa
la fiera lechuza al verte,
y cual llorando tu suerte,
en la tarde que se va,
¡te está gritando el chajá
el alerta de la muerte!