martes, 21 de agosto de 2012

Pa'que se entere

(Pintura: Eleodoro Marenco)

Supe tener un gatiao
que fue flor de parejero;
muy bueno para los rayeros
¡siempre llegaba cortao!
Era un flete ponderiao
y obediente pa'l talón,
que en más de una ocasión
llenó de plata mi cinto...
Era tal como lo pinto
flete pa'la almiración.

Pa'los domingos fiesteros,
desfiles y romerías...
un zaino negro tenía
livianito y coscojero...
en él... lucía mi apero
de soga bien macheteada;
y al alvertir mi pasada
más de una moza decía:
¡"yo hasta la vida daría
por juirme en él... enancada"!

También mi marca llevaba
una rosilla lunanca...
que ya nomás, de potranca...
su instinto fiero, mostraba...
Si alguno se le animaba,
yo le daba sin recelo
y al terminar el revuelo
de espuelas y de rebenque,
¡un hombre junto al palenque
siempre quedaba en el suelo!

Y puedo seguir mentando
otros fletes que he tenido...
pero el que más yo he querido
nunca lo vi bellaqueando...
de la boca, siempre blando,
no se gastaba en partidas,
su capa no era lucida,
más bien lerdón y crinudo...
¡Pero pa'l trabajo rudo,
lo mejor que vi en la vida!

Ese sí que fue animal
pa'dedicarle un floreo...
aunque luiera en lo fiero
de la tarea rural;
supo afirmarse al barrial
atao en chata carguera
o levantó polvadera
tironeando del arao
¡y murió condecorao
por la marca'e la pechera!...

Los reseros

(Pintura: Rodolfo Vedoya)

Levantando polvaredas
van, por los “caminos reales”,
arreando los animales,
criollos de poncho y facón...
llevan el lazo a los tientos;
los “pingos” a media rienda...
y entre bramidos de hacienda
va cayendo la oración...

Va anocheciendo... Se escuchan
rebencazos y cencerros...
chiflidos... ladrar de perros
que amenazan el garrón...
El tropel de los vacunos
se va alejando en la huella...
-y se alumbran, con la estrella
de la tarde, el corazón-.

Vida gaucha, que te pierdes
en lo inmenso de los llanos,
como los ecos lejanos
de un arreo, en la oración...
cuando nubla mi existencia
la tristeza del camino,
me siento más argentino
soñando tu tradición.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Bota'e potro sin lonjear

(Foto: Daniel Sempé)

Con las armadas certeras
de los lazos zumbadores
están varios pialadores
revoleando puerta afuera,
pues al abrir la tranquera
saldrá un potro soberano
que por estar orejano
dispuso el patrón la yerra
y lo van a dar por tierra
cuando le junten las manos.

Hace manga el alambrao
donde el tiro es de revés,
es por eso que esta vez
todo'están del mismo lao,
hasta se han acomodao
buscando un mismo nivel;
tironeadores sin yel
si echar verija consiguen...
después de Eduardo Rodriguez
está el Hugo Balcarcel.

Lo sigue Aroldo Cabilla,
Masiay Cañete al costao
después Jorge Maldonao,
una persona sencilla.
que arroja tras la presilla
en cuanto se acomodó
y un poco se retiró
pa'que la manga se ensanche
porque sigue Pedro Sanchez
y el Ismael Albornoz.

Y el último en esa hilera
que se ha prestao al trabajo,
¡Alerta como un badajo!
Nelson Bonadeu espera.
Si pareciera que fuera
como un símbolo parao,
ya lo dijo Wenceslao
después de tanto observar:
"Siempre el seguro en pialar
es el menos apurao".

Casi toda la potrada
pasan de a uno en la tranquera
y al disparar campo afuera
se cierra firme una armada...
Y fue fatal la rodada
en semejante revuelo,
en tierra ganaba el cielo
como un pampero que pasa
y una yegüita picasa
quedó quebrada en el suelo.


Y después de despenarla,
cuando se hubo desangrao,
las botas se le han sacao
pa poder aprovecharlas.
Y el curtido sin lonjearlas,
eso lo hizo a mi pedido,
pues don Valdez decidido
me explicaba: "En este caso
al ser el pelo picaso
queda siempre renegrido".

Y como los días se van
y el camino me ha llamo
desde Río colorao
llegué a General Pirán,
allí está Ramón Luján
que siempre el calzao compuso
y muy buena intención puso
cuando las dejé encargadas,
y son sin lonjear calzadas
las botas de potro que uso.



Esquina de Argúas



Mojones de avanzada
fueron un día...
por toda nuestra pampa
las pulperías.

Mi pago de Arbolito
¡quién lo diría!
antes de ser poblado
tuvo su "Esquina".

Y era la Esquina Argúas
por "El durazno"
lugar para el gauchaje
muy codiciado.

En esa pulpería
cambió caballos
la galera que vino
desde "El Salado"
..........................
..........................
¡vieja Esquina de Argúas
te estoy cantando!...

Afuera en el palenque
de noche y de día
cantaron las coscojas
sus melodías.

Y si un cantor del campo
templó su "prima"
siempre tuvo algún verso
pa'don Salinas.

Y la Esquina de Argúas
sigue durando,
como en aquellos tiempos
allá... en mi pago.

¿Qué no hay pulperías...?
¿Quién te ha contado?
Arrímese a mi pueblo
venga paisano...
..........................
..........................

¡Porque la vieja Esquina
sigue durando!............


(Foto de Nora Susana Abrego)

El hornero



Unos lo llaman Casero,
Alonsito o Albañil,
Juan del Barro allá en Brasil,
en mi pago... en mi pago es el Hornero.
Con paso vivo y ligero,
de rápidos movimientos,
suele caminar atento
bichando sin alzar vuelo,
la vista fija en el suelo
en busca de su alimento.

De color pardo terroso
los ojos, patas y plumas,
pechera blanca se suma
pa' dar un pájaro hermoso.
Ni su canto melodioso,
ni un plumaje colorido,
ni un vuelo muy sostenido
le da el renombre que tiene,
porque su fama mantiene
por cómo construye el nido.

La cabeza redondeada,
el pico largo y delgau,
ligeramente curvau
y un no sé qué en la mirada.
La cola larga y cuadrada,
media rojiza además,
y dos patas que quizás
le sirven pa' andar galante,
con tres dedos pa' adelante
y uno más corto pa' atrás.

Arma el nido en cualquier lau,
árbol, corniza o tranquera,
un molina, una cumbrera
o el poste de un alambrau.
Después que el barro ha encontrau
con hoja o crines lo amasa
y con el pico se pasa
meta acarrear con esmero
y en pocos días el Hornero
ya tiene lista su casa.

Siempre Hornerito has construído
a cada cría un rancho nuevo,
y como flores los huevos
que en primavera han venido.
Con tu pareja que ha sido
fiel de por vida con vos,
animalito de Dios,
digno ejemplo de ternura,
ya que al llegar la postura
dicen que incuban los dos.

Tordos, víboras, jilgueros,
comadrejas y gorriones,
son los posibles ladrones
de la casa del Hornero.
Que habrá de jugarse el cuero
con el pico y su cantar
pa' que no puedan dentrar
a la alcoba ni a la sala,
donde la hornera se instala
pa' los pichones sacar.

Se turnarán, sí señor,
para traerles comida,
y al volver uno en seguida
canta y le avisa a su amor.
En dúo con gran valor
cuando salga de la sala,
como aplaudiendo las alas,
cara al cielo y pico junto,
cantarán de contrapunto
sacando pecho con gala.

En el campo me han contau
que el nido al rayo lo ataja,
que el domingo no trabaja
ni tampoco los feriau.
Pero del indio olvidau
si entramos a estudiar su ciencia,
encontramos una creencia
aunque rara muy hermosa,
pa' que aprendan a hacer chozas,
se lo envió la providencia.

Si canta en un temporal
es porque está por parar,
y el que lo llegue a atacar,
seguro que le va mal.
Dicen que es medicinal
solo nido abandonau,
un trozo de horno mojau
pa' la afección en la piel,
se pasa un trocito de él
y al tiempo estará sanau.

Es el ave nacional,
es símbolo de trabajo,
y es dicha lo que nos trajo
ese pequeño animal.
Es augurio sin igual
ver su nido donde quiera,
o su estampa tan campera,
sencillo aunque bien plantau,
arquitecto consumau
y un albañil de primera.

A dónde se habrá marchau
con ese humilde aleteo,
que ya casi no lo veo
sobre su nido, sobre su nido parau.
Es un pájaro sagrau
y mansito por demás,
si vuelvo el tiempo pa' atrás
cuando la gomera usaba,
cualquier bicho cascoteaba
pero un Hornero jamás.

Hornerito qué te han hecho,
decime por dónde andás,
cabeza echada pa' atrás,
bien firme sacando pecho.
Hoy que estás en el repecho
yo te quisiera encontrar,
pa' ansí poderte invitar
ande vivo lo más pancho,
pa' que compartas mi rancho
que quién te va a molestar.

martes, 14 de agosto de 2012

Mi relincho


Hoy tengo un “bayo encerao”
que tiene… el pelo de oro
y aunque yo extraño mi “moro”
en él ando bien montao.
Cuando le pongo el recao
empieza a mostrar su brillo,
sale de tranco sencillo
y mi alegría amanece.
¡Si pienso que se parece
el caballo de un caudillo!

Va jugando con las riendas
cuando pega un escarceo
y me juego en un floreo
si nos mira alguna prenda,
quizás alguno comprenda
mi condición sin igual
y digo en forma cabal
no lo doy ni estando enfermo,
al regalo de Guillermo
de la Patria, un general.

Si voy al boliche en él
y me atraco al mostrador
se siente solo un rumor
todos lo miran a él.
¡Qué solapa pa’ un clavel!
¡Qué yapa pa’ mi trenzao!
Me lo halagan dimasiao
y eso me pone contento
y pienso pa’ mis adentros
¡ese es mi “bayo encerao”!

Es bueno pa’ la sortija
y ligero como luz
de correr un avestruz
en el terreno que elija;
cuando lo monta mi hija
su estampa es igualita
a aquella imagen bendita
de una historia que se ha ido
y lo veo parecido
al pingo de Manuelita.

Está calzado de tres
y le hablo pa’l que’ntienda,
así reza la leyenda:
“no lo vendas ni lo des”.
Es un pingo sin revés
y por todos codiciao,
es pronto en cualquier mandao,
preciado como tesoro,
y aunque yo extraño mi “moro”
¡en él, ando bien montao!

Del corazón pa'dentro



Del corazón pá allá no hayo palenque
ni pa´ manear un pucha que se dice;
cada cosa que miro se retuerce
en un quise poder y no te quise,
como quien mira largo pa´ hacer facha
y se le piala el ojo en las narices.

Del corazón pa´ acá, es otra cosa,
ahicito ande termina la pregunta
empiezo a terminar junto con ella
y aunque pa´ mucho siempre fui de punta
pa´puntudo soy mocho y medio mella...
¿quien pudiera saber ande se junta todo el
dejunte que encontré en la huella!

Del corazón pa´arriba tengo miedo,
cada miedo que duele hasta en las uñas
y cada vez que se abaj'a las berijas
sube hasta la cabeza y las calu'nia.
Pa´ la yunta de abajo,
es una fija aguantarse de boleo la pezuña,
el miedo se te gana en la rendija
y por más que uno apriete, se hace cuña.

Del corazón pa´abajo, no hay apuro,
ni de saber pa´qué, ni que, ni cuando
durar como otros duran y yo duro
y estar contento por seguir durando,
soñarse juerte por saberse blando
y en cada blandidez morir un rato
tan olvidado de mi que me delato
en la miseria de sentirme nada,
ser azúcar de "yel" en llamarada
incendiao de escarcha en desacato.

Del corazón pa´dentro,
hmm, del corazón pa´dentro
quien diría que tengo un corazón y tiene adentro.
Vaya a saber qué diablos pensaría el Creador
que hizo al hombre como centro ....
Si alguna vez en la razón lo encuentro
tal vez sin preguntarle lo interrogue:
¿Qué tiene el corazón pa´ que se ahogue
ni bien intento socavarle el celo?
Si en una sola lágrima hay un cielo
habrá un millón cuando se desahogue.

Del corazón pa´ dentro: ¡quien diría
que tengo un corazón y tiene adentro!...

La yegua "Ranita"



Era la yegua "Ranita"
animal de muchas mentas,
y que llevaba en sus cuentas
por muchas montas, invicta.
Preferida, favorita
de su dueño un campechano
que al bajar tantos paisanos
en las fiestas lugareñas
convertíase en la dueña
de los campos entrerrianos.

Pero había un Oriental,
llamado Ramón Fernández
que nació para ser grande
más bien dicho un inmortal,
él, que en su patria natal
como caso positivo,
lo registran los archivos
como algo sensacional,
campeón internacional
cuatro años consecutivos.

Y al hacerle un desafío,
el dueño del animal
aceptaba el Oriental
de montarla en Entre Ríos.
Y causando el albedrío
de todo el pago entrerriano,
llegó a montarla el paisano
por una suma de pesos
con un tiento del pescuezo
prendido a una sola mano.

Y llegaron de ambos suelos,
Argentinos y Orientales
para ver a esos rivales
en aquella lucha en pelo
y encontrándose en un duelo
que no era de darse tregua
gauchos que de muchas leguas
por presenciarlo llegaban,
tanto al hombre le apostaban
como al lomo de la yegua.

Y ese domingo el gauchaje
solo esperaba el momento,
de aquél acontecimiento
nunca visto en el paraje.
La yegua tenía el pelaje
brilloso de tal manera
que ágil como una pantera
al traerla embozalada
más que una reservada
parecía una parejera.

Así al palenque llegó,
el hombre y el animal
y de un salto el Oriental
sobre el lomo le cayó.
Más de un paisano pensó,
equivocado quizás,
que aunque Ramón era audaz
y la yegua no fallaba,
aquella tarde bajaba
sin duda otro gaucho más.

Pero Ramón que se empeña
un triunfo más conquistar
está dispuesto a pelear
como gato entre la leña,
y ella que siempre fue dueña
de los campos argentinos
con un instinto felino,
ni bien se sintió enganchada
sacudiendo una patada
arrancó a los remolinos.

Tal vez la contaba en robo
la yegua, ni bien salió,
ya que sin clina quedó
en los primeros corcovos.
Mientras un gaucho con su trovo,
unos flores hacía,
el hombre con valentía
después de darle un azote,
del tientito del cogote
tan solo se sostenía.

Era increíble ver
del hombre la valentía,
y ella el empeño que hacía
pa poderlo desprender,
su intención era vencer
según su costumbre vieja
y en lucha cruenta y pareja
cuando el hombre se inclinaba
a ocasiones le tocaba
con el pecho las orejas.

En la lucha encarnisada,
del hombre y del animal,
se veía que el Oriental
no le aflojaba por nada.
Y entre aquella paisanada
que ardiente lo ovacionaba
al ver que el hombre la andaba
prendido a una sola mano,
tal vez no faltó un paisano
que en silencio lagrimeaba.

Hubo aplausos y emociones
de gente que lo elogiaba
al tiempo que bocinaban
los coches y los camiones,
latían los corazones
fuertemente emocionados,
y después de haber luchado,
el hombre con gran valor
junto a un apadrinador,
de un salto cayó parado.

Así luchó la "Ranita"
con la potencia de un buey
pa perder en buena ley
sus largas mentas de invicta.
Más por eso no le quita
que se merece elogiarla
que aunque Ramón pudo andarla
todavía le quedan rollos,
por si le toca algún criollo
tiene el gusto de probarla.

Mientras que Ramón Fernández
por su gaucha trayectoria
ha de quedar en la historia
de los grandes entre los grandes.
y yo pienso que Los Andes,
de grandeza colosal
comparao a este Oriental
tienen el mismo tamaño,
pensando que fue cuatro años
campeón internacional.

Ocaso pampeano

El grito en la sangre



Película a estrenar en el 2013.-!!!