martes, 31 de agosto de 2010

El mejor pingo del pago

(Pintura: Carlos Montefusco)
Soy pobre y no tengo nada
y puesto que nada tengo
a contar la historia vengo
de mi mocedad pasada,
porque al pulsar la encordada
cada vez que tomo un trago
sin mentir y sin halago
suelo darme a conocer.
Porque yo supe tener
el mejor pingo del pago.

Yo fui el gaucho de melena,
vincha, chambergo y barbijo
que supo lucir prolijo
pañuelo y chaqueta buena,
una rastra con cadena
adorno del tirador,
un puñal de lo mejor,
chiripá, bota y espuela,
un poncho y una vihuela
y en el alma un payador.

La preciosa compañía
de mi rancho y de mi china
en mi gran pampa argentina
fue el orgullo de mi hombría,
y cuando una fiesta había
en cualquier parte que fuera,
mi gaucha a lo pueblera
se arreglaba el empilchao,
y yo con ella ennancao
caía a la fiesta campera.

Me bailaba un pericón,
zamba, cielo, cueca o gato,
luego les cantaba un rato
y me acercaba al fogón
donde el verde cimarrón
con tortitas no faltaba,
luego a apostar se empezaba
a las carreras cuadreras,
y hasta las chinas puebleras
clavaban suerte en la taba.

Y cuando apuntaba el día
el gauchaje entusiasmao
se le prendía al asao
con la mayor alegría,
el que prenda no tenía
se ofrecía de compañero,
y si el tiro era certero
a la que se le apuntaba,
tanto y tanto la ronceaba
hasta prenderle el yesquero.

Por eso que al lamentarme
cuando el pasado recuerdo,
de rabia chupo y me muerdo
porque no puedo olvidarme,
y al no poder habituarme,
a soportar el amago,
con el recuerdo me embriago
porque esa es la pena mía,
recordarme que tenía
el mejor pingo del pago.

Moreira murió, y su muerte,
fue la muerte del gauchaje
que con altivo coraje
jamás le temió al más fuerte,
yo por desgracia o por suerte
como reliquia he quedao,
y tan pobre me han dejao
los que hoy tienen el oviyo,
que por no pedir cuchiyo
hay veces ni como asao.

El merecido


¡No te cruzo la jeta de un lonjazo
porque te tengo lástima, sotreta!...
¡Prepará d'enseguida tu maleta;
montá el "nochero" y arrimá el "picazo",

que aquí tenés las pilchas de tu apero,
pa qu'ensillés ¿me has oído? y sobr'el pucho
te alejés d'estos ranchos, que hace mucho
soportan tus alardes de grosero!...

No has andao lerdo pa "mostrar la hilacha",
-aunque, ¡de poco te sirvió el apuro!-,
porque habrás aprendido, de siguro,
que no es lo mesmo güérfana que guacha...

Pensabas que el amor como el carancho
ha de saciar en carne su apetencia,
y créibas -¡Dios bendiga tu inocencia!-
que no cabe el honor dentro de un rancho;

pero la garra de la moza altiva
te trujo a la razón, cuando, insolente,
pujaste hasta poner sobre tu frente
el beso que ha de asquiarla mientras viva!...

¡Brutal como tu istinto jué su zaña!
Decime ¿habrá quién dude, al verte ansina,
qu'en trances d'esa ley saca una china
aliento pa voltiar una montaña?...

Vos no pensaste ansí, dejuramente;
¿rebelarse a tu hombría?... ¡qu'esperanza!,
pero ella puso un ¡miente! a tu confianza,
dibujando esa "flor" sobre tu frente!...

Gueno es que aprienda el que querer no sabe,
y si no, ¡que no quiera!... -Esta advertencia
quiero que llame juerte a tu concencia
y dentr'en ella, porqu'en ella cabe...
.......................................
.......................................
Mirame y no llorés... No quiero llanto;
solo quiero, sabés? que lo que has hecho
no güelva a repetirse bajo el techo
d'este "nido" de paz, mil veces santo...

Andá y pedí perdón, que la ofendida
no conoce el rencor más que de vista,
y si pa lesionarte anduvo lista,
no ha de andar lerda pa curar tu herida...

¡Andá te digo!... ¡Obedecé o m'enojo!...
Decile... ¡yo no sé!... lo que te cuadre;
pero jurale por tu pobre madre
que nunca volverás a ser tan "flojo"...

Yo ya te he perdonao, y sólo espero
que tu concencia a la razón atienda,
pues, si tras del perdón viene la enmienda,
concluirán tus alardes de grosero...

Consejo

(Foto: Eduardo Amorim)
Si es pa sacarle provecho
a un golpe...¡pegátelo!...
que aquél que más se cayó
es el que anda más derecho;
el ciego hasta saca pecho
de tan derecho que va,
porque bien seguro está
después de tanto golpearse,
que va en el saber cuidarse
no volver a tropezar...

Cuando al subir un repecho
te vas sintiendo cansao,
¡es lindo!, te habrás fijao
descansar de trecho en trecho;
y si el destinto te ha hecho
sufrir todos sus rigores,
te parecerán amores
los momentos de bonanza,
mas sin perder la esperanza,
que vendrán tiempos mejores.

domingo, 29 de agosto de 2010

Charrúa

(Foto: Eduardo Amorim)
Sos como tiro e'payanca
cuando pialo puert'ajuera;
de mi oscuro en la frontera
vos, sos la estreyita blanca;
arroyado sobre el anca,
vos, sos mi lazo trenzao;
mi calzonciyo cribao;
mi chiripá de merino,
candil con que me ilumino
p'hacert'este escrituriao...

Vos sos mi freno entrerriano
barbiador y coscojero;
sos mi facón caronero
que abomba si cae de plano;
sos rumbo que hago en el yano
oriyando algún guadal;
y en la fresca matinal,
pa envidia de los mostrencos,
la bandada de flamencos
que se alza del fachinal...

Sos la luz de l'alborada
tras de la nube rosiya,
madrina de mi tropiya
que va buscando l'aguada;
sos la marca recaldeada,
que es tarja con punto al centro
y en las domas, tierra adentro,
de mi espuela la rodaja
qu'en el costiyar s'encaja
sin charquiarlo en el encuentro.

Sos, como para un desparramo,
mi trabuco amartiyao
y del porrón degoyao,
la caña con que me mamo;
pero, yo al cuete te yamo,
con el ñudo del goyete;
te me perdés, la gran siete
entre el alambre de púa:
¡si sos pabeyón charrúa
flameando en el mojinete...

La calumnia

(Pintura: Carlos Montefusco)
Ella estuvo en la tranquera,
mirando fijo el camino...
¡Esperó en balde!...¡No vino!...
y oscureció campo afuera.

"¡Por ahí viven los Aldabe;...".
"él tuvo amores con Pura..."
"¡Pero nó; si siempre jura"
"que no lo quiere!...¡quién sabe!"

Esto dijo sin malicia,
rumbeando, triste, hacia adentro;
y el perro salió a su encuentro
para hacerla una caricia.

Mientras busca en su defensa
mil razones, mil excusas,
intercalan las lechuzas
una duda en lo que piensa.

Cuando se dió por vencida,
golpeada por la tristeza,
fue inclinando la cabeza
hasta quedarse dormida.
.................................

Da un tero su voz de alerta,
diciendo a gritos su nombre;
y la silueta de un hombre
pasa acechando la puerta.

Viene borracho de pena.
Viene estrujando sus nervios.
Es de los gauchos soberbios,
pero el amor lo sofrena.

Le han dicho en la pulpería
que, de un rancho al rancho de ella,
un hombre marcó una huella
que no olvidó todavía.

Muerde a ratos el barbijo,
la garganta se le anuda...
¡quisiera poner en duda...
la honradez del que lo dijo!

Piensa nombres diferentes;
ve de un amigo la sombra.
Tiene miedo; no lo nombra...
y hace rechinar los dientes.

Así llega hasta su choza
llevando un martirio a cuestas...;
y el perro, aquel, le hace fiestas
como enviado por la moza.

Toma y deja sus maletas...
se acuesta, luego hace empeño
por echarle un pial al sueño
que le anda haciendo gambetas.

¡Es otra nueva derrota!
De contrario a sus anhelos,
tiene un camoatí de celos
que el amor propio alborota.

Loco de dolor ensilla;
no estriba, monta de un salto.
¡Tan ligero cruza un alto
que lo ahoga la golilla!

Mi ombú


Cien años! Cada arruga es como un tajo
que lo hizo cicatriz algún ricuerdo.
Ya no queda cuchillo en todo el pago
que no haiga puesto el nombre de su dueño.

Letras que son promesas de los novios
y grabaron allí pensando en ella.
Es un tatuaje gaucho, claro y hondo
que el ombú va a guardar hasta que muera.

Árbol de savia criolla, que abre entera
su copa pa dar sombra a los viajeros;
hincha el lomo 'e las ráices juera 'e tierra,
pa que venga el cansao y tome asiento.

Cuanto pájaro llega hasta sus ramas
engancha su vivienda entre las hojas;
¡Cada nido parece una medalla
que se hubiera ganao por güen patriota!

Hay una cruz clavada al lao del tronco,
hecha con la guitarra de una moza.
¡Yo mesmo la enterré, junto con todo
lo que ella me contó cuando de novia!

Por eso que, aquí cerca, alcé mi rancho;
pa que de noche, cuando baje su alma,
me halle sobre las raíces, esperando
que me ponga de poncho sus dos alas.

Pa que me diga al oído, muy bajito,
lo mesmo que me dijo cuando entonces,
mientras quema una vela en su pabilo
y goteando en la cruz, llora mi nombre.

Llora por mí que ya no tengo lágrimas
¡treinta años lagrimié, siempre en secreto!
Naide más que mi ombú vido mi cara,
porque jueron sus hojas mi pañuelo.

Triste


Guitarra dueña del trino,
envidia de los zorzales
por donde brota a raudales
el sentimiento argentino.
Otra vez en mi camino
vuelvo a buscar tu canción,
pero no tienes el son
aquel que en lazos estrechos,
nos unió como dos pechos
en un solo corazón.

Ya no responde a mi afán
tu cordaje lastimero
como si fuese un alero
donde las aves no van...
Tristes los campos están
cual si fuera oscurecer...
y en lo más hondo del ser
que a la pensa se habitúa...
se desata la garúa
de las nostalgias de ayer...

Triste el arroyo dormido
de la loma se desata
como un suspiro de plata
en la llanura perdido....
Murmura el viento al oído
sollozos de la tapera
y toda el alma campera
se hace lágrima en los ojos;
más triste que los rastrojos
después de la sementera!

Ya el rancho no tiene nada
de aquel tesoro sencillo
que dió consistencia y brillo
a la hitórica jornada.
Parece que despiadada
la grandeza olvidadiza,
en la gloria que agoniza,
hubiera de un manotón,
deshecho el patrio fogón
y aventado la ceniza...

A lo largo del camino,
parece el viento la queja
de lo grande que se aleja
envuelto en un torbellino...
Nubla el cielo del destino
de la duda el temporal
y una sombra sepulcral
cruza la noche distante
como el alma en pena errante
de la gloria nacional.

Como estigma del pasado,
solo queda de la raza,
el surco que despedaza
y la espiga del mercado.
Y trueca el pueblo cansado
la melena del león
en librea de baldón
sin que la patria se acuerde...
tropa mansa que se pierde
al caer la cerrazón...

En la abundancia caído
el pueblo aquel de la hazaña,
se confunde en la maraña
como un pájaro sin nido...
Árbol que rueda partido
por la tormenta en miñangos,
arroyo que se hace fangos
cuando la seca lo abruma...
restos altivos de puma
que devoran los chimangos.

El recuerdo de otra edad
en la niebla se diluye
como un fantasma que huye
de su propia soledad...
Un viento de tempestad
descogolla los plantíos
y los árboles sombríos
en los lejanos ponientes,
parecen almas ausentes
sobre los ranchos vacíos.

Enramada sin aroma,
la tradición argentina,
no la borda la glicina
ni la arrulla la paloma.
La sequía de la loma
marchita el trébol de olor
y el surco del arador
siempre fecundo y abierto,
como la fosa de un muerto
está esperando al cantor...

Guitarra, triste guitarra,
ya no suenas como antes,
con los estilos vibrantes
y la milonga bizarra.
Tristezas cívicas narra
el poema de tu son;
has perdido la canción
la que con lazos estrechos,
nos unió como dos pechos
en un solo corazón.

jueves, 26 de agosto de 2010

Mi cómplice


Cuando el cielo se oscurece
la luna duerme en su falda,
y un anónimo pincel
dibuja estrella de plata.
Sólo el viento tiene voz
por los zumbidos que arranca
que al confrontar con los árboles,
se convierten en palabras
para romper el silencio
de mis noches solitarias.

Dicen que la soledad
si es enemiga te mata,
pero si uno se hace amigo
aunque es sola, te acompaña.
No es una única persona
quien en el silencio habla.
Son dos soledades juntas;
la del cuerpo y la del alma.
Una sin otra no existe
y otra sin una, no es nada.

Mis canciones más honestas
y mis ideas más claras,
surgieron, precisamente
en horas de madrugada.
Cuando un grillo traicionero
le pone al silencio trampas,
suelo ponerme de pie
enfrentando mi ventana,
que es un espejo gigante
para mirar mi mirada.

Aunque esté entre multitudes
y el ruido también atraiga
son efímeros momentos
por algunas circunstancias.
Pero nada es comparable
a mis madrugadas largas,
donde la luna es mi cómplice
hasta la hora que se marcha,
que es cuando voy a contarle
los secretos a mi almohada.

Que grande es el mundo afuera.
Que pequeña que es mi casa.
Pero si se observa bien
es un palacio de gala,
donde no hay trono ni reina,
emperatriz ni monarca.
No precisa de esas cosas
porque con muy poco basta.
Así es mi felicidad
y con ser feliz, alcanza.

Muchos vivirán, pidiendo,
yo en vez de pedir, doy gracias,
cuando me encuentro a mí mismo
en mis noches solitarias.
Mientras habiten silencios
en el mundo de mi casa.
Cuando con la soledad,
pase las horas más gratas.
Y recién pueda dormir,
cuando mi cómplice marcha.

Mi cariño ya perdido


Voy cual errante trovero,
por la desierta extensión ,
modulando una canción,
al tranco del parejero
y voy cruzando altanero,
a la gran senda soleada,
largándome a la cruzada,
los rigores del pampero.

Mi cariño ya perdido,
de lo que ayer supe amar;
en honda duda pesar;
recuerdo de lo que he sido,
mi recuerdo he sumergido,
en los crueles sinsabores,
que cubierto de dolores
cruzo el campo del olvido.

Soy aquél que en la frontera,
tenía el rancho de mi amor;
hoy solo queda rencor,
olvidando campo afuera,
sin una alegría siquiera,
por recordar; bien perdido,
soy un paisano abatido
de esta raza, altanera.

Soy un paria sin guarida,
que por el llano infinito,
voy al tranco, al galopito
sin calma en mi triste vida,
llevando una honda herida,
en mi gaucho corazón,
herido de una pasión,
sueño la dicha perdida.

Entero quiero quemarme (Estilo)

(Pintura: Carlos Montefusco)
La pampa supo mi paso
cuando marché pa'la guerra
pues fui golpiando la tierra
con la rudeza 'e mi canto.
Hoy, después de rodar tanto
entre los campos salvajes
dejé 'e cantarle al coraje
para cantarle a tu amor
que's lo mesmo que una flor
después de tan largo viaje.

Cuando en el cruel entrevero
asquiao de sangre y lanzasos
pensaba en bajar los brazos
y ansina entregar el cuero,
me asaltaba tu ricuerdo
y me abrazaba tan fuerte
que la espantaba a la muerte
y me infundía valor;
prienda, en la guerra, tu amor
jue mi ponchito'e la suerte.

Hoy que me encuentro de vuelta
en el pago'e tu cariño
le pongo un poncho de olvido
a lo mucho que sufrí;
debo sentirme feliz
de que supiste esperarme
por eso voy a quedarme
a tu lado mientras viva,
y en tu pasión encendida
entero quiero quemarme.