lunes, 7 de noviembre de 2011

A don Crisanto Toledo

Hablar de don Toledo Crisanto
es hablar de tradición
por eso en esta ocasión
le ofrezco mi humilde canto;
criollazo entre los tantos
que cruzaron mil caminos,
hoy ya ve que el destino
no me fue indiferente,
de hacerme estar frente a frente
junto a este gaucho argentino.

Según me lo han comentao'
que fue resero y domador,
y de "Las Rosas", de Bungiborn,
un excelente encargao';
gaucho altivo y preparao'
y por demás consejero,
que lo mismo que el hornero
su ranchito hubo formao:
allí crecieron a su lao'
sus gurises compañeros.

En las fiestas tradicionales,
luciendo hermoso chapiao',
también fue abanderao'
junto a otros comensales;
en los bailes nacionales
ayer se supo lucir
y demás está decir
en los pagos en que ha andao'
al chuzo más renegao'
su rigor le hizo sentir.

Cual errante peregrino
cruzó valles, cruzó sierras,
y en pulperías y yerras,
hizo un alto en el camino;
sus cabellos blanquecinos,
que cubren su ajada frente,
son espejos relucientes
de todos sus admiradores,
y orgullo de domadores
del pasao'y del presente.

Mas luego ganó pa'l poblao'
dejando pampas y baguales,
pero las fiestas tradicionales
siempre lo tienen a su lao;
desfilando de abanderao'
junto a la gaucha bandera,
va flameando su cabellera
como penachos al viento,
¡si merece un monumento
esta reliquia campera!

Libro abierto pa'la mozada
y orgullo del gauchaje,
reciba este homenaje
en nombre de la paisanada.
Que giman las encordadas
festejando tan grato día
en tan dulce compañía
de don Toledo Crisanto,
y así termina mi canto
pa'un gaucho de Olavarría.

Ya no soy aquél campero


Ya no soy aquél campero
que lucí con tanto honor
mi rastra, mi tirador
y aquél aludo sombrero;
quizás en algún ropero
o tiradas en un rincón
junto al poncho y el facón
se encuentren abandonadas,
que ya no sirva pa'nada
lo que antes usó este varón.

Tal vez no las vuelva a ver,
las pilchas que yo he lucido,
unas, sé que se han perdido
y otras vendió mi mujer;
yo no soy ni debo ser
el último ni el primero
que el destino traicionero
le hizo una mala pasada
dejar a un hombre sin nada,
olvidado y prisionero.

Yo he sido, soy y seré
un hombre de poca suerte,
pero mis verdades vierten
y en este verso diré:
por mi vida yo crucé
por malos y buenos pasajes,
atiéndame el paisanaje,
lo digo y sigo diciendo,
que el que nació pa'remiendo
... difícil que llegue a traje.

Supe tener un recao'
con cuatro matras bordadas,
que las compré de pasada
en un boliche en Bragao';
también el poncho encerao'
y las espuelas de fierro,
marca "Yegua" era un cencerro
que hacía sonar el badajo
cuando salía bien pa'abajo
con mi tropilla y el perro.

Mi recao' era bien gaucho
como "Carpincho", su dueño,
me lo armé con mucho empeño
allá en los pagos de Ranchos;
cuántas veces, a lo gaucho
lo tendí pa'descansar
cuando sabía llevar
junto con otros reseros,
ganao pa'algún estanciero
que sabíamos acarrear.

Mi gaucho lazo trenzao',
con cascabeles de guampa,
que un payador de La Pampa
un día me le hizo un verseao',
fue un lujo, que en el Salao'
en el puente'e Las Gaviotas,
tiré con todas las tortas,
me quedé con la presilla,
y lo saqué hasta la orilla,
medio ahogao' al Cacho Costa.

Ese lazo lo trenzó
mi amigo el Negro Acevedo,
de Ranchos, ese soguero,
y él mismo me regaló;
por eso lo extraño yo
a ese recuerdo, paisano.
Pueda ser que en gauchas manos
ande mi lazo prolijo,
que se haya hecho cargo mi hijo
o alguno de mis hermanos.

¿Qué será de la encimera
y los estribos calaos'
que adornaban el recao'
con las tres Marías potreras?
Me acuerdo como si fuera
cuando sabía ensillar
un potro pa'jinetear
con mis pilchas argentinas,
y hoy que me veo en la ruina
me dan ganas de llorar.

Por las pilchas no me aflijo,
tampoco por la mujer,
lo que no quiero perder,
el cariño de mis hijos;
entonces, sería preciso
que yo diera las razones
de mi alma en estos renglones
con el alma dolorida:
lo que más quiero en la vida
es mi madre y los pichones.

Señores, así me planto


Señores, así me planto
pa'que el gaucho no se pierda,
y taloneando seis cuerdas
entro al rodeo del canto;
sereno mi voz levanto,
nunca fui de atropellarme,
pero el que quiera pecharme
que tiemple bien y se embarque,
yo soy Juan Antonio Márquez
y el resto sabré jugarme.

De los montes de El Tordillo
donde nací con orgullo,
mesmo que el cardo y el yuyo
traigo mi acento sencillo;
como abrojo'e cojinillo
me le prendí con esmero
a los trabajos camperos,
me fui en la estancia criando,
de esquilador, mensualiando,
de tractorista y de hachero.

Doy gracias a mi destino
de andar libre, recorriendo
a mi tierra y conociendo
nuevos pagos y caminos;
mi corazón argentino
en cada fogón que llega
lo más puro les entrega
y quiero el recuerdo talle,
cuando canté por Lavalle,
Semana de Santos Vega.

Y siempre andando las huellas
entre cerros, monte y llano,
pienso en mi padre Mariano
que hoy anda entablando estrellas;
en mi madre, lira ella
que sufre si estoy ausente,
y al regresar de repente
me besa con insistencia,
y de los dos por herencia
llevo bien limpia la frente.

Y ahora voy estribando
pa'montar y despedirme,
y siento en el pecho al irme
que una pena va brotando;
volveré, no digo cuándo,
pero dudas nadie exponga,
que pronto Dios lo disponga
y que el criollaje reúna,
será mi mayor fortuna
cantarles otra milonga.

domingo, 6 de noviembre de 2011

De güelta al pago

(Pintura: Eleodoro Marenco)

Cuantos corcobos ha dáo
el corazón en el pecho,
al verme abajo del techo
ande de chico m’he criáo!
juguetón ha retozáo
golviendo al pago querido,
ande gozar he podido
en un tiempo que se jué,
tiempo de venturas que
guardo muy hondo escuendido!

Allí está el rancho tostáo
por los soles del verano;
allí es ande gocé ufano
dichas que el tiempo ha lleváo!
Allí es ande yo he soñáo
con margaritas y aromas
que lucen allá en las lomas
como queriendo decirme
dende que yo pensé en dirme,
que allí lloran las palomas!

Hasta el pastito mojáo
que allí aplasté con mis pieces,
se me hace, como otras veces,
que al verme me ha saludáo!
Pucha! y yo que lo he dejáo
solo, como una tapera,
sin mandarle tan siquiera
en el potro de los vientos,
unos cuantitos lamentos
pa’ decirle que me quiera!

Cuatro corcobos ha dáo
el corazón en el pecho,
al verme abajo del techo
ande de chico m’he criáo!
Los campos me han saludáo,
y la brisa, tristemente,
se ha posáo sobre mi frente
besándome, placentera;
¡que linda es la madriguera
pa’l cachorro que está ausente!...

Amanecer en mi pago

(Pintura: Errecaborde)

Se oye un cencerro a lo lejos
de alguna yegua madrina
entre la espesa neblina
que cubre el campo parejo…
Ni bien se asome un reflejo
entre los talas añosos
del gaucho sol bondadoso
emponchando al pobrerío,
saldrán corajeando al frío
los mensuales laboriosos.

El capataz en un “moro”
pa’l pechazo garantido…
yeva a los tiento’un torcido
como pa’ volcarlo a un toro.
Un domador mozo floro
redomoniando un gatiao
también se haya entreverao
entre risas y chacotas…
con una boina grandota
y tirador escamao.

Desde los campos linderos
se oyen balidos y gritos,
se escucha el “hopa”, clarito
de los paisanos reseros…
Entre el vocerío de teros
en un “tordiyo” charcón,
va rumbiando al cañadón
el nutriero de la estancia
mientras que busca distancia
disparando un charabón.

Sin más peón que una bandera
un alambrador muy crioyo,
va perfilando los hoyos
con el poste ‘e la tranquera.
El gringo ‘e la jardinera
cargao con papa y zapayos…
apura su pingo “bayo”
pa’ rescostarse a la oriya
y dar paso a una tropiya
como de quince cabayos.

Entre los frescos terrones
aparceriao por gaviotas…
el arador da la nota
pa’ los curiosos mirones.
Dos puesteros ya viejones
comentan del temporal
y un tambero, del corral
sale en su carro lechero
mientras relincha el nochero
como exigiendo el morral.

Solo quedó en la matera
un viejito que’s soguero…
macetiando algunos cueros
tranquilón a su manera.
Así es la gente campera
que hoy en mis versos halago
mientras saboreo un trago
del amargo cimarrón…
me va inspirando el fogón
cuando amanece en mi pago.
(Pintura: Errecaborde)

sábado, 5 de noviembre de 2011

Dorreguero y payador

Don Luis Acosta García
nombre que sobrevivió,
muchas veces le cantaron
hoy quiero cantarle yo.
Nació en Coronel Dorrego,
ciudad que no lo olvidó
y al nacer ya estaba escrito
tenía que ser payador.

Enfrenó un día y saló
en aras de su destino
recorrió muchos caminos
y en muchos desensiyó;
cruzó su vieja provincia
por alfalfares en flor
y el viento le fue diciendo:
"tenés que ser payador".

Desparramando canciones,
de sur a norte cruzó
y en la armada de su lazo
la tradición se quedó.
Le cantó al llano, a la sierra
y al río caminador
y el río se fue diciendo:
"tenés que ser payador".

Donde topó con troveros
hizo noche y su fogón
y el calor que le brindaron
se los pagó con canciones,
le dio la cara a los vientos
y al frío con su rigor,
el sol lo besó y le dijo:
"tenés que ser payador".

Soñó una noche con Vega
y el sueño lo decidió,
"Si Santos Vega payaba,
payador quiero ser yo".
Templó su gaucho guitarra
y ya de frente al mejor,
su fama siguió creciendo
Luis Acosta "el payador".

Un día llegó a Rosario
y en Rosario se quedó,
recorrió cien pulperías
su fama siguió creciendo
y mejor entre mejores
fue Luis Acosta García
payador de payadores.

Un día llamó el "cansado"
de tanto rodar te fuiste
pero tu nombre perdura,
perdura porque cumpliste.
Dorrego que no te olvida
hoy te canta con amor:
don Luis Acosta García
Dorreguero y payador.

Noche de invierno

(Dibujo: "Guitarreando" de Manuel Gimenez)

Negro, igualito a una pena
tiende la noche su manto,
las aves guardan su canto
hasta que la luz sea plena,
temprano la luna llena
se ve de estrellas rodeada,
después de una fría jornada
el invierno hace derroche
y como es larga la noche
se hace sentir más la helada.

Todos buscan el calor
ni lejos ni cerca’el fuego,
crucificao un borrego
se dora en el asador,
le hacen silencio a un cantor
que un lindo tema ha elegido,
tema que el mozo ha aprendido
en esta campera escuela
y de Wenceslao Varela
canta “La Cuenta”, a pedido.

Parece que la emoción
ganó la escena al galope,
porque de Juan Pedro López
“La Leyenda del Mojón”
le solicita el patrón,
que cante hasta ande se acuerde
y no importa si se pierde
total esto es de entrecasa,
y de mano en mano pasa
el mate su amistad verde.

A un consejo se obedece:
“el cantar con fundamento”,
transfiriendo el instrumento
a otro que lo merece,
y se acostumbra, parece,
solo a tratar cosas serias,
sin protestas ni miserias,
y arrancó en forma perfeta
a desgranar “Las Carretas”
del oriental Néstor Feria.

Siempre un cantor fogonero
suele sacar del olvido
algún recuerdo querido
y al ser suelo dorreguero,
cual homenaje sincero
al payador que fue guía
legando bellas poesías
al pago que lo idolatra,
cantó “Por tus Hombres Patria”
de Luis Acosta García.

De recorrida

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Después de larga matiada
ensiyo siempre el nochero
poniéndole cada apero
con la pausa acostumbrada.
A los tientos, bien atada,
una bolsa de herramientas,
encerao pa’ las tormentas,
alambre, por si han cortao,
y un lazo por mí trenzao
que ya tiene algunas mentas.

Buscando algún abichao
en la hacienda, voy tranquiando,
mientras sigo vigilando
el tiro del alambrao.
Un perro de cada lao
van haciendo de laderos;
el alboroto ‘e los teros
da melodía matinal
y hacen coro musical
con su canto, los horneros.

Lagunas, lomas, uncales,
los talas desparramaos,
unos cardos resecaos,
varias clases de animales;
bordeo los tembladerales
por si alguno empantanó,
y el “Picazo” que avistó
a lo lejos, un caído,
con desconfiao resoplido
a mi orden se le acercó.

Un lindo noviyo holando
de noche’ncontró la muerte,
tal vez... por el trébol juerte
que de apoco va asomando.
Dispacio lo juí cueriando
pa’ sacarlo sin cortar,
porque lo quería guardar
como adorno pa’ la pieza,
o justo abajo ‘e la mesa
pa’ risguardo ‘el pisotiar.

Seguí dispacio tranquiando
y ya con el cuero en ancas
del picazo patas blancas
que soplaba, disconfiando.
Estaba un toro escarbando,
otro balaba enojao
y un tercero prieparao
pa’ trenzarse’n la topada,
y más ayá una yeguada
que’l padriyo ha’montonao.

Al pasar, a un esquinero
lo vi que estaba tumbao,
(al “pión” se lo había ladiao
el correntoso aguacero);
parao al torniquetero
tras de un rato lo dejé,
ansí a mi rancho yegué
con la gran satifación
de cumplir bien la misión
que a diario m’encomendé.
(Pintura: Francisco Madero Marenco)

Me alcanza y sobra

(Foto: Eduardo Amorim)

Frente a la azul maravilla
de un campero amanecer
siento el alma florecer
al contemplar mi tropilla;
cuando mosquea la rosilla
y suelta “el ciervo” un reflejo
se me hace al verlos de lejos
sobre el canto de una loma,
que es otro sol que se asoma
entre los ocho azulejos.

Con ellos tengo a destajo
arreo a los cuatro viento
ya que son un documento
pa’garrar cualquier trabajo,
a cual más manso de abajo
y aunque recién enfrenao,
si hay que mudar apurao
bajo una tormenta fiera
son de manotear cualquiera
a lo oscuro y emponchao.

Pa’ lucir en el recao
tengo unas pilchas de plata
que fueron del finao Tata
y son mi mayor legao;
un tirador escamao
en monedas nacionales
con la flor de los cardales
en la rastra que atesoro
y un facón que tiene en oro
grabadas mis iniciales.

Debajo de un sauce criollo
florecido de jilgueros
tiende mi rancho un alero
dando espaldas al arroyo,
me lo ha bordao a pimpollos
por fuera cada malvón
y adentro en algún tizón
suelo hallar compuestos largos
mientras me endulza el amargo
las horas junto al fogón.

Por si fuera poca cosa
lo que la vida me ha dao
tengo al mío acollarao
el corazón de una moza,
ella cuida primorosa
mi tiempo de verseador
y hasta me siento cantor
cuando le observo aunque a gatas,
como le abulta la bata
el fruto de nuestro amor...

Mi madre besaba el pan

(Pintura: Luis Nuñez = www.lhnunez.com.ar)

Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo,
porque al llevarlo a sus labios
lo limpiaba con un beso.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Un recuerdo de mi infancia
que no lo ha matado el tiempo,
algo que no he de olvidar
por más que me sienta viejo.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Y al transcurrir de los años
lo mismo yo estoy haciendo,
besando el pan de la vida
de mis penas en silencio.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Porque la vida es ansí
llena de error y tropiezo
y a uno lo cambia la vida
que pierde hasta los recuerdos.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

A veces dentro a pensar
en la distancia y el tiempo,
en lo bueno y en lo malo,
en la mentira y lo cierto.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Por eso cuando yo escribo
y ‘ensestillo’ algunos versos
quiero volver al pasado
y descubrir sus misterios.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.