viernes, 4 de julio de 2008

Rumiando.

Hay que ver cuánta grasa queda recién después de que se hacen los chicharrones

Tata no quiere...


No te me andés empolvando
ni pintándote el hocico,
que no sos hija de rico
pa tanto andarte arreglando.
¡Andá lavate, te mando,
mirá cómo te venís...
si tan solo la nariz
te has dejao sin acomodo:
uñas, labios, ojos, todo...
y flaca como lombriz!!!

¡Hasta tu clin ha cambiao
quién sabe con qué mistura,
que has güelto de lo'e Ventura
de pelo alazán tostao!
Las cejas se te han raleao
y te has teñido el cachete;
¡tenés tanto colorete
que parecés un payaso,
con cada taco machazo,
sin trenzas y de copete!...

Por andar tan presumida
cuidándote la pollera,
hoy se mamó la ternera
y aura quemás la comida.
Cuantito uno se descuida
se te encuentra arrinconada,
con tu herramienta platiada
tironeándote las cejas,
pero no ves las ovejas
que van pa la tierra arada!

Rejuntá tinta y enceres
y echalos a la basura,
y si reclama Ventura
decile: "Tata no quiere".
O de no que solo espere
qu'el juegue los aproveche,
que asigún cuenta Arbeleche,
si vas así a la ordeñada,
extraña la Colorada
y escuende tuita la leche!...

Y aura la trairé a Eleuteria
pa que veng'a acompañarte,
así podrás engordarte
porque has güelto a la miseria.
Y no te me pongás seria
que mi cariño te ampara:
era más linda tu cara
cuando chica y revolcada,
t'iba a lavar la finada
para que yo te besara!

jueves, 3 de julio de 2008

Rancho Muerto



Punteo para "Rancho Muerto"
I

En un paraje bruto, donde el campo
se arrastra a bellaquear, duro y parejo,
p'hacerse cimarrón entre los cardos
y los chilcales densos,
hay un rancho silleta, solitario,
jundido contra'l plomo del invierno...

Ha estao en la cuchilla, sesent'años;
y ha sido guapetón el rancho viejo.

A veces, la coruja en la cumbrera
le dio manos de frío a contrapelo,
pero sólo una vez hubo caranchos;
si algo más falta... lo llevó el sendero.

Aura, es cuasi tapera; a pocos pasos
retuerce su miseria un tala seco,
y se agrieta un palenque de quebracho
que ha quedao pa' mojón del desconsuelo.

Levantando su pértigo, está el carro
como en una añoranza de repechos.
Más allá hay dos horcones;
son dos brazos
que alza en busca de luz, el pozo ciego.

Por vez primera, tiene miedo el rancho,
todo está muy tranquilo; muy siniestro.
No se mueven en torno ni los pastos,
y la tarde es un yugo de silencio.

De golpe, por los cerros más lejanos
repechan grandes nubarrones negros,
y en remolinos de baguales zainos
por un trillo de furia,
llega el viento.

L'oye bramar; sentao en sus garrones
quiere aguantar su empuje en el encuentro;
quiere juir, como el potro, a la llanura;
quiere volar, abriendo los aleros,
pero todo es inútil; porque tiene
los cuatro pies maniados por el miedo,

y al final... es de barro: como el hombre;
y al sentir que la garra del pampero
se l'enrieda en la clin, cruje un sollozo
de coraje vencido, y cai deshecho.

Por el cardal, montao en un bichoco,
tembloroso de frío, llega un viejo;
por sus azules ojos ñeblinosos
vaga una pena di agua sin consuelo.

Quisiera levantarlo; pero el rancho
le ha dentrao a pesar memoria adentro,
y son pocas las juerzas con que arrastra
la soledá de sus ochenta inviernos...

Da unas güeltas en torno; su mirada
busca una vaga ayuda en el potrero,
los cardinales de su desamparo
se le hunden en los ojos, como dedos,

y entonces, le habla al rancho, de manera
que, llorando a los gritos, juye'l viento
mientras una garuga destemplada
lustra las muertas pajas del alero...


Rancho Muerto
II

"Te caite... rancho flojo!
Aura, que agatas
me van quedando fuerzas pa'l silencio,
te da por afluejar los caracuses
y azotar la osamenta contra'l suelo...

Las otras noches, no podía dormirme
cuando al pasar te paletiaba el viento...
Te oiba di a ratos rechinar los dientes
y carculé que 'stabas medio enteco;

pero nunca, pa tanto, mesmamente.
Mirá que t'hice juerte, rancho viejo...
Ya van pa sesent'a años.
Tenía veinte,
cuando llegué a estos pagos de tropero,
y trompecé con unos ojos tristes
que me habían aguaitao...Dios sabe'l tiempo.

Yo era medio flojón pa los caminos
y me gustó pa comenzar un cuento.

Como traiba unas libras en el cinto,
l'eché l'ojo enseguida a este potrero
donde después te alcé, con tanto orgullo,
que hasta envidia les daba a los horneros.

Aprovechando aquél menguante 'e junio
corté tijeras, paja, horcones gruesos,
y te hice con caricias; justamente
como se hacen los hijos, y los sueños...

Había que ver, cuando la truje a ella.
Se raiba sola'e verte tan bien hecho:
la quincha de escalera parecía
como un intento de llegar al cielo.

Cómo se raiba... Cuando nos miramos
yo parecía un gurí: sacando pecho;
y se vino al cariño de mis brazos
a pagarme la changa a fuerza'e besos.

...Dispués, vinieron los gurises: Pancho,
Lucio, José, Juanita...Tuitos ellos...
Y parecías un nido de pirinchos
con tanta risa de gurí contento.

Una mañana, les corté el retozo;
los enanqué en el malacara viejo,
y el ala blanca de los guardapolvos
rumbió a los palomares del colegio.

Dispués...
Jué como todo en esta vida:
unos se casan... otros se van diendo...
y golvimos a quedar, yo y la patrona,
nuevamente de novios, por un tiempo.

Hasta qu'ella se jue. Ségún el cura,
p'ande se m'iba a dir sino pa'l cielo...
La tarde que se jue me dijo: "Lucio...
tenés rancho pa'rato ¿eh? Salió güeno!"
...Van pa' cinco años; y cuando me craiba
que m'iba hacer tapera yo primero,
te da por afluejar los caracuses
y azotar l'osamenta contra'l suelo...

Te da por afluejar, cuando no hay juerzas
p'apuntalarte un poco; cuando tengo
las manos tan tembleques, rancho flojo!,
dejar morir al raso al patrón viejo!"
..............
Y jue la noche pior de Santa Rosa:
llovió, como pa'ahugar hasta los cerros.
Cuando quiso clariar la madrugada,
lo encontraron dormido y ya sin tiempo,
con la blanca melena derrumbada
sobre las clinas de su rancho muerto...

Las materias.


Por ser insubordinao
del colegio me expulsaron
y ansina nomás quedaron:
dos padres y un hijo errao.
Yo que andaba acostumbrao,
aquella vida era farra,
me le pequé a la guitarra
y me olvidé de estudiar
y ansina la juí a pagar
del modo que aquí se narra.

Para peor en diciembre,
me echaron un lindo pial
y quedé para mi mal
como oveja en la creciente.
Se me trató de inconciente
y de gaucho analfabeta
y yo que no entendia "Z"eta
ni me las daba de traga
juí a para de un garrotazo
a nuestra estancia "La Brava".

Allí me ataron a un cepo
con un libro por delante
y pasandomé a Cervantes
me aplicaron la picana.
Siguieron Mitre y Estrada,
Rosas, Sarmiento y Bailén
Hernández, Silva Valdez,
Lugones y García Lorca
y por poquito me ahorcan
por no leer a Cané.

Después tuve que estudiar:
verbo, artículo, adjetivo,
pronombre demostrativo,
pues era mi obligación.
Adverbios y conjunción,
oración subordinada,
y qué se yo qué pavada
que se va en palabrerío
y que conducen a un lío
del cual no se apriende nada.

Y continuó mi instrución
pa que salga un buen dotor
con un verso de Ruiz Flor
como una legua de largo.
Ese día me puse amargo
al mirarlo resoplé;
grité, corcovié y patié
aquél montón de cultura
pero tuita mi bravura
en partidas se me fue.

Cuando por fin terminé
de estudiar literatura
jué mi próxima aventura
la materia anatomía
si deslumbraba ya eldía
me ponían a estudiar
el paquete vascular
o la arteria coronaria
el esternón o las cardia
hasta tarde y sin parar.

Y le siguieron después:
Rufini, vectores, Thales,
los triángulos iguales
y el teorema de la altura.
Ahí perdí las herraduras
de la paciencia fluctuante
prefiero ser atorrante
y trabajar en las norias,
o conseguirme una novia
para mis días restantes.

Acobardao y sancocho
después de esto me he quedao
mi cuerpo se ha derrumbao
y estoy flaco como alambre.
Anda al brillo e la pelambre
y me cruje la osamente
y la razón me comenta
que el estudio es para otros:
yo he nacido para las yerras,
para el lazo y pa los potros.

El pilchero

(Foto: Efuardo Amorim)

Quiero cantarle al pilchero
que a las jineteadas va;
con toda sinceridá,
por gaucho y por compañero.
Amante de lo campero,
por algo eligió el oficio.
A veces con sacrificio
por esos caminos rueda.
Y a nadie, mientras que pueda,
le va a negar un servicio.

Aunque en los precios que aplica
no suma muchas ganancias,
si se trata de distancias,
a veces las multiplica.
La intemperie no lo achica,
donde quiera se guarece...
Con su bagaje aparece
en todas las fiestas criollas.
Y, entre bozales y argollas,
duerme a campo si se ofrece.

Su muestrario representa
las costumbres del pasao;
tanto en pilchas de recao
como en las de vestimenta.
Sobre su mesa presenta
mandiles y cojinillos.
Achicao por tantos brillos
se un antiguo farol,
y peliando con el sol
sacan chispas los cuchillos.

En un tendal se convierte
un cinchón desde una estaca,
y un culero se le atraca
a una taba que echa suerte.
Un trenzao parejo y fuerte
quiere volverse payanca.
A una lonja de potranca
una cincha se le agrega...
y saludan al que llega
los sombreros con retranca.

A la par de una bombacha
se ven carpinchos y bolas;
y entre riendas y virolas
el cuerpito de una guacha.
Una rasqueta se agacha...
y, entre bastos y encimeras,
hay maneas y antiojeras,
botas y estribos colgando...
y un paisano está comprando
zapatillas corraleras.

Viene un mozo domador
y hace sonar un cencerro
o mira un freno de fierro,
como que es conocedor.
Revisa en el mostrador
las hebillas de unas cajas...
Se dejan cáir unas fajas
sobre rastras y caronas,
y nos muestran las lloronas
los pinches de sus rodajas.

En los mates a lo largo
cuando la fiesta esá que arde
pareciera que la tarde
se está tomando un amargo.
Y, si tal vez por encargo,
un criollo viene a mirar
un poncho dentra a flamear
por lo brisa que lo lame,
como diciendo: "llevame"
que te quiero acompañar.

Todo eso vale la entrada;
porque lo nuestro resalta,
y en donde el pilchero falta
no parece jineteada.
Lo estima la paisanada
por liberal y gauchón.
Y así, pidiendo extensión,
bajo el sol y las estrellas
él va por todas las güellas
repartiendo tradición.

miércoles, 2 de julio de 2008

Confesión.



Aquí me tenís, vieja. ¿He tardado mucho?
Sí, ya lo sé; pero no es culpa mía.
Dende que vos te juistes de la vida
han sucedido cosas, que barrunto,
son las que mi han cambiao en un dijunto
que tiene por cajón, la pulpería.
Hoy, apiadao 'e mí el sepulturero,
ha ribajao en mucho la giñiebra
y he venido a trairte estas verbenas
qu'es tuíto lo que queda ayá 'n el rancho
que cuasi está tapera... y los muchachos,
porque no están ayí, po' aquí no yegan.

Perdoná si no m'hinco pa'contarte
lo qui a contarte mi penar apura;
pero las chiquisuelas 'tan tan duras,
que sé que si yegara 'arrodiyarme...
¡con las ganas que tengo de quedarme
t'iba ' achicar talvés la sepoltura!

Soilo, pelió un domingo en las carreras,
pero no ti aflijás, ¡lo madrugaron!
y ayisito al sanjón del "Colorao",
ande deslinda el cuadro 'e los ñanduses,
l'he clavao una cruz de caracuses
qu'emponchan de amariyo los retamos.

Lusio, tu regalón... vive y no vive;
en tropiya con otros compañeros,
po' algo que no te cuento...¡porqu'es fiero!
ha dejao de ser hombre pa' ser número,
d'esos que se pudren en los húmedos
calabosos di ayá ¡de Tierra 'el Juego!

Y aquí en el tirador traig'una carta,
que vino a remachar esa condena;
'ta tal cual l'encontré la noche aqueya
sobre del catre ande dormía Eduviges,
y carculando lo qu'en eya dise,
no he querido que náides me la leiga.

Ricuerdo bien, qu'en t'última boquiada,
"¡Cuidame los muchachos!", me dijistes;
yo hise un ejuerso grande pa' cumplirte,
pero el destino s'empeñó en torserlo...
y tan sólo ha quedao, ¡lo qu'estás viendo!
di aquél nido di amor que conosistes.

Porque no sé resar, po' eso no reso;
porque no sé yorar, po'eso no yoro;
y queriendo quedarme ti abandono,
porque hase tiempo el corasón me dise,
qui ha de yegar un día hast'el boliche...
¡el ventajero que dijuntió a Soilo!

martes, 1 de julio de 2008

Un perro muerto nomás.


Lo vi tirao, de pasada
en un costado de la huella.
Un perro muerto nomás
que al final poco interesa
Seguro torió a un auto
y cayó bajo'e la rueda
o tal vez de puro zonzo
ni vió el peligro siquiera
y por ser manso y confiao
encaró... sin darse cuenta...
¡Que también pueden los perros
ser distraídos una güelta!...
y andar como los cristianos
cabresteando alguna pena.

Y porque yo en esa tarde
diba de cabeza fresca...
seguí pensando en su muerte
en un costao de la huella.
Y lo empecé a acomodar
adentro de mis ideas,
lo hice mío, o de otra gente
-pa´l caso, sea como sea...
pero se me hizo que'l pobre
tenía un patrón y eso cuenta.
Lo imaginé seguidor
de un caballo campo ajuera...
ayudando a su patrón
a lidiar con las ovejas
o convertirse en guardián
de alguna casa campera.
Y me pareció escucharlo
ladrando a una comadreja...
O esperando a algún ratón
junto a una pila de leña,
¡Porque los perros, compadre,
mas de un servicio nos prestan!...

Por ahí, me dió por pensar
(siguiendo con mis zonceras)
que pudo ser de un gurí
que lo acompaño a la escuela
y mientras él estudiaba
salió a campear una presa
y solo encontró la muerte ...
en el costao de la huella.
Y ahí si, ahí la idea se me puso
más triste que la otra idea
porque un perro pa´ un muchacho
es po' el campo, aunque no crea
amigo, hermano y juguete
pa´ pasar horas enteras.

Se llamaría... "Guardián",
"Pinta", "Barbucho", " Sorpresa",
"Bravo", "Guacho", "Capitán",
o el nombre que le pusieran...
si ahura total, está muerto
y eso... tampoco interesa.
Solamente hay que pensar
que en algún rancho lo esperan
y no faltara que'l muy ladino
no extrañara la querencia.

Ya nunca saldrá pa'l campo
bajo'el estribo'el que muenta,
ni seguirá a un muchachito
que hoy lo entristece su ausencia,
ni cuidará de las casas
en un costao de la puerta.
Por eso pa´ que pensar
si esto nada remedea
y estas cosa al final
se olvidan como cualquiera.
Lo vi... tirao de pasada
en un costao de la huella
un perro muerto... nomás,
que al final poco interesa.


Barbucho


¿Te acordás, Barbucho?
Si no jue un domingo, le pasa raspando...
Yo estaba en mi rancho, masticando un pucho
d'esos qu'en la boca dejan gusto amargo,
cuando vos llegaste, ¡yo ni sé de dónde!
y a partir d'entonces comenzó el milagro.
¿Te acordás, Barbucho?
Ahí no hicieron falta las presentaciones
como en tantos casos
necesita el hombre pa dentrar en tratos,
ni las referencias o el pedir de informes,
que al final de cuentas sirven pa clavarnos.
Me jue suficiente saber qu'en las patas
tráibas la flojera de un trotiar muy largo
y leer en el arco de tus costillares
lo qu'escribe el hambre cuando s'es honrado.
¿A qué más informes?
¿Y acaso vos mesmo no llegaste al rancho
sin más referencia que la de tu istinto,
que te iba diciendo que el dueño era un gaucho?
Y ya ve, mi perro: dende aquél entonces
llevamos cumplido cerquita del año
sin qu'entre nosotros haiga "un más" o "un menos"
pa echarnos en cara, como los crestianos.
¿Dice que me debe? ¡No piense zonceras!
¿Qué vale ese güeso que le habré alcanzado
o esa matra vieja que tiré en el suelo
pa que su osamenta descanse en lo blando?
¡Conteste, Barbucho! ¿Qué vale esa sobra?
¿Qué vale esa nada si yo la comparo
con ese desvelo que pone en las noches
pa cuidar lo poco que queda en mi rancho,
con esa confianza que tiene en su dueño,
con esa pacencia que sigue mis pasos
y ese gusto sonso de ir tragando tierra
cada vez que salgo montao a caballo?
No me mire ansina, ni mueva esa cola
como quien no quiere seguir escuchando;
que ya ando con ganas, amigo Barbucho,
de soltar los rollos que tiene mi lazo.
Esa tardecita, cuando usté llegaba,
yo tenía una cuenta pa cobrar, de "algo"...
de algo que se cobra solamente en sangre
y a la vez se paga con encierro de años.
Y usté se me vino como un viejo amigo;
me miró a los ojos tal vez barruntando
la soncera grande que cometería
si me doy el gusto de ir a buscarlos,
y meneó la cola como pa decirme:
"No se pierda, amigo, por tan poca cosa;
si nada se gana con dir y matarlos".
¡Me valió el consejo! Aura ya soy otro.
Soy capaz de verlos y seguir de largo.
¡Y eso porque pienso, mi amigo Barbucho,
que ha de ser muy fiero tener que separarnos!


La Paloma Indiana


(Foto: Ricardo Moller Jensen)



Tuve una paloma indiana,
cazada de casualidad;
hoy se halla en prosperidad
y se encuentra muy ufana.
Yo la cazé de mañana
por ser un madrugador,
envidiando al cazador
que hoy me la tiene enjaulada:
muy palidito el color
pero muy acostumbrada.

Y esa paloma que hace tanto
durmiendo en su nido,
como un loco sin sentido
con mucha ansia la tomé
y una vez que ya logré
de mi hacerla prisionera
le pedí que me quisiera
y al verme tan atrevido:
no creiba la sorprendiera
estando durmiendo en su nido.

La quise con afición
y voluntad temeraria,
y otra paloma ordinaria
la invitó a una diversión
la privé de esa ocasión
porque había desigualdád
y ella por su seriedad,
demostró estar agraviada
y en la primera ocasión,
alzó el vuelo disgustada.

Y ahora esa paloma alzada
se halla ya en poder ajeno;
de otro cazador muy bueno
que me la tiene enjauldad
de tal modo asegurada
que es difícil el volar
yo la comienzo a temblar
recordando lo que ha sido:
solo me queda el decir...
se voló... y me dejó el nido.


El esqueleto del hombre.


Aquí me pongo a nombrar
los huesos del cuerpo humano;
y el armazón del cristiano
quiero en versos presentar.
No tengo ni que dudar
que el aprenderlos conviene,
porque aquél que los retiene
por más que no sean muy buenos
habrá de saber al menos
todos los huesos que tiene.

Forman el cráneo un frontal
con un par de parietales,
otro par de temporales
y atrás el occipital.
Luego en la parte central
tenemos un esfenoides;
está ubicado el etmoides
vecino de la laringe,
y cerca de la faringe
existe un pequeño hioides.

La cara con sus ribetes
se forma con dos nasales,
dos palatinos iguales
dos unguis y dos cornetes;
van formando los cachetes
dos pómulos o malares;
se llaman dos maxilares
mandíbula superior
y el maxilar inferior
y el vómer, no tienen pares.

Lo que en cualquier animal
se le llama, el espinazo
en el hombre, en todo caso,
será la espina dorsal,
o columna vertebral
está bien dicho también,
asimismo diré bien
que con el atlas empieza;
huesito que a la cabeza
le sirve como sostén.

Son las vértebras totales
treinta y tres y, superpuestas,
de arriba abajo dispuestas,
se hallan siete cervicales,
suceden doce dorsales,
cinco lumbares después;
en el sacro, que uno es,
a otras cinco encontremos,
cuatro en el coxis tenemos
y ya están las treinta y tres.

De veinticuatro que son
las costillas, las primeras
son catorce verdaderas
que se unen al esternón;
encerrando el corazón
y vísceras importantes.
De las otras diez restantes
son falsas media docena
y elresto de la decena
son otras cuatro flotantes.

Por dos huesos va formada
la cintura escapular;
se encuentra en primer lugar
la clavícula llamada,
que en forma de "ese" alargada,
delante del hombro va;
y haciendo la espalda está
un hueso que es grande y chato,
y es el nombre de omoplato
el nombre que se le dá.

El húmero forma el brazo,
el solito de un tirón
y, cúbito y radio son
los que hacen el antebrazo.
Sigamos de un solo trazo
con los huesos de las manos:
tenemos ocho carpianos
en la muñeca o el carpo
y se forma el metacarpo
con cinco metacarpianos.

La extremidad se completa
con cuatro dedos delgados,
por la falange formados
falangina y falangeta,
y el pulgar que es un atleta
más gordo que los demás,
está ubicado hacia atrás
y de la mano a un costado;
este dedo está formado,
por dos falanges nomás.

Dos ilíacos están
que las caderas conforman
y una sola pieza forman
porque unidos los dos van.
El fémur es un titán
que de ellos está sujeto,
este tiene por objeto
dejar el muslo formado,
y es el hueso más pesado
y largo del esqueleto.

Le llaman de sobrenombre
chiquizuela vulgarmente
a ese hueso que va enfrente
de la rodilla del hombre,
pero rótula es el nombre.
Luego tibia y peroné
forman la pierna, la qué
al astrálago hace unión.
Forma el calcáneo el talón
y ya estamos en el pie.

Son siete huesos tarsianos
los que componen el tarso
mientras cuenta el metatarso
con cinco metatarsianos.
Los dedos como en las manos
y esto a ninguno le asombre,
que, aunque tienen igual nombre,
no son tan largos ni gruesos.
Y estos son todos los huesos
del esqueleto del hombre.