martes, 31 de marzo de 2009

Martín Fierro ilustrado



Realizado para el Museo Hernández por Juliana Lozada

lunes, 30 de marzo de 2009

Artesano del silencio

Rancho de adobe a dos aguas,
un chiquerito, dos perros,
un “malacara” estrellero
y una guitarra partida
son las cosas que la vida
le ha dejao al criollo viejo.

Al ladito ´e la laguna
donde llueven cuatro sauces
sabe verse a Don Rosales
trenzar un botón de tientos,
estirar un lazo nuevo
o arreglar unos bozales.

Como todo rancho humilde
tiene su riqueza adentro:
cuchillos, espuelas, frenos,
maneas, riendas y taba,
un catrecito, una pava
y una olla pal´puchero.

Comentan que fue baquiano
pa´la doma y la pialada,
ligero pa´la “vistiada”,
enlazador contra el campo;
juventud de un amor blanco
que se le murió en el alma.

Si descuelga la guitarra
con sus manos de madera
toda la tierra lo espera
para beber de su boca,
y en cuanto canta una copla
viene el viento y se la lleva.

Es rey de las soledades
porque cultivó el silencio.
En el creció y se hizo viejo.
Con el morirá algún día,
sin llantos ni despedidas
con su caballo y sus perros.

Memoria adentro.


Anduve caminos largos
con el corazón al hombro,
partí mi vida en escombros
por esos campos amargos...
Sufrí también los letargos
que da la tristeza plena
y en noches de luna llena
yo salía a buscar consuelo
de tanto que luna y cielo
me aliviaron de las penas.


Florecí como florecen
esas matitas camperas,
bebiendo en las pasajeras
lluvias que al campo estremese;
supe andar entre las mieses
sin dejar de ser un yuyo,
envuelto en mi poncho puyo;
yo anduve de peregrino
aprendiendo del camino
hasta el mínimo murmullo.


Siempre anduve entre la gente
y nunca me he creído mas,
prefiero quedarme atrás
que hacerme el inteligente.
No presumo de prudente
pero si de precavido,
por fuerza es mas advertido
quien sabe cerrar la boca,
hablando cuando le toca
uno escucha y es oído.

Me he topao con el orgullo,
hermano de la ignorancia;
con la necía extravagancia
De pensar desde un mangrullo
hecho grito en el barullo
de puebladas ciudadanas.
Asistí a todas las vanas
ambiciones de los hombres
enaneses ya sin nombres
de las pasiones humanas.


Uno sabe compartir,
a otros les gusta llegar
y a muy pocos disfrutar
lo que tienen por vivir.
Con eso del porvenir
muchos se vuelven mezquinos
y algunos hasta asesinos
por conseguir a la fuerza
que un pueblo entero no ejerza
su voluntad y su destino.

Y ya me largo a la huella
mi amigo, discúlpeme,
en décimas hilvane
pensamientos como estrellas.
Si mi filo no se mella
pelearé con la esperanza
y si la vida me alcanza
se que he de ver algún día
alegre y en armonía
a este mi pueblo que avanza.

jueves, 19 de marzo de 2009

Cimarrón de ausencia





Cimarrón sos más amargo
que el amor que viste ausencia
y sos polvo de querencia,
que llevó el camino largo.
En el pesado letargo
de mis soledades muertas,
tu savia es aroma incierta
de tristes evocaciones,
y es sangre que a borbotones
pierdo de una herida abierta.

Sos atrancao, por momentos,
como lágrima enredada
flor agreste, tierra arada,
tu sabor es pampa y viento.
Pero sos también lamento
en el sorbo de la agonía
y en esta tristeza mía
que derramas en la tea
cuando a mi pulso flaquea
un temblor de lejanía.

Sos vertiente de agua mansa
que va regando el potrero,
tu calor es sol de enero
y tu verde es esperanza.
Sos puñal, rebenque y lanza,
blandiendo en puños de gloria.
Gota amarga ‘e la memoria
del que perdió su querencia.
Y estás ensillado de ausencia
como el flete de mi historia.

Plata e pobre.



Que me dejás? y... ¡gueno! vayase domas mosa;
Yo a la china y al perro ni jugando he maniao.
Que me ráigo y no yoro? Chá que sos pretensiosa!
Que querés, que aura yore? Si no siento otra cosa
qu'el haberte encontrao!

Que tenes otro rico qu'es de mas abulengo
co'estancias pal norte y hasta playas pal sú?
Que te dure m'hijita! Yo lo qu'es te prevengo
que a denguno le cambio la jortuna que tengo:
la guitarra y salú.

Que mi rancho era pobre como nido e torcasa
y en el catre apenitas si caviamos los dos?
Q'en lugar de las sedas qu tendras pa entre casa
yo, te tráiba pa lujo di una humilde sarasa
los vestidos pa vos?

Cierto, si er'ansina; pero hay otra riquesa
que jamas, pa tus ojos, no valió un nasional,
Porqu'es plata e los pobres tener solo ternesas,
en las manos carisias, en la frente noblesa,
y en el alma...¡un zorzal!


Chimangos


Esta mañana al divisar pal campo
Descornando el "venao" con un amargo,
Méntretuve mirando un rato largo
cómo andaba pasiándose un chimango,
sobr'el lomo del pobre saino sarco
moy orondo y chiyando,
y...¡pucha! cuantas cosas me trujieron
las gueyas del ricuerdo galopiando!

Juera en antes, pensé, ni con la sombra
lu iba a dir a tocar por las paletas,
cuando al solo ruidito e las yoronas
era capas de basuriar cualquiera.
Cuando no hubo partido en la redonda
quien pudiera ganarle una cuadrera,
y se traiba en las clinas, a las mosas,
adornos del color de mi bandera!

Pero aura, ¡claro!, yo también entonces
d'entraba en tuitas porque nu era manco,
er'un silbido pa cuerpiarle al fierro
y como horqueta de juertón pal basto.
Guapiador pa las leguas de un arreo,
segurón pa volcar un tiro 'e laso,
y tampoco quedaba entre los piores
menudiando posturas al malambo!

Que le vamos haser! Ya no hay tutía;
poco a poco d'entramos'achicarnos,
tuito tiene su tiempo su alegría,
como tiene en su tiempo flor el cardo,
pero al ñudo es mosquiar caundo la vida
ya nos suelta po' el lomo los chimangos...
.........................................
..........................................
Con esta riflesión golví p'adentro,
saludé la mañana y más contento
arrimao al jogón, seguí yerbiando.

Lo que soy


Soy como el viento pampero
que pecha la cerrazón,
soy la rueda en el fogón,
soy brasa en un trasfoguero.
soy la astucia del carrero
con la chata empantanada
soy del lazo, la armada,
soy tiento para un soguero
soy puente y soy clavijero
en la guitarra templada.

Soy el grito de la yerra
de aprete y caña patrón
soy el silbo del peón
cuando la tropilla encierra
soy quien defiende su tierra
a través de un decimal,
soy relincho de bagual,
del reservado cabriolas,
soy rastra, facón y bola
soy matera y soy corral.

Soy del cencerro su trino
para orientar al mensual.
Soy revolcón en un pial,
en nuestro campo Argentino.
Soy el cantor peregrino
que defiende lo pasado,
soy la reja del arado
soy del payador su verso,
soy el sueño y el esfuerzo
de nuestros antepasados.

Soy pontro en una sentada
que hace crujir el palenque
soy espuela, soy rebenque,
bota 'e potro bien sobada.
Retozo de la yeguada
saliendo de la laguna,
soy concurrida tribuna
mirando la jineteada,
serenata pa' una amada
en clara noche de luna.

Así soy por ser campero:
soy cielito y pericón,
soy malambo, soy mojón
que están indicando el sendero.
Soy el castigao tropero
por frío, viento y calor.
Soy cabresto y mañador,
cincha, encimera y corrión;
humilde de corazón
pero ser gaucho es mi honor.

A las tortas fritas




Nadie sabe a que se debe
que las criollas tortas fritas
suelen ser más exquisitas
sí son hechas cuando llueve,
no falta quién no las pruebe
sí no es bajo un temporal,
también la siesta nupcial
de una parejita nueva
sólo siempre y cuando llueva
tiene un sabor especial.

Se forma una simple masa
de harina con agua y sal
que admite y no queda mal
agregarle leche o grasa,
su fórmula tan criollaza
no exige más condiciones
pero por sus propios dones
tolera ingredientes nuevos,
cómo ser un par de huevos,
muñatos y otras cuestiones.

Después que un rato se soba
se hacen los discos de masa
cuando ya suelta la grasa
su fragancita que arroba,
sí no hay ni un palo de escoba
pa' darle forma y orilla,
se recurre a la sencilla
solución de una botella,
y a veces a falta de ella
se moldean en la rodilla.

Se frien en la sartén
pudiendo hacerse en la olla
que es la manera más criolla
y es la más propia también,
cuando la grasa está bien
dando burbujitas mudas
se les hace estando crudas
y antes de echarlas adentro,
dos tajos en cruz al centro
pa' que no queden panzudas.

Las tortas son un deleite
cuando están fritas en grasa
pero sí ésta fuera escasa
lo mismo sirve el aceite,
no hay hippie que no se afeite
sí un sicólogo le exhorta
que acepte oler una torta
y al instante le hace creer,
que sólo podrá comer
quién tenga la barba corta.

Son un gran bocao caliente
y una regia cena fría,
y hay quienes las frien un día
pa' comerlas al siguiente,
pueden ser naturalmente
redondas o punteagudas
pero de lo que no hay dudas
es de que siempre son ricas,
ya sean grandes o chicas
quebradizas o guascudas.

En rueda de tortas fritas
aprovechando el momento
se estudia el comportamiento
de las diversas visitas,
no faltan las señoritas
que sintiéndose observadas,
muerden cómo desganadas
con veinte mil miramientos
y abundan los angurrientos
que se las meten dobladas.

Los de fino paladar,
afirman y hacen muy bien
que estén hechas cómo estén
las tortas son un manjar,
el que las quiera probar
y darse la tal panzada,
no tiene que hacer más nada
que esperar un chaparrón,
y apearse en cualquier fogón,
que en fija están de torteada.

Agua Tata, agua Mama!


Hermanito de mi vida
perdoname esta aflojada
Mi saludo es un pañuelo
voy a decirte adiós en mi carta:
yo no sé que me ocurre,
ni se qué me pasa...

Me tiro del catre al suelo,
me hecho en el catre de espaldas
quiero llorar’ y no puedo,
quiero respirar y me ahogan
estos nudos misteriosos
que las amarguras atan.


Estoy solito en mi rancho
Me he queda’o solo en las casas...
Ladran los perros afuera
Como si i’vieran fantasmas
Y alumbran mis pensamientos
Candiles de luces malas.


Hermano, te acordas?
Te acordas de mi Justino,
el pobre hijito de mi alma?
Ocho años, mi nombre tenía
Y despertó una mañana
Con los ojos inflamados
Y el cuerpecito echando llamas.


¡Me muero tata¡- me dijo,
me muero mama¡- gritaba.
Tengo una sed de martirio,
siento un fuego que me abrasa.
Traigame cartas Tita,
agua!, agua!, agua! mama!
agua!, agua!, agua! tata!


Volé en mi caballo al pueblo,
Siete leguas de distancia,
Siete puñales de punta,
metidos en la garganta
Y el grito de m’hijo adentro:
De ¡agua Tata¡ ¡agua Mama¡


Le expliqué al doctor el caso,
se sentó en la retranca:
Que el camino era muy fiero,
Que se iba a quedar en llantas...
La ciencia no es del pueblo,
La ciencia no es de los pobres,
La ciencia no anda a caballo.


Y por los mesmos caminos
donde los médicos no andan,
cruza al galope la muerte
va y viene la desgracia.


Me hizo dar en la botica,
un frasco de limonada
Y que trujese al enfermo
Cuando la fiebre pasara.

Volví!
volví como vuelve un pobre
en iguales circunstancias:
El corazón en la boca
Y la tristeza en el alma.


El médico no venía
No por que fuese tan malo el camino
que va a mi rancho,
sino por que me faltaba!
me faltaba! Con qué pagarle!
Con que pagarle a la ciencia
siete leguas de distancia.


La fiebre duró poquito
Se le apagó una mañana,
Entre un cantar de zorzales
Y el suave clarear del alba.
La madre abrazada a su hijo
Mi hijo la frente helada…
Y yo sin voz ni presencia,
parado al pie de la cama.


Poco después de enterrarlo,
comenzó a turbarse Juana.
Se lo pasaba Llorando,
Se lo pasaba callada,
Se lo pasaba riendo
con los ojos en el aire
con los brazos avanzados...

Lo mesmo que se acunara contra su pecho
una criatura dormida
ansí se me fue!
ansí se me fue la pobre!
Ansí la tierra la guarda
con los brazos sobre el seno
acunando mi desgracia...


Hermano, hermano!...,
Habla por mi, habla por mi si mañana
dicen que soy un bandido,
un mal hombre, sin entrañas…
j’ui cordero y me hacen puma,
j’ui buey y me han puesto garras


Que pronto que viene el día!,
Que pronto que viene el día,
Y si es cierto que hay un dios
Que corte el alba, que corte el alba y ese grito,
ese grito, de agua!¡ agua!, agua!,
agua tata! agua mama!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Mensual de campo

¿En qué potrero lejano
se prolongará su marcha,
bajo dureza de escarcha
o trebolar de verano?.
¿Tras qué ternero orejano
o rastro de yeguarizo
en el pangaré mestizo
o el malacara lunanco,
irá recorriendo al tranco
el horizonte rojizo?.

Lo enlutaba la golilla
y el sombrero con ribete
y andaba siempre paquete
de botas de cabritilla.
Solo adornaba una hebilla
su cinto de cuero crudo
era fuerte y corajudo
y serio como un facón,
de poca conversación
pero atento en el saludo.

Debajo del cojinillo
acostumbraba llevar
la cuchilla de cuerear
de corvo cabo amarillo.
Tenía un recao sencillo,
corto a la usanza surera
y al borde de la encimera
la california tocaba,
con ruido seco de aldaba
la llave torniquetera.

Con parecido reflejo
al de su sonrisa franca,
la cincha de lona blanca
listaba el apero viejo.
Tusaba liso y parejo
dejando un martillo bajo
y usó para su trabajo
con escondida jactancia,
en vez de los de la estancia,
los dos caballos que trajo.

Uno liviano ligero
el pangaré ya nombrao
tenía paso recortao
y laya de parejero.
Arrollado coscojero
y pronto para montar,
aunque manso en el andar
cualquier madrugada fría
en el arranque podía
arrastrarse a corcovear.

La estampa del malacara,
salvo el anca defectuosa,
era bruñida y vistosa
del lomo a la frente clara.
Reciedumbre de tacuara
que en cada nudo reluce,
ancho y renegrido el tuse
y brasa encendida el pelo
como si tal cosa al suelo
tumbaba una vaca al cruce.

Hombre y caballo parecen
unirse en una figura
sobre la larga llanura
por donde desaparecen
y entre vislumbres que mecen
su incertidumbre en un giro
aún imagino que miro
su porte cuando se fue
montao en el pangaré
y el malacara de tiro.