miércoles, 28 de diciembre de 2016

Payada de contrapunto


(Pintura: "Como gajos de mostrador", de Rodolfo Ramos)



-"Yo no soy ni más ni menos
y nunca he sido el mejor,
apenas si soy cantor
cuando tengo el buche lleno;
nunca me tuve por güeno
pero invitao a cantar,
soy capaz de comenzar
y ya con la lengua suelta
si me pagan unas güeltas
capaz de nunca acabar".

- "A mi juego me han llamao
y yo en mi suerte confío
pero de naides me fío
y menos si está chispeao...
Me gusta haber encontrao
esta tarde un payador
que además de ser cantor
guste mojar el garguero
pero cantemos primero
pa'conocer al mejor".

-"No me agacho como el tero
ni salto como las ranas
no se han de quedar con ganas
de escuchar este jilguero
pero les pido aparceros
que me priesten atención:
yo tengo por condición
decir siempre lo que siento
y echo mis coplas al viento
mandao por el corazón".

-"Cante amigo lo que sabe
si tiene la lengua suelta
dejesé de andar con güeltas
y de bolasiar acabe.
Cante amigo y no se alabe
que estoy cansao de alabanzas
y si mi tiro lo alcanza
me tiene muy sin cuidao
que no es al primer mamao
que l'he agujeriao la panza".

-"¡Jué pucha! ya se zafó
gaucho ladino y sotreta
pero va a estirar la jeta
pa'borrar lo que cantó
y no me diga que no
que lo veo dende lejos
porque si aprecia el pellejo
tendrá que pedir perdón
a todita la reunión
por lo que dijo ¡canejo!"

-"No soy ni manco ni rengo
y naides me ordena nada
me juego en una parada
todo el capital que tengo,
lo que digo lo sostengo
y nunca m'echo pa'trás
y paremos ái nomás
con el canto y la guitarra
y preparemos las garras
pa'ver quién es más capaz..."



lunes, 26 de diciembre de 2016

Viejo resero


(Pintura: José Acuña)
Sin estribar; al galope;
bien requintao el sombrero;
prototipo de un resero
que ya con él se perdía,
Rómulo Álvarez volvía
de un viaje de un mes entero.

Contaba que lo agarró
un temporal desatado;
sin poder dormir; mojado,
duro de frío después…
¡Créanme que en todo el mes
ni las botas me he sacado!

Tendría casi noventa,
cuando por oírlo, un día,
le pregunté si sabía
de un camino, aquí en Vidal…
“¡Cómo no! el camino ‘rial’…
que en Arbolito nacía…”

“Si conoceré estos pagos…
Setenta años de resero,
sin más lumbre, compañero,
en mis noches de desvelo,
que las estrellas del cielo,
ni más reloj que el lucero.

Antes que corriera el tren
esto era casi un desierto;
usted viera que concierto;
el de las tropas bagualas
al balar entre los talas
en las ronda a campo abierto.

Marchando, si es que había luna;
rondando, si estaba oscuro;
día y noche, sin apuro,
¡Cuánta hacienda se acarreó
de acá, al Partido de Ajó
al Saladero de Luro…

Un año anduve en Monsalvo,
y al cerrarse el Saladero,
de Tuyú y Divisadero
a Plaza tuvimos que ir
sin bajarse, es un decir,
del caballo el año entero.

¡Aguas hondas! Todavía
me parece ver su brillo,
bañando el lomo al novillo,
que no hay res que no peligre
entre el Cañadón del Tigre
y los Montes del Tordillo.

Y cuántas veces nadando
en un pingo acostumbrado,
tanto el Quequén o el Salado
nos miraron con asombro,
vadear con la ropa al hombro,
a caballo al otro lado.

Varias veces llevé hacienda
de Juancho hasta San Luis,
cortando en dos el país
por el medio de la pampa…
¡Viendo pasto, cielo y guampa
yo era un resero feliz…!

Mi almohada fueron mis bastos;
mi cama siempre el recado;
mi techo, el cielo estrellado;
mi ambición, arrear y arrear;
mi orgullo, que al regresar
ni una res se había quedado…

La Yerba, Pozo del Fuego;
Los Naranjos, La Porfía;
Los Patrios, La Lobería;
La Loma Rica, Kakel;
Van desfilando en tropel
frente a la memoria mía.

El Durazno, El Vigilante;
Macedo, Tarrhué, Loncoy;
La Esquina de Arguas de hoy,
y otros, que ya ni me acuerdo,
vivirán en el recuerdo,
mientras que yo ya me voy…”

Yo pensé: no morirás!
aunque vuelen tus cenizas,
sobre esta tierra que pisas
y se esfume tu memoria,
seguirás vivo en la historia
del gaucho que simbolizas…

(Foto: Celina Frers)

Navidad en las sierras



Estaba mateando María,
tranquila bajo el alero,
su marido el carpintero
estaba alistándolo al burro,
cargaba pasteles y churros
en las árganas de cuero.

Para cruzar esas Pampas
él fue juntando coraje
llevando en su alma un mensaje
que le cambiaba la vida,
una misión alquirida:
su principal equipaje.

Desafiando temporales
con una carga de fe
había aceptado José
hacerse cargo del Niño
y brindarle su cariño
como le pidió "Grabiel".

Cruzaron valles, quebradas,
trepando por los senderos;
el burro, medio mañero,
se empacaba en los repechos
y no encontraban un techo,
ni un árbol pa' dormidero.

-"José, tengo contracciones"
-"Tenés que aguantar María.
¡Esperá que llegue el día
que no hay donde parar!
El niño se va a pasmar
porque la noche está fría".

-"¡Mirá esa estrella brillante
que se ha sentado en el cerro!,
¡Oigo sonar un cencerro,
ha de haber una tapera.
Estoy viendo una tranquera
y están toreando los perros!".

Alcanzó a tirar el poncho
sobre el pasto el carpintero,
brilló más fuerte el lucero
iluminando orgulloso
al Niño más ardiloso,
Salvador del mundo entero.

En esa cueva perdida,
 ese lugar dispreciado,
el pobrerío ha encontrao
la luz que estaba buscando.
Y así comenzó en un llanto
la historia que me ha alumbrao

Como bandada de cartas
salieron los angelitos
llamando a los pastorcitos:
"¡Ha nacido el salvador!"
"¡Vengan a ver al Señor!"
anunciaban a los gritos.

Aunque eran gente muy pobre,
los pastores ofrecían
lo más lindo que tenían.
Una pastora muy vieja
trajo un quillango de ovejas
para abrigar a María.

Otro viendo a San José
destapó un vino patero
pa' calentar el guarguero.
Desde allí la cristiandad
brinda cada Navidad
como brindó el carpintero.

Otro le trajo un cencerro
para hacer un sonajero,
alguno arrimó un ternero,
sandías, nueces y pasas
una polla bataraza,
un pellón y un pan casero.

Bien fresquitos los quesillos,
mullido y blanco el pellón,
el corderito mamón,
sandía recién calada
y calentita y tostada
la torta con chicharrón.

Cuando el cristiano es sincero,
cuando es de buen corazón,
siempre ofrece lo mejor
y si es sincero y es pobre,
nunca va a dar lo que sobre
al que le falte el amor.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad


(Pintura: Carlos Montefusco)


Disculpemé, don José,
si lo vengo a molestar,
diez leguas tuve que andar,
por poco el pingo estropié.
Ayer noche divisé
una estrella esplendorosa
y, al notarla tan hermosa,
quise quemarme en su brillo,
así que ensillé el rosillo
y cargué una que otra cosa.

Dejeló al Niño divino
que duerma así tranquilito,
yo he de mirarlo un ratito
pa'que bendiga mi sino.
Este poncho de merino
que los años han gastao
es lo mejor que he encontrao
por abrigao y sencillo
y estos güenos cojinillos
que pa'l Niñito he guardao.

Y, pa la niña María,
como siempre, tan donosa,
traigo un clavel y una rosa
que yo regué noche y día.
Y, además como sabía
que es güena pa'cocinar,
no dejé de levantar
al venir por el sendero,
algunos güevos de tero
que ella sabrá aprovechar.

Cuando tenga que marchar
juyéndole a los caranchos,
vaya, don José, a mi rancho
que yo lo voy a esperar.
Carne no le va a faltar,
ni unos catres bien mullidos
y, pa'l Niñito querido,
pierda cuidao que va a haber
leche fresca pa'beber
de mi yegua que ha parido.

Ahura tengo que partir
porque el trabajo me llama,
yo soy Rosendo Lezama,
pa'lo que quiera esigir.
Pero le voy a pedir,
si no es mucho molestar,
que cuando comience a hablar
el Niñito de alhelí,
rece un bendito por mí
que yo no lo he de olvidar.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Hay un niño en la calle



Hay un niño en la calle

A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.

Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo
un oscura vergüenza, la historia, el tiempo,
diarios,
porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida juntando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Dónde andarán los niños que venian conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados,
porque en este camino de lo hostíl ferozmente

cayó el Toto de frente con su poquita sangre,
con sus ropas de fe, su dolor a pedazos
y ahora necesito saber cuáles sonríen
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque sino es inútil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.

Importan dos maneras de concebir el mundo,
Una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas una mala palabra.

Cuando uno anda en los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre
que historia les concierne, qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra


la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales
donde el azúcar sube como un junco en el aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en la fábricas,
hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son los accionistas de los niños descalzos.

Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños
que viven en la calle
y multitud de niños
que crecen en la calle.

A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.

Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie proteje esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle...

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A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle...
¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.

No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
Que hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
Mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
Porque nadie protege esa vida que crece
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.

La tropa



Pasó la tropa cansada,
con sed, con hambre y furor,
cornadas tirando al viento
y mugiendo su dolor.

Protegidos por el poncho,
en alto la ronca voz,
iban detrás los reseros
revoleando el arreador.

Uno va en un zaino negro
cabos blancos; corredor,
(por el triángulo del poncho
se le insinúa el facón. . .).

En un tordillo nevado
 marcha el otro - pingo flor
en la estancia el preferido
de los peones y el patrón.

"¡Toro negro! ¡Toro bayo!
siga la "güeya"! Y la voz
repercute por los montes
como si fuese un clamor.

El crespín está cantando
su tristísima canción
que lleva angustia a las almas,
casi al caer la oración.

De repente el toro negro
de la tropa se "cortó",
pero el del "tordo" nevado
paleteando lo volvió.

Galopando por los cielos
van las nubes en montón,
y sobre los campos verdes
no quiere alumbrar el sol.

¡Y qué lindo es, por la "güeya”
cuando más calienta el sol,
ver un pájaro asentado
omo esperando su amor.

Como saliendo del monte
negra nube, dibujó
una culebra de fuego
y sordo ruido se oyó. . .

Se levantaron las guampas;
algún toro allí mugió. . .;
y el chajá, por los caminos,
su grito indígena alzó.

"¡Toro negro!, ¡Toro bayo!,
siga la "güeya"!. . . Y la voz
era la voz de los montes
por la lluvia que  cayó ...

¡Lindos ponchos colorados
con listas de otro color;
qué importa se hayan mojado
si se han de secar al sol!

Villancico


El niño duerme sonriendo (Arrullo nº3)



La noche con la espumita del río
te está tejiendo un encaje, mi niño.

Quiero la estrella del cielo más bella
para hacerte un sonajero, mi niño.

El niño se está durmiendo, sonriendo,
ah, ah, mi niño.

El niño se está durmiendo, sonriendo,
ah, ah, mi niño.

Quiero la estrella del cielo más bella
para hacerte un sonajero, mi niño.

Qué bello mundo es tu mundo, mi niño
ah, ah, mi niño.



Recitado: (adaptación de el "Romance del niño que todo lo quería ser" de Manuel B.Carrasco)

El niño quiso ser pez
y fue a la orilla del mar,
puso los pies en el agua
pero no pudo ser pez.

El niño quiso ser nube
y fijo el cielo miró,
volaba el aire en el aire
pero el niño no voló.

El niño quiso ser hombre, 
fuerte compuso la voz,
mas el mundo era tan suyo
que el niño, niño quedó.

Fueron pasando los años
y el hombre alcanzó su voz, 
y anduvo por esos mundos
mezclando dicha y dolor.

Y el hombre quiso ser niño, 
quiso ser nube, quiso ser pez, 
mas la playa era de angustia
y las nubes...el ayer.

Y el hombre va por el mundo, 
con razón o sin razón, 
y lleva un niño dormido, 
dormido en su corazón.


Qué bello mundo es tu mundo, mi niño
ah, ah, mi niño.

El niño se está durmiendo, sonriendo,
ah, ah, mi niño.

Lará lará...
ah, ah, mi niño...
Traila, la, la...
ah, ah, mi niño...

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El "Romance del niño que todo lo quería ser" en su versión original:

El niño quiso ser pez;
metió los pies en el río.
Estaba tan frío el río
que ya no quiso ser pez.

El niño quiso ser ave;
se asomó al balcón del aire.
Estaba tan alto el aire
que ya no quiso ser ave.

El niño quiso ser perro;
se puso a ladrar a un gato.
Le trató tan mal el gato
que ya no quiso ser perro.

El niño quiso ser hombre
y empezó a ponerse años;
le estaban tan mal los años
que ya no quiso ser hombre.

Y ya no quiso crecer,
no quería crecer el niño
se estaba tan bien de niño,
pero tuvo que crecer.

Y una tarde, al volver
a su placita de niño
el hombre quiso ser niño
pero ya no pudo ser.

La Cruz del Niño



"¿Quién le ha regalado esta cruz a mi niño?",
Preguntó llorando, María en Belén
"No ven que es muy niño
Y él no se da cuenta,
Cuando sea grande
Su cruz va a tener".

¿Quién le ha regalado esta cruz al niño?,
Sonajero mudo de madera y miel,
Miren como juega
Miren como ríe
A cualquier regalo
La prefiere él.

¿Quién le ha regalado esta cruz al niño?
¡No ven que un dedito
Se puede torcer!
¿No ven que le pesa
Y él no se da cuenta?
Que ya tendrá tiempo
De una cruz tener.

martes, 20 de diciembre de 2016

Canción de cuna de una torcaza


Rama tu vaivén, agua tu murmullo
por mi pecho pasan para hacerse arrullo;
cunita de espinas que el árbol me dió,
cunita de plumas que me saqué yo.

Duérmete mi niño, cuna y corazón, 
el bosque se duerme con ésta canción;
yo voy hasta el agua tu ropa a lavar
para que ella aprenda a reír y a jugar.

Porque duermas niño como quiero verte
te contaré cosas del mundo y la suerte,
anoche la luna perdió un alfiler
se lo encontró el tuco, lo volvió a perder.

Desnudita el alba ya quiso llorar
mi niña no llores, toma mi collar, 
y el bosque se duerme con ésta canción
duerme carocito de mi corazón.