miércoles, 27 de agosto de 2014

El overo

(Pintura: Rodolfo Ramos)

Aura que me habla aparcero
de caballos distinguidos
de las costas del olvido
me relincha un parejero;
perdió el rastro de ese “overo”
más de un caballo mentao,
si habrá sido bien cuidao
que al escucharnos prosiando
se ha largao atravesando
la cerrazón del pasao.

Cuando recién agarrao
viendo a medio flor de cuero
que pensaba ser ligero
lo saqué pa’ mi recao;
aprendió a correr boliao
y, obediente a mis señales,
a echarse en los pajonales,
a saltar los alambraos,
y era el alma de un venao
atravesando chilcales.

Ni bien lo armaba cortito
que en un naipe galopiaba,
si a la cruz me le asomaba
se estiraba como un grito;
pa’l camino era infinito
viajando al trote chasquero
y hasta alegró algún alero,
más reunidito que un mazo,
al llegar de sobrepaso
como acunando el apero.

Había que verlo aparcero
columbrando esa frontera
tranco y tranco en la puntera
de un rosario de cargueros;
tanto arriar ganao matrero
se hizo diestro en los reveses
y con torada que a veces
clavando la uña emigraba,
le garanto que hasta andaba
por arriba de las reses.

Juntamos lejos con lejos
enhebrando rancheríos,
montes, arroyos con frío
y lagunas como espejos…
hoy lo encuentro en los reflejos
de un tiempo que el alma estanca,
y en una llanura blanca,
mansa de luna encharcada,
se me pierde en la mirada
con una moza en el anca.

Reservao que se encogía
con un pájaro en el lomo
vaya el diablo a saber cómo
se llevó mis alegrías…
cuando cimbrao por los días
me vi rondando taperas,
por el playo ande estuviera
desvelao entre los teros
ni los huesos del “overo”
blanquiaban en la frontera.

martes, 26 de agosto de 2014

Hombre flojo (Canción criolla)



Yo no se que tengo,
porqué será
que tanto te quiero,
yo no se que tengo,
pero es verdad
que sin tí me muero.

¡Ay que no me falte
la flor de tus besos!
Ni tus lindos ojos,
¡Vidit'ay sí!
pa mirarme en ellos...

Si después de muerta
¡Vidit'ay sí!
 ya no existieras,
buscaría la tumba
¡mi vida ay si!
pa ser compañera...

Porque nos juramos
amor tan profundo,
que no va a cortarse
ni en el otro mundo!

 Pensando en mi vidit'ay!
lo pierdo hasta el sueño
por si un día olvidaras
¡vidit'ay sí!
aquél juramento...

Que si ahora soy juerte
porque así te adoro
y pienso en perderte
¡vidit'ay si!
ya me vuelvo flojo...

Por suerte vivo
con mi canción,
¡no me olvides nunca!
se mi vida y mi alma
y mi corazón
las trompitas tuyas...

¡Ay! que no me falte
la flor de tus besos
ni tus lindos ojos
¡Vidit'ay si!
pa mirarme en ellos.

lunes, 25 de agosto de 2014

Era moro... y lista tuerta


(Pintura: Molina Campos)


Era un caballo de tiro
como tantos, de esta tierra
que no anda más por los campos;
hoy es cuento, una leyenda.

Supo servir en un pueblo
atado a una jardinera,
propiedad de un changador
que se llamaba "Miseria"
y que hacía las mudanzas,
iba a cargar a la feria,
se encargaba de repartos
o retirar encomiendas
en la estación ferroviaria
donde siempre estaba alerta.

Un día era igual que otro
para el moro lista tuerta
(pelaje y marca en la cara
con que el recuerdo lo menta)
ya que casi siempre andaba
con su patrón, el "Miseria".

¡De la estación al boliche
o haciendo lo que saliera!
hasta que al llegar la tarde
los dos, despacio, volvieran
al potrerito y al rancho
al fondo de una alameda
donde tenían los dos
sus refugios de pobreza!

Y ahora nos llega el cuento
lo que un día sucediera:
estaba atado a las varas
donde había sombra fresca
allá en el playón de entrada
cerca de una "vía muerta"...
capaz que echándose un sueño
amparado por la anteojera;
pero andaba maniobrando
una máquina... ya vieja,
y por ahí clavó en el aire
un pitazo de sorpresa
y un tremendo resoplido
con vapor de la caldera...
y el moro que se desboca
y que asustado endereza
justo donde había otro carro
que detiene su carrera
porque se clava la lanza
entre el pecho y la paleta.

Se le aflojaron las patas
y quedó... rodilla en tierra,
sostenido por las varas
de la propia jardinera.

Ayudao por los bolseros
lo fue atendiendo el "Miseria",
lo desató despacito
y lo apartó con paciencia...

¡Al rato, estaba parado,
pero respirando apenas.
Con un tranquito cansino
y obedeciendo a la rienda,
lo llevó hasta el rancho viejo;
le dió a tomar agua fresca
y con sauco y unto'e potro
le hizo en el pecho una friega,
después le tiró unas pajas...
y echao quedó, el "lista tuerta"
¡pensando que al otro día
sería triste la escena,
porque ya estaría muerto
su compañero de huellas!

Por eso tardó en dormirse
desvelado por la pena...

Y al despertar la mañana
fue a mirarlo y ¡oh sorpresa!
no estaba el moro en el sitio
ni tampoco por ahí cerca.

Preguntó en el vecindario
sin tener una respuesta,
como si Dios, esa noche
pa'despenarlo... siquiera
lo hubiera sacado del mundo
sin dejar ninguna seña.

Al poco tiempo se supo...
fue a morir, como a dos leguas...
¡Justo en el mismo lugar
donde empezó su existencia!
¿Cómo hizo para acordarse
si nunca pegó la güelta?
¿de dónde sacó aquél moro
la memoria y resistencia?
¿o es que Dios esa noche
le trajo la última fuerza?

Pa'que aprendan los cristianos
lo que un animal enseña,
y lo que es, en esta vida,
una palabra: ¡Querencia!

En un potrero del cielo
ahura andará el "lista tuerta"
mientras lo llora en su rancho
un hombre güeno ¡El Miseria!

sábado, 23 de agosto de 2014

Riqueza de un pobre

(Foto: Eduardo Amorim)

Este tirador, mi amigo,
y la rastra que aquí ve
justo a explicarme ni sé
los años que andan conmigo.
Prendas que van al abrigo
del lucero y de la luna;
dos prendas que se hacen una
y así son, sin que les sobre,
riquezas de un gaucho pobre
sin ambición de fortuna.

Hubo unos años tan flojos
pa mi oficio de resero
que estuve con el pulpero
endeudado hasta los ojos.
Como oveja con abrojos
andaba de mal en peor,
y más de un caballo flor
lo he dao pa poder pagar,
pero alcancé a conservar
mi rastra y mi tirador.

Lo chairé a mi corazón
pa enfrentar las horas malas,
por más que a veces, los talas,
se rinden al ventarrón.
Pa borrarme un nubarrón
la rastra brillaba igual,
y en ese tiempo fatal
mi tirador, ¡quién lo viera!
tapao en plata de afuera
y adentro sin medio real.

Hoy otra vez con tropilla
y con trabajo a montones
embozalando ilusiones
sigo mi vida sencilla.
Y cuando aquél que acaudilla
bien llamao Nuestro Señor,
me aplique la de rigor
pa ocupar mi sepultura
¡déjenmé en la cintura
mi rastra y mi tirador!

viernes, 22 de agosto de 2014

Pena del vidalitero


Si equivocado estoy no digas nada.
Yo soy quien se enfrenta con la duda
y anda un aire lento de guitarras
vidalitero pálido de música, vidalitero triste,
hondero pampa solitario hasta el hueso
que en procura de un eco prisionero en las distancias
suelta palomas que no vuelven nunca.

Que no pueden volver, pues la guitarra
tiene la voz conforme a la ternura
y solamente el que se acerca desentraña
la gravidez secreta de sus curvas.

Y el decir es dolor. Cada mañana
se despierta la voz joven y pura
y cada noche se duerme desgarrada
por la espina sutil de las preguntas.

Yo canto en el desierto. Nadie pasa cerca
de mis chilcales y de mis tunas.
Nadie se acerca tanto a mi guitarra
y que entibie sus palomas moribundas.
Y ya se me han perdido tantas cartas...
Las enseñé a volar una por una
y a la vuelta del tiempo he reencontrado
las cartas rotas y las alas truncas.
No obstante, cuando pasa solitaria
la noche en la piragua de la luna
me encuentra siempre y siempre
retornando descarriadas palabras a su música.

Recibí con el ser esta porfiada vocación
de alumbrar, honda y oscura.
No se me dio más luz que un solo rayo
y el dueño de la luz casi me alumbra.
Sin embargo camino, sin embargo
rescato, mi guitarra de las brumas
y me resigno a ser crucificado
siendo la cruz del sur martirio y brújula.

Tiene que ser asi. Vamos andando.
De tantas cartas ha de haber una
que encuentre al fin la puerta del cercado
y entre a girar sin pausa y sin premura.
Bastará que una llegue. Mientras tanto,
peregrino en el tiempo de mi música,
proseguiré hasta el pie de las auroras a reclamar mi luz.
Quiero hacer una canción fundamental
para los hombres que esperan mi canción.
Y he de hacer una.

Alguna vez sentí la melodía.
Alguna vez la presentí desnuda, 
palpitando a orillas del silencio
como una estrella. Alguna vez. Alguna.

Pero esa vez... me la robó el pampero.
El ronco viento pampa arreando lluvias
la alzó en el anca gris de la tormenta
y la violó en su toldería oscura.
Desde entonces la nombro,
Desde entonces la llamo: estrella!
Y no me alumbra.

Como entonces, Señor, conformame
con los bichos de luz de tus llanuras.
A veces, puesto en hombre y de a caballo,
blasfemé con la voz de mi amargura.
Y a veces, en gurí, maté luciérnagas
por saber si es mi luz esa que ocultan.

Tengo entonces las manos luminosas
de asesinas la candidez sin culpas.
Ya soy más bien que un hombre, una luz mala.
Más que una concreción, soy una angustia.

Si equivocado estoy no digas nada.
Yo soy quien se enfrenta con la duda
y anda un aire lento de guitarras
vidalitero pálido de música, vidalitero triste,
hondero pampa solitario hasta el hueso
que en procura de un eco prisionero en la distancia
suelta palomas que no vuelven nunca.

jueves, 21 de agosto de 2014

Amigo, te digo amigo (Milonga)

(Pintura: Carlos Ferreira)

Amigo, te digo amigo,
y me sale sin pensar,
por vos le dí este sentido,
a la vida que se va;
por vos le dí este sentido,
a la vida que se va...


Como la sombra y el árbol,
dialogando sin hablar;
porque tu silencio dice,
lo que callan los demás;
porque tu silencio dice,
lo que callan los demás.


Amigo son cruz y fierro,
los juntó la adversidad
y jugándose la vida,
consagraron la amistad;
y jugándose la vida,
consagraron la amistad.


Todo padre es un amigo,
que también hay que ganar,
viene en la sangre contigo,

contigo también se va;
viene en la sangre contigo,
contigo también se va.


Enajénate al amigo,
desinteresado y real,

talvez por ganar amigos,
camina la humanidad;
talvez por ganar amigos,
camina la humanidad.


Amigo son cruz y fierro,
los juntó la adversidad,
y jugándose la vida,
consagraron la amistad;
y jugándose la vida,
consagraron la amistad,
y jugándose la vida,
consagraron la amistad...







Al cimbrar de la vida (Tonada)


(Foto: Francisco Ayerza)

Desandando el camino
voy sin asombro, nada me lleva;
el hombre es un retoño
del árbol vida frutal de penas.

Dios recibe a los buenos,
compadre,
y no “la descarnada”,
cuando deje este infierno,
compadre,
llevaré esta tonada

Al cimbrar de la vida
vadeamos ríos hondos y pandos
hasta aprender un día
del ave cisne y morir cantando

Dios recibe a los buenos, 
compadre
y no “la descarnada”,
cuando deje este infierno,
compadre
llevaré esta tonada

Dios recibe a los buenos, 
compadre
y no “la descarnada”,
cuando deje este infierno,
compadre
llevaré esta tonada.


 

El cariño de Dios (Salmo criollo: 102/103)

(Foto: Francisco Ayerza)

1
Bendice a Dios, alma mía,
alabalo, corazón,
y no olvidés que el Señor
te ha llenado con sus bienes
y todito lo que tienes
es regalo de su amor.

2
El perdona tus ofensas
y se olvida de tus culpas,
te rescata de la tumba,
su propia gracia te entrega
y por dentro te renueva
como el águila las plumas.

3
El devuelve la justicia
salvando a los inocentes,
con su pueblo fue indulgente
como la historia recuerda,
siempre su ira fue lerda,
se enoja difícilmente.

4
No alarga al ñudo los pleitos
ni tampoco es rencoroso,
y aunque le somos mañosos
sabe aguantar con paciencia,
nos trata según su ciencia
que es un designio amoroso.

5
Como del suelo hasta el cielo
su gracia se ha levantao
y nuestra culpa ha espantao
muy lejos de su semblante:
que no hay cosa más distante
que lo que ya se ha olvidao.

6
Cariñoso como un padre
sabe también de ternura,
El conoce nuestra hechura,
recuerda que somos barro,
y que ha amasao en su tarro
El mismo nuestra mistura.

7
Como el yuyo de los campos
el hombre también florece,
se abre cuando amanece
como las flores bonitas,
pero el viento las marchita
y pronto desaparecen.

8
La gracia de nuestro Dios
en cambio, siempre perdura
pa aquel que en su alianza jura
y guarda sus mandamientos.
¡Que pa sobar bien un tiento
hay que usar madera dura!

9
Puso su trono en el cielo,
domina con su realeza,
sus ángeles con presteza
sus órdenes obedecen,
todo el mundo se estremece
admirao de su belleza.

jueves, 14 de agosto de 2014

Eche otra güelta ("Caña doble" - Valseao)



Eche otra guelta, mozo, de caña doble
y en vaso grande
Pa’ ver si de una china que se me ha juido
puedo olvidarme.

Era una buena moza. de ojos grandotes,
y guenas carnes…
una morocha de esas que aqui en el campo
no ha visto naide.

Su voz era tan dulce que era la envidia,
de los zorzales,
sus trenzas era negras, mucho mas negras,
que’l azabache,

de un color que la noche vestiría
si se enlutase,
y en su boquita fresca se perfumaba
la flor del aire.

Mi rancho era la gloria, yo el mas dichoso
de los amantes,
y Dios nos dio un hijito, pa’que mis dichas
se desbordasen.

Lo gueno dura poco,cuando del campo
volvi una tarde,
con unas ansias locas de llegar pronto
 ¡pa’ tomar mate!

 Hallé el rancho vacio, muertas las brasas,
revuelto el catre,
 y  en la cuna, la pobre criaturita
¡llorando de hambre!

Un papel que habia escrito, sobre la mesa,
me dio detalles:
 “Adios, te dejo el chico, me voy con otro
pa’ Buenos Aires”.

Malditas las mujeres que tienen hijos
y que los hacen
pa’ que parezcan guachos, siempre ignorando
quien fue su madre.

Se me ñublo la vista, como si el mundo
se me acabase…
le eche mano a la daga que se movía
pidiendo sangre.

Pero del angelito sentí los llantos
como si hablasen
y me dijesen: “tata…¡te necesito!…
¡veni…cuidame!”.

¡Y es cierto!, no merece la muy perdida
que yo la mate
y que por culpa suya pudra mis huesos
en una cárcel.

No hay que la castigue, se estará riendo
¡la miserable!...
Por eso chupo.  Mozo, traiga otra caña…
¡quiero mamarme!…

Honra gaucha




Le había dao al malvao pan y cubijas;
y p'hacerlo de bien y de vergüenza
cuando alguno'e sus trapos aventaba,
al palenque del honor lo aseguraba
con el ñudo potriador de su defensa.

Y esa noche, de vuelta del trabajo,
hayó a su china a las boquiadas
-en su rancho, nidito de alegría-
y taladas de hipos de agonía
alcanzó a arrancarle estas palabras:

-El Prudencio.. mi gaucho... sí... el Prudencio
me venía siguiendo a sol y a sombra
y... ya ves... su locura adónde a ido;
en pelea desigual, aquí, he caído,
¡pero en alto y de pie... quedó mi honra!

Y, recién... apenitas... un instante...
se juyó por ayí...
                         -¡Maldita estreya!
Fue a decir algo más, pero vencida
con el último soplo de su vida
señaló con la diestra hacia la güeya.

En tanto, un malambo de descargas
iniciao en el cielo a troche y moche
silenciaba en el yano dormitante,
al relós de los gayos vigilantes
en su kikirikí... de media noche.
Y and'entraron las furias de las nubes
a romper a pechazos la compuerta
y'alumbrar a relámpago el camino,
¡se vió al gaucho siguiendo al asesino
en el rumbo del brazo de la muerta!




(Pintura: Carlos Montefusco)