martes, 29 de julio de 2014

El nacimiento del mate ("La Creación")




Por los senderos del cielo
andaba criando el Criador:
hizo el frío y el calor,
la luz y la 'escuridad',
la sequía, la humedad,
el trueno, el rayo y el sol.

Para no mezclar los tantos
agua y tierra separó,
sobre una gota sopló
y el mar que estaba vacío,
al sentir el aire frío
de pescados se surtió.

Hizo brotar de las sierras
una aguita transparente
que rodó por la pendiente
y de la punta de un cerro,
tiró un puñado de berro
a la par de la vertiente.

Hacía aparecer los yuyos
en piedra, tierra o arena,
canchalagua, hierba buena,
menta, cedrón, peperina,
unos eran medicina
y otros eran quitapenas.

Cavilando en el arrope
hizo brotar los tunales,
chañares, algarrobales,
y pensando en orejones
pasas de higos y pelones
nos dió los árbol frutales.

Plantó árboles en la tierra
con hojas, frutas y flores,
hizo pájaros cantores
que aprendieron a anidar
y también echó a volar
mariposas de colores.

Hizo el tiempo y la distancia,
hizo el silencio y el ruido
y cuando ensayó un silbido
que en las piedras rebotó,
el crespín le contestó:
-"¡Señor!, ya estoy escondido!".

Llegó una langostita negra
con los ojos amarillos,
gritó desde un espinillo:
-"¡Cri-crí!¿qué bicho soy yo?"
y el Criador le contestó:
-"Vos vas a ser el grillo".

Un canto áspero salió
del tronco de una parra:
-"Vas a cantar sin guitarra,
y vas a vivir de fiesta,
vas a aturdir a la siesta
porque vos sos la chicharra".

También hizo bichos grandes:
caballos, pumas, ovejas
cebras, cuises, comadrejas
y con gran sabiduría
para que tuvieran cría
a todos les dió pareja.

Cada bicho y cada planta
cumplían alguna función,
las leyes de la creación
por el Señor promulgadas,
debían ser respetadas
bajo severa sanción.

Instruyó a los animales:
-"No tienen que dañinear,
solamente han de cazar
cuando se encuentren hambreaos,
porque el mundo ha sido criao
pa crecer y mejorar".

Habló también a las plantas:
-"Después de fructificar
el fruto lo han de dejar
al cuidado de la tierra,
la semilla que se entierra
volverá a germinar".

Después les dijo a las flores:
-"No solo hay que perfumar,
van a tener que confiar
en la pata de la verja
en la lana de la oveja
para poder semillar".

Subió a la punta del monte
al terminar el trabajo,
y cuando miró p'abajo
al ver tremenda creación,
dijo con satisfacción:
-"¡Qué cosa linda, carajo!"

"Pero algo me está faltando,
con ésto solo no alcanza",
y con amor y confianza
con todo su corazón,
hizo al rey de la creación
a imagen y semejanza.

-"Vas a correr con ventaja,
Yo te doy el pensamiento
el saber, el entendimiento,
vas a poder razonar
y además podrás amar;
¡esos serán tus talentos!".

"Eso si, tendrás que usarlos
con responsabilidad
para buscar la verdad
y elegir el buen camino,
Yo te doy un don divino
el don de la libertad.".

"Y pa que no andes tan solo
siempre te acompañará,
una mujer que será
sacada de tu costilla,
con ella serán semilla
de toda la humanidad".

"Compartan toda la vida,
la alegría y el dolor,
el coraje y el temor
y caminen con confianza
que no 'hay' faltarle esperanza
cuando les merme el valor".

"Les dejo también un rancho
y un caballo para andar,
el poncho los va a abrigar,
saquen vino de la parra,
y aquí tienen la guitarra
para que puedan cantar".

"No recarguen las alforjas
con pesos exajeraos
porque cuando hayan finao
nada será necesario:
¡todos irán al osario
con los huesitos pelaos!

"No contaminen la tierra,
los ríos ni las vertientes,
no llenen los continentes
con pañales descartables,
¡dejen el mundo habitable
que va a venir otra gente!"

"Cuiden el hueco de ozono,
¡no lo dejen agrandar!
no empiecen a jorobar
cambiando lo que está criao,
porque el mundo es delicao
y se les puede retobar".

Cuando estaba para d'irse
pa'las casas el Criador,
Adán le dijo: "¡Señor,
aunque estoy agradecido
de tanto que he recibido
¡quiero pedirte un favor!"

"Tengo mujer y caballo,
tengo rancho y tengo abrigo
y aunque Vos estés conmigo
y si pierdo todo algún día...
¿Quién me va a hacer compañía?
¿Dónde he de hayar un amigo?".

Dios sujetó su caballo
y le contestó: "Es verdad!
p'aliviar la soledad,
y compartir un dolor
no existe cosa mejor
que el calor de la amistad!"

Cortó una calabacita
y en la mano la calzó,
la punta le rebanó
y sin herir su corteza,
con habilidad y destreza
con el facón la vació.

Después le puso la yerba,
agua calentaba en el brasero
y metió por el ahujero
la bombilla, la bendijo:
-"Aquí tiene, ¡tenga m'hijo!
éste es su fiel compañero".

La cizaña (El Evangelio criollo)


(Dibujo: Eleodoro Marenco)

"El Reino de Dios semeja
a un hombre que sembró mái,
pero una noche por áhi
un enemigo con mañas
le mesturó de cizaña
todo el sembrado, ¡velay!"

"Cuando apuntaba el maizal
también los cardos brotaron,
y sus piones se ofertaron
pa desyuyar el potrero,
pero les puso un reparo
aquel prudente estanciero".

"Más vale que no hagan nada
¡vaya y saquen el cerial!;
dejen que crezcan igual
y, en el tiempo que recojan,
guarden el grano con trojas
y echen al fuego el cardal".

Algunos le preguntaron,
pa salir de su inorancia,
cuál era la comparancia
que la cizaña tenía,
y Jesús con maestría
les declaró su importancia.

"El estanciero soy yo
y este mundo es el terreno;
las espigas son los güenos,
los malos son la cizaña;
y el enemigo con mañas
el diablo, ni más ni menos".

"El tiempo de la cosecha
al fin del mundo comparo;
los piones que se ofertaron
son los ángeles de Dios,
que dividirán en dos
la cosecha que juntaron.

"Los malos irán al fuego
en pena de su maldá;
y los güenos de verdá
brillarán como luceros
en los celestes graneros
por toda la eternidá".

En este valle de lágrimas
crece el mái con la maleza;
unos odian y otros rezan,
unos güenos y otros vagos;
toda la vida es un trago
de alegrías con tristezas.

Dios le puso como prueba
al hombre su libertá;
pero esta ocasión que dá
no es un tiempo de temor,
sino el tiempo del amor
pa probar nuestra amistá.

Y también está de Dios
que al final todo perece;
una llave que estremece
nos abrirá las concencias,
y el Juez dará la sentencia
que cada cual se merece.

lunes, 28 de julio de 2014

Sentencias del Tata Viejo



Pongan el oido paisanos
a lo que voy a decir,
porque les quiero alvertir
que del mundo, en el concierto,
les conviene hacerse el muerto
pa' que los dejen vivir.

Cuatro edades cumple el hombre
al cabo de haber vivido:
la inocencia, en que ha nacido,
poco después, la esperanza,
la dicha, que nunca alcanza,
y por último, el olvido.

Por desdenes en amor
se achican siempre los flojos,
y hay mujer muerta de antojos
que no da consentimiento.
Güena china y perro hambriento,
dicen que sí con los ojos.

Las curanderas de empacho
conocen midiendo ombligos,
otros aprecian el trigo
por el peso de sus granos,
yo digo que es mal cristiano
quien siempre muda de amigos.

El dolor educa al hombre
y es lo que lo hace más juerte
no te quejís de la suerte
ni andís llorando querellas,
si al fin y al cabo, las huellas
llevan todas a la muerte.

La mulata hace jugar
pa' su amor en' la cocina
mas, cuando vuelve una china
del honor, por sus cabales,
al ñudo son los candeales
 y los caldos de gallina.

Cantan poco y comen mucho
gorriones, loros y tordos.
No li hagai los oídos sordos
al hambre de tu aparcero:
come poco, al matadero
llevan antes a los gordos.

El del chancho es mal ejemplo,
imitarlo no debes,
pa' mi ver: vive al revés
por la malicia del hombre.
Que lo engorde, no te asombre,
pa' comérselo después.

De noche en la pulpería
pasan muchos divertidos,
pero sabe el buen marido
que' eso mata la alegriá
Ave que canta de día
busca temprano su nido.

viernes, 18 de julio de 2014

Payada de la amistad



Curbelo:
"Lo mismo que Martin Fierro
le pido a Dios y a mi santos
que le de vida a mi canto
ahora que a cantar me aferro
y  lo que en el pecho encierro
ha de salir como luz
y para que quede en sus
versos que son los testigos
que simbolizo al amigo

en el gran sargento Cruz".

Ayrala:
"Cruz y Fierro en el desierto
simbolizan a la amistad,
nos marcan la claridad
de corazones abiertos
y en el humano concierto
los amigos no se alejen
que sus sentimientos dejen
en un humano horizonte

si hasta las plantas del monte
entre todas se protegen".

Curbelo:
"Cuando un amigo es cabal
ese monte me da sombra
viene ca ser omo una alfombra
de acento tradicional
por eso como noble y leal
con mi guitarra querida
voy a decir enseguida
de que un amigo sincero
es el mejor aparcero
que el gaucho tiene en la vida "

Ayrala:
"Es el más sincero apoyo
en la alegría, en lo triste,
porque la amistad existe
en el corazón del criollo,
ayuda a salvar escollos
andando sobre la huella,
es soles, luna y estrellas,
es lo mejor de la vida,
es una mano extendida
y el corazón puesta en ella".

Curbelo:
"Cierto que sobre el camino
muchos amigos hallé
y en ellos siempre confié
y fue fiel ese destino;
por eso ha de ser que opino
con criterio y con amor
voy a poner una flor,

le voy hacer un encuadre:
¡un recuerdo pa mi padre
que fue mi amigo mejor!"

Curbelo:
"Yo tambien muchos hermanos
hallé andando por la huella,
que aliviaron mis querellas
y que entibiaron mis manos,
desde las cumbres hasta el llano
me sirvieron de sostén
y en ese humano vaivén
cruzando día tras días
compartieron mi alegría
y mis dolores también".

Curbelo:  "Al trinar de la bordona
                al amigo hemos cantado,
Ayrala:     con un verso emocionado
                que el corazón lo perdona;
Curbelo:   cual santos Vegas y Carmona
                mateando abajo de un tala
Ayrala:     y hoy el canto abre sus alas
                y al amigo alza su vuelo:
Curbelo:   ¡homenaje que Curbelo
                hoy le deja junto a Ayrala".

jueves, 17 de julio de 2014

El adiós de Gabino Ezeiza



Buenos aires de mi amor,
¡oh, ciudad donde he nacido!
No me arrojes al olvido
Yo, que he sido tu cantor.
De mi guitarra el rumor
Recogió en sus melodías,
Recogió en sus melodías,
El recuerdo de otros días
Que jamás han de volver,
Los viejos cantos de ayer
Que fueron las glorias mías.

Esperanzas que ya no hay,
Coplas y cielos ardientes,
La diana de los valientes
Volviendo del Paraguay.
Cantos de gloria, pero ¡ay!,
Que en la guitarra argentina,
Que en la guitarra argentina
Melancólica se inclina
Para decirles adiós,
Mientras se apaga la voz
De las milongas de Alsina.

Por eso vengo a cantar
Mi trova de despedida,
Que hoy la tarde de la vida
Mi alma ya empieza a nublar.
Nadie volverá a escuchar
De mi guitarra el rumor,
De mi guitarra el rumor,
Cantos de gloria y de amor
De la ciudad en que he nacido,
No me arrojes al olvido
Yo que he sido tu cantor.
 
 

Un parte

(Pintura: Patricio E. Marenco)

Marchaba el ganado
con trote ligero,
levantando polvo
del trillado suelo;
y alegre lo arreaba
el mozo tropero,
silbando bajito
un aire de cielo.

Al llegar a un paso
detuvo el arreo
para que la tropa
tomara un resuello.
Salvando las aguas
sobre pies de fierro,
aéreo alambrado
pasaba el telégrafo
de vibrantes hilos
y aisladores huecos
en forma de orejas;
y al verlo el tropero
pensó, sin malicia,
al chasque de fierro,
que iba hasta su pago
de los Cincos Ceibos,
pedirle un servicio
de buen aparcero.

Acercó el caballo,
y como en secreto
hablóle así al poste:
-"Oiga compañero;
dígale a mi china
que le mando un beso,
un abrazo fuerte
y muchos recuerdos;
dígale que vivo
con su pensamiento,
y que no se aparta
de mí ni en los sueños.
Y a mi madre vieja
dígale, aparcero,
que no esté afligida,
porque sigo bueno,
y, si Dios me ayuda,
volveré contento
a darla un abrazo
antes de San Pedro".

Apartando el flete
del poste de fierro,
murmuraba el mozo:
-"Gracias, aparcero;
si algo se le ofrece,
yo soy Juan Aceño,
y tiene su casa
en los Cinco Ceibos".

Y con un silbido
y dos revoleos,
la tropa apurada
pasó casi en seco
el angosto cauce;
y en el polvoriento
camino, dejando
un leve reguero,
siguió al trote corto
con rumbo a los cerros.
Alegre la arreaba
el mozo tropero,
silbando bajito
un aire de cielo.

Campera


(Pintura: Enrique Castro)

Su cara es trigueña
como pasto seco
que quema en verano
el sol con su fuego;
sus ojos muy grandes
como pena, negros,
viven por ladinos
en perpetuo encierro,
y en la boca tiene
un nido de besos
la linda morocha
del pago del Cerro.

Igual a los ojos
es el pelo negro,
y como cuajada
tembloroso el seno;
el talle semeja
junco del estero,
que al pasar agitan
y cimbran los vientos;
y andando parece
que no pisa el suelo
la linda morocha
del pago del Cerro.

En yerras y trillas,
óleos, casamientos,
velorios, cumpleaños,
y en todo festejo,
¿quién lucirse puede
si baila algún cielo,
pericón o polka,
y dice sus versos
con más intenciones
que doctor pueblero
la linda morocha
del pago del Cerro?

Si alguno la mira
con ojos risueños,
es cabresteadora
y sigue el floreo
como las potrancas
el son del cencerro;
pero ni a paisanos,
ni a mozos puebleros,
ha soltado prenda
ni admitido empeños,
la linda morocha
del pago del Cerro.

Libre, arrastradora,
igual al pampero;
perdonando vidas,
y pidiendo besos,
es reina en su pago
la que yo prefiero,
proclamo y publico
a todos los vientos;
linda entre las lindas,
como el gran lucero,
la linda morocha
del pago del Cerro.

Carta que el gaucho Martín Fierro dirige a su amigo don Juan Manuel Blanes con motivo de su cuadro:


El juramento de los treinta y tres:


 

Amigo Don Juan Manuel,
Me alegro mucho que esté
Sano del copete al pié;
Y dispense si en su carta
Algún  disparate ensarta,
Este servidor de usté.

Una suya recibí
Punteada con todo esmero;
Y al verlo tan cariñero
Dije para mí: A este Blanes
No hay oriental que le gane
Como amigo verdadero.

Y aunque me diga atrevido
O que a la luna le ladro,
Como ese bicho taladro
Que no puede estarse quieto,
En todas partes me meto
Y me metí a ver su cuadro.

Por supuesto los diez pesos
Los largué como el mejor,
Pues no soy regatiador,
Y ya entré a ver dispués
Los famosos "Treinta y Tres"...;
¡Ah cuadro que da calor!

Me quedé medio azorao
Al ver esa comitiva;
La miré de abajo arriba
Pero ¡que el diablo me lleve!
Si parece que se mueve
Lo mesmo que cosa viva.

Encima le han colocao
Un sol que valdrá un tesoro:
Lo habrán puesto, no lo inoro,
Como en el naipe español,
Porque habrán dicho esos toros:
"A todos alumbra el sol".

Y esa gente tan dispuesta
Que su país va a libertar,
No se les puede mirar
Sin cobrarles aficion:
¡Si hasta quisiera el mirón
Poderles acompañar!

Para mí, más conocida
En la gente subalterna;
Mas se ve que quien gobierna,
O lleva la dirección,
Es un viejo petizón
Qu está allí abierto de piernas.

Tira el sombrero y el poncho,
Y levanta su bandera
Como diciendo: "ande quiera
Que flamé se ha de triunfar,
Vengo resuelto a peliar
Y que me siga quien quiera".

Le está saliendo á los ojos
El fuego que el pecho encierra,
Y señalando a la tierra
Parece que va á decir:
"Hay que triunfar o morir,
Muchachos, en esta guerra".

Y animando aquella gente
Que á lidiar se precipita,
Mientras se mueve y se agita
Con la proclama del viejo,
Hay uno que dende lejos
Le muestra una crucesita.

Cerca de él, hay otro criollo
De poncho y de bota fina;
Se ve que en la tremolina
Hará agujero si atropella:
Ha agarrao la garabina
Como pa darles con ella.

Al lao, el de camiseta,
Ya deja ver que es soldao;
Está muy arremangao
Como hombre resuelto a todo:
Se le conoce en el modo
Que ha sido algún desalmao.

Hay otro de pantalón,
Tirador bordao de seda;
Que lo resista quien pueda
Cuando llegue a gritar, ¡truco!
Ha echao al hombro el trabuco,
Y se ha metido en la rueda.

De pantalón va también,
Otro de sombrero al lao:
Es resuelto y animao,
Pero de un modo distinto;
Tiene el naranjero al cinto,
Y parece más confiao.

Hay otro viejo gritando
"¡A mí naides me aventaja!;
"¡En cuanto suene la caja
"He de responder al grito!.
Tiene en la mano un corvito
Que ha de estar como navaja.

Ese que esta arrodillao
No me deja de gustar;
Uno puede asigurar,
Que va á decir- cuando hable:
"Todos tienen que jurar
Sobre la hoja de este sable".

Que ha de haber sido algún bravo
En el ademán se advierte,
Y para estar de esa suerte,
Dije yo, lo han elegido,
O por ser más decidido
O por tener bota fuerte.

Me gusta el de casaquín;
Se le nota el movimiento,
Como que en ese momento
Tira su sombrero arriba.
A tiempo que pega un ¡viva!
Medio loco de contento.

Pero entre tanto valiente
Donde lejos se divisa
El que en mangas de camisa
Se hace notar el primero,
Un gaucho más verdadero:
No he visto, ni en los de Urquiza.

Espuela y botas de potro,
Todo está como nacido:
Es patriota decidido,
Se ve que resuelto está:
Para mejor, le ha salido
Medio escaso el chiripá.

En el amor y en la guerra-
En todo habrá sido igual;
Tiene, un trance tan formal
El enemigo en contorno;
Pero no olvidó el adorno
De cola de pavo-rial.

Le adivina la intención
Todito aquel que lo vea;
Para dentrar en pelea
Revela hallarse dispuesto,
Y de fantástico ha puesto
De dragona la manea.

Lleva su ropa y sus armas
Como que las sabe usar:
Con gracia sabe arreglar
Su trabuco en la cintura;
Muestra ser, por la figura,
Sin asco para matar.

Y además de algunos otros,
Me ha llamado la atención
Uno que está en un rincón
Como quien no dice nada:
Se ha largado a la patriada
Descalzo y de pantalón.

Y yo, para mí decía:
Estos hacen lo que deben;
Y varones que se atreven
Con voluntad decidida
A jugar ansí la vida
Tal vez ni cigarros lleven.

Van a libertar su país
Peliando con valentía;
Quizás ni ropa tendrían,
Pero nada los sujeta;
Hasta las mesmas maletas
Están, ay, medio vacías.

La garabina y el sable
Que están tirados allí,
Pensé yo al verlos ansí:
O alguno se ha hecho avestruz
O son de aquel de la cruz
Que los ha dejado aquí.

A la distancia se llevan
El bote los marineros,
Los mesmos que los trujeron
Se retiran apuraos;
Ya se ve, que les hicieron
La compañía del horcao.

Parece que van diciendo:
"¡Ai quedan sin esperanza!
"Y vámonos sin tardanza;
"Si viene fuerza enemiga
"Tal vez ninguno consiga
"Escapar de la matanza".

Yo los hubiera agarrao
A los que el bote se llevan;
Justo es que á todo se atreva
El hombre que hace la guerra;
Cuanto pisaron en tierra
Debió principiar la leva.

No meto en esta coplada
A todos por no cansarlo;
Pero debo confesarlo,
Amigo, y se lo confieso,
Yo le saqué los diez pesos
Al cuadro, tanto mirarlo.

Cuente si son Treinta y Tres,
Si en mi cálculo no yerro;
Con ésta mi carta cierro.
Amigo, me planto aquí,
Ni Cristo pasó de allí
Ni tampoco
                          Martín Fierro.

(Año:1878)

El caballo del gaucho

(Pintura: Eleodoro Marenco)

Mi caballo era mi vida, 

Mi bien, mi único tesoro.
(Juan M. Gutiérrez)

Mi caballo era ligero
como la luz del lucero
que corre al amanecer;
cuando al galope partía
al instante se veía
en los espacios perder.

Sus ojos eran estrellas
sus patas unas centellas,
que daban chispas y luz;
cuanto lejos divisaba
en su carrera alcanzaba,
fuese tigre o avestruz.

Cuando tendía mi brazo
para revolear el lazo
sobre algún toro feroz,
si el toro nos embestía,
al fiero animal tendía
de una pechada veloz.

En la guardia de frontera
paraba oreja agorera
del indio al sordo tropel,
y con relincho sonoro
daba el alerta mi moro
como centinela fiel.

En medio de la pelea,
donde el coraje campea,
se lanzaba con ardor;
y su estridente bufido
cual del clarín el sonido
daba al jinete valor.

A mi lado ha envejecido,
y hoy está cual yo rendido
por la fatiga y la edad;
pero es mi sombra en verano,
y mi brújula en el llano,
mi amigo en la soledad.

Ya no vamos de carrera
por la extendida pradera,
pues somos viejos los dos.
¡Oh mi moro, el cielo quiera
acabemos la carrera
muriendo juntos los dos!

Doctores


(Pintura: Horacio Espondiaburu)

Ya he comprado botas juertes,
y un güen sombrero de pelo,
tengo un surtu hecho a la inglesa;
sólo calzones no tengo.

Con seis cuellos de camisa
y la corbata ajustada,
que venga el diablo a saber
a dónde está la emboscada.

A lenguaraz me he metido
y no hay lengua que no aprenda
y entre todos los doctores
a lo lindo echo una arenga.

En francés ya sé decir:
¿Comanbu portebu madama?
Y en inglés: juan, tu, tri, for;
y en portugués, ¿quein me chama?

En italiano también:
en mio corpio se decir:
y obnia tempus en latín,
¡Gusto dá oirme producir!.

También en el español
a la moderna sé hablar:
diciendo: huevo y no güevo,
y lamer por lambetear.

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En el año 1830 apareció, en "El Gaucho", esta composición ingenuamente humorística, leve e inofensiva, entre el fárrago de poesías hirientes y crudas que daban colorido al batallador periodismo de la época.