miércoles, 15 de julio de 2015

Tiempo y olvido




Dicen que tiempo y olvido
Se precisan mutuamente
Que si hay un recuerdo ausente
Hay un tiempo transcurrido
Traté pero no he podido
Dejando el tiempo pasar
Más te vuelvo a recordar
Y como lo presentía
Se desangra el alma mía
Porque no aprendió a olvidar…

Dicen que tiempo y olvido
Se hermanan en el sendero
Donde uno pasa primero
Siempre el otro lo ha seguido
Yo voy a un recuerdo asido
Y el tiempo pasa de largo
Tu recuerdo se hace amargo
O dulce según la hora
Mientras lento y sin demora
El transcurre sin embargo…

Dicen que tiempo y olvido
Se desafían muchas veces
Y un recuerdo permanece
Sobre el tiempo suspendido
Caprichoso y decidido
Tu recuerdo es una espina
Que junto al tiempo camina
A la par mía callado
Y he de llevarlo guardado
Como nadie se imagina…..

Badajo



(Foto: Guido)


Con la silente luz de la mañana
Se despereza el día en su bosquejo
Y a penitas se escucha desde lejos
Que un badajo en el bronce....... toca diana.

Amanece en la estancia y es arcana
La rutina tan agreste y natural
Mientras se escucha un tropel en el corral
Que un badajo en el bronce....... toca diana.

Volverá a caer la tarde limpia y ruana
Sobre el campo sereno, húmedo y frío
Para esperar paciente el tiempo umbrío
Que el badajo en el bronce....... toque diana.


domingo, 5 de julio de 2015

Tu huella (Huella)

Cuando el sol ilumina
sobre las aguas,
un incendio de angustias
me quema el alma.

Y en las rubias arenas
busco tu huella,
cuando el mar con su espuma
la playa besa.

Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...

A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.

El verdor de tus ojos
en la distancia
me mantienen cautiva
de tu mirada,

Si a mi grito callado
lo lleva el viento,
él habrá de contarte
¡cuánto te quiero!

Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...

A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.

miércoles, 24 de junio de 2015

Chimichurri



El chimichurri casero
varía según la casa.
El nuestro lleva romero,
ají molido, mostaza,

perejil, ajo aplastado,
orégano, pimentón...
¡y puede ser degustado
desde aquí a Nueva León!

Se le agrega buen aceite,
vinagre y agua caliente.
Quince días se lo añeja

y ya está para el deleite
de quienes hincan el diente
al asado o la molleja.


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Ingredientes:


Ají molido.
Romero.
Mostaza.

Perejil.
Ajo.
Orégano. 
Pimentón.
Aceite.
Vinagre.
Salmuera (sal disuelta en agua caliente).

Asado de tira



El asado del sur nutre e inspira
a quien quiere vivir vida sencilla.
Lo nuestro es el asar a la parrilla
el corte que denominamos tira.

La leña de quebracho arde en la pira.
Cuando ha dado sus brasas cada astilla
se apoya sobre el hierro la costilla
con las brasas debajo. Bien se mira

que su calor parejo, firme y suave
vaya asando la carne lentamente.
Unos la salan antes y otros luego.

Dada vuelta, en su punto está la clave
para que quede a gusto de la gente
que celebra la vida junto al fuego.

Rancho




El rancho de tan ladeado
parece que echa verija;
a su figura prolija
los pamperos han pechado;
y el cimbronazo ha aguantado
ahí mismo como se ve,
aunque no es lo que fue
su altiva presencia aún talla,
y a su última batalla
la está aguantando de pie.

Del pasto en la verde alfombra
el longevo ombú altanero,
que hasta el despeinado alero
llegó a prestarle su sombra;
pareciera que se asombra
al llegar la brisa al tranco,
porque ve desde ese flanco
que va cayendo de a poco,
el rancho vencido y tioco
desvencijado y lunanco.

El pozo abriendo la boca
se perdió entre la gramilla,
en él la luna no brilla
y el balde el agua no toca;
agua que nunca fue poca
cuando era un manantial,
disminuyó en su caudal
y en ese "augero" redondo,
tan solo hay barro en el fondo
y está en el suelo el brocal.

Bajo el toldo de las ramas
de otro ombú secular,
solía la hacienda acampar
en veranos de oriflamas;
y entre esas lenguas de llamas
como flechas encendidas,
yeguadas despavoridas
cortaban por un atajo
con rumbo al jagüel del bajo
en busca de sus bebidas.

Deshecho están los corrales,
el viejo galpón enclenque,
solo está firme el palenque
donde se ataron baguales:
pero entre tantas postales
que recrudecen mi herida,
sobre esa imagen querida
el mojinete altanero,
da albergue a un nido de hornero
que es como un canto a la vida.

Cantor sureño



Al trotecito de una milonga
pa' que no muera el canto sureño,
ahi va mi verso que se prolonga
siguiendo el hilo de un largo sueño;
un largo sueño de guitarreadas
con mate amargo junto al fogón,
donde dos manos bien preparadas
cosechan notas del diapasón.

Cantor sureño, paisano pampa,
peón de carreta, manos curtidas,
que domingueando su gaucha estampa,
nunca su flete se fue en partidas.
Y si a una doma lo convidaron,
montao en pelo fue domador,
después las mozas lo comentaron
"ahí va un sureño, guapo y cantor".

Cantor sureño, cantor tranquilo,
que si lo adornan con un floreo,
a la milonga le saca filo
y corta lindo en el bordoneo;
y si en las yerras como él no hay otro,
en cualquier cosa se priende igual,
le da lo mismo buscar un potro
que una guitarra pa'echarle un pial.

Y al trotecito de una milonga
va por la pampa con su cantar.


Milonga



No te digo muchacha ni paloma,
ni sol ni cardo ni palenque rudo;
si tengo que nombrarte, no lo dudo,
hay solo una manera: sos milonga .

Si sos puro latido que se canta,
un instinto anterior que se renueva;
tu simple son del llano es la manera
de sacar el amor por la garganta.

Puñado de verbena en serenata,
como de ablande a un corazón porfiado;
sos el grito caliente y rebelado
que muere de pasión pero no mata.

El quererte milonga, no es amarte,
como beso pagado en boca roja;
aunque sos lenta tu llovizna moja
y no es para cualquiera el ensillarte.

Habrán de ventilarte las costillas,
con amor y paciencia desde abajo;
se sabe que cantarte no es trabajo,
pero por simple, nunca sos sencilla.

Hasta la vuelta, que el vivir disponga,
en Mi menor un día nos veremos,
y al tranquito sin pausa nos iremos
al llamado de un canto por milonga.

Paisaje de vidalas



Noche provinciana donde el cielo
Es huerto de las mil estrellas,
Que son mil hermanas brillando
Y danzando sobre los desiertos.

Pasa el viento norte por los poleares
Y en la misteriosa maraña espinosa
Todo los aromas transforma en cantares.
Y llegan los hombres, obreros, paisanos,

Hijos de las selvas y los arenales.
Limpios corazones y callosas manos
Y aprenden la copla que dejara el viento
Con melancolías de viejos amores,

Panal de dolores, miel de sufrimientos.
Y hacen esperanza de la antigua pena
Y cantan la dulce y agreste vidala
Con el mismo ritmo que late en la vena.

Trova campesina mística y pagana
Que narra y evoca, que reza y provoca
Rumor de guitarras y cajas indianas.
Y cuando de lejos se siente tu son
Despierta el profundo misterio del mundo
En las tolderías de mi corazón.

Romance para un arriero


(Pintura: Georg Miciu)

Tan fiel conservo tu estampa,
tu estampa gaucha, resero,
que a veces yo me pregunto
si es verdad que te recuerdo
o es que te llevo en el alma
como la vaina al acero.

La admiración que sintiera
por ti en mis tiempos primeros
es la misma admiración
que hoy siento llegando a viejo.

Yo sé que es mucho pedir
pintarte de cuerpo entero,
pero valga la intención
que pongo al hacer los versos.

¿Tu nombre? don Ezequiel,
don Zenón, don Anacleto...
(¡Qué bien quedaba ese "don"
nacido de mi respeto,
cuando yo te saludaba
echando mano al chambergo!).

¿El apellido? Giménez,
Navarro, Gauna, Requejo,
Godoy, Quiroga, Ramirez,
Roldán, Lavarga, Peredo
(que los nombres se hacen gauchos
según quien los lleve puesto).

Me basta cerrar los ojos
para encontrarte de nuevo
montado sobre un lobuno,
sobre un zaino, un lunarejo,
un "colorao sangre'e toro",
un alazán o un overo,
(que el pelo tampoco le hace;
todo es la mano del dueño).

Me basta reconcentrarme
para salir a tu encuentro
por esos largos caminos
donde mis ojos te vieron.

Resero de bota y poncho,
blusa, bombacha y pañuelo,
que nunca saldrá de pobre
porque le sobra con eso.

Yo te quisiera pintar,
pintarte de cuerpo entero,
pero me faltan palabras
para pintarte por dentro.

Nacido para el camino,
es tu destino, resero,
un eterno ir y venir,
un ir y venir eterno.

Plumón de cardo pampeano
que va enancado en el viento,
apenas tenés querencia
que haga apurar el regreso:
tu vida es estar llegando;
estar llegando y partiendo.

Triste destino es el tuyo:
nacer y morir resero;
ir enhebrando distancias
siempre detrás del arreo,
como quien va inútilmente
queriendo cazar un sueño.

¡Nacer y morir arreando!
¡Nunca lo tuyo! ¡Siempre ajeno!