jueves, 16 de junio de 2016

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Cuándo duerme la guitarra?



Yo le pregunto a la noche
Cuando duerme la guitarra,
Yo le pregunto a la noche
Cuando duerme la guitarra
Yo que la siento rezar
Su salmo en la madrugada,
Su vidalita en la tarde,
Su milonga en la mañana,
Su tango quemando vida,
Con amor, con pena y rabia...

¡Ay noche si me dijeras
Cuando duerme la guitarra!

Que duende tendrás vigüela
Para vivir desvelada,
Que duende tendrás vigüela
Para vivir desvelada,
Para contarnos tú pena
Solo con media palabra,
Para pintar una esquina
El amor de una muchacha,
Un adiós que no se dice
Y un olvido que se agranda...

¡Ay noche si me dijeras
Cuando duerme la guitarra!

Se vuelve toda paisaje
Cuando del campo nos habla
Y en las calles de mi barrio
Bordoneando se desangra,
En su madero embrujado
Caben todas las distancias
Y nos lleva noche adentro
Y nos alienta, y nos mata...

¡Ay noche si me dijeras
Cuando duerme la guitarra!


martes, 31 de mayo de 2016

Viejo estilo cordobés (Estilo)


Rima versos, lira mía (Milonga)



Rima versos, lira mía
Jubilosos a montones
En inspiradas canciones
De virtuosa melodía,
Rima versos a porfía
Con encantos de florestas
Con armonías de orquestas
y arpegios jamás oídos
Que al embargar los sentidos
Vistan el alma de fiesta.

Recordar en esta hora
Se empeña el alma anelosa
A la de voz melodiosa
Dulce, bella y seductora,
A la matrona y señora,
Con cuyo acento divino,
El paisano peregrino
Hilvanando vidalitas
Recorría con sus cuitas
El ancho campo argentino.

Yo adoro tu melodía
Melancólica vigüela
Porque es ella quien consuela
La penas del alma mía,
En mis noches de agonía
Hago vibrar tu cordaje
Y canto en rudo lenguaje
Los males del corazón
Como el ave su canción
En el florido boscaje.

Esa música que brota
De tus cuerdas armoniosas
En mis noches borrascosas
Calma el dolor que me azota;
Yo recojo en cada nota
Una fuente de emoción
Que llega a mi corazón
Como un bálsamo bendito
Para ahogar el hondo grito
Que brota de mi aflicción.

Vieja guitarra querida
Que esperas que yo te pulse
Para brindarme la dulce
Armonía que en ti anida,
Compañera de mi vida
Que me comprende y consuela
Tu armonía me revela
Que en tu caja has de tener
Toda un alma de mujer
Melancólica vigüela.

domingo, 29 de mayo de 2016

La chispa (Cueca)



(Dibujo: Eleodoro Marenco)


Al fin la chispa saltó
y el vino empieza a mermar,
va agarrando fuego el guano,
métele, hermano,
que hay que apagar.

Garganta de pedernal
el jeta Sotomayor
chupa vino con avispas
que saca chispas
del corazón.

¿A quién no le gusta el vino
siendo argentino de tradición?;
dele a la Juana un besito,
solo un traguito
pa' la ración;
que beban agua las plantas
ellas se aguantan la mojazón.

El tinto del Albardón,
áspero y entonador,
me trepa como la parra
y en la guitarra
se hace canción.

Cantemos hasta aclarar
el vino madrugador,
ni envidia siente el que canta
de su garganta
Sotomayor.

¿A quién no le gusta el vino
siendo argentino de tradición?;
dele a la Juana un besito,
solo un traguito
pa' la ración;
que beban agua las plantas
ellas se aguantan la mojazón.

Nacimiento del vino



Como un toro frutal, el mosto herido,
se revuelca en las cubas resollando,
y entre canciones sórdidas va ahogando
en soledad su cálido balido.

Toda su sangre le dará al olvido
que se come los ojos en el llanto,
y por baguales libre ya en el canto,
arderá su color amanecido.

Entre esa luz, ultrafloral morada,
a la sombra carnal y enamorada
que lo íntimo visita en la madera,

terrestre habita el vino y su locura,
que en los huesos detiene la dulzura
y el sueño vivo de la Primavera.

I

Viene un color de vena desolada
nombrándote crepúsculo entre flores,
y tocas el amor con resplandores
de sangre y fruta azul martirizada.

Como un monstruo inocente la mirada
te duele tan honda. En los albores,
de tu cuerpo crisol, hay ulteriores
reflejos de alarido y puñalada.

Entre la piel del alma te me pegas
como la sombra de un abuelo triste
que en mí vengara su tristeza,

y desde el pozo de tu vida ciega,
un toro antiguo de jazmín embiste
mi corazón sin tiempo ni cabeza.

II

¡Clava en mi carne luminosa garra!
¡Hunde en mi pecho tu afilada chuza!
Que yo sé que tu luz en mí se aguza
desangrando mi voz por la guitarra.

De la raíz y el sueño de la parra
en que el agua del sol se desmenuza,
¡sube conmigo, por mis venas cruza
a la luz que hace canto la cigarra!

¡Ven a morir entre mis huesos tristes,
siéntate al lado de mi sangre, hermano,
donde la luna corre como un río!

¡Llévame por los árboles que vistes
de un sudario de llanto y de la mano,
enséñame a morir, hermano mío!

III

Herido por un tejo de amapola,
por un gusto de fruta amortajado,
resume tierra y mira enamorado
el ojo cíclope de tu corola.

El hombre dentro de tu vida inmola
un grito de color desesperado,
un toro en niño y dios transfigurado
por la inocencia de tu muerte sola.

Del agujero en que tu ser consiste,
donde la noche universal reposa,
nace un balido germinal y duro.

¡Quédate en mí en la pena que me diste,
ángel terrestre, en mi dolor reposa,
que él es esterno como tú eres puro!

IV

En soledad bebiendo, hacia el más puro amor
alzo el vaso de vino por la sombra mojado,
y su ojo impar me mira con un nimbo dorado,
desde el animal hondo de su ocaso interior.

De adentro vuelve en zambas creciendo su color
como de un nostalgioso dolor enamorado,
bebo su cuerpo y siento como un puñal morado
que asesina en mi boca la carne de una flor.

Húmedo como un beso de nocturna madera,
vuelto casi memoria de los más altos días,
en íntimo contacto dentro de mis venas canta;

y mi guitarra siente que es verde su cadera,
enamorada funde su boca con la mía,
y por el vino sube la voz a mi garganta.

La Macacha (Serenata)



Macacha Güemes tus ojos,
Son dos luceros en guerra;
Por eso hasta las guitarras
Te copiaron las caderas.

En tiempo de serenatas,
La oscuridad de tus trenzas;
Brillaban como las lanzas
A flor de la montonera.

Mamita del pobrerío,
Palomita mensajera;
Que entre el gauchaje lucía
Lo mismo que una bandera.

Macacha Güemes, muchacha,
Fibra de miel y azucena;
Tus ojos negros mojaron
De amor la noche salteña.

miércoles, 11 de mayo de 2016

De regreso (Estilo)


(Dibujo: José Montero Lacasa)




La madrugada (Canción)


(Pintura: Rodolfo Ramos)

¿No ver a tu corazón?
--¿qué dice usted?--
Adorada prenda querida,
así ha de ser.

Y verás que por tu amor
--¿qué dice usted?--
estoy al perder la vida,
así ha de ser.

No te duermas mi querida
no te duermas mi adorada,
que viene aclarando el día
la madrugada.

Estoy al perder la vida,
--¿qué dice usted?--
En la agonía muy fuerte,
así ha de ser.

Al verte todos los día
--¿qué dice usted?--
mis ojos lloran por verte
así ha de ser.

No te durmas mi querida,
no te duermas mi adorada,
que viene aclarando el día
la madrugada.

Soñé que el fuego se helaba
--¿qué dice usted?--
y que la nieve se ardía,
así ha de ser.

Y por soñar imposibles
--¿qué dice usted?--
soñé que tu me querías,
así ha de ser.

No te duermas mi querida,
no te duermas mi adorada,
que viene aclarando el día
la madrugada.

Año 1917-



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Investigación de don Armando Lofiego

LA MADRUGADA

Tras la grabación de “El moro” el Dúo Gardel-Razzano, lleva al disco la canción “La madrugada” que pertenece al guitarrero y cantor cuyano Saúl Salinas, compañero de correrías junto a Gardel y Razzano en los primeros tiempos.
“La madrugada” es una canción influenciada por el folclore mexicano, al que Saúl Salinas era tan afecto, pues se trata de una canción con la que el galán suele cortejar a la mujer despertándola por la mañana cantándole lo que los mexicanos llaman una “mañanita”.

No te duermas mi querida
No te duermas mi adorada
Que viene aclarando el día
La madrugada...

La “mañanita” es el tipo de canción equivalente a lo que en el Río de la Plata es la “serenata”. La diferencia está en las horas en que se le entona a la mujer amada. La “mañanita” se brinda durante las primeras horas del día para despertar a la mujer, mientras que la “serenata” es ofrecida, con las mismas intenciones, en las horas en que cae el “sereno” (de ahí el nombre de “serenata”), por lo general a la medianoche o en horas cercanas a la medianoche.
La afición que Saúl Salinas tenía por las canciones mexicanas la adquirió durante la época en que atendía un negocio dedicado a la venta de discos en su Provincia natal, San Juan. Allí conoció, a través de las grabaciones, a los artistas más destacados de la canción de aquel país y a las canciones mexicanas de moda por aquel entonces.
Una copla bastante frecuente por aquellos tiempos en las canciones de amor decía:

Soñé que el fuego se helaba
Y que la nieve se ardía
Y por soñar imposible
Soñé que tú me querías.

Esta copla era adaptada frecuentemente en las canciones que tenían como objetivo conquistar a la mujer amada y en el repertorio de Gardel aparece nuevamente incluida en la famosa canción chilena “Ay, ay, ay” de Osmán Pérez Freire.

Fuente:  http://carlosgardelxxi.blogspot.com.ar/2016/02/la-madrugada-1917.html

Quejoso estaba un olivo (Estilo)



Quejoso estaba un olivo
de la ingratitud de un ave
que en furiosas tempestades
en él buscaba su abrigo,
y entonando en sí su anhelo
le dijo con eco triste:
-Cuando en mí te guarecías
venías tarde y mañana
y hoy te retiras ufana,
porque sin hojas me viste.

Todo aquél que haya rodado
y haya juntado experiencia
conoce que con paciencia
se espera al que se ha alejado;
-"dime por qué me has dejado,
por qué el nido abandonaste,
por qué en otro árbol colgaste
ingrata tu blando nido:
por qué sin dar un motivo
ave de mí, te alejaste".



Pd: En el cancionero del Río de la Plata recopilado por Jorge Furt aparece la siguiente versión antigua:

Quejoso estaba un olivo
por la ingratitud de un ave
que en feroces tempestades
en él buscaba su asilo,
y entonando en sí su anhelo
lo dijo con eco triste:
-Cuando en mí te guareciste
frondosas eran mis ramas
y te volaste ufana,
cuando sin hojas me viste.

Al ver que, alegre reposas
de tu gloria no presumas,
pueden faltarte las plumas
como me faltan las hojas,
y una estación rigurosa
algún día fatigarte,
y el árbol que abandonaste
con orgullo y vanidad,
de una fuerte tempestad
puede algún día ampararte.