martes, 9 de septiembre de 2014

Milonga para un día




Si oye cantar a un hornero
desde el filo de una rama
y con su silbido llama,
a lo lejos, a otro hornero...
el sol ya se viene entero
asomando desde el alba
y se extiende como el agua
sobre su cauce infinito,
mi canto parece un grito
al azul de la mañana.

Ya levantando el rocío,
desde los pastos mojados
el cielo, antes estrellado,
se ha perdido en el camino.
El día es el peregrino
que el tiempo dejó olvidado
y en un andar trasnochado
de penas y desventuras,
y todas sus amarguras,
las lleva, desconsolado.

Luego,en la siesta cansada
el día pierde su brillo;
el sol, parece un membrillo
de semillas coloradas.
Las horas, como si nada,
bordan su tinte amarillo
y se oye el canto de un grillo
que en la noche va a esparcirse;
su canto, es el canto triste,
de algún paisano sencillo.

De pronto,ya todo es calma,
solo el silencio se siente
y en un gemido creciente,
se oye hasta el latir del alma.
La noche, como una palma,
abre su mano doliente
y se sienten nuevamente
las estrellas silenciosas;
cansado, el día reposa,
su sueño de amor ausente.