miércoles, 28 de septiembre de 2011

Malón

(Pintura: Ángel Della Valle)

Una densa polvareda jaloneando va el camino
que una tropa de jinetes, rudos, fuertes y bronceados
por el sol cordillerano y el relente de las piedras,
viene alzando con los duros, córneos cascos de sus fletes.

Llegan sucios, sudorosos, el cabello apelmazado
en el bronce de las sienes; y en sus rostros araucanos,
de narices aguileñas y de pómulos salientes,
el carbunclo de sus ojos lanza rayos tremolantes
de deseos contenidos de aguardiente y de pasión.

Atraviesan la amplia Vega a rienda suelta.
Lanzan gritos y alaridos, risotadas y silbidos.
Y hacia el pueblo se dirigen, con empuje de turbión.
Es que hay fiesta en el poblado, hay carreras y cinchadas;
hay mujeres y guitarras, hay bebida y hay choclón.

Rugirá luego la bestia, trastornada, embravecida
por el baile y por las hembras, las jugadas y el licor;
habrá insultos, griterío, amenazas y topadas
y al final de la algazara, como atávica humorada,
la certera puñalada que atraviesa un corazón!...

El entierro de Painé


Duerme en calma Leuvucó.
Descansan las tolderías;
y en la comba de la noche
chispean las "Tres Marías".
De pronto se oye un rumor
de llantos y griterías
que se apaga, se renueva,
se aclara, se magnifica
y luego se desparrama
por las hoscas lejanías.

Ha muerto el bravo Painé,
Jefe de la dinastía
de los Zorros, y Calvaiñ
a sucederlo se alista,
como hijo mayor habido
de una anciana cacica
que Painé considerara
como su esposa legítima.

Dicen que ha muerto Painé
por arte de brujerías.
Tal aseguran las machis
de todos rumbos venidas.
Y como se cree verdad
puesto que Calvaiñ lo afirma,
su viejo padre Painé
no irá solo a la otra vida.

Por órdenes de Calvaiñ
que, al punto, en castigo dicta,
es fuerza que sus esposas
al otro mundo le sigan,
y al sacrificio cruento
marchen también las cautivas.
Además, todos los chusmas
que hubieren más de dos chinas,
una de ellas, han de hacer
que figure entre las víctimas.
Ante mandato tan cruel,
enloquecidas las indias
sángranse el rostro, y sus manos
sobre los ojos se crispan.

Las mujeres a los hombres
acusan de cobardía
por no saber defender
de sus esposas la vida.
Mas Calvaiñ, un tanto humano,
-como lo fuera aquél día
que de la muerte salvara
al Coronel Baigorría,
cuya cabeza, Painé,
a Rosas mandar quería-
ha separado a su madre:
la pobre vieja cacica;
por ruego de Cailbuñaim
que diera a Painé dos hijas
sólo peronda a una de ellas,
a la menor, por ser niña;
y de sus otras mujeres
a María la cautiva.
No falta quien a Calvaiñ
reproche con osadía
que haya salvado a la madre
y, de Cailbuñaim, la hija.

A lo que Calvaiñ resonde
como cosa definida:
-mi madre no era mujer
que con Painé hiciera vida;
hace ya bastantes años
que de nada le servía.
Si hubiese estado hasta ayer
viviendo en su compañía,
como me llamo Calvaiñ,
ella también moriría.
En cuanto a Cailbuñaim,
he salvado a la más niña.
Morirá la que mi padre
por esposa prefería.

El cuerpo traen de Painé
tendido en una angarilla
cruzada entre dos briosos
caballos de sus tropillas,
y envuelto en lujosas matras
que le tejieran sus chinas.
Lloran indias y cautivas
y lanzan sordos gemidos
las trutrucas doloridas.

Siguen a pie las mujeres
para morir elegidas.
Las pobres vienen en cerco,
formado de lanzas vivas.
Luego aparece Calvaiñ
con sus tropas escogidas:
gente de bola y de lanza
de las tribus ranquelinas.
A una señal de Calvaiñ,
que al punto se ve cumplida,
que de media en media legua
la matanza se repita,
y ese reguero de sangre
hasta el sepulcro prosiga.

¡Señor, Señor, por piedad!
claman indias y cautivas.
¡Pobre este hijito Calvaiñ!
¡Señor, Señor, que es mi hija!
¡Es mi mujer! ¡Es mi madre!
¡Déjalas, Calvaiñ, que vivan!
Mas la orden de Calvaiñ
debe cumplirse en seguida,
y golpes secos de bola
van quitándoles la vida.

En el filo de la loma
el chenque ya se divisa,
y así que el cortejo llega
se tiende la indiada en línea.
Que avancen, manda Calvaiñ,
los lanceros y las indias.
Extienden luego a Painé
en la fosa, y ya se alistan
a darle por compañera,
que llevará a la otra vida,
la que, en esta, fué entre todas
sus mujeres, preferidas.

La hija de Cailbuñaim
será la postrera víctima
humana de la tragedia,
con que Calvaiñ finaliza
la sangrienta represión
a que las machis lo incitan.
Ante Calvaiñ, la infeliz,
se postra desfallecida;
tiéndele el hijo, que en brazos,
nerviosamente acaricia,
e inútilmente le implora
que le perdone la vida.
Calvaiñ, insensible al ruego
de la desdichada india,
mostrando al niño que tiende
hacia él sus manecitas,
a que por última vez
le dé de mamar la invita.

Movida por la esperanza
la pobre madre se inclina
y al hijo de sus entrañas
le da de mamar sumisa.
Mas al separarse de él
como leona enfurecida
lo defiende, hasta caer
al suelo desvanecida.
Luego, a la pobre mujer,
cumpliendo con la consigna,
de un golpe feroz de bola
la cabeza le hacen trizas,
y colocan su cadáver
con el de Painé en línea.
Un manto de tierra y ramas
les servirá de cobija.
Han colocado en el chenque,
junto con la platería
que en sus peronas y aperos
Painé y su esposa lucían,
toda especie de cacharros
con licores y comidas,
para que fácil les sea
su traslado a la otra vida.
Cinco caballos, diez perros,
veinte ovejas elegidas
son muertos y desangrados
sobre la tierra movida.
Y cuando el regreso emprende
la fúnebre comitiva,
la luz del atardecer,
que los campos ilumina,
sobre el trágico cortejo
sus rayos de sangre envía.

Ya de noche, en Leuvocó,
llora aún la toldería;
de cultrunes y trutrucas
calló la voz dolorida,
y en la comba de la noche
chispean las "Tres Marías".

Prendiditos de la mano


Vienen bajando el faldeo
Felicinda y su Ciriaco.
Vienen los dos, en silencio,
prendiditos de la mano.

¿Qué pudo haber ese día
entre los enamorados,
que vienen, tan en silencio,
prendiditos de la mano?

-Felicinda, dame un beso,
fué el pedido de Ciriaco...
Y besáronse, en silencio,
prendiditos de la mano.

Y así que un beso se dieron
tan confusos se quedaron,
que, mirándose a los ojos,
se volvieron en silencio,
prendiditos de la mano.

Casaté


Maire, quiero casarme.
Que me muero por tené
lo que tienen otras niñas,
argún arguien de mi gusto,
un güen hombre a quien queré.

-Si ese es tu deseo m'hija,
¡casaté!...

Lo primero serán mieles,
lo úrtimo te sabrá a hié.
Te querrá harto tu hombre.
¡Cómo no ti ha de queré!
la noveá es pal marío
lo que es el alfa pal güey.
Dispués llegarán los hijos
y allí te tendré de vé,
como me vide yo misma,
como se ve tóa mujé.
Entónce pué que te pase
lo que a la probe Isabé,
que con el trajín del día,
al hombre con sus caricias
no lo pué ya distraé.
Y como la probecita
ya su hembra no pué sé,
porque tiene la faena
de los güeñis que atendé,
el indino pa otra güeya
enderieza su caballo
en busca de otra mujé.
Aquí tenís a tu maire
destroncá y envejecía
a juerza de padecé.
Ahí tenís a la Florinda
con seis o siete chiquillos
sin qué dales de comé.
Ahí la tenís...
¡Casaté!...

La niña tiene veinte años,
y aunque lo que oye a su madre,
sabe que ha de suceder,
cierra los ojos y dice:

- La vía... la vía, maire,
tan indina no pué sé...
no pretienda contrariarme...

-Güeno, m'hija. ¡Casaté!

¡Tanto lo hi querío!.


No me diga, maire,
que ha sío po mala
que mi Juan se ha ío!

Tanto lo hi qerío,
que en mi pobre rancho
no ha habío bocao,
caricia, ni beso
que pa él no haiga sío.

¿Quién, sino esta lesa,
trenzaba sus sogas,
cuidaba su aliño,
y con blanca lana
de sus probes guachos
tejía sus matras
y sus cojinillos?

Y él, náa más que penas,
es lo que me daba
en cambio'e cariño...

Tanto lo hi querío,
que po más que icen
que vive con otra,
po náa lo maldigo,

si juera eso cierto,
de que está con otra,
¡adiós esperanza
que güerva conmigo!

¿Po qué he sío güena?

¡Malhaya la pena
y toíto el trabajo,
que po conservalo
asín m'ha ponío!

Y, ¿qué harei yo agora
con esta guagüita?...

Penando, penando,
seguiré en la vía;
hasta que otro hombre
al verme algún día
tan triste y tan sola,
me arrastre a su rancho
pa concluir conmigo.

Po que juera pronto
¡ay! ¡qué no daría!...

El Yasi Yateré


Cuando el hombre duerme su imagen se levanta
y rompe el cascarón que lo ata a la pena.

El capullo de algodón es blanco como la luna,
el algodón es pequeño como una luna en la mano.

Cuando el hombre duerme el algodón vuela en la noche
se une en el cielo con las lunas pequeñas.
Las lunas de algodón se rompen en capullos.
El "Yasi" ya se acerca dormido en el murmullo.

El duende de la noche se ha comido las lunas.
El duende de la luna se ha dormido en el hombre.
El "Yasi" se arrincona en la pata del pájaro
sobre el árbol que encanta una luz desgajada.

A donde te irás milonga

Adonde te iras milonga
cuando se acabe la esquila
un poco al norte tal vez
cuando sea tiempo trilla
buscando que te conchaben
cantora de las semillas
o te quedes en las chacras
con las guitarras peón golondrina.

Puede que con un arreo
te vayas con el silbido
de los que duermen a campo
dónde nunca hubo camino
puede que al abrir los ojos
se te llenen de infinito
y sea canto de aurora
madrugadora ave sin nido.

Que sola te quedarás
después de la señalada
cuando se apague el fogón
y la voz de las guitarras
tendrás que saber quien es
el que con gusto te canta
para que no andes llorando
lejos del pago guacha de pampa.

Adonde te iras milonga
tras el rastro del destino
no me dejes sin el canto
solito con los olvidos
no me abandones amiga
quedaté yo te lo pido
porque he de saber quererte
quiero tenerte aquí conmigo.

Adonde te iras milonga
cuando lleguen los olvidos...

Décimas Cordobesas


Tuve en mis años primeros,
de marca de don Cruz Trejo,
un guapo macho azulejo
como una luz de ligero.
Me hice, también, de un apero
a la usanza cordobesa:
la caronilla... ¡como esa
no he tenido igual en mano!
Fue de origen tucumano
la carona'e suela gruesa.

Recado de altos arzones,
cincha'e ramales de tiento,
y pa'ablandar el asiento
cueros de chivo y pellones.
Seguiré dando razones
de mi recado serrano:
un lazo de seis, liviano;
espuelas, de las chilenas,
cabezadas, riendas buenas
y un facón siempre en la mano.

Gran guardamonte de cuero,
de carpincho el sobrepuesto;
fuerte bozal con cabresto
y un freno criollo de acero.
¡Lindo correr un ternero
por faldeos y quebradas!
o salir a las boleadas
de guanacos que, en otrora,
pastaban adonde ahora
ya ni queda paisanada.

Cuando a recorrer salía
por varios días los cerros
llevaba siempre mis perros
"Jazmín", "Cual" y "Policía".
Alzaba en la alforja mía
charqui, quesillo, patay...
Agua ande quiera la hay
en arroyos y vertientes
y en chifles el aguardiente
o caña del Paraguay.

En llegando la oración
al macho desensillaba
y preparaba la pava,
los avíos y el fogón.
Yerbera era en la ocasión
un cuerito de ternero
sacado, en bolsa y entero,
con verdadera baquía.
Y al fin, cuando el agua hervía,
dulce tras dulce al garguero.

El recado acomodado
me formaba blanda cama
y colgaba de una rama
el charqui que había quedado.
Con los perros a mi lado,
envuelto en poncho y pellones,
me quedaba en dos tirones
dormido como un bendito
sin sentir nada el fresquito
que llegaba a remezones.

¡Qué lindas noches aquellas
las que en el campo pasaba!
De admirar jamás dejaba
a la luna y las estrellas.
Y para hacerlas más bellas
la salvia, el palo amarillo,
la peperina, el tomillo...
me brindaban su fragancia
y también, en abundancia
su perfume el espinillo.

Todo aquello es un recuerdo
que se pierde en la distancia.
Hoy son quintas, las estancias
y jardines, los potreros;
y ya en mis años postreros,
aunque negando ser viejo,
creo ver, allá a lo lejos,
entre huaycos y pampillas,
los guanacos en tropillas
y roznando a mi azulejo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Mis caballos

(Pintura: Carola Taddeo)

Si permiten, los prevengo,
les voy a entrar a contar,
sin querer alabanciar
de'unos cabayos que tengo;
con eyos de lejos vengo
acortando las distancias,
mientras lucen la'rrogancia
que vieron pagos enteros:
muchos son los aparceros
que codician su prestancia.

Lindo un zaino colorao
al que lo yamo "Ciruja",
en su galope dibuja
un braceo acompasao.
Leguas hemos galopiao
atravez de campo y hueya
con su presencia desteya
ande haiga que trabajar,
es sin igual pa'marchar
la distancia pa'el no'es meya.

Otro pingo servicial
pa'las faenas camperas,
es aquel, que inquieto'espera
relinchando en el corral;
el nombre de'se animal
es "Yamador", aparecero,
viera que lindo el apero
luce ese overo rosao,
pa'l manoseo: delicao...
y'en el trabajo: ¡Primero!

Uno que fue y'es pingaso,
servicial y compañero:
un doradiyo lucero
media res del lao del lazo.
Lo compré, si viene'al caso,
a'un paisano de "La Loma",
quien lo lució'en varias doma
y desfiló'en tradición.
Tuvo el "Chiche" condición
y'aun hoy, tranquiando la'asoma.

Tambén tengo'un blanco albino
que recién es de bocao,
"Indio" lo he bautizao
por lo despierto y ladino;
es bueno para'el camino
y pinta como ligero,
aun le cosquiyea al apero
cuando lo dentro a'ensiyar,
más saliendo a galopiar
¡Hay que verlo compañero!

Pa'cerrar, un zaino argel,
pico blanco y mano mora,
que "cuando no alcanza yora"
porque'al refrán le's muy fiel.
Petizón, pero el pincel
que delineó su figura,
le dio'una crioyaza postura
y fuerza'en la atropeyada...
Pa'l "Mano Mora" no hay nada
capaz de'augurar su pintura.

Amigos, he terminado
este mi humilde relato,
los he molestao'un rato
con lo que les'he contao,
de mis pingos les'he hablao
pues en eyos va mi'orguyo,
yo no quise'hacer baruyo
y si lo'he'hecho, perdón...
"Mis pingos son mi canción,
como del campo'es el yuyo".

No'es pa tuitos, el malambo

(Pintura: Rapella)

¡Malambo!: Es discutido
tu lugar de nacimiento,
pero surero te siento
porque'n el sur he nacido.
Quizá poco conocido
seas en la actualidá,
pero a decir la verdá
cuanta tradición que'ncierra
¡verte bailao en la tierra
de'una guitarra al compás!

No pretendo discutir
-tan solo doy la opinión-
y así expongo la razón
de mi surero sentir.
Tiene el malambo el vivir
de la región en que se haya:
en el sur, de altiva taya
con elegancia ante todo,
y si'es senciyo su modo
sepan: ¡le sobran agayas!

El malambiar de'un surero
refleja un modo de vida.
Es la pampa convertida
en cuerpo de'hombre campero.
Es resabio'e fortinero
avisorando el desierto.
Es rastriar ante lo incierto.
Es lucirse con'un pial,
y echar "el dos" a un bagual
beyaquiando'en campo abierto.

"Media res de arriba, quieta
y la de'abajo bailando",
estilo que'irá mostrando
quien lo surero interpreta.
Costumbre que se respeta
vaya a saber de hace cuanto.
Dice un refrán que's un tanto
popular entre nosotros:
"No'es pa tuitos, bota'e potro"
y en lo que he dicho, me planto.

De recorrida

(Pintura: Rodolfo Ramos)

Al galopito parejo
de'un gatiadito acebrao,
oriyando un alambrao
vi'a'recorrer los potreros,
gritan alarmau los teros
ni bien me ven asomar,
tuito van a alborotar
con su estridente chiyido...
Grito alerta y alvertido
de'ste vigía del lugar.

Siguiendo mi galopiar
viene mi perrito overo,
él es mi fiel compañero
que siempre me'ha acompañao;
a tuitos lau a rumbiao
unido a mi derrotero,
y si me cuida el apero
no se le'arrime, ¡cuidao!,
si'él le torea, pa'otro lao,
vaya rumbiando'aparcero.

Y enyegando a'un cañadón
voy levantando galope,
pa'ser testigo de'un tope
entre dos toros alzaos;
los pájaros asustaos
salen dentro'e los juncales
y griterías desiguales
se'scuchan cuando'alzan güelo,
yo'echo'una mirada al cielo
en medio'esos pajonales.

Ayá'en la loma, un cardal...
mientra'oservo me arremango,
porque divisé'un chimango
y'es clavao, que'hay vaca muerta.
Al gatiao lo pongo alerta
y al dirmelé acercando,
el bicharraco chiyando
toma prudente distancia,
yo cuereo y pa'la estancia
al trote me voy chiflando.

Se va'cercando la noche
paso'a paso, lentamente,
y su silencio prudente
la'inmensidá va copando;
yego al rancho tarariando
no sé que vieja canción,
y'ayá en el corral, un pión,
ha preparao al nochero,
un lindo zaino lucero,
liberal y mancejón.

Al cuero que traiba'en ancas
cuelgo cerca del galpón,
mientras, tranquilo'y lerdón
sólo voy desensiyando;
largo el pingo y relinchando
se'aleja por el potrero,
y ya mi tranco campero
rumbea pa'el lao del fogón,
ande corre'l cimarrón
mientras se dora'un cordero.

martes, 20 de septiembre de 2011

Tentación



¡Ah, lo que es el ser gaucho!...
a veces tengo el lazo y siento una
como necesidad de rivoliarlo
y enlazar por los cuernos... a la luna.


Felicidá

(Pintura: Luis Cordiviola)

L'infinito pa la vista
que mira hasta donde da;
aire puro en abundancia
pa los pulmones yenar;
sol briyante pa gozarlo
hasta no quererlo más;
quietú para nuestros nervios,
sosiego y amor y paz;
un rancho pa guarecerse,
mirando desde su umbral
ritozar la cabayada
y los chivitos triscar;
auroras para extasiarse
puestas de sol sin igual;
noches de calma absoluta
pa tranquilo discansar;
como múisca, el susurro
del río que raudo va,
los relincho'e la tropiya,
del cencerro el tintinear,
los balido'e las ovejas,
de algún potro el rataplán
del galope, perseguido
del perro por el torear;
y una luna como un queso,
y estreyas cien mil y más,
pa entretenerse en contarlas,
mientras con tuito el afán,
saboreamo'el mate crioyo
que nuestra china nos da...

Aire, luz, sol, alegría,
y amor, y quietud y paz...
¿Pa qué quiere más el gaucho,
ni quién puede tener más?
¡Bienhaya sea una vida
de tanta felicidá!...

Pampa - Espiga

Grandeza horizontal, tránsito quieto
de distancia que avanza en la distancia,
llamarada de verde: ombú, jactancia
de exhibir plenitud (y ser secreto).

Grandeza horizontal, tránsito quieto
de surcos con arrugas de abundancia.
Un ave muestra -y calla- extravagancia
porque usa el pedestal de un esqueleto.

Con pupila gigante, girasoles
se inclinan hacia un hombro inexistente.
Herida y cicatriz es el arado.

En mudanza de lluvias y de soles,
la espiga es más espiga floreciente
y el tiempo en tiempo-pampa se ha tornado.

El ombú


Circundado por nada, es irredento
silencio que golpea en la llanura
y tiene aspas sin orden la espesura
de su fronda silbada por el viento.

Quiere ser soledad y alejamiento
y mostrar a distancia la figura,
como nube caída y ya madura
que transforma en verdor su movimiento.

En piedra vegetal, la corpulencia
es la hierba que al árbol le ha ganado
y se queda en sí misma vencedora.

¡Allá está!: ausentado sin ausencia,
testigo de un desierto que ha pasado
y más pampa al andar de cada hora

La tropa pasa...


Hoy, he visto pasar por el campo
la tropa de vacas;
con su paso muy lento, indeciso,
cuando el rayo del sol calcinaba.
Iban unas tras otras, las pobres,
por el largo camino, agobiadas;
y llevando ese surco indeleble
que deja la marcha.
Hoy he visto pasar, a la tropa,
que mi cansancio brutal denotaba;
y al oir, lastimero, el bramido
que algunas lanzaban,
las miré, con tristeza y con pena
y les ví no se qué en la mirada.
Hoy he visto pasar a la tropa,
hoy he visto pasar a las vacas;
y a su paso, llegó la tristeza
a inundarme de penas, el alma.

Güeya de amor

(Pintura: Bernabé De María)

En la güeya e la vida,
supe querer
muy ardiente y sinsero,
a la mujer.

Como jué inconstante
pude aprender,
q'ansí empiesa, el q'quiere,
a padeser.

A la güeya, güeyita,
güeya del amor,
encontré en los besos
plaser y dolor.

La mujer y la plata
son dos tientos sobaos;
nos tienen, como güeyes,
acoyaraos.

Cuando los hombres juimos
medios alsaos,
caimos a eyas de nuevo
cuasi boleaos.

A la güeya, güeyita,
güeya del amor;
encontré en los besos
plaser y dolor.

Camino


Por este camino, camino de muerte,
la vide venir en la tarde aqueya.
Cómo se elevaron, sin querer, mis ojos
en su trensa negra!...
Cuando la ricuerdo, dispués de tres años
me ahuga la pena...
por este camino, se yegó a mi rancho
pa alegrar mi senda;
y por este camino, caminito triste
la yevaron muerta
cuando quise darme'l fruto e mis besos
y los besos d'eya...
Por este camino, camino de muerte
la vide venir en la tarde aqueya;
por este camino, camino triste
la yevaron muerta...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Diputado por la fauna

Discurriendo en un redil
la Vaca, la Oveja, el Buey,
sobre un proyecto de ley
que la raza pezuñil
elevaría a su rey;

-No sé escribir ni leer
(expuso la mansa Oveja).
-Yo, siendo vaca tan vieja,
ni mi nombre se poner;
¿cómo elevar nuestra queja?

-Yo conozco un leguleyo
(dijo el Buey), y por él corro:
el abogado don Zorro,
hombre de origen plebeyo,
a quien pediré socorro.

Tengo una fecunda idea,
(dijo el rey de la paciencia),
es que una gran conferencia
don Zorro dé en asamblea
ante nuestra descendencia.

-Yo quiero (dijo la Vaca)
que me respeten dos tetas,
y no le pongan trompetas
a mi pobre prole flaca
que pasa días de dieta.

Y la Oveja pidió ufana:
-Abolir el matadero,
piedad para mi cordero,
respeto para mi lana
y la higiene en el chiquero.

Dijo el Buey: -¡Estoy cansado!
La carreta me mancilla:
yo pido una carretilla,
más bueyes en el arado
¡y buen pasto en la rejilla!

¿Y para nuestro abogado,
amigas, qué prometemos?
-Que luego lo votaremos;
y después de diputado,
hacerlo rey prometemos.

Reunida la comitiva
en el rodeo anunciado,
para ello habían enviado
en protesta colectiva
cada raza un delegado.

Tomó el Zorro la palabra
y dijo en tono viril:
-¡Hay que romper el redil!!
-¡Muy bien!- exclamó una Cabra
y lo repitieron mil.

Gritó el Buey en rudo afán:
-¡Por mi parte no hay más que trigo,
no abro una melga, lo digo,
y el que quiera comer pan
venga al yugo a arar conmigo.

-¡No hay más leche ni manteca
(dijo la Vaca), es primero
la leche de mi ternero
que de inanición se enteca
mientras engorda el vaquero.

-¡No doy ni un gramo de lana
(la buena Oveja decía),
reclamo la ropa mía,
la que vestirá mañana
a quien se come mi cría!

-¡Imposible (dijo el Tordo)
que hablen de este modo obsceno
en un régimen tan bueno
donde se vive tan gordo
y se pone en nido ajeno!

Y como única respuesta
chilló el viejo Benteveo:
-¡Este es un asunto feo!
(y alzó su voz de protesta
y acusó a todo el rodeo).

El Zorro protesta y grita
en lo grave del tumulto:
-¡Esto, amigo, es un insulto!
(y la campanilla agita).
¡Es preciso ser más culto!

Un Cerdo muy negro expuso:
-Este es un mundo divino;
quien protesta es un indigno.
El Buey con calma repuso:
-De tu carne harán tocino.

El Loro dijo: -¡Qué horror,
qué pueblo más atrasado!
¡Pretender menú variado!
¿No resultará mejor
que se pida pan mojado?

El Chingolo recrimino:
-¿Por qué si todos son buenos
piden más y piden menos,
cuando el derecho termina
donde empiezan los ajenos?

-¡Protesto!, dicen algunos.
(Se oyen vibrantes chirridos,
relinchos, cloqueos, silbidos;
los asnos lanzan rebuznos,
los pavos broncos graznidos).

-¿Llegarán a ser prudentes!
(gritó el Zorro con bravura).
Vuelvo a pediros cultura,
que si sois benevolentes
obraremos con cordura.

Para llegar a la práctica
hay que obrar con más talento:
no es preciso ser violento;
estas cosas son de táctica
y de largo parlamento.

Tomó la palabra el León
y les dijo: -"Compañeros:
llenos están los graneros,
hay abrigo a discreción;
¡no sois más que pordioseros!"

"Dime, pobre y viejo Buey:
¿tú crees que los amos dudan
de cuánto los bueyes sudan?
¡Si ellos despojan tu grey
y a las ovejas desnudan!"

"¿Cómo les vas a pedir
a los que nunca han sembrado,
a los que nunca han arado
a quien no ha sabido unir
ni una hebra de lo esquilado?"

"Sabes que del gran producto
del amo es todo el derecho,
y el único satisfecho;
porque el que cultiva el fruto
vive sin pan y sin techo."

"¡Amigos hay que morder,
hundir diente, meter garra,
a la ley que nos amarra!"
Y eso vino a promover
un gran tumulto en la barra.

-¡Que lo expulsen!¡Que se calle!
-¡Que lo linchen si porfía!...
-¡A volar con la utopía!
-¡Es un absurdo el detalle!...
-¡No queremos anarquía!...

Los perros, siempre obedientes,
a una simple indicación,
sin darle una explicación,
soliviándolo en los dientes
se llevaron al León.

-¿Veis cómo la autoridad
respeta al Burro juicioso?
El León es un revoltoso;
y el Buey respondió: -¡Es verdad!
-¡Que hable el Zorro!, dijo el Oso.

- (El León estaba acertado,
-dijo el Zorro para sí-;
pero mi misión aquí
es de sacar resultado
benéfico para mí).

(Yo a todas las obras buenas,
por justas que puedan ser,
las debo desmerecer
por causas que son ajenas:
es la forma de vencer).

(¡Los asnos serán mi claque;
sus santas bellaquerías
me brindarán bellos días
y harán que yo me destaque
como un moderno Mesías).

-Camaradas (dijo el Buey);
hemos hecho este llamado,
pues don Zorro el abogado,
trae un proyecto de ley
para el primer magistrado.

-¡Muy bien!, (le respondió el Loro)
estoy por la iniciativa.
Y todos dijeron: -¡Viva!...
Y el Zorro: -(¡Es un saco de oro
esta zonza comitiva!).

"Urgentísimo es que opten,
señores Burros y Bueyes
y todas las otras greyes,
y a diputado me voten
para defender las leyes."

"Yo pediré, camaradas,
más humanas ligaduras
y en vez de usar cuerdas duras
usen cuerdas bien sobadas
y livianas herraduras."

"Para ti, Buey soberano,
voy a pedir protección
intervendré a tu patrón
por un yugo más liviano
y algo más de mantención."

"Después estudiaré el modo
de crear una ley más llana
para que a la Oveja hermana
no la trasquilen del todo
y le dejen media lana".

(Unánimemente un ¡hurra!
surgió de distintas voces
y en expresiones de goces
lanzó un rebuzno la Burra
y repartió varias coces).

Un año de lo ocurrido
como un singular suceso,
llegaba el Zorro al congreso
para, en nombre del partido,
hacerle al rey un proceso.

Pero qué horrible visión
cruzó por su zorra mente:
un Lobo y una Serpiente,
un Tigre y un Lechuzón
esperaban al vidente.

El Lobo estaba en acecho,
el Tigre lanzó bramidos,
y la Serpiente silbidos
y el Lechuzón en cohecho,
y el Zorro sintió vahidos.

Preguntó quién era el Lobo
el enviado de la grey.
Alguien repuso: -Es el rey.
-Para ese excelente probo
traigo un proyecto de ley.

-¿Y aquella gruesa Serpiente
sobre el regio pedestal?
-El señor Don Capital.
-¿Y cómo cree aquella gente
convencer a ese rival?

-¿Y aquél Tigre que me aterra
con su desplante agresor?
-Ese es el Gobernador.
Es el poder de la guerra.
Y el Zorro dijo: -¡Qué horror!

--¿Y ese negro Lechuzón
de fantástica figura?
-Ese pájaro es la usura,
el robo, la explotación.
Y el Zorro sintió pavura.

-¿Y aquél buho que me mira
y de negro manto viste,
que habla del paria y del triste?
-¡Ese buho es la mentira
que arenga lo que no existe!

Luego qué pifia, qué broma,
qué tomadura de pelo,
qué angustia, qué desconsuelo
al presentar el diploma
pasó el nuevo reyezuelo.

Tuvo que rendirle cuenta
sin faltar punto ni coma
al santo culto de Roma
como el artículo ochenta
impone al que el mando toma.

Pensó medios, pensó modos,
investigó su conciencia
y sacó en inteligencia
que haría lo que hacen todos:
luchar por la conveniencia.

Quiso hablar de su proyecto,
y no le dio resultado;
después de desmenuzado
no le encontraron objeto
y al punto fue encarpetado.

Pasaron a la antesala
y allí, en pequeños corrillos
que hicieron en los pasillos,
el proyecto voló en alas
del humo de cigarrillos.

-Todos hemos hecho igual,
todos hemos prometido,
luego ninguno ha cumplido
y a la banca congresal
con tal misión se ha venido.

-Y después, ¿con qué disculpa
volveré a mi pueblo, amigo?
-Haga lo que yo le digo:
vuelva echándole la culpa
a cualquier bando enemigo.

-Y si es que usted nos promete
no alterar nada la norma
y se amolda a nuestra forma,
será un eterno banquete
su archivada plataforma.

De lo contrario, le anuncia
a su pueblo, camarada,
que aquí no podrá hacer nada
y presenta su renuncia
con la misión terminada.

Y terminó por ceder
y alzar la bandera de paz.
-(Si no se puede hacer más
¿qué otra cosa puedo hacer
que hacer como los demás?)

En todas las ocasiones
los enviados al Congreso
definen aquel proceso
como honorables ratones
alrededor del gran queso.

Y como antes de la huelga,
la Oveja sigue esquilada,
la Vaca siempre ordeñada
y el Buey en la recta melga
prosigue la gran jornada.

El Buey marcha cabizbajo
pero siempre esperanzado
que voten en el Senado
el reglamento al trabajo
que elevó su diputado.

En la esclavitud el jumento,
en la libertad el León.
Y la reivindicación
no es obra de parlamento:
ES DE LA REVOLUCIÓN!

sábado, 17 de septiembre de 2011

Tiempo feo

(Pintura: Carlos Montefusco)
Aburrido el día dispara
muy lento y muy perezoso,
porque al despertar lluvioso
el sol ni asomó la cara.
Y como nadie lo para
ni nadie le pone freno
sopla el viento a pulmón lleno
doblando al sauzal tranquilo,
y en ancas de un refucilo
va el cañonazo de un trueno.

En la cocina, el puestero,
-con su familia reunido-
paciente y entretenido
está macetiando un cuero.
Su mujer, con mucho esmero,
con paciencia y sin rigores,
al conocer los valores
que transmiten el saber
les está enseñando a leer
a los tres chicos mayores.

Mientras que afuera, a porfía,
sigue fuerte el chaparrón,
adentro, desde el fogón,
se alzan chispas de alegría.
Un sapo que está de espía
se va de puro andariego,
y medio atracao al fuego
donde arde leña de "alcacio"
se va asando despacio
la media res de un borrego.

La gente está presintiendo
y se hace firme en la idea
que si el viento no cambea
le va a seguir sacudiendo.
Pero aunque siga lloviendo
no achica la animación,
porque en cualquier ocasión
para la gente argentina
siempre ha sido la cocina
punto central de reunión.

Pampa viejo

Recuerdo eras cuero y hueso
y yo en mi afán de muchacho
coroné con tres penachos
la tabla de tu pescuezo.
Te di por nombre "Travieso",
adivinando tus trampas,
rasquetié tu pelo pampa,
corté tu cola al garrón
y te metí pa un galpón
orguyoso de tu estampa.

Mi primer caballo eras,
mi desvelo de gurí,
cuántas veces ni comí
por curarte las bicheras.
Si hasta de unas arpilleras
te hice la manta pal frío
pa cubrirte del rocío
en ese invierno crudón,
y ponía doble ración
si veía el morral vacío.

Aparceros de las huellas
nos hicimos tumbo a tumbo,
y alumbrábamos el rumbo
con un pabilo de estrellas.
Penas, dolores, querellas,
nos trajo los sinsabores
y en risas, cantos y amores
nos deparaba otro fin:
una cinta pa tu clin
y pa mi pecho unas flores.

Y en uno de esos caminos
que sobre tu lomo hiciera,
encontré la compañera
que se empotró a mi destino.
Los años en torbellinos
nos brindaron su albedrío
y hoy siento un lagrimón frío
por esos recuerdos tiernos
y han pasado treinta inviernos
sobre tu lomo y el mío.

Soñoliento en el potrero
tranqueás bichoco y enclenque
o andás rondando el palenque
pa servir de mandadero.
O pa que un mozo pueblero
que llega al campo a pasear
te quiere hacer galopar,
moviendo piernas y brazos
pero vos salís al paso,
sin apuro y sin mosquear.

Cuando me evoco muchacho
dentro a recordar tu estampa
y te veo mi zaino pampa
con aquellos tres penachos.
De nostalgia me emborracho
al verte viejo y sobón;
que te llamen mancarrón
es el final de tus glorias:
tu rosario de memorias
te rezo en mi corazón.




Entre criollos

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
- Desmontá que forastero
no sos pa’ enseñarte el trillo,
desensilla el doradillo
y echalo en aquel potrero,
ahí al lao del mortero
podés tender el recao
y arrocinate a mi lao
que hayastes el agua a punto,
puede que yerbeando juntos
endulcemos el pasao.

- No quisiera incomodarte
y el envite te agradezco ,
aunque ya nada merezco
lo mesmo sabes brindarte.
Juré una noche pelearte
y se me fue la sin hueso,
más no he venido por eso.
Hoy tengo el alma tristona,
se me corta la patrona
y me encuentro sin un peso.

- Desmontá, que esas cuestiones
no se arreglan de montao
y dejá que en el pasao
duerman ciertas situaciones.
- Es que hubo murmuraciones
algo fuertes pa’ un paisano.
- Sabes que soy orejano
y también de garrón duro
pero estás en un apuro
y voy a darte una mano.

Por los pesos, no hay cuidao
contá con lo que haga falta,
la vieja amistá resalta
en un trance disgraciao;
y siendo tan delicao
el momento que ella pasa
podés traerla pa’ casa
que no es ningún sacrificio
y aquí ha de darle servicio
mi compañera Tomasa.

- Viá maniar el doradillo
pa’ envolverte en un abrazo.
- Estoy siempre a tiro ‘e lazo
como guampa de novillo;
y como te sé potrillo
después que pase este susto
si es que te sigue el disgusto
y entuavía querés pelearme,
cái nomás sin avisarme
que te voy a hacer el gusto.

Mi última voluntad


Mi última voluntad
quiero la tengas en cuenta
cuando mi gaucha osamenta
esté descansando en paz.
Si de nuevo te casás
cuando yo estire la pata,
te pido, querida Ñata,
y te ruego de antemano
más vale un pobre paisano
que un gringo con mucha plata.

Imaginate, mi china,
un gringo, ¡mi Dios bendito!
De botas de potro y pito
cabrestiando mi madrina,
luciendo mi manta fina
como herencia de finao,
mi rastra y mi chapiao,
blusa, chambergo y facón.
Queda muy fea una nacion
de paisano disfrazao.

Y si corre mi manchao
que no lo echen p'atrás,
ni un metro menos, ni más,
que los trescientos cerrao.
Con el zaino colorao
mientras más tiro, mejor;
no conoce vencedor
ni cuando era potrillo,
siempre fué pa mi bolsillo
como cheque al portador.

Que mis cachorros, quisiera,
sean tan honraos como el tata,
sin ambición por la plata
y educaos donde quiera;
su divisa: la bandera
como único partido,
y si algún atrevido
la quisiera atropellar
deben de hacerse matar
en honor a su apellido.

Otra cosa que no quiero,
y tenela muy en cuenta,
que un gringo corte polenta
con mi facón caronero,
antes de eso, prefiero,
lo rompás por la mitad
y en dos pedazos, quizá,
me sirva como una cruz
y sea un rayito de luz
en mi triste soledad.

Esa es mi voluntad,
por nuestro amor soberano;
quiero que sea un paisano
que luzca mi chiripá,
quiero descansar en paz
sin que me prendas las velas,
que nadie vea las espuelas
que lucí tantos domingos,
en las patas de algún gringo
bailando una tarantela.


Q.E.P.D el finao

(Foto: Eduardo Amorim)

Entre los pastos mullidos
por una helada macuca,
apenas le di la nuca
a un mamón recién nacido.
La madre lo había escondido,
quizás por ser el primero;
galopié hasta el esquinero,
conté con suma alegría,
catorce vacas con cría
y una sola sin ternero.

Seguí al tranco en mis gateaos,
silbando rumbo al poniente
y al cruzar una vertiente
hayé un toro empantanao.
Supuse que el viejo Aldao
anda medio cegatón,
le sacudí de un tirón
hasta el puesto de un compadre,
pa que lo saque esa tarde
por si recorre el patrón.

De a caballo le grité:
"-¡Cumpa, no vio mis gateaos!?
¡Tiene un toro empantanao
de los oscos yaguané!"
-"Anoche tarde escuché
que pasaron galopando.
El "Catriel" siguió ladrando
y a mí me quedó la espina
de que a la yegua madrina
la llevaban cabresteando".

"Desensille su gateao
mientras que yo saco al toro,
atraque cumpa a mis moros
y ensiye el moro cruzao.
Sacúdale de a puñao
porque el matucho es de aguante,
entre al puesto de Cervantes
y salga por "Los Ñanduces",
a tres leguas tiene el cruce,
le va a salir de adelante."

Tal cual me lo dijo Aldao
entre las últimas luces
le caí con tiempo al cruce
y el pingo ni había sudao.
Corté rastro y mis gateaos
no habían pasao entoavía,
¡Qué tamañaza alegría,
le aflojé la cincha al moro!
Pingo que era un tesoro
de galopar noche y día.

Al poco rato escuché
el "Ciervo" diez de mi overa
y apretando las bajeras
en el moro me monté:
-"¡Güenas noches!", le grité.
-"¡Muy güenas!", dijo Lucero,
Ya vi que no era cuatrero
al verlo ansina empilchao,
iba en un pingo ensillao
de pelaje zaino overo.

-"Yo soy el zurdo Alcaraz
que le dio muerte a Padilla
y hoy lucero en su tropilla
estriba mi libertad.
-"Si es ansí llévesela,
déjeme el gateao bragao
que es regalo de mi ahijao,
carta muy reconocida
suerte zurdo en su juida
que en paz descanse el finao"

La tigra muerta

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Yo soy el que siempre he sido,
'concetos' que el alma encierra,
para defender mi tierra
tuve un valor decidido.
Los campos donde he nacido
me dieron libre extensión,
no tengo más estrusión
que la del gaucho en su escuela
lazo, boleadora, espuela,
poncho, rebenque y facón.

Por baquiano y por destreza
fui soldao veterano,
con una lanza en la mano
y una vincha en la cabeza.
Me encarné con la fiereza
del potro del pajonal
los dos brutos por igual
por montes, cerros y llanos
en partes medio cristiano
y en parte medio animal.

Y ya que se cuadra el caso,
les voy a contar un cuento
deserté de un regimiento
en un redomón picaso.
Boleas, maneador y lazo
llevaba como escondido
y aprovechando el descuido,
las maletas bien cargadas,
ansí llegué a la cañada
de los campos del "Perdido".

Daba una satisfación
el junquillo con su aroma
y en los bordes de una loma
viboreaba el cañadón.
Desensillé el redomón
no porque fuera cansao...
Yo si, andaba desvelao
con ganas de echarme un sueño
por eso no puse empeño
en pasar pal otro lao.

Cuando el sol perdió su brillo
pa asegurarlo mejor,
prendí al pingo el maneador
y lo até en un duraznillo.
Ahi nomás me hice un ovillo
en las pilchas del recao.
Después de haber descansao,
desperté con el lucero
le puse al bagual los cueros
y me pasé al otro lao.

Enderecé a un pajonal
como pa esconder el bulto
y al bagual lo dejé oculto
adentro de un matorral.
Pensé que era el sitio ideal
pa que juera mi guarida
¡pero qué diablo! enseguida
pegó el picaso un bufido
porque allí cerca había un nido
con una tigra parida.

Les juro que me asusté,
se me añudó la garganta
me eché en el brazo la manta
y el sable desenvainé.
Pa no quedarme de a pie
matarla jue mi esperanza;
¡la tigra se me abalanza
derecho a darme un zarpazo!
le metí en la boca el brazo
y le hundí el sable en la panza.

En ese momento atrós
cayó con la boca abierta
y al ver a la tigra muerta
le di las gracias a Dios.
De aquél animal feroz
llevo una gran impresión,
y si en alguna ocasión
me tocara el mismo caso
las patas de mi picaso
no medirán la extensión.

Al rato pegué la güelta
y me encontré dos cachorros
tomando la leche a chorros
de la pobre tigra muerta.
¿A quién no se le despierta
la fibra del corazón?
Pero yo sin compasión
les dentré a clavar el sable,
¡vieran que carne agradable
más sabrosa que un lechón!

Le alvierto a cualquier matrero
si en el caso no se hayao,
que el tigre es mejor bocao
que la carne de cordero.
Este hecho verdadero
quizá ninguno lo cree,
pero yo seguro se
que aqueya zona desierta
le llaman: "la tigra muerta",
¡la tigra que yo maté!

Paisano de hoy

Nuestro paisano campero
sin títulos de maestro
en sus tareas es muy diestro
a más de ser guitarrero.
Alegre, dicharachero,
baquianazo pa enlazar,
prepara un campo pa'arar
se suele a todo dar maña,
capaz de cualquier hazaña
cuando le toca pialar.

Pa todo es voluntarioso,
conocedor pa un arreo
y apartando en un rodeo
muestra que es habilidoso.
Saca tientos, tapa un pozo
y en una forma sencilla
arregla una alcantarilla,
hace albañales cerrao,
como estira un alambrao
o endiereza una varilla.

Lleva un potro a la'sidera
y como pa todo es ducho
le hace hasta traba al serrucho
o visagra a una tranquera.
Aunque parezca soncera,
corta adobe y es herrero,
mecánico, carpintero,
tuza, desvasa, vacuna,
desagota una laguna
como es buen talabartero.

En la esquila de ordinario
la oficia de agarrador,
hace de embellonador,
da latas si es necesario.
Tambien es veterinario
pues sabe dar inyecciones
o realizar curaciones
que cortan un animal
y trabajando a corral
muestra grandes condiciones.

Haciendo de domador,
deslumbra con su pacencia
y por su larga esperencia,
amansa que es un primor.
También maneja un tractor
si tiene oportunidad,
y a juerza de habilidád
como es baqueano pa todo,
él le busca el acomodo
si se haya en dificultad.

En fin: pa todo es baquiano,
es enérgico y sumiso,
eso también es preciso
pues lo muestra más humano.
Pal canto es un veterano,
su modo es dulce y ameno
siempre lo va a ver sereno,
su pecho maldad no encierra
y es apegao a su tierra
por ser criollo, noble y bueno.

Soy un paisano campero

Soy un paisano nacido
en la pampa dilatada
que no se queda por nada
entre las varas dormido.
No se gastarme en cumplidos
si dentro en un entrevero;
soy como el potro puntero,
arisco y encarador,
y también más entrador
que aguja de colchonero.

Por caminos desparejos
al tranquito voy siguiendo
porque no me ando durmiendo
igual que los perros viejos.
A mis antiguos reflejos
hoy los sigo manteniendo,
y el ritmo le voy siguiendo
de puro fantasiador,
porque soy más tranqueador
que preso que anda huyendo.

Soy surero hasta las patas
como ven a todas luces,
gaucho hasta los caracuces
y verde como las matas.
Se cortarle las bravatas
al más encumbrado tipo
porque soy el prototipo
del paisano fantasioso
y también más peligroso
que peluquero con hipo.

Pasé mis años primeros
por diferentes lugares,
y hoy estoy por estos lares
convertido en un pueblero.
Soy un paisano campero
que levantando el testus
y sabe ver al trasluz
del campo verde la alfombra
y he salido de la sombra
para vivir en la luz.

Consejos del abuelo

Vea mozo, si ansí quiere probarme
dende ya le vi'a decir que tiene tiempo
si es que aguarda y me escucha un momentito
yo prefiero más bien, hacerle un cuento.

Sucedió una ocasión que me encontraba
amargueando en un fogón, junto al agüelo
cuando de repente oservé que más que el humo,
le hacían lagrimear viejos recuerdos.

Y al tratar en mi afán de interrogarlo
me repuso con dolor: "Mire mi nieto,
vale más hacerse el maula y andar libre
que por ser demasiao hombre verse preso".

Y le voy a decir cuál es la causa,
que hoy le ñublan los ojos a este viejo,
por mi culpa su Tata se crió guacho
y mi gaucha de dolor, rumbió pal cielo.

"Soy un gaucho que gozaba de buena fama,
cuando cae a estos pagos un forastero,
que alardeando solía decir que a él
ni mandinga se animaba a toparlo fierro a fierro.

Una tarde que el hombre se encontraba,
alardeando de valor que daba miedo,
enriedao en la cola de Mandinga
fui a pagarle unos pesos al pulpero.

Al dentrar estaba el hombre junto a una mesa
con el pucho aprietao entre los dedos,
y entre dientes decía: -"Acá no hay toros,
puede que haiga solamente algún ternero".

Al oirlo, apuré pa retirarme
y cuando diba a desmaniar el azulejo,
suelto una mano que me toca y alquien que dice:
-"Ey, cuñao, ¿ya se va?, ¿Me tiene miedo?"-

-"No mi amigo", le repuse temeroso,
no es ansí! Usted sabe que yo tengo
una china querendona que me espera
y un cachorro que toavía, toma el pecho".

Y no pude continuar, porque su daga
me pasó rozando el ala del sombrero
y yo casi sin pensar en lo que hacía,
indignao por esa acción, lo alcé en el fierro.

Ese fue el principio e mi desgracia
al dejar a su Tata, tan pequeño,
y mi hogar y mi pobre mujer, que era una santa,
se enfermó del corazón al verme preso.

Ahora m'hijo, a usted voy a decirle,
de ese mal cuídese siempre mi nieto
que esos males al gaucho le entran muy fácil
y pa eso no hay doctor ni curandero.

Desde entonces a su lao me fui haciendo hombre
compartiendo el sufrimiento del abuelo,
que camine siempre libre y amparado
en las sabias palabras de aquél viejo.

Así fue que un safao en un boliche
me apuró en una trenzada con el fierro,
y cuando iba a levantarlo en mi "arbolito"
me chirliaron las palabras del agüelo.

Y alcancé a retrocederle varios pasos,
y abichao de que aquél hombre era más lerdo,
terminé a puro poncho aquél asunto
procurando hacerle creer que tenía miedo.

Es por eso de que ansina pueda verme
casi siempre como el zorro miando al perro,
pues no quiero que sufran mis gurises
lo que el Tata sufrió por el agüelo.

"Así mozo, aprovecho pa decirle
nunca olvide las palabras de aquél viejo,
vale más hacerse el maula y andar libre
que por ser demasiao hombre verse preso.

Mi amigo el alambrador


Tranco largo, balanceao,
el cuerpo echao pa adelante,
bajo un verano quemante
o sobre la cruda helada;
la california colgada
sujetada a un cinturón,
al hombro pala y pisón,
va recorriendo distancias
por los campos de una estancia,
mi amigo: el alambrador.

Lomadas, montes, lagunas,
lo vieron de madrugada,
sobre la abierta picada
distribuyendo madera
y así la jornada entera
después sigue con los rollos,
a doce pasos el hoyo,
tramo de cinco varillas,
soportando en las costillas
el cansancio pavoroso.


El estanciero orgulloso
del corral y los alambres,
y mi amigo un sueldo de hambre
por ese duro jornal.
De chico aprendió a alambrar
pa cumplir con el patrón;
a veces duerme en galpón,
a veces a campo raso
pero no baja los brazos
mi amigo: el alambrador.

La máquina de tirar,
la tenaza y el pisón,
ahi cerquita del fogón
acomoda con cuidao
y acaricia el encordao,
recordando su querencia,
su familia que en la ausencia
hace más grande su amor,
y canta viejas canciones
mi amigo: el alambrador.

No lo acobarndan los fríos
ni los soles del verano,
tiene cayosa las manos,
le duelen mucho los pies.
Tal vez venga alguna vez
quien valore su labor,
y mientras tanto al dolor
él tuvo que acostumbrarse,
hoy le canto a Santiago Arce
mi amigo: el alambrador.


La tropilla de madera

Tuve la suerte compadre
de nacer medio campero
y caminar con esmero
los senderos de mi padre.
Es por eso que mi madre
me sabía aconsejar
y otras veces rigoriar
a pesar de las gambetas,
porque de chico las tetas
largaba pa jinetear.

Al año medio justito,
sino me falla el recuerdo
tenía de freno al perro
y de abajo bien mansito.
Cuando le pegaba el grito
al suelo se me largaba;
despacio le acomodaba
lo que fuera mi recao,
un trapo bien recortao
que fue batón de mi mama.

Donde ella se descuidaba
y peligrando la soba,
le jineteaba la escoba
hasta dejarla pelada.
Pues era la reservada
que más me gustaba andar
y aunque me sabía bajar,
recuerdo la tarde aquella,
de puro echarla a la huella
justo se vino a quebrar.

Cuando cumplí los dos años
me conseguí de ocasión,
un clinudo escobillón
de pelaje muy extraño.
Lo pialé detrás del baño
sin que me viera la vieja,
y firme contra la reja
lo monté y salió escarbando
mientras yo lo iba probando
desde la panza a la oreja.

En las siestas domingueras,
encerraba la manada
y pingo que me gustaba
le ponía las bajeras.
Era la única manera
de formar una tropilla,
tenía diez maravillas
de pelo raro y variao
y por toditos rodeao,
de madrina una varilla.

Recuerdo que los ataba
en hilera y a la sombra
y despacio pa la bomba
del cabestro los llevaba
¡qué trabajo que me daba
pá mantenerlos limpito,
y no había lonja ni grito
que los hiciera parar,
con el saque del bozal
se acostaban de mansitos.

Después se vino la vida
con su galope tendido
y con ese gris de olvido
fui cubriendo las heridas.
¿Donde tropilla querida
andarás de tu andadura,
corriendo por la llanura
de cuando chico inventé,
y hoy sin querer lo llamé
y en mi memoria perdura.

Por eso a veces me planto
y se me viene el malón,
cuando hablan de tradición
los paisanos del asfalto;
le juro me causa llanto
ver gauchos de utilería
que por gusto les daría
pa subir sin que cayeran,
un caballo de madera
de aquellos... que yo tenía.

Mi pingo picazo overo

(Milonga con floreos de Carlos Gioia)No me pida que le venda
Patrón, mi picazo overo,
que es una prienda que quiero
y por favor no se afienda.
Sólo quiero que comprenda
que nunca lo vi'a vender;
los dos juntos a mi ver,
si es que me ayuda la suerte,
los potreros de la muerte
saldremos a recorrer.
........................
Floreo:
Para florearlo paisano
vi'a tirar con todo el rollo
y al ver su estampa de criollo
quisiera estrechar su mano.
Usted es cantor orejano
y por si alguno se asombra,
hoy mi lírica lo nombra
con un fervor que avasalla
porque a bardos de su laya
lo soñó Segundo Sombra.

............................
Patrón yo se que el picazo
en el pago es muy mentao
será porque está cuidao
pero eso no viene al caso.
Él es mi mano, mi brazo,
una parte de mi ser;
no se vaya a sorprender
si le confieso con calma:
que por él le vendo mi alma
hasta al propio Lucifer.
............................
Floreo:
Mientras ande por el llano
una guitarra campera,
podrían poner tranquera
a nuestro cantar pampeano.
Con la guitarra en la mano
el gaucho no pierde el tino,
pa defender lo argentino
que es orgullo de nosotros,
y entre relinchos de potros
vamo' a seguir el camino.

................................
En ningún trance se queda
y es livianito de abajo
guapo pa cualquier trabajo
y en la boca es una seda.
Ni boleao pienso que rueda
porque es muy despabilao,
de galope acompasao;
ligero como una flecha,
es un viento abriendo brecha
y salta los alambraos.
..............................
Floreo:
¡Tá que es gaucha tu canción!
hermano casi me ha echo lagrimear,
porque sabés interpretar
con alma a la tradición.
Quedo a tu disposición
si hay que pialar de volcao
y antes que se haya parao
me le via dir como luz
y entre el riñón y la cruz
vi'á quedar enhorquetao.

..............................
La otra vuelta fui a buscar
un toro medio bravón
en el picazo, Patrón,
cerca lo pude alcanzar.
No fue más que rivolear,
le entró la guampa a la armada,
pero el toro: una estampada
que casi revienta el lazo,
pero se afirmó el picazo
y al final no pasó nada.

Por eso Patrón le pido
que no se vaya a ofender,
si no le puedo vender
a este pingo tan querido.
Sólo una cosa le digo
y es que si me llego a ir,
procúrele un buen morir,
suelto por algún potrero,
cuídeme el picazo overo
que yo lo vi'a bendecir.

Orgulloso y cimarrón

(Milonga con floreos de Carlos Gioia)Para cantar lo que siento
aquí me tienen plantao,
ando medio alborotao
de ver tanto sufrimiento.
El hombre se ha hecho instrumento
no distingue el bien del mal,
vende por menos de un rial
su conciencia prostituida
y anda reyuno en la vida
de panza en cualquier barrial.
................................
Floreo:
Soy lechuza cascoteada
que cuando le amagan, vuela,
y en cuanto oí su vihuela
vi que estaba bien templada.
Su voz viril, bien timbrada,
muestra de que cantar sabe,
la pampa en su pecho cabe
y aunque el hombre es muy modesto
se ve que tiene bien puesto
eso que ponen las aves.

.................................
Puede el hombre andar caído,
acaso medio desnudo,
el entero y agalludo
nunca termina vendido.
Como tigre perseguido
le hace pata ancha a la suerte,
cuando hay que pitar del fuerte
sólo el maula se atraganta,
mas cuando un libre se planta
no lo lleva ni la muerte.
................................
Floreo:
Con esa estampa bizarra
y ese acento tan genuino,
pa defender lo argentino
se ve que le sobra garra.
El hombre es pa la guitarra
como carrero pal chirlo,
canta bien, da gusto oirlo
y creamé no lo dudo:
si hasta las mano'el escudo
se han de soltar pa aplaudirlo.

...................................
Mi canto no ha de aplaudirlo
el piojo resucitao,
ni el lacayo atolondrao
que le entra miedo al oirlo.
Pero se que ha de sentirlo
hasta la raiz de su sangre,
el que reventando alambre
se largó a la inmensidad
y pagó su libertad
con la dignidad del hambre.
.................................
Floreo:
Su canto es más dentrador
que una lezna de soguero,
sentí como un frío primero
y después como un calor.
¡Amalhaya qué cantor,
jué pucha me ha emocionao,!
y aunque estoy medio atorao
igual le echo este floreo
porque hace años que no veo
un cantor tan bien plantao.

.................................
Que cante el que tenga voz
mas nunca por conveniencia
que si es genuina su ciencia
el canto saldrá mejor.
Vestidos de un güen doctor,
van el maula y el rastrero
cambian por fama y dinero
hasta su propia mujer
y al fin terminan por ser
abono de pisadero.

Van a encontrar pocas flores
en mi canto de paisano,
pero traigo entre las manos
montones de sinsabores.
Que otros canten esplendores
para alegrarlo al patrón;
yo no nací pa sobón
ni pa retajo de naides;
vivo más libre que el aire
orgulloso y cimarrón.

Pal picazo

Voy a largar, aparcero,
las riendas a mi memoria
pa tranquear alguna historia
de las tantas de un tropero.
Yo que he nacido trovero
porque Dios me iluminó,
y en mis labios derramó
miel de coplas orejanas,
pa santiguar mis mañanas
con trinos del diapasón.

Andando allá por el sud,
quiero que sepa amigazo,
que tuve un pingo picazo
más ligero que un ñandú.
Sin regalarle virtud
a ese flete tan querido,
le juro que yo he sabido
acomodao en su cruz
dejarlo seco y sin luz
al tapao más atrevido.

Y pensar que lo encontré
tan mal como no he visto otro,
clinudazo y medio potro,
repasao de hambre y de sed.
Muchos dijeron: "Creamé,
este ya entrega el rosquete
y es al ñudo si se mete
a querer acomodarlo;
¡qué espera pa despenarlo,
no ve que tuito es al cuete!"

Pero yo firme en mi empeño
pa mi rancho lo llevé
donde a cuidarlo empecé
mejor que sus otros dueños.
Ya iba cumpliendo mi sueño
cuando lo v'ía retozar
y en el corral relinchar
queriendo mostrar su estampa
al cielo azul de la pampa
que lo vió resucitar.

Con el flete ya safao
del brete de doña Muerte,
confieso que poca suerte
tuve al quererlo montar.
No fue más que acomodar
mi sombra sobre su lomo
y el indigno no se cómo,
brincando se hizo redondo
pa mandarme muy orondo
contra la raiz de un aromo.

Me levanté a las tanteadas,
dolorido y revolcao
y alcancé a ver al taimao
disparando pa la aguada.
"En la próxima topada
otros van a ser los cuentos"
le grité pa mis adentros,
más caliente que una brasa,
y enderecé pa las casas
chiflando al tranquito lento.

Ansina a la madrugada,
ni bien apuntó el lucero,
me vió arreglando los cueros
para esa nueva patriada.
Lo llevé a la tierra arada
y sin vueltas lo subí,
me afirmé bien y le dí
rienda, talero y espuela:
me acordé hasta de mi abuela
pero trotando volví.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mala suerte

Mi buen amigo Zampayo
aquí esta carta le escribo
y con tristeza le digo
que se le ha muerto el caballo.
Calculo lo mató un rayo
en la tormenta pasada,
de raro no le ví nada,
ni herida ni estaba inchao
tan solo lo hayé tirao
cerquita de la alambrada.

Me tendrá que perdonar
si de apurao me bandié,
pues las botas le saqué
sobre el pucho y sin pensar.
Ya las empecé a sobar
y por lo que puedo ver,
aunque usted no quiera creer
yo le aseguro Zampayo,
que pal 25'e Mayo
se las va a poder poner.

No crea que fue senciyo
entrar a cortarlo al ruano,
aunque soy hombre baqueano
me entró a temblar el cuchillo.
Cerca de unos duraznillos
lo termino de enterrar,
sólo lo quise salvar
de los perro o los caranchos
y la angurria del algún chancho
que se me suele escapar.

Yo se que lo que ha perdido
mucho lo va a entristecer,
porque su pingo a mi ver
era de los elegidos.
Recuerde que fui testigo
cuando lo empezó a amansar,
yo lo supe amadrinar
el día que usted lo montó
¡qué jineteada se echó,
no es cosa para olvidar!

El día que usted prefiera
alleguesé a ver mis tropillas,
que sin ser de maravilla
podrá elegir el que quiera.
La madrina es una overa
de pelo zaino bragao,
el resto son colorao
y es de cuento muy parejo
atráquese le aconsejo
y volverá bien montao.

Y ya mesmo me despido,
Zampayo hasta que Dios quiera,
está abierta la tranquera
pa recibir a un amigo.
No vaya echarme al olvido
y yeguesé sin tardanza
me ilusiona la esperanza
de ver su estampa campera
con un abrazo lo espera
su aparcero Alberto Danza.

De "La María" al "Claraz"

Le helada era un manto blanco
cubriendo los pastizales,
retozaban los baguales
buscando apurar el tranco.
El sol asomaba franco
caldeando la serranía,
yo salí de "La María"
por orden del capataz,
iba con rumbo al "Claraz"
y en esa mañana fría.

Pisando huellas de un carro,
emponchao sobre mi oscuro,
con los dedos medios duros
apenas si armé un cigarro.
En un charquito con barro
metía barullo un hornero,
cerca cantaba un jilguero
con tono muy afinao
y hasta un carancho espantao
pegó su grito agorero.

Los potros que iba llevando,
overos de varios pelos,
por delante y sin recelo
se iban como retozando
y cuando alguno pastando
se quedaba distraído,
el látigo del silbido
chasqueaba de maravilla,
y se unía a la tropilla
y en un galope tendido.

Repechando el medio día
pasé por una tapera,
que de un tal Mañeres fuera:
almacén o pulpería.
Un bocao de carne fría
me lo mandé con galleta,
lo tenía en la maleta
igual que una bota'e vino,
y así continué el camino
con la panza bien repleta.

Seguía acortando distancia
y entre milonga silbada,
con la tarde media echada
aparecí en "La Numancia".
"Sacrificio no es ganancia",
me dije y desensillé,
una giñebra tomé
a la salud del patrón
y después de un galopón
el tiempo recuperé.

Con noche casi cerrada
tal vez un poco cansao,
llegué y al mesmo encargao
pude entregar la potrada.
La cosa quedó arreglada
y ahí nomás como les digo,
mi oscuro está de testigo,
lo exigí porque es capaz,
pa churrasquear en Claraz
en el rancho de un amigo.
(Foto de la Estación "Claraz")

El tobiano colorao

Don Lima, vengo a buscarlo
pa’ que me amanse el potrillo
que’n los Pagos del Tordillo
por suerte pude comprarlo,
y no es para alabanciarlo
al “tobiano colorao”,
me lo imagino tuzao,
patas y manos peladas,
al tranco por Madariaga
hecho un lujo pa’l recao.

Que tiene mano baquiana
pa’ las cuestiones camperas,
eso lo sabe cualquiera
que anda entre gente paisana.
Sin entrar en la macana
y aunque me mire asombrao,
le diré que donde he andao
hablando de amansadura,
¡se me ha agrandao su figura
como ñiebla en un bañao!

Por eso quiero confiarle
a mi potrillo “tobiano”,
seguro que entre sus manos
el cuidao no ha de faltarle
y cuando logre aflojarle
el cogote en el palenque
y sin mostrarle el rebenque
esté dispuesto a montar,
le pido me haga avisar
porque quiero estar presente.

Usté sabrá que pa’ males
hay quien se cree domador,
y es solo un frangoyador
que anda estropeando animales.
No es sentarse en los baguales
a espuela y lonja pelada,
eso es una chambonada
que tiene por resultao:
¡más de un pingo resabiao
que al fin no sirve pa’ nada!

Esa es una cencia vieja
que indica empezar de abajo
hasta que’l chuzo, ¡barajo!
queda manso como oveja.
Cuando manosear se deja
y ya está medio entregao,
sin cosquillas y confiao
después de un galope toca,
dentrar a hacerle la boca
estando arriba o voltiao.

Don Lima, solo quisiera
que mis razones comprienda,
mi pingo no es una prienda
pa’ las manos de cualquiera.
Sabré aguantarme la espera
demientras armo el recao,
donde han de verme sentao
si “Tata Dios” no me apaga,
¡luciendo por Madariaga
mi “tobiano colorao”!

El zaino y el forastero

En la estancia "El Cimarrón",
un día a la tardecita,
cuando ya la torcacita
busca el monte en la ocasión;
un tal Jacinto Verón
llegó a la estancia ese día,
un zaino pampa traía
para lucir su recao,
con las borlas del bocao
como peliando venía.

Lo recibió el encargao
y él dijo: -"Busco una changa".
-"Casualmente, hoy en la manga
un lote hemos encerrao.
Está todo preparao,
La yerra recién empieza,
si le gusta la changa esa
ya puede desensillar;
mañana lo he de probar
volteando de la cabeza.

Al otro día temprano
lo encararon al mamón,
había echo yunta Verón
con un puestero entrerriano.
Los dos eran muy baqueanos,
sabían voltear a uña
y el encargao don Acuña
les dijo que habían quedao
diez grandotes encerraos
pa juntarles las pezuñas.

Armaron los seis puesteros
y de a uno iban largando,
con tres rollos, esperando,
bien parao el forastero.
Bufando el primer ternero
sintió la yapa hasta el pecho
y en un callejón estrecho,
volcando como se debe
de los diez, les voltió nueve
de reves y de derecho.

Y después de demostrar
cualidades de campero,
le ofrecieron de puestero
y chúcaros pa amansar.
Terminó por aceptar
y puso una condición
"que no es tapa ni galpón
porque simplemente quiero
echar a mejor potrero
a mi zaino redomón".

Y un domingo en la chumbeada
de sortijas y cuadreras,
donde la familia entera
va a ver la depositada;
donde una yegua mentada
le da el corte en la ocasión,
al zaino del "Cimarrón"
que sin pegarle un azote
la tapó con los cascotes
con la monta de Verón.

Invicto lo retiró
después de treinta carreras,
y en otras fiestas camperas
mil veces apadrinó.
Todo el pago lo admiró
al pingo por su prestancia,
al hombre por su elegancia
y la peonada decía:
que los dos serían un día
las reliquias de la estancia.

Pero al morir el patrón,
llegaron los herederos,
y por nada: lo campero,
le gustó a la sucesión;
al escritorio, Verón,
pasó junto a los mensuales
-"No me gustan los cardales",
dijo el rico: -"hay que sembrar,
sino tendrán que marchar
junto con sus animales".

Y el que tanto trabajó
sin temerle a las heladas,
que tantas huellas marcadas
en su rostro le dejó;
educado respondió:
-"Soy fiel a mi convicción,
por eso me voy patrón,
nada me puede cambiar",
al tranco se fue a ensillar
en la puerta del galpón.

Igual que cuando llegó,
se marchó una tardecita,
y otra vez la torcacita
camino al monte voló.
Y todo el pago observó
pasar esa criolla estampa
hombre legal y sin trampa
se iba del "Cimarrón",
un tal Jacinto Verón
en un viejo zaino pampa.

Vieja, ¿me hacés un mandao?

Vieja me haces un mandao,
ya que pal pueblo te vas,
al boliche te llegas
porque estoy muy atareao.
No te lo doy anotao
porque te vas a acordar
y si me llego a olvidar
de alguna cosa no es nada;
el sábado de pasada
si puedo me via a llegar.

Como vamos a carnear,
trae sal y ají molido
pimienta pa'l embutido
y tripa pa'chorizear.
Un rollo de hilo pa' atar,
y como son muy baratas
trae dos pares de alpargatas,
si hay de color negro,una faja
de fosforos trae dos cajas
y un poco de dulce'e batata.

Dos damajuanas de vino,
por si nos vienen visitas.
Harina pa' tortafritas,
un litro de aceite de lino,
salamín picado fino,
manteca y queso'e rallar.
Y no te vas a olvidar,
trae una botella de alcohol,
kerosene para al farol
y una piedra de afilar.

Preguntale a don Clemente
por las argollas'el bagual,
no me quedó ni un bozal,
la estoy precisando urgente.
Lavandina, detergente,
Dos paquetitos de vela,
trae para vos mortadela,
yo no la como ni loco,
y pa' cuando me desoco
un frasco de Fluido Spineda.

Yerba y azucar traé,
unos fideos guiseros
y unos moñitos soperos
y un paquetito de té.
Medio kilo de café,
whisky, por si viene el rico,
y ademas te lo suplico,
no me digas no mi china..
¡hacete una gelatina
pa'comerla con los chicos!

No se que te está pasando,
¿sera que estoy confundido?
¿O porque te hice el pedido
ahora me andas titubeando?
Yo no te estaba mandando,
solo pedi una gauchada,
ahora no me traigas nada,
punto y se terminó,
porque el sábado voy yo,
y traigo todo e'pasada.

Una gauchada

(Pintura: Molina Campos)

A boca é noche, un paisano,
ladiándose del camino
cayó al rancho de Justino
en un zaino rabicano.
Llovía desde muy temprano,
-desde antes del amanecer-
y al cáir la noche a envolver
según le marca su plazo
el tiempo seguía fierazo
sin miras de componer.

Trás del saludo se vido
que el hombre recién llegao
al zaino le había bajao
el recao humedecido.
El dueño é caso, cumplido,
muy contento, desde luego,
le atracó más leña al fuego
acomodando la pava,
y en tanto se calentaba
charquió un cuarto de borrego.

Cuando ardió el fogón con brío
salió tranquiando una araña,
y un medio frasco de caña
empezó a matar el frío.
Manotió el mate vacío
con bombilla reluciente,
le echó yerba suficiente
y el matecito, de entrada,
con la primer "ensillada"
sientió la panza caliente.

Después de unos cimarrones
y de apurar unos tragos
el frío se fue en amagos
pa esos gauchos parejones.
Y luego, en dos ocasiones,
el hombre aquél, de rebote,
sacó su interés a flote
y averiguó preocupao
si daría paso el Salao
estando de bote a bote.

Al balar de unas ovejas
gritó alborotao un tero,
y al instante el forastero
dentró a parar las orejas.
El viento zumba sus quejas
mientras que sigue lloviendo,
y Justino comprendiendo
cualquier intención ladiaba,
porque ya se maliciaba
que el hombre venía juyendo.

Desde una rendija, el viento
le está soplando al candil,
y hace de almohada un mandil
pa dar blandura a un asiento.
Después Justino de intento
casó el cuarto bien asao,
y cuando hubieron cenao
cordialmente, mano a mano,
le dió su catre al paisano
y él se tendió en el recao.

Después, cuando al otro día
se quiso dir el paisano
le ofertó Justino un ruano
que allí cerquita tenía.
Con gauchaza cortesía
el forastero, de atento,
rechazó el ofrecimiento
pero tuvo que aceptar
un poncho sin estrenar
de color amarillento.

De ande viene, pa ande vá,
quien es, quien deja de ser,
jamás pretende saber
quien gauchamente se dá.
Si en la historia no está
por olvido o mala suerte,
hay que decirlo bien fuerte
que aunque no tenga ni un cobre
se muere el gaucho de pobre,
¡pero es gaucho hasta la muerte!

Silverio y Ramón

(Pintura: Molina Campos)

El sol ya quería dentrarse
cuando Silverio y Ramón,
después de un tiempo largón
recién volvían a encontrarse
y después de saludarse
de un modo bastante fiero,
Silverio con el talero
le dio al Ramón en la pata
y el Ramón con la alpargata
le hizo volar el sombrero.

Un rato largo cancharon
igual que si fuera en serio.
Después Ramón y Silverio
un abrazo se pegaron.
Pa'entre el boliche agarraron
los dos charlando a la par.
Había que festejar,
no quedaba otro remedio
y con dos cañas por medio
dentraron a recordar:

-"Te acordás cuando a Severo
se le disparó la chata
y por poco no lo mata
cuando agarró el esquinero.
-"Te acordás del hormiguero
que se me abrió en la bajada,
el matungo en la rodada
de cabeza me largó
y lo que más me salvó
que jué entre la tierra arada...

-"Te acordás cómo lloraba
el gringo del membrillar,
cuando tuvo que entregar
el campito que arrendaba.
-"Te acordás la vieja Sava
esa vez que pa'la trilla
me salió con una horquilla
gritando entre los repollos,
porque le pisé los pollos
al pasar con la tropilla.

-"Te acordás de Anselmo Vila,
cuando en una tarde ingrata
se perdió toda la plata
que había ganao en la esquila.
Era la banca una pila
en el boliche'e Correa,
cuando ya se la vió fea
copó toda la parada,
la hizo picar pa'clavada
y lo tapó la batea.

-"Te acordás de aquél invierno
que juimos a arar por tanto
con el paisano Amaranto
en el campo de El Infierno,
y te acordás cuando el perno
se cortó del balanzón;
al caer entre el montón
cuando se clavó la reja,
me echó vientito en la oreja
la pata de un mancarrón.

-"Te acordás cuando volqué
el carro con la mudanza,
cuando a Cirilo Carranza
pa'otro campo lo cambié.
-"Te acordás cuando a Mariano,
que yendo en la jardinera,
se le cortó la lomera
en el medio del pantano.

-"Te acordás la romería
en que estuve por peliar,
cuando la saqué a bailar
a la que hoy es mujer mía.
-"Y del bailongo que había
allá en la esquina de Pando.
Te acordás, cuando a Rolando,
no se quién jué el desgraciao
que jué a "ensuciarle" el recao
cuando él estaba bailando.

Y así mezclando una hazaña
con la risa de algún caso
se empina Ramón el vaso
y Silverio lo acompaña.
Resucita con la caña
una época ya muerta,
porque el recuerdo despierta,
pero al quererse marchar
no se podían acordar
en donde estaba la puerta.