viernes, 31 de diciembre de 2010

Campo

(Pintura: Carlos Montefusco)
¡Campo mío!... ¡campo flor
de fecundos gramiyales,
y de azulados cardales
del rancho en su derredor!...
Campo del trébol de olor
y bermejas margaritas
vengo a traerte las citas
de tu glorioso pasado,
en el rescoldo avivado
por las brasas de mis cuitas...

¡Vengo a traerte el ayer
con frangancia de retama,
que lejos se desparrama
en brisas de amanecer!...
Vuelvo de nuevo a traer
murmullo de tu arroyuelo,
las frescuras de tu suelo
en la luciente alborada
y la brava disparada
de las tropillas de un pelo...

¡Vuelvo, pues, con la belleza
de los despuntes del día
del sol de la lejanía
que le besó con tibieza!...
Quiero otra vez la fiereza
de los altos pajonales,
de los tupidos pastizales,
abrigo de los caranchos
y las toldas de tus ranchos
de los bravos totorales.

¡Traigo de nuevo el deseo
y la iracunda bravura
que flota por tu llanura,
de la hacienda en el rodeo!...
¡Quiero otra vez el torneo
donde hacía gala el gauchaje,
su campechano coraje,
el pial en los fuertes brazos
y la armada de los Pazos
en manos del reseraje!

¡Traigo de nuevo el rumor
de las tardes estivales,
los cascos de los baguales,
galopando en tu verdor!...
el grito del domador
ganando el corral afuera,
y en la cocina campera
el encendido fogón,
donde se dora el capón
adobado con salmuera!...

¡Quiero otra vez en la pampa
el caldén de altiva copa
y en el camino la tropa
que junto al reparo, acampa!...
¡El perfil, la regia estampa
del vigoroso resero,
el fértil nido de hornero
en una horqueta de tala,
y como antes la luz mala
viboreando en el sendero!...

Pal rodeo



Mi mal ya no tiene cura,
cuando l'encuentre un remedio
ya hay otro mal al asedio
contra el ungüento y la untura
y no tiene compostura
lo que de viejo se duebla...
Tuita mi senda se puebla
de baches, charcos, zanjones,
mi cielo de nubarrones
y mis noches de tiniebla.

Ni bien seca un costurón
que alguna herida me deja,
rondo el panal de otra abeja
y ¡zas! m'encaja el puyón,
resulta que el aguijón
como que fué por encono,
deja en la herida un abono
y ya no hay yanto ni labia
que calme el virus de rabia
aunque soy Cristo y perdono.

Pero como nunca aflojo
y vuelvo siempre a la carga;
en cuanto un mal se aletarga
dentr'a morderm'el antojo,
y no hay súplica ni enojo,
ni parangón, ni consejo,
de la vieja, ni del viejo...
Mi aflicción no capitula
¡El cardo que más se azula
es el del tronco más viejo!

Ayer juyendo el encuentro
de una que le cáe la baba,
como sargento de brava,
dejé las luces del centro.
Rumbié nomás, monte adentro
montao en mi zaino flor,
flete nuevo, rumbeador
que solo aceta en el anca
por lo querendona y franca
a alguna loca de amor.

Y como no me despinto
y no aflojo la cinchada,
repechándo una lomada
enderecé al laberinto,
ojos de mirar retinto
me miraban a través,
con ansias y pen'a la vez.
Dos ojos atribulados,
por el dolor agrandados
en ese ambiente montés.

Así apartando el ramaje
aguijoneao por la duda,
aunque con palabra ruda,
me le aparié sin ambaje,
en la quietú del paisaje.
Cantó el zorzal del amor,
y, espiritual hablador,
y, altamente, soñador,
rasgó las nubes l'aurora
y nos inundó de albor.

Y ahí ando en la nueva racha
enfermo del viejo mal,
en el anca del bagual
remolcando a la muchacha,
parece de buena hilacha
de mejiyas como guinda,
y pa'que tuita se rinda,
le eché mi pial de boleao;
¡flor de montes inexpugnao,
flor silvestre pero linda!

Parece de buena marca
y de las otas distinta,
va en sus pupilas retinta
el fuego de Catamarca.
Yo qu'ensoñé esa comarca
como una revelación,
predispuesto a la emoción,
dientro al aro sin tropiezos,
¡Pal rodeo de sus besos
va mi gaucho corazón!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Hermano campesino


Del oro que tu esfuerzo representa
la res de exportación es buen testigo;
lo son el pan, harina de tu trigo,
y, de tu maíz, la universal polenta.

Lo son la papa, el ajo, la pimienta,
la mota de algodón de nuestro abrigo,
la azul voluta del cigarro amigo,
la yerba que en el mate nos calienta.

A la ciudad el campo la alimenta
y el campo es tu trabajo sostenido
que, si bien no te da para vestido,

da al oligarca y al Estado renta...
¡Cómo no va a soltarse la tormenta
que dio en Alcorta su primer tronido!

Don Escolástico Junco


"Ojalá cantara un gallo
pa saber en dónde me hallo"
(Dicho de don Escolástico)
.............................


Se me ha terminado el sueño.
La noche ya se da vuelta.
Un silencio sin alambres
se estira en el campo afuera.
Mientras encrespa el lucero
su porfía de alma en pena,
y la luz anda queriendo,
como enagua de soltera.
Un fuego recién despierto
por la cocina bosteza:
Don Escolástico Junco
con el cimarrón solea,
revisándose, callado,
las ternuras que le quedan,
porque es de aquellos antiguos
que se hablaban con la yerba.
Sola su alma con el mate
para saludar la fresca,
como aguaribay del monte,
tronco, barbas y melena,
se ve crecido de tiempo
y hasta con ramitas secas,
en esa luz del fogón
que los rasgos le subleva.
- Si no imprudencio, don Junco...
- Pase, que un amigo alegra.
Y después de los modales
de la urbanidad campera,
con el gusto de los mates
desentumimos la lengua.

La voz de don Escolástico,
reposada, limpia, gruesa,
tiene el respeto ganado
desde que sale a la puerta
y unos nombres de otro tiempo
que la bombilla calienta.
De Punta Gorda y Caseros
nos vamos hasta Cepeda,
y al don Gonzalo crecido...
- Con López Jordán a cuestas,
que fué, como militar,
bastante huevo de yegua.
Nos enchiqueró en tres aguas,
con los otros de tranquera.
Sarmiento probó los rémingtons
en la gente monteliera,
que era de lanzas y sables
y fusiles sin cartera.
Con los de repetición
nos pegaron una buena,
pero más nos mató el agua
que las moras extranjeras...
Y con sabor de otros días
larga la verdad completa:
- De tanto mirar la muerte
le perdimos la vergüenza.

- ¡Qué tiempo, don Escolástico!
¡Pucha! Si aquello volviera...
- Los que tienen que volver
son los hombres que lo entiendan,
porque el tiempo es uno solo,
por más que le saquen cuentas...
"El tiempo sólo es tardanza,
Dijo Fierro, en otras épocas,
de lo que está por venir".
Y así estamos con la espera...
¡Si este tiempo es el de siempre,
pero perdido en sonseras!
Que si el caso se da así...
Que si de la otra manera...
Que si nos darán un alce,
Que si nos darán más leña...
Que qué pensará el ejército.
Que qué los que nos aprietan.
Que si no nos dejan votar...
Vamos a emplear la libreta.
Que si hay que elegir un hombre,
que si hay que elegir una hembra.
Que si estamos en el mundo,
que si estamos en América.
Que si nos acomodamos...
se va a acomodar la tierra.
Que si vendrá bien unirnos
o hacernos la... intransigencia.
Que si no será un peligro
tal o cual hombre que piensa.
De tanto dejarse estar
estamos donde nos llevan.
Pero ninguno se dice
si es por maulas o trompetas.
Mientras, por toda la patria,
le dijo Chano a Contreras:
- "Una tropilla de pobres
canta al son de su miseria".
- "¡No es la miseria mal son!"...
-"¡Qué ha de serlo, Villanueva!
Si a "lo que está por venir"
hay que ayudarlo a que venga,
como que hay que echar la vida
por delante y sin pereza.
Ya es tiempo de hallarle el filo
al cuchillo y la vergüenza;
de no andar mirando arrugas
ni tentando por las buenas;
de ensillar el malacara
y acortar las estriberas,
y galoparse una noche
para quedar donde quiera.
Tiempo de llevar bombachas
pero tenerlas bien puestas;
de sacar la voz del pecho
y no de entre las polleras.
Tiempo de bolear el anca
donde la ocasión se ofrezca,
de campear la libertad,
por el camino que venga,
y de no dejarse andar
con el miedo entre las piernas.
A "lo que está por venir"
hay que ayudarlo a que venga.

Saltan las barras del día
gallos, pájaros y ovejas,
y en un relincho limpito
todo el campo se presenta.
Alumbra, desde un rincón,
medio frasco de ginebra.
Me convida con un beso
y cuando, a su vez, lo besa,
murmura don Escolástico:
- ¡Pa desparramar la yerba!...

Verano lavandero


"Buscando sombras para el Sol de enero". (Rafael Obligado)
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A solas con el sol y no solapa,
por paisaje de tierra que galopa,
vistoso el cuerpo de la poca ropa,
linda de cara y caminar, de yapa;

guapa en el doble modo de ser guapa,
la joven lavandera el campo copa
y el aire codicioso que la topa
la siesta en la rodilla le destapa.

La mano en alto parapeto atrapa
sombra para mirar y alza la copa
del seno que en la blusa se agazapa.

Mientras cortando cielos, hecho sopa,
viene el río, sudando al sol la napa,
tras el blando camino de su tropa.

El casero


Cantaba por el arado,
para la parva cantaba:
mientras castigaba el cuerpo
se le divertía el alma.

Por su boca retozona
Casero se le apodaba,
asemejándolo al pájaro
que en barro canta su casa.

Su permanente alegría,
la mejor de las chicharras,
alivianaba el quehacer
lo mismo que el no hacer nada.

Todo risas y salud,
todo fuerzas y confianza,
jamás le alambró una pena
los horizontes del alma.

La malicia de sus ojos
le mojaba las palabras
si al alcance del instinto
pasaba alguna muchacha.

Pronto tenía el piropo
y la contraflor clavada,
y, tras la palabra chusca,
la risa enorme saltaba.

La degollaba la boca
la guaranga carcajada,
que enseñaba la luciente
dentadura bien granada.

Invitado de cajón
para bailes y jaranas,
los pericones y gatos
eran menta de sus plantas.

Sin preferir una moza
para todas alegraba
y su linda relación
estaba siempre ensillada.

Novia no le conocían,
pero en visitas andaba:
para él eran peores todas
y ninguna peor es nada.

A su poco de guitarra
sus muchos versos le daba
y a cada rancho del pago
lo enceló su serenata.

En el camino estirado
lo hallaron una mañana,
con los ojos ya marchitos,
con el alma desangrada.

Turbia la cara tenía
como si en algo pensara,
y mostraba la luciente
dentadura bien granada.

La guitarra como el dueño:
con las cuerdas degolladas.
Y, un poco apartado el pingo,
que yerbeaba, que yerbeaba.

Terrón de carne


Manos de fértil terrón,
de humilde terrón figura:
héroe de la agricultura,
de nuestra riqueza peón.

Siembras lino de ilusión,
siembras trigo de tristura:
siembras tu vida en la dura
tierra de nuestra nación.

Y como si no bastaran
tus sufrimientos prolijos
para que todos se hartaran,

ni muerto tienes revés
pues, como tu puño de mies,
te desparramas en hijos.

Compadre, ¿qué tiene el vino?


Que antiguo payé tan raro,
que extraña divinidad,
que fuerza liberadora
tiene el vino, que será...?
¡que se mezcla con la sangre,
que le sube y es capaz
de desatarlo por dentro,
compadre, y hacerlo hablar...!

Compadre, que tiene el vino que usté al tomar
Comienza a sentirse hombre y empieza a hablar...
A hablar de lo que mas quiere,de su verdad,
Y es como si despertara a la realidad...?

Compadre, piense un poquito,¿que va a pasar
si un día de estos la gente llega a tomar,
el vino que necesita y empieza a hablar...
a hablar de lo que más quiere...que va a pasar...?

Traigan el vino más vino, tráiganlo acá,
Que mi pueblo está callado y es hora que empiece a hablar...
Dénle vino y vino bueno y ha de gritar su verdad..
¡Y ha de cantar para el mundo su canto de Libertad...!

Una vez le oí a un borracho,
como diciendo un refrán:
que el vino es "Sangre de Cristo
porque es Sangre Popular..."
La parra chupa en el suelo
tanta sangre fraternal
que hay en la tierra vertida, Que clama al cielo y está
juntandosé desde siglos, Buscando hacerse escuchar;
la sangre de los hermanos, que amamos y ya no están...
de nuestros muertos queridos, que nunca nos dejarán...
de los que dieron la vida, porque amaron de verdad...
los que eligieron morirse, por no saber traicionar...
los que encontraron la muerte, buscando la libertad...
los que dejaron sus huesos, en Malvinas y Soledad
¡como raíz enterrada, que algún día ha de brotar...!

Tenía razón el borracho; pensando bien, es verdad
que el vino libera al hombre y es fermento de amistad...
que el vino es "Sangre de Cristo porque es Sangre Popular...."

Imaginese, compadre, qué va a pasar
si un día de estos la gente llega a encontrar
su vino que le han robado los mandamás...
usté ya sabe, compadre,¡Qué va a pasar...!

Traigan el vino más vino, tráiganlo acá.
que mi pueblo está callado y es hora que empiece a hablar...

Dénle vino y vino bueno y ha de gritar Su Verdad...
y ha de cantar para el mundo ¡Su canto de Libertad!

La siesta campesina


Zumba el porfiado insecto bullidor. En la falda
reverdecida y suave que la montaña enseña,
descansan de la dura condición comarqueña
los fuertes campesinos de poderosa espalda.

Cerca del bosque luce reflejos de esmeralda
al bochorno implacable, la laguna risueña,
y ante el plantel nudoso de las parvas de leña
reposan los aperos que el sol tiñe de gualda.

Duerme a la sombra el perro. Prometen galanura
de lucientes visiones, en cosecha futura,
los trigos, a la tierra conquistado tesoro...

Y allá, bajo el alero de pintoresca parra,
llora el bizarro mozo, de la triste guitarra,
su amor a la inconstante de las trenzas de oro.

(Pintura: Carlos Montefusco)

Décimas

(Dibujo: Molina Campos)
Yo nunca les he contao
lo que hoy les voy a contar.
¡Quién se podrá imaginar
lo que habré esperimentao!
Los trabajos que he pasao
en este mundo, ¡canejo!
Yo del mundo no me quejo
porque he sido desgraciao
sólo agora que soy viejo.

La joventú es lo mejor
si el dinero la acompaña;
también la joventú engaña
porque el mundo es un traidor,
quiero que me den la razón
los hombres que tengan años
porque de ellos no es extraño
que den la mejor sentencia,
hoy se queja la indolencia
de un hombre avanzado en años.

Esto quedará de ejemplo
para las mozas y mozos,
el que quiera ser dichoso
aprovéchese del tiempo,
no pierda hora ni momento
que después ha de desearse
y no se deje avanzarse
de los años con el tiempo
que después que llegue a viejo
en vano será quejarse.

Yo me quisiera quejar
pero no puedo quejarme,
ya he conocido mi mal
pero ya ha sido muy tarde.
Yo quisiera reclararme
en el mundo con el despejo;
sin embargo no me quejo
no formo una mala idea
porque no hay cosa más fea
que cuando uno llega a viejo.

Eran cuatro viejos...

(Pintura: Julián Althabe)
Estos eran cuatro viejos
que empezaron a contar
hazañas que tenían hechas
en el tiempo e' su mocedad.
Esto sucedió un domingo
al apuntar el lucero
entre una cocina vieja
con bastante leña al juego.
Uno e'los viejos decía:
-"Yo, cuando era melitar
me fi a una espedición
para la sierra del Volcán.
Ya dentramos entre los indios
como perros en majada
y al bajar de una cuchilla
y al subir de una quebrada
"De un lanzazo me maté
CUARENTA INDIOS Y UNA CHINA".

El otro viejo decía:
-"Yo no he sido melitar,
lo que sí me e'ejercitao
en el trajín de domar.
Me paso pa la otra banda
para domar conchavao,
pa más señas mi patrón
era don Juan, el pelao.
El día de mi conchavo
me hicieron mucho agasajo.
Luego me dice el patrón:
-"Es preciso que madrugue
a prencipiar el trabajo.
Casualmente allí había
una manada de overos
ande andaban un alazán
mentao de malo y ligero.
Al otro día e'mañana
echan yeguas al corral
y me dice el capataz:
-"Amigo, traiga el bozal",
-"Ya voy con mi bozalito,
el cabrestito y las riendas",
ya estaba el pingo enlazao,
los ojos como linternas,
y me dice el capataz:
-"Ensille este redomón
andelé un poco despacio,
que es de la silla, el patrón"!.
Confiao en esta palabra
cuando ya estuvo ensillao,
de un brinco me lo salté
y le prendí las de fierro;
gritaba como demonio
el diablo del redomón.
Ya decía yo entre mí:
-"¡Pucha el de andar del patrón!"
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
CORCOVEÓ TRESCIENTAS LEGUAS
NUNCA ME PUDO VOLTEAR.

El otro viejo temblando
todo atareao por hablar:
-"Yo, dijo, les contaré
de cuando era marinero
andando en las mares altas
ande está sereno todo,
se me va, caray, al agua
un reló cadena de oro.
Y yo, que viéndolo estaba,
a desnudarme empecé
y al agua me descolgué
en busca de este reló.
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"QUE POR SACAR UN RELÓ
ME SACÓ SETENTA Y DOS!"

El último viejo dijo
después de pensar un rato:
-"Yo no he sido melitar,
ni marino o domador.
Me conchavé en una estancia
nada más que pa enlazar.
Entonces gozaba fama
como güen enlazador.
La estancia tenía toros,
vacas, terneros, novillos,
potros, yeguas y potrillos
por todo como cien mil.
Un día me levanté
pa dir a hacer la carniada
y junté todos los lazos
que tenía en la ramada;
los até unos con otros
con un ñudo potriador,
di güelta en todo el corral
pa afianzarlo en treinta palos,
luego arreglé la armada
y enderecé pal rodeo.
Cuando estuve a veinte cuadras
ya comencé a revolear;
y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"POR ENLAZAR UNA VACA
ME ENLACÉ TODO EL RODEO".

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Aflojando?

(Pintura: Molina Campos)
Porque me ve maceta, medio apestáo y al pepe,
¿Ya se crée que soy garra de algún cuero de peste?

Porque ensiyo un matungo, que a lo mejor se duerme,
¿Ya pensó que mis potros se han quedáo sin jinete?

Porque el tiempo abre zanjas con su reja en mi frente,
¿Calculó que de viejo ya no puedo tenerme?

Porque ya ni a las mozas que en mi pago florecen
Sé tenderles el ala, ¿cré que mi alma no siente?

Se equivoca, mi vieja; no alvirtió que se engüelven
En ceniza las brasas que apagarse no quieren.

Si ando al tranco a ocasiones, y a ocasiones parece
Que camino sin rumbo, dando güeltas al cohete;

Si largué mis baguales y no ensiyo mis fletes,
Y he colgáo la guitarra sabe Dios si pa siempre,

No es que viejo y sin juerzas a destajo me entriegue,
Ni que, taba sin chumbo, ya no pueda echar suerte.

¡Es que temo que el tiempo mis recuerdos avente,
Y el olvido a mis penas vaya a abrirles el brete!...

Pereza


-Levántese, mi hijo,
Que ya amaneció
y áhura, entre un ratito,
Va a salir el sol.-
-Déjelo, que salga,
Mamá, dejeló,
Porque él no ha pasado
La noche que yo.
Cuando a sus entrañas
Se prienda el dolor,
Y le juya el sueño
Que me abandonó,
Y se hinche en las pulpas
De su corazón
Del tigre e los celos
La garra feroz,
Puede que a las nubes
Les pida e favor
Que al potro del alba
Que es madrugador,
Le pongan un juerte
Bozal potreador.
P'hacerlo a la juerza
Sentar el garrón...
No es que tenga pienso
De dormirme, no...
Que quiero las horas
Contar del reló,
Sino que en lo oscuro,
Con la ayuda e Dios,
Puede que un aliveo
Le haye a mi dolor...
.......................
Cierre ese postigo,
Máma, cierreló,
Porque cuando en sombras
Tuito engüelto estoy,
Es cuando mis ojos
La ven más mejor
A la que jué un día
Mi dulce ilusión
Y hoy con sus desdenes
Mi sueño mató.
Quiero en el silencio
De este mi rincón
Sufrir recordando
Sus labios en flor,
La gloria e su cuerpo
Golosina e Dios,
La luz de sus ojos,
El eco e su voz
Cuando ya pa siempre
Me dijo su "adiós".
........................
Ya que no hay remedio
P'ahugar mi pasión,
Y no es propio e machos
Mendigar amor,
Que náide en el mundo
Sepa mi aflición,
Ni alvierta en los ojos
Que el sueño olvidó
La güeya e las lágrimas
Que el dolor cuajó.

Magoa


Campié de mozo con ansia loca
La sé de un alma pa ser su juente,
Y la que en mi agua puso su boca
Vertió desdenes en su corriente.

Cáido en el lazo de esa zoncera
De que "queriendo tuito se alcanza",
Corriendo al flete de la quimera
Cansé el piquete de la esperanza.

En las vederas, hoy ya resiertas,
Po'ande mis tristes cruzadas hice,
Jueron, de a trechos, quedando muertas
Las ilusiones que yo más quise.

Y hoy ni en la oriya de la laguna
Que un día brindóme dichas fugaces,
Aunque en el cielo luzca la luna
Me ven los teros ni los chajases.

Que entre mi cueva, como el peludo,
Mientras las horas trotéan serenas,
Voy repuntando sombrío y mudo
Una por una tuitas mis penas.



................................

Vocabulario:

Mágoa: del latín "mácula" = mancha. Sentimiento de disgusto, pesar, tristeza, pena, dolor. Sensación de amargura y resentimiento. (Puede dejar marcas que duran un buen tiempo).

martes, 28 de diciembre de 2010

Al salir el sol


Viene pintando la aurora
con los colores del alba
mientras perfuma una malva
que’n el patio se atesora.
Una chicharra a deshora
suelta un chirriar de lamento
que prolonga en el intento
de avisarnos de antemano,
que con el sol, de temprano,
tayará un calor sin cuento.

Viene clariando de a poco
-dispacio pero seguro-
porque’l día no tiene apuro
y no recula tampoco.
El lucero, ya bichoco
por la mayor claridá,
como escondiéndose va
hasta borrarse a lo lejos
porque’l sol con sus reflejos
prontito nomás saldrá.

Inaugurando un entable
antiguo como su esencia
güelve’l sol a la querencia
trayendo un briyo infaltable.
La visión se hace notable
y se ve que’n el bañao
se anda moviendo el ganao
entre una niebla petiza,
la que’n un rato, sin prisa,
el sol ya habrá disipao.

La alta flor de un cardo ruso
que ha crecido en demasía
muestra la estampa bravía
que la tierra le compuso.
Suelta un quejido inconcluso
el molino cuando hereda
un soplo que se le enrieda
pero… que por ser mezquino,
deja a mitá de camino
el trajinar de la rueda.

Pava y mate en una mano,
y en la otra un viejo banco,
por el corredor, al tranco,
le busco el fresco al verano;
el amargo es soberano
pa’ comenzar la jornada,
y al dejar acomodada
mi postura en una esquina
suelto rumbo a la glicina
el humo de una pitada.

Al dir pintando la cosa
el día toma color
y va ganando calor
demientras el sol retoza.
Se levanta mi donosa
cuando termino el amargo,
y ya salgo al tranco largo
pa’ atar en el sulky “El Ruano”
y poder salir temprano
pa’l pueblo, por los encargos.
....................................

Recomendamos visitar al Poeta gaucho de este verso en: www.carlosraulrisso-poeta.blogspot.com

A mi rancho


Ranchito que entre el verdor
Parecés una gran cosa
Y no sós más que la choza
Donde escuendo mi dolor.
Rancho en que entuavía el amor
Que en rescoldos se consume
A ocasiones desentume
Las alas medio dispacio
Pa perderse en el espacio
Como si juese un perfume.

Tapera medio arrumbada
Que al costáo de una laguna
En mis noches sin fortuna
Fuiste pa mi como un hada.
¡Quién dirá al verte rodeada
De paráisos y palmeras,
Que sos triste de adeveras
Porque, bajo tus totoras,
No hay en mis noches auroras
Ni en mi vejez primaveras!

Al zarzo que da a tu alero
Un rosal de rosas blancas
Trepa yevándose en ancas
La copa de un jazminero.
Corre a su sombra un sendero
Que como baliza cierta
Va derechito a una puerta
Que bajo un toldo de flores,
P' adormecer mis dolores
He de hayarla siempre abierta.

Cuando m'echo en la catrera
Bajo tu techo sombrío,
Se saca el bozal mi hastío
Pa disparar campo ajuera.
Bríndame su adormidera
La dulce melancolía,
Y alegran el alma mía
Las notas consoladoras
De dos calandrias cantoras
Que madrugan más que el día...

Rancho que sabés mi historia,
Mi linda choza querida,
Que yevo siempre prendida
Del cinchón de la memoria.
¡Pa que quedré yo más gloria
Que el calorcito e tu hogar,
Hoy que cansao de penar
Le tengo asco al vivir,
Y se me hace que morir
No es nomás que descansar!



No reempuje, compañero

(Pintura: Rodolfo Ramos)
No reempuje, compañero:
¡Jué pucha ni que anduviera
con dolor en la bastera
y juyese del entrevero!
Más despacio aparcero,
que hay piedras en el camino.
No se asuste si me empino
que es sólo pa curiosear;
no le voy a sonsacar
ni la china ni el destino.
¡Ah, pueblero desconfiao!
Cuando menos se figura
que pretendo alguna achura
de las que le han ofertao...
Déme por eliminao
del montón de pretendientes
que se han afilao los dientes
pa prendérsele al asao.
Soy crioyo sin ambición
y gaucho de los decentes.
Pa mí no habrá chocolate
ni migas del presupuesto.
Porque no ando del cabresto
de ningún alto magnate.
Gracias si ligo algún mate
amargo como mi suerte,
porque a mi bien se me alvierte
que es al ñudo pretender...
Al paisano, ¡ni que ver!,
se le hace pitar del juerte.
Güenazo pa las cuchillas.
Cuando la teta refala,
y el que es ternero y no bala
anda asustao y en cuclillas.
Pa él no son las amarillas
de la burra del Estao,
pa'él es el duro recao,
y el remington y la lanza,
y la bala que lo alcanza
y lo piala de volcao.
Y todo ¿pá qué?
pues pa'eso
pa que un pueblero ladino,
sospeche al ver que me empino
que quiero sacarle el hueso.
Compañero guarde el queso,
que pa'que usté se lo coma,
yo en el bajo y en la loma
sirvo de cuajo a la leche.
Conque amigo, no sospeche,
que si me empino, es en broma.

Romance del indio gringo

El indio tenía una china
celosa a más no poder;
en cuanto había viento norte
no le daba de comer.

Cuando él llegaba a las casas
pa dentrarle al locro guacho,
ya la china se lo había
comido con los muchachos.

De las juntadas de máiz,
de maní y el algodón,
llegaba lustroso el indio
y con plata a discreción.

Se empezaba a entumecer
y flaco de cuerpo y plata,
otra vez cardo y cicuta
por culpa´e la china ingrata.

La china tenía poder
en yuyo y trapo rezao;
el indio jué a verlo al cura
pero no dió resultao.

Le pegó pa la farmacia
y el " botica " muerto´e risa
le dijo: !lo que le falta
es una güena paliza!

Se le prendió al latagá
y desmaneó la sin hueso,
pero ella, con la conversa
le ganó a medio pescuezo;

" Ya ´tás desgraciao demás,
nos tenés abandonaos;
no tráis un par de alpargatas
ni cortesito jloriao !"
"! No se te puede ni hablar,
´tas demás adotorao !"
..! date con pueglera blanca
con tal que quedés callao ".

El indio tenía una flauta
pa entretención y sosiego:
"! Que tanto tocando´e balde !"
- le dijo - y se la echó al fuego.

De cuatro gurises, uno
salió de pelo dudao;
ganándole ella el tirón
ansí se lo había achacao:

"!Tanto saludar la gringa
me has enrubiao la tropilla!"
(el indio tragó el carozo
duro para ser semilla).

Cuando la china le dijo:
"!yo no te queriendo máj!"
él se lo contó a la flauta
y la flauta al latagá.
"Tontoyogos", "sarandises"
y "bravos ", en soledad,
la cáida ´el sol esperaron
pa lanciarlo sin piedad.

Se jué cuando ya la noche
se le hizo negra demás.
Un caminito de sangre
dejó la flauta en su andar,
hasta que un día de tantos
en una juntada ´e máiz,
vido una mazorca rubia
junto a su pecho asomar;
ojos azules llorando
lágrimas de hiel y sal,
boca tajeada en un: "!Pagre!"
y en el medio del maizal,
llenó su bolsa nochera
con sol de felicidad.

Mocobí firme, adelante,
y mocobí rubio, atrás;
en el medio iba la flauta
dele cantar y cantar.

Misterios tiene la sangre
que náides puede explicar.
Gringo se lo dió la vida,
Gringo lo viene a cuartiar.
! Cuasi con la noche encima
le vuelve el sol a brillar !

Miel lechigüana en la flauta
y un mocobí conversar:
"!Patrón… pa dos indios puros,
dos vasos de latagá !"
.............................

Vocabulario:

Latagá = caña, en mocobí.

El hondazo

-¡Doña Griselda!...
-¡Qué!...
-Mire vecina:
mandemeló al muchacho,
pero que venga de honda pa la huerta
pa que me mate un pájaro.

Y allá va el gringo de pelito rubio
-piel de Judas de todo el vecindario-,
y en lo de 'ña Rufina -apuro y rabia-,
entra un poco de sol, y mucho barro.

-¡Aquél!... ¡Matalo!... ¡Negro sinvergüenza!...
¡Pegamelé un hondazo!...
¡Se me jué de la jaula en un descuido.
Con lo bien que lo trato!...

Mirá a la copa; todo altanería
con rebeliones de silbido en alto,
el tordo me miró como diciendo:
"¿Vos tirándome a mí, siendo un hermano"?

- Y de áhi...?
- Vea... No puedo Ña Rufina...
¡Cómo me está mirando!
- Su trompeta sin hiel!
- ¡Doña Rufina!
vivo es que hay que agarrarlo!
-No Barrabás; si se escapó no vuelve;
¡hay que matarlo!

En el cuero ancho y fuerte de la honda
la bolita de barro
comprensiva latió; cerré los ojos,
erré, y el tordo se escapó volando.
-¡Mándesemé a mudar!
-¡Doña Rufina!...
-¡Pa su casa, bellaco!
(y entró en un llanto convulsivo, mientras,
él silbó agradecido de lo alto).

¡Cuánta distancia y tiempo
van desde aquél hondazo!
¿Qué habrá sido del tordo defendiendo
su libertad de pájaro?
Lo que haya sido; soledades y hambre
pudo sufrir, acaso;
mejor es el imperio de la nube
que dormir y comer... pero enjaulado.

Tordo de mi niñez, hermano mío,
hombre, entendí la rebelión del canto.
El sol declina ya, pero no importa;
aun hay fuerza en mis alas... ¡te acompaño!

Canoero viejo...


Canoero viejo, crioyo del pago
que por caminos de marejadas
quebraba el ala de tu sombrero por una brisa
te vas bogando...
Canoero viejo sentao a popa
con tu escopeta de un solo caño,
que en los temblores de las variyas
prendés el ojo con el fijazo...
Canoero viejo que andás en ancas
de tiempos güenos y tiempos malos,
que ponés curvas de sentimientos
cuando no hay otras, de taco a taco...
Silgador triste de la esperanza,
nubero bravo que vas yevando
rumbiando a estreyas, pa la ranchada,
una provista pa la patrona
y unas masitas pa los muchachos...
Canoero viejo que en los zanjones
cuando se cansan los juertes brazos,
tirás el grito p'al horisonte
como un chuzazo...

Espinelero de media noche
que jugás risas a los remansos,
y vistiás de humo las mosquitadas
y a perdigones, yacaresiando,
te hacés silencio, cayás la pala
sobre las cintas de los arroyos del lindo pago...

¡No andés tan solo canoero viejo,
yo te convido con unos tragos,
con mi guitarra pa entretenerte,
mientras rezonga mi mate amargo...!

Canoero viejo, crioyo del pago
que por caminos de marejadas
quebrada el ala de tu sombrero por una brisa
te vas bogando;
sos tan islero,
sos tan baquiano,
que cuando yegue t'último viaje,
sobre la popa de tu canoa
por los sanjones desconocidos
dormido y todo, canoero viejo
te irás paliando...

Canoero gaucho, tu embarcación,
yeve este güelta por los zanjones sanjavieleros
una provista del corazón...

Quien juera ceibo...

(Foto: "El Rodriguez" en flickr)
Un corazón de miel entre los ceibos
hicieron las avispas, gota a gota,
y el árbol se azucara hasta en las flores
y se hamaca contento en cada aurora.

Con su dulzor se cura la ronquera
la calandria cantora,
y con el agua hervida de su cáscara
curan males del pecho las palomas...

Blando de corazón, se lo arrancaron
y boyó en el arroyo hecho canoa,
en la que va popiando la gurisa
que en el taco se ha güelto mariposa.

Un boyerito, pedacito'e noche
por unos cantos le compró la copa,
y se arregló con el amigo viento
pa que le acune su pichón si yora.

Ansí yegaste a viejo, islero manso:
las entrañas de miel, cuna de auroras,
sueño liviano de chinitas lindas
que aguas abajo en el cariño bogan...

¡Quién juera ceibo al terminar el viaje
con un panal por corazón, patrona,
con un pichón en l'última ramita,
remedio de calandrias y palomas,
y taco ande se asiente una gurisa
que sin saber se ha güelto mariposa!

Como le cuento, mi amigo

(Foto: Eduardo Amorim)

Caiba de vuelta a las casas
en un redomón corriente
cuando el sol en el poniente
iba apagando sus brazas.
Una yunta de torcazas
se estaban como arrullando,
y al irlas yo contemplando
en su ternura infinita
ni soñé, que allí cerquita,
un mal me estaba acechando.

Cuando al tranquito llegaba
tarareando mi alegría,
la tarde se entristecía
porque la luz le escaseaba.
El "Trece" que me esperaba
(con las ansias que me explico)
con otro ovejero chico
me atropelló juguetón,
y en un salto, al redomón,
me lo mordió en el hocico.

El bagual se me bolió
tras la violenta espantada,
y sin darme tiempo a nada
contra el suelo me apretó.
Asustao se enderezó
con mal instinto y fiereza,
y soltó con ligereza
al chicotiarle una rienda
una patada tremenda
que me silbó en la cabeza.

Las porras le iban hirviendo
en cuanto pisó el camino,
pero lo enlazó un vecino
que lo había sacao siguiendo.
Yo tengo un golpe tremendo
que me abarca media res,
tan fuerte, que alguna vez
me hace bramar cuando piso,
¡y he tomao el compromiso
de entregarlo a fin de mes!

Por eso es que lo he llamao
pa que usté, amigo Almirón,
me lo siga al redomón
ya que anda desocupao.
Es aquél bayo encerao
de mirar muy vivaracho,
que arreado por mi muchacho
y orillando el cicutal
viene buscando el corral
mientras le cimbra el penacho.
.............................
Y un chico que iba y venía
"acarreando" unos amargos
a sus rubios pelos largos
bajo una boina escondía.
Más luego, en la lejanía
un chajá pegaba un grito,
y cuando allá, en lo infinito,
se iba el sol en un suspiro
llevando al bayo de tiro
salió Almirón al tranquito.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Declaración amorosa

Dispense moza, y escuche,
que por usted me ha quedao
el cerebro embarullao
y un malestar en el buche.
Mi corazón no serruche
con su cruel indiferencia,
que al turbarse mi conciencia
ya que mi alma no resiste
yo me voy quedando triste
como chico en penitencia..

Seguro que no ha de hallar
un hombre menos vicioso,
y a más tierno y amoroso
ninguno me ha de igualar.
En cuestión de trabajar
nunca tuve una achicada;
por eso, si a usted le agrada
que nos juntemos en ley,
trabajaré como un buey
pa que no le falte nada.

Le armaré un rancho campero
que ni dormida lo sueña,
y en homenaje a la dueña
cantaré como un jilguero.
Un buen facón caronero
no ha de faltarme ni en broma,
por si alguna vez se asoma
a mi rancho un gavilán,
pensando que no hay guardián
y alzarse con mi paloma.

Está de más que le diga
que a mi gusto me manejo,
y soy un criollo parejo
más previsor que la hormiga.
Por eso, que Dios bendiga
mi puro y sincero amor,
y que el Divino Creador
aunque no me dea riqueza
que conserve en mi pobreza
mi oficio de domador.

A mí la güeya me entona
sin que nadie me aventaje,
y no me asusta en un viaje
la hacienda más cimarrona.
Como quien algo ambiciona
pialo, enlazo, sé esquilar,
soy baquiano pa carniar,
y aunque alabarse es muy feo
trabajando en un rodeo
la derecha me han de dar.

Y si en esta circunstancia
pa hablarla elijo estos modos
es porque conozco todos
los trabajos de una estancia.
No piense que es por jactancia
que afirmo mi pata chueca,
y si este cristiano peca
no lo hace con mala idea,
¡sino pa que usted no crea
que soy un paleta seca!...

(Pintura: Carlos Montefusco)

El rebenque fatal


La otra noche iba rumbiando
Para el rancho de mi china...
Para el rancho de mi china,
Y vide un bulto en la esquina
Que hasta hoy me tiene penando.

“Falucho ” estaba ladrando
En forma desesperada,
Eché una juerte mirada
Pero sólo pude ver,
Una sombra, al parecer
Que juyó a la disparada.

Empecé a dar la vuelta
Como perro disconfiau,
Cuando al llegar a un costao
Con un bulto trompecé,
Era un rebenque y lo alcé
Gritando: “¡China, qué es esto!”

Y ella buscando pretexto
Lloró y me dijo: “¡No sé!”...

Eché mano a mi facón
Como pa´ hacerla pedazos...
Como pa´ hacerla pedazos,
Mas no pudieron mis brazos
Cometer tan mala acción.

“¡Perdón, mi gaucho, perdón!”
La mala mujer pedía,
Y yo la besé entuavía
Sobre su negra cabeza,
Y le dije con tristeza:
“Bueno, china, hasta otro día”.

De ella no supe más nada
Y asigún oí decir...
Y asigún oí decir,
La pobre vino a morir
Como perra abandonada.

Pobre china desgraciada
Qué muerte tan infernal,
Tal vez yo me muera igual
Al peso de su memoria,
Y así terminó la historia
De aquel rebenque fatal.

Del pasado

(Foto: Colección del Museo Municipal de Miramar)

Un carro de carnicero
todo color de esperanza.
El cimbronear de la lanza
al paso de los tronqueros
De tiro va el cadenero
sujetado a la culata,
y entre tintes de escarlata
el sol se aleja abatido,
porque la noche ha encendido
su farolito de plata.

Tranco a tranco entre penumbra
su silueta recortando,
sigue la chata avanzando
camino del corralón,
va colgando del pescante,
balanceándose lustrada,
con tachuelas dibujada
la estampa de un corazón.

Las riendas en la derecha,
entre tristón y altanero,
canturreando va el carrero,
con un clavel en la oreja,
sombrero sobre una ceja,
un pañuelito anudado,
pantalón abombachado,
blusa corta arremangada
y sobre el pecho estampada,
la inicial que le han bordado.

Casi envuelta por la sombra,
siempre a tranco acompasado,
chata criolla del pasado
te vas para no volver.
Y llevas en el pescante,
marchando rumbo al olvido,
al carrerito florido
del Buenos Aires de ayer.

El toro cáido

Dibujo: Eleodoro Marenco)
¡"Ta qué triste ser toro y estar cáido!
mirá muchacho el caranchal que baja,
pa vaciar las vertientes de bravura
del que jué empaque, corazón y estampa.

Su sino era topar; dar en la vida
contra las juerzas de su mesma laya,
y áhi lo tenés... peliando una agonía
contra el cerco de picos y de garras.

¿Que ansí no debía ser?
Talvez, muchacho...
pero la vida, al que lo agarra en mala
no lo voltea de golpe, 'tando juerte;
es remaliao y cáido que lo acaba.

Pal macho del quebracho en el derrumbe
es el último hachazo de la yapa;
y p'al toro de ley, l'armada negra
del caranchal que pa cegarlo, baja.

Sé que sos compañero de los libros
y por eso te he tráido hasta esta página.
No estudiés pa carancho, mi muchacho,
y si esa profesión te me tentara,
mejor darte por muerto que por hijo.
¡Un criollo... nunca despenó en las malas!
............................................

¡Tá qué triste ser toro y estar cáido!...
¡Tá qué lindo quedás con esa lágrima!


sábado, 25 de diciembre de 2010

Chajá

Engüelto entre la ceniza
marcha el clarín del chajá,
centinela tranquiador
quejido del pajonal.

¡Lo que habrán visto esos ojos
tanto mirar y mirar!
¡Los vientos que habrán sentido
tanto volar y volar!

Es pesao pero va lejos
-carreta'e la inmensidá-
y dende lejos nos grita:
¡chajá...chajaí... chajá...!

Sube siempre dando güeltas
serenito en el bogar.
Por el camino del viento
¿quién se le pone a la par?

Es un pedazo de nube
que yeva adentro un puñal
y es un pedazo de arroyo
que se ha largao a volar.

Luto al pecho, güena espuela,
lindo poncho, alto mirar,
revisador de horisontes
con tranco de general.

Es tranquilo porqu'es grande
-lo grande es tranquilidá-
¡qué chiquitos dende arriba
nos ha de ver el chajá!

Sólo o en tropa es lo mesmo:
soledá en la soledá;
conviersa con sus hermanos
y en lengua triste el chajá.

Es tan gaucho y tan varón,
tan domador el chajá,
que con espuela en las alas
en ancas del viento va.

Dicen que en la noche Dios
prohibió que güele el chajá,
pa que de las Tres Marías
ninguna se alze al pasar.

Imaginaria del pago,
baquiano'e la inmensidá,
clarín perdiendo sus dianas
en el bravo pajonal;
acopiador de los vientos,
señor de la soledá,
patrón triste de la altura,
nube, arroyo, sos chajá,
ceniza del fogón gaucho
que se ha largao a volar.

¿Saben por qué siempre güelve
de la alto'el cielo el chajá?
Porque es mejor cielo el pago
y es su cuna el pajonal,
porque lo han nombrao los pájaros
en el monte, general.

¡Tu ala, tu espuela, tu diana,
quién los tuviera, chajá!
¡Quién juera ansí de altanero
hoy, que es gloria el aflojar;
hoy, que se busca l'altura
sin ese limpio volar,
hoy qu'el cristiano se arrastra
babiando su dinidá...
¡Quién pudiera ir a las nubes
limpio como vos, chajá!

La gauchada del chajá



..."cuando el grito del chajá
me hizo parar las orejas".

Martín Fierro
......................................

Gaucho chajá, de tu gesto
ningún paisano se olvida,
cuando en la noche dormida
pa salvarlo de un encierro
le avisaste a Martín Fierro
que le caiba la partida.

Tu grito tan oportuno
puso al hombre sobre aviso,
y con el tiempo preciso
pa acomodarse, a lo oscuro,
en aquel tremendo apuro...
¡que pata ancha les hizo!

Vos habrás sido testigo
observando a la distancia,
del valor, de su arrogancia,
y hasta te habrás alegrao
al verlo más desahogao
que iba pisando en ganancia.

Después de aquél entrevero
librao en el campo abierto,
ya cuando el día, despierto,
tiró un manojo de luz
vos viste a Fierro y a Cruz
enderezar pa el desierto.

De esos gauchos, como ejemplo
su amistá nos quedará,
pero nadie olvidará
que esa lealtá sin medida
tiene un punto de partida,
y fue en tu grito, ¡chajá!
(Foto: Lito Ferrer)

Pa conocer a la gente

(Pintura: Carlos Montefusco)
Aquí estoy con la esperencia
de los años que he vivido,
en los que a veces he sido
golpeado por la deslealtá.
La confianza mata al hombre,
dice un refrán verdadero,
no vale jugarse entero
a veces, por la amistá.

Muchas veces en el trato
un hombre parece bueno,
pero vuelca su veneno
cegao por el interés.
Cuando cree que nos sujeta,
porque un favor le debemos,
si es que estima le tenemos
lo aborrecemos después.

Naides se entregue al que le habla
y no lo mira de frente
con ése hay que ser prudente,
sobre todo desconfiao.
Porque aflojándole lazo
en el campo'e la confianza,
pronto cairá la esperanza
que en la amistá se ha cifrao.

Cuidao con aquél que cuenta
cada servicio que ha hecho,
se pondera, satisfecho
pa que la ponderación
le vaya a hacer güena fama
alrededor de su nombre,
aunque en la práctica el hombre
sea de baja condición.

Haga un lao al que la risa
tiene a un costao de la boca,
y si en la güelta nos toca
sostener trato con él,
que sea de vez en cuando,
porque aunque se diga amigo,
resultará enemigo
que anda escondiendo el papel.

Hay quienes se dicen gauchos,
sólo por la vestimenta,
porque no tienen en cuenta
que pa serlo con honor,
es necesario de veras
tener sus inclinaciones,
¡Sólo las güenas acciones
le dan al hombre valor!

Y no olvide la alvertencia
que yo le hago al que me escucha,
la vida es siempre una lucha
que reclama condición:
¡No es buen amigo, repito,
al compás de la milonga,
quien por la amistá no ponga
en la mano el corazón!...

El traje gaucho

(Pintura: Carlos Montefusco)
Mi orgullo es ser argentino,
lo grito aquí y ande quiera
y ante mi santa bandera
emocionado me inclino.
Como paisano ladino
que se afirma donde pisa,
mi ropa gaucha, divisa
del presente y del pasao
será traje de soldao
si la Patria me precisa.

Como si el tiempo pasao
viniera pidiendo cancha
el sombrero de ala ancha
llevo airoso requintao.
El pampero le ha zumbao,
y el sol, en cada chispazo
lo probó que era guapazo
al corajiar con usura
demostrando su bravura
al volver cortao un lazo.

Es medio corta la blusa
sin faltarle ni sobrando,
como el carácter mostrando
del paisano que la usa.
Ella no permite excusa
es nacida en este suelo;
negra, como si de duelo
anduviera su patrón,
brillando cada botón
como una estrella en el cielo.

Sobre mi cuello, anudao
en cada ocasión propicia
suavemente me acaricia
mi pañuelo colorao.
Y quiere dejar grabao
pa que sepa el paisanaje,
que lo lleve en homensaje
al gaucho de "Los Cerrillos"
caudillo entre los caudillos
y el hombre de más coraje.

El chiripá de merino
bastante largo por cierto,
es de un tiempo que no ha muerto
más nuestro, más argentino.
Prenda gaucha, que el destino
haciendo sus excepciones,
la creó pa los varones
de esta tierra generosa,
y así mi faja, orgullosa
lo ajustó en mil ocasiones.

La rastra, que es mi fortuna
trabajada en plata buena,
prendida en cada cadena
lleva reflejos de luna.
Y como seña oportuna
en esta prenda que adoro
va mi marca, puesta en oro
pa que realce su apariencia,
marca, que por coincidencia,
es la que ostenta mi moro.

En mi criollo tirador
ni se alcanza a ver el cuero,
escamao con todo esmero
con monedas de valor.
Al verlo tan brillador
desde la altura, apurao,
pa no quedar ahicao
en las monedas de plata
viene el sol y se retrata
si me encuentra al descampao.

El facón, que en la cintura
lo cruzo, filo pa arriba,
muestra su figura altiva
en la fuerte empuñadura.
La vaina ocultar procura
su hoja brava y cortadora,
hoja que fue, en buena hora,
en ciento y una ocasión
mi más pronta salvación
de alguna mano traidora.

Sobaditas como guantes
mis botas de potro son
un "viva" a la tradición,
un recuerdo al tiempo de antes.
Si no son muy elegantes
son netamente camperas,
de fabricación caseras
por manos que no son mancas;
si de nuevas fueron blancas
hoy de viejas son overas.

Tras de mi tranco sobón
cada espuela, que es un lujo,
deja en el suelo un dibujo
como una provocación.
Llevando pa distracción
unas rodajas sonoras,
de un arte reveladoras
cuando el patrón zapatea,
pero cuando jinetea
son sin piedad mordedoras.

Mi poncho no me abandona
porque mi vida comparte,
es un lujo en cualquier parte
y abrigo pa mi persona.
La verdad no desentona
por eso digo, sereno,
que este poncho fino y bueno
no alcanzó a costarme nada,
¡lo gané en una jugada!
no vaya a creer que es ajeno.

Y aquí mis pilchas le dejo
sin colorinches ni flores,
pa que los criticadores
le saquen lo desparejo.
Pilchas pobronas, de viejo,
no las olvido ni en sueño;
son tal cual se las reseño
botas, ropa y platería,
sin nada de fantasía
sencillitas como el dueño.

A cara e perro

Le corre el zaino de Hermida
-como copando una banca-
a un pangaré lista blanca
de marca desconocida.
Ya en la segunda partida
con atención los miré,
y ansí, rebalsao de fe
les dije: aunque equivocao
contra el zaino tan mentao
yo voy con el pangaré.

Movieron, y en la soltada
el zaino más se acredita
"mordiendo" una ventajita
que "pellizcó" en la largada.
Mucha gente entusiasmada
se agrandaba haciendo pie,
y yo también me afirmé
porque borrando esa mancha
allá en mitad de la cancha
ya "asomaba" el pangaré.

Después del primer lazaso
recibe el zaino otro más,
y al corredor, desde atrás,
lo desespera el atraso.
Pero ni a chirlos, no hay caso
que vuelva a ser lo que fué,
y mientras la gente vé
que su fuerza se reduce
chiflaba el viento en el tuse
del caballo pangaré.

Por más que se conformaron
después del momento amargo
andaban de hocico largo
los que al zaino se jugaron.
A mí se me redoblaron
los pesos que allí jugué
y entonces, cuando cobré
la plata de mis "paradas"
palmeándolo en las quijadas
le agradecí al pangaré.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Un saludo campechano

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Con mi gaucho corazón
en la palma de la mano
un saludo campechano
va ganando en emoción;
dende mi humilde fogón
mi mejor deseo elevo
que a través de un chasque llevo
hasta el pago en donde está,
dice: -"¡Feliz Navidad
y lo mesmo pa'Año Nuevo!"

Mi poncho encerado


Aflorando del pasado
con remesones de historia,
se cobija mi memoria
en éste poncho encerado.
Lleva en silencio guardado
el chasquear del aguacero,
que aguantó con el resero
para cuidar su elegancia,
cuando salió de la estancia
al corral del matadero.

Poncho de tono cercano
al negro descolorido,
se nota que fue cosido
sin errores con la mano.
Hecho con lienzo liviano
y de forma circular,
suple al toldo y al hijar
sin ningún impedimento,
¡y al galopar contraviento
"se agacha pa'no volar"!

Prenda de ayer que perdura
por muchas generaciones,
que fiel con las tradiciones
respetaron su estructura.
Aunque ya no la mixtura
de hollín, aguarraz y cera
con clara de huevo que era
aliada a la aceite'e lino;
¡cosas del tiempo argentino
que usó la gente campera!

De boca más vale chica
para que no filtre el agua,
abajo es como paragua
cuando al caer se abanica.
Sobre el caballo se ubica
del anca hasta la "clinera",
tapando las estriberas
para cubrir el encuentro,
y poder pisar de adentro
estribos y agarraderas.

Es un testimonio estable
con entronco soberano,
que en la vida del paisano
fue su amigo inseparable.
Poncho encerado, impermeable
original por su estampa,
con cicatrices de guampas
de diferentes tamaños,
¡que le punzaron los años
y el temporal de la pampa!



(Pintura: Mauricio Fidelis)

Mi traje pa'l chacaneo


Al sentarme en la catrera
apoyo los pies a gatas
encima'e las alpargatas
y me visto a mi manera.
Un fosforito "Ranchera"
y ya el candil alumbrando
primero, me voy fajando
pa'preservar los riñones,
y tras d'eso los botones
de la camisa abrochando.

La bombacha, de parao
siempre me gusta ensartar
anque'ntre a trastabiyar
y a veces me voy pa'un lao.
Luego de güelta fajao
si es invierno, va un abrigo
o de no, entonces prosigo
las bigotudas calzando,
y con el dedo ayudando
a que dentren, las obligo.

Me lavo y voy a matiar
y cuando estoy por salir
me termino de vestir
antes de irme a ensiyar.
Tras el pañuelo anudar
va la gorra o el sombrero,
y según esté'l potrero
de regao, por el rocío,
o si es que castiga el frío,
calzo mis botas de cuero.

Mi cuchiya bien filosa
-con la chaira, se yevar,
por si toca de cuerear-
y en mi cintura reposa.
Si es mañana tormentosa,
siempre agrego a mi recao
un muy rústico encerao
debajo del cojiniyo,
y completa esto senciyo
un poncho pampa gastao.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cosas viejas


Viejo galpón que áhi estás
como añorando el ayer
hoy de cerca vuelvo a ver
todo lo que vos guardás;
¡cuántas cosas que jamás
saldrán de nuevo a la vida!
allí están, como dormidas
cada una en su lugar...
Y hoy las quise recordar
pa'que no queden perdidas.

Allí, junto a unos aperos
hay colgau un arriador,
tal vez fue el lujo mayor
en las manos de un carrero;
unos bastos de ladero
con los juncos casi afuera;
colgada de la asidera
y con la argolla ovalada
una encimera gastada
con la cincha de alpillera.

Allí, junto a unos bozales,
unas riendas de domar,
finitas de tironiar
quién sabe cuantos baguales;
un lazo con dos peguales
hay enun gancho colgau,
y por los años gastau
un par de estribos de suela
junto a unas viejas espuela',
dos argollas y un bocau.

Prendido a una cogotera
hay un cencerro cuadrau
con el badajo osidau
junto con una coyera;
unos suecos de madera
hechos con cuero de chancho,
y más atrás, en un gancho,
como pa'aliviar un mal,
el rollo de unto sin sal
que nunca falta en un rancho.

En un rincón, un recau
que sobre su caballete
parece que fuera un flete
que vuelve desde el pasau;
un viejo poncho encerau
y en una caña colgada
una maleta gastada
que ya no se ve arrastrar,
y la áuja pa'deschalar
está en un clavo enganchada.

Se ven unos atadores
mallau de las asentadas,
frenos, rienda'y cabezadas
están con los maniadores;
hay leznas y caladores
que hoy el herrumbre los baña,
y... como haciendo una hazaña
oservo que a todo eso
¡pa'salvarlo del progreso
lo cubren telas de araña!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mi padrino

(Dibujo: Rodolfo Ramos)

Mi padrino, el zurdo Trejo,
si no le he errao a la cuenta
debe andar por los setenta,
pero es un gaucho parejo.
Sin mezquinar el pellejo
es una luz pa el cuchillo;
mentao por diablo y por pillo
entre amigos y entre extraños,
y fue estos últimos años
guardaespaldas de un caudillo.

Siendo nativo del suelo
es gaucho hasta el caracú,
y a la sombra del ombú
siempre le tuvo recelo.
Canoso y cuidao su pelo
sin que busque ostentación
estando en una reunión
se le vé sobresalir,
y por lo aseao pa vestir
es digno de almiración.

Su pasión son las carreras,
la taba, el naipe, los dados...
y allá en sus años pasados
fue bravo pa las polleras.
Se pasa tardes enteras
acomodando sus pingos,
y aunque sin hacer distingos
en cualquier juego trasnocha;
le tiene asco a la bocha
porque es un "juego de gringos".

Siendo tan camandulero
con el mismo venga y vaya
pa algún "peine" de su laya
suele hacerle de rayero.
Porque en el trance más fiero
- como es persona dispuesta-
no acepta ni una protesta
ni mencionando a Jesús,
y aunque la pierda con luz
es capaz de darla "puesta".

Como no es desmemoriao
y es generoso sin fin
mientras yo fuí chiquilín
me distinguió como ahijao.
Tuve por él obsequiao
-además de algún cordero-
un ponchito pampa overo
pa que el frío me atajara,
y un petizo malacara
que a mí se me hizo mañero.

Si aura yo le retribuyo
es muy justo que así sea,
pero el viejo ni mosquea
porque así es el genio suyo.
Su bondad no disminuyo
pues pa apreciarlo soy fiel,
y sé llevarle pa él
- conociéndole la hebra-
algún porrón de ginebra
y cigarros sin papel.

Aunque está medio viejazo
muy pocas bromas consiente,
y hace poco, a un insolente,
lo "acható" de un garrotazo.
Quedó arrodillao el guaso
mirando la tierra dura,
y a causa de esa diablura
como seña un tanto ingrata
su rebenque cabo'e plata
ostenta una abolladura.

Dando pié a su pensamiento
y apoyao en su razón
se ha conservao solterón
cuerpiándole al casamiento.
Y opino con fundamento
libre de todo interés
que este hombre vale por tres
pues como buen argentino
¡Siempre ha sido mi padrino
un criollazo sin revés!

Milonga oriental


Milonga rastrojera

Es de lucido mi rancho
pero se le empaca el viento,
mientras le quepa el recao
se desensilla en viajeros.

Lo alcé pa mí y pa'l que llegue
sin mirar si es blanco o negro,
techo pal güeno y pal malo
fogón pal malo y pal güeno.

Yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero;
me suebran con mis baguales
pa andar armando el recelo.

Y aunque me gusta estar solo
y cabalgar en silencio,
se lo agradezco al camino
cuando me acerca un viajero.

Pa él siempre el primer amargo,
el mejor sitio en el fuego;
y en cuanto está el churrasquito
que corte siempre primero.

Jamás le pregunto el nombre,
¡tan mal costumbre no tengo!
si es oriental, si es bayano,
si es entrerriano o porteño.

Si viene mojao, pa cama
alguna pilcha le empriesto,
aunque suelo andar de pobre
que me lloran los pelegos.

Pa'mi confianza me basta
el haber sido y ser bueno,
yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero.


Autor: disculpe, lo estamos averiguando.

Pucha qu'está lindo!

(Pintura: Ángel Della Valle "Potrero")
No tengo ni rancho ni china ni plata.
Pucha qu'está lindo; como la cigüeña
que en un ojo duerme y en el otro sueña
tendré que dormirme parao de una pata.

Pucha qu'está lindo; siquiera el chingolo
ahuyentao del pago, le queda el consuelo
de cantar y dirse; pero yo, ni vuelo
ni silvo ni canto, y ando, pior que solo!

Pa el lao que camine trompiezo un extraño:
yo no sé de p'ande vino tanta gente,
ni el güeso le tiran al que pasa enfrente
y tarjan un hijo lo menos, cada año.

Pucha qu'está lindo; cuando yo tenía
plata, china y rancho, no dejé un cristiano
que anduviera cáido sin darle una mano;
de mi asao, cualquiera cortaba y comía.

"Eran otros tiempos" dicen los que saben,
pa mí qu'es mentira; yo no prieguntaba
puel tiempo, si alguno me necesitaba.
"¡Métanlé, son míos, y hasta que se acaben!".

Andí me juí dando, como agua llovida,
gotiando pa tuitos; priesté hasta el cuchillo,
pa guardar no tuve cinto ni bolsillo
y por un amigo, me jugué la vida.

Pucha qu'está lindo. ¿Qué semos? Barcinos,
apestaos que a lonja sacan del rodeo...
¡Y un día jué orgullo saberse argentinos!
¿Seremos tuavía? Yo, ya ni eso creo.

¿Qué nos dejan? Nada. El derecho zonzo
de gritar ¡soy criollo!... Suerte que en la Pampa
aun quedan potreros pa clavar la guampa
y morir como antes, sin cruz ni responso.

Chumbale los perros

No te hundás lo mesmo qu'el güey en el barro
ni entriegues a tu alma maniada y vencida
a ese desaliento que apaga la vida
como la ceniza, que apaga el cigarro.

Echáte a la espalda, tu cruz o tu carga
Que el hombre resuelto todo lo soporta;
Ya que la existencia nos resulta corta
Con tu cobardía, no la hagas amarga.

Tené fe en tus brazos y antes que vencido,
Que te hallen caído, pero hecho pedazos.

Nunca fue de criollos, doblar la cabeza
Fue tierra de guapos, tu tierra florida,
El trabajo agranda la patria y la vida
Y el bien de los otros, en vos mesmo empieza.

Chumbale los perros al que hable de penas
Empuñá el arado y verás que un día,
Enfrente a la troja del otro, vacía,
Brilla el grano de oro de tus trojas llenas.

Si el viento que pasa te trae un lamento
No dejes que el viento, se meta en tu casa,
Triunfan los que aguantan, los flojos imploran,
Las mujeres, lloran y los machos, cantan...
...................................................

(Pd: versos del original que faltan en la canción)

Tendete a lo alambre delant'e tu puerta,
aventá a ponchazos el chisme y el vicio:
pa cuidar tu nido, nu es un sacrificio
vivir como el tero, con el ojo alerta.

Cerdiate las quejas y ande háiga quejosos
tapate los pozos de las dos orejas.
(Pintura: Carlos Montefusco)

Entierro del Payador


Lo cosieron entre cuatro
en un retobo de cuero
y en el lomo del caballo
largo a largo lo tendieron.

Mudo cortejo de gauchos
siguió el hilo del sobeo
que va midiendo el camino
en las manos del boyero.

Una muchacha de luto
le cuelga sus trapos negros,
a la cola del caballo
que lleva a enterrar sus sueños.

Lían dolor y tabaco,
miradas y pensamientos
los que caminan callados
por el callado sendero.

En flores de margaritas
gotea su sangre el muerto
y abanican los pajales
los saludos del recuerdo.

Desde el juncal del bañado
lanzan sus gritos los teros
y en las ramas, silencioso,
vela el crespón de los cuervos.

Gorjean calandrias tristes
sus delicados arpegios
y teje trovas de ausencia
el pico de los jilgueros.

¡Murió el orgullo del pago!
¡Se fué Rudecindo Crespo!
A traición, mientras cantaba,
lo hirieron sables y celos!

Todo el pago lo quería!
Era guapo y guitarrero;
el manantial de su canto
calmaba la sed de un pueblo.

Lujos de raza lucía
en las prendas de su apero;
suspiraban a su paso
ventanas, patios y cercos.

¿Qué moza no vió su estampa
junto a la vela de sebo
calmando en la noche larga
la fiebre de sus deseos?

¿Qué fiesta no oyó su canto,
qué desgracia su consuelo,
en qué peligro no puso
por un amigo su pecho?

Lloran sin llanto los hombres
sus lágrimas hacia adentro
y estrujan bajo el rebozo
las mujeres, sus pañuelos.

Dichosa la bien querida
que amó Rudecindo Crespo;
la gloria de ser su novia
brillaba en sus ojos negros.

Desdichada la dichosa
que va con el paso lento
y las trenzas destrozadas
siguiendo sus sueños muertos.

De pronto un hondo gemido,
un temblor de labio y seno,
pasa hilvanando el sollozo
en las sombras del cortejo.

¡Ay! de la tierra, novia y madre.
¡Ay! de las mozas de un pueblo.
¡Se va la flor de una raza!
¡Murió Rudecindo Crespo!

Se apaga en voces ahogadas
el quejumbroso lamento
y ondula en la senda blanca
la columna del silencio.

Ancho potrero alambrado
abre en el campo desierto
la estrecha puerta sin puerta
del humilde cementerio.

En el corral de la muerte
penetra el niño señuelo
y son como aspas, las cruces,
del misterioso rodeo.

Ayuda a bajar la amada
los despojos de su dueño
y golpean los terrones
sobre el retobo de cuero.

Perfume de Agua Florida
se eleva en el aire quieto
y entre palada y palada
sepulta su voz el rezo.

Ofrenda de amor nativo,
sobre un brazo del madero,
una guitarra encintada
coloca el gaucho más viejo.

Cae la tarde. Se inicia,
la dispersión del regreso,
al trote quien vive cerca,
al galope los de lejos.

Sólo el muchacho y la novia
han quedado junto al muerto;
la triste moza, sin alma,
el otro, sin pensamiento.

La oscuridad los emponcha,
pita la noche, encendiendo,
en los bichos luminosos
sus breves puchos de fuego.

Treno de pena profunda,
leve virazón del viento,
conmueve al campo dormido
la queja de un instrumento.

¡Música azul de la noche!,
¡armonía del silencio!;
¡en una caja encintada
cantan la tierra y el tiempo!

Mate el odio los zorzales,
el desamor de sus acentos,
el canto no muere nunca
ni han muerto los que murieron.

¡Renace Vega en la selva!
¡Habla en ella Martín Fierro!
¡La voz de toda la patria
canta en humildes potreros!

La vidalita

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
evocación

Un gran patio: sobre él tiende sus raíces y abre su copa un ombú. A su sombra un rancho se ampara del sol, del tiempo y del olvido. En el rancho uno ventana; por ella se trepa a oir canciones una madreselva. Desde ella, una criolla se asoma a su soledad.
.............................................................
Yo soy una sombra que alumbra un ricuerdo!
Mi novio era un gaucho que se jué a la guerra.
Salió una mañana cuando el sol despunta
por entre los montes sus primeras hebras.
Pa su despedida cantaron los pájaros,
gotas de rocío lloraron su ausencia
y jueron las nubes pañuelos al viento
adioses azules colgaos de las sierras.
Golilla en la espalda, sombrero en la nuca
la frente muy ancha, la cara morena,
los ojos escuros como un desafío,
y los brazos caídos de miedo'hacer juerza;
montao en su zaino, tubiano de plata
afirmó su lanza delante e mi puerta
y jué su palabra, llovizna del cielo,
mieles que garúan dende qu'él se juera.

Yo no sé qué cosas me dijo mi gaucho,
eran tan projundas, tan lindas, tan güenas
que al pasar los años, pienso entristecida
que ya no hay palabras d'esas en la tierra.
Era la esperanza que se hace murmullo
voz de la alegría que tiembla de pena,
música del campo cuando a media noche
le empriestan sus luces rebaños de estrellas.

Hace mucho tiempo que se jué mi gaucho
se ñubló en el mundo como una tormenta.
Pero mi memoria busca en la distancia
las voces perdidas que escuchó mi puerta.

(Y vuelven del tiempo, visión y palabras
los ecos, sin ecos de un canto de ausencia).

¡La música mesma que trujo en sus labios!
¡La canción más criolla, más triste y más nuestra!
Temblores del alma, lamentos del pago
suspiros que pasan cuartiando una queja!
Canción de mi gaucho que se jué pa siempre!
por tu mesma boca va'cantar tu prienda!

Peno con tu ausencia
vidalitá
y ojalá concluya
odiando la vida
vidalitá
pa ser tuita tuya.

Dos palabras se oyen
vidalitá
y un suspiro juerte.
Él, hasta la güelta
vidalitá
y Ella, hasta la muerte!

martes, 21 de diciembre de 2010

Sin mirar el pelo

(Fotos: Eduardo Amorim)
Buscándole el lao al viento
y cuerpiando el cimbronazo
de a poquito le doy lazo
a mi criollo sentimiento.
Y así como pienso y siento
con tanto amor a mi suelo,
marchando atrás del siñuelo
por las güeyas nacionales
les cantaré a los baguales
de cualquier estampa y pelo.

Al que llevó colegiales
-hijos de padres modestos-
de estancias, chacras y puestos,
a las escuelas rurales.
Los que llegaban puntuales
desde un lugar apartao,
y más de un chico, apurao,
solía llegar en un manso
de un galope y sin descanso
con otro hermano enancao.

Yo le canto al "reservao"
héroe de tantas hazañas
pa quien no valen las mañas
del jinete más mentao.
Al que salta un alambrao
llevándose a un desertor,
y al flete galopiador
más aguerrido y seguro
que se ensilla en un apuro
pa dir a tráir un dotor.

También le canto al nochero
envejecido en la estancia,
y a la imponente arrogancia
del renombrao parejero.
Al bichoco jagüelero
de medias clinas volcadas,
y en mis décimas rimadas
ya de por sí, muy sencillas,
agiganto a las tropillas
camperamente entabladas.

Canto al flete de valía
que en un aparte se luce
agarrando un toro al cruce
acomodao con maestría.
Y dende la lejanía
traigo un recuerdo prendido
pa el chapinudo y vencido
que aunque suelto y olvidao
en otro tiempo pasao
¡sabrá Dios que pingo ha sido!

Canto a esos pingos de acción
que montó el indio temido
y que de a poco, el olvido,
los tapa en su cerrazón.
Porque caiban en malón
cada uno en su pingo fiel,
y del bravo tiempo aquel
les dejo aquí acollarao
al pangaré de Calfiao
con el gatiao de Catriel.

Canto al flete no igualao
que fue, en tremendos trajines,
compañero de fortines
de nuestro gaucho soldao.
Pa que no quede ignorao
quien de glorias se ha cubierto
rastreo en el campo abierto
y allí, mil razones hallo,
de que a pata de caballo
se fué ganando el desierto.

Para ellos el sol naciente,
la cruz del sur, el lucero,
y el estilo más campero
que mejor cantao se siente.
Para ellos únicamente
las flores de todo el llano,
la bendición del anciano,
el ombú, el tala, el camino,
y el sentimiento argentino
con que estos versos hilvano.

Contra el viento

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Haciendo pié en la subida
y soliviao cuesta abajo
sin mesquinarle al trabajo
le he dao el frente a la vida.
Y desde mi edad florida
hasta la que áhura me apreta
aunque no he sido un maleta
de pobre nunca he salido,
porque el cardo no ha nacido
pa dar flores en maceta.

Y en medio de mi pobreza
aunque nada me ha sobrado
teniendo un pingo ensillado
nadie me gana en riqueza.
Es que al rumbiar con fijeza
busqué cuerpiarle a la espina
pero el tiempo que camina
si me aventó un desconsuelo
me fué enredando en el pelo
los rastros de una neblina.

A veces, la inspiración,
me invita a soltar los rollos,
y estando rodeao de criollos
canto en cualquier ocasión.
Mi aspecto tan cimarrón
suele achivar mi valía,
mas digo, sin fantasía,
pa que recuerde el gauchaje
¡que hay aves de feo plumaje
que cantan con melodía!

Escondiendo una sonrisa
entre el humo de un cigarro
igual tranqueo entre el barro
como en la senda más lisa.
Y como el diablo no avisa
cuando le firma un decreto,
pa que no me agarre quieto
y me obligue a cabrestiar
yo sigo sin aflojar...
¡castigando mi esqueleto!