miércoles, 26 de mayo de 2010

Gobierno gaucho


Tomé en casa el otro día
tan soberano peludo,
que hasta hoy, caballeros, dudo,
si ando mamáo todavía.
Carculen cómo sería
la mamada que agarré,
que, sin más, me afiguré
que yo era el mesmo gobierno,
y más leyes que un infierno
con la tranca decreté.

Gomitao y trompezando,
del fogón pasé a la sala,
con un garrote de tala
que era mi bastón de mando;
y medio tartamudiando,
a causa del aguardiente,
y con el pelo en la frente,
los ojos medio vidriosos,
y con los labios babosos,
hablé del tenor siguiente:

"- Paisanos: dende esta fecha
el contingente concluyo;
cuide cada uno lo suyo
que es la cosa más derecha.
No abandone su cosecha
el gaucho que haiga sembrao:
deje que el que es hacendao
cuide las vacas que tiene,
que él es a quien le conviene
asigurar su ganao.

"Vaya largando terreno,
sin mosquiar, el ricachón,
capaz, de puro mamón
de mamar hasta con freno;
pues no me parece güeno
sino que, por el contrario,
es injusto y albitrario
que tenga media campaña,
sólo porque tuvo maña
para hacerse arrendatario.

"Si el pasto nace en el suelo
es porque Dios lo ordenó,
que para eso agua les dió
a los ñublados del cielo.
Dejen pues que al caramelo
le inquemos todos el diente,
y no andemos, tristemente,
sin tener en dónde armar
un rancho, para sestiar
cuando pise el sol ardiente.

"Mando que dende este istante
lo casen a uno de balde;
que envaine el corvo el Alcalde
y su lista el Comendante;
que no sea atropellante
el Juez de Paz del Partido;
que a aquél que lo hallen bebido
porque así le dió la gana,
no le meneen catana
que al fin está divertido.

"Mando, hoy que soy Sueselencia,
que el que quiera ser pulpero,
se ha de confesar primero
para que tenga concencia.
Porque es cierto, a la evidencia,
que hoy naides tiene confianza
ni en medida ni en balanza,
pues todo venden mermao,
y cuando no es vino aguao
es yerba con mescolanza.

"Naides tiene que pedir
pase para otro partido;
pues libre el hombre ha nacido
y ande quiera puede dir.
Y si es razón permitir
que el pueblero vaya y venga,
justo es que el gaucho no tenga
que dar cuenta adonde va,
sino que con libertá
vaya adonde le convenga".

¿A ver si hay una persona
de las que me han escuchao
que diga que he gobernao
sin acierto con la mona?
Saquemén una carona,
de mi mesmísimo cuero,
si no haría un verdadero
Gobierno, Anastasio el Pollo,
que hasta mamao es un criollo
más servicial que un yesquero.

Si no me hubiese empinao
como me suelo empinar
la limeta, hasta acabar,
lindo la habría acertao;
pues lo que hubiera quedao
lo mando como un favor
al mesmo Gobernador
que nos manda en el presente,
a ver si con mi aguardiente
nos gobernaba mejor.

lunes, 24 de mayo de 2010

Pa'pensar un rato... largo!


Abonar las palmas con belleza si se quiere rico el florecer y sano el fruto de los hombres.
Nuestro árbol es bueno; nuestras tierras, generosas!...
Pero en la tierra pródiga es mayor y mortal el peligro de la maleza... los vientos nos traen de todo el mundo la semilla maligna que es la que vuela más y germina donde cae, porque sólo precisa tocar la superficie. Esa maleza ahogará nuestra planta humana; nuestro árbol bueno de madera noble!...y ya no habrá paisajes de la patria que se puedan mirar con ojos limpios!...
No es un vaticinio, pero si un hondo temor que entristece.
Un himno, un escudo, una bandera: eso sólo, no es una nación!... podrían quedarnos como "recuerdos de familia"... testimonios de un pasado heroico, blasones de pretérita gloria y de ascendencia honrosa que, ya sólo dirían una verdad que fue. Cuando vana arrogancia nos incitara, alguna vez, a erguirnos, caeríamos humillados, quizás con las manos llenas de oro, sintiendo el corazón vacío de nobleza: sin valor, sin virtudes de gesta, de epopeya.
Nación seremos, mientras que el himno que se canta pudiera nuevamente hacerse por nuestro amor y por la sangre nuestra, si fuese menester rehacernos la patria !O salvarla!

Octubre 4 de 1943

jueves, 20 de mayo de 2010

¡¡Debía de ser!!

(Pintura: Carlos Montefusco)

Agonizaba la noche
en la yanura pampeana;
y, por el disco del tiempo
la púa del sentimiento
trotó grabando este drama:

- Pero muchacha... ¿qué hacés...
que no has traido ni un mate?
Si y'ha silbao el boyero
y, hace un'hora,por lo menos,
que te largaste del catre.

¿O, 's que te dura 'l enojo
q'echáramos a Dionisio?
En quien te dió por fijarte
sin pensar q'uno pa'criarte
hiciera mil sacrificios.

¿O, te pensaba ¡sotreta!
q'ibas a ser pa'cualquiera?
Y, bueno... basta de apotre:
pegale nomás el corte
y'terminá esa sonsera.

Basta'e lunas y d'empaques
si no querés enojarnos.
Y, basta también, de sebo.
Tráinos el mate ligero
q'es hora de levantarnos.

Pero, muchacha...¿no óis,
que no contestas palabra?
Si parece d'endeveras
q', te háiga tragao la tierra
o, hubieras perdido l'habla.
.............................
Y, los dos viejos; de un salto,
yegaron a la cocina;
pero eya, ayí, no se hayaba
ni'l fuego chisporroteaba
sus rabias de cina-cina.

Buscaron por todos laos;
gritaron su grito seco
y por única respuesta
del vacío de la cuesta
volvía la voz del eco.

Pero la duda duró
hasta la luz esperada;
donde burlón el pastito
mostró dos rastros, juntitos,
¡par'una sola rumbiada!

¡Teru... teru... teru!(Pintura: Carlos Montefusco)


Tuitas las mañanas en tiempo e verano
cuando iba de güelta de parar rodeo,
o rumbiaba al tranco campiando las cosas
reventáo de tanto recorrer potreros,

como si no juese por voluntá propia
sino por ladina querencia e mi overo,
pa mí no había senda que no juese a un bajo
ande una laguna se escondía entre ceibos.

Era que de lejos, a la oriya el agua,
como virgencita que rezara un rezo
véia yo a mi china que se me venía
cuanto me aguaitaba coronar el cerro.

Galopiaba entonces p'ahorrarle camino...
mi overo, cerquita, se paraba en seco,
y, afirmándose eya de pie en el estribo,
con su boca fresca me ofrecía un beso.

Juntitos, ansina, clavando mis ojos
hasta lo más hondo de sus ojos negros,
no sé si buscando que eyos me dijeran
lo que no sabía decirles yo a eyos,

tranquiaba mi overo rumbo a la laguna
contento e su carga y estirando el tiempo,
mientras en la oriya del agua, sus gritos,
escandalizados lanzaban los teros...

Recogía mi china su poyera blanca,
y, tuitos desnudos sus brazos morenos,
lavaba su ropa yenita e puntiyas
que aún tenía el perfume de su lindo cuerpo,
...........................................
...........................................
Ya hace muchos años y entuavía, a ocasiones,
bajo a la laguna que escuenden los ceibos...
¡Pero ya mi china no lava su ropa
y óigo sólo un grito: "teru... teru...teru"!

miércoles, 19 de mayo de 2010

El zaino colorado (Estilo)


Sobre un zaino colorao,
era una nube ligera,
braciador y coscojero
buena pinta y bien cortado.
Por sus hazañas, mentao
era el zaino de mi flor;
todos le tenían temor,
pero, amigo, en las cuadreras
ganó más de cien carreras
y nunca fue perdedor.

Y como era de importancia,
lucía mi parejero
de oro y plata un buen apero,
el mejor que había en la estancia.
Y a juzgar por su elegancia,
no parecía lo que era,
mas cuando entraba en carrera,
se oyó decir más de un pillo:
—¡Voy doble contra sencillo!
¡Voy al zaino aunque me muera!

Pero dijo un comisario
que a mi zaino colorao
me lo había envenenao
un político contrario.
Y por aquel comentario,
solito y triste quedé,
y amigazo, ya me ve
lamentando el parejero:
he regalao el apero
y desde entonces ando de a pie.

Lluvia de verano


Esta es la historia de Ramón Escobar, hermano de crianza de L.L.

A veces en esos días
llovedores de verano,
por la ventana 'e la lluvia
me pongo a mirar pasao.
Porque no hay nada en el mundo
que a través de tantos años
se repita tan igual
como la lluvia 'e verano.
Ella es la misma que ayer,
cuando yo andaba gateando,
volcó su chorro de plata
pa'que se enyene mi charco.
Y es la misma que más luego
cuando quise andar cazando,
me diò agua pa'la tierra
de mis balines de barro.
Y así aprendí a buscar
con ojos esperanzados,
porque el agua es bendición
en este caliente Chaco
y hay que esperar que ella llegue
para enterrar el arado.
Ella me hermana con todo
el tiempo que he caminado,
hasta con el día lejano
que me anduve enamorando
porque fue en día de lluvia
que el olor a torta frita
me fue empujando hasta un rancho,
y entre el humo de los leños
en que la estaban fritando
se me asomó una sonrisa
y dos ojos me alumbraron.
Después ya formé mi nido.
Dos cachorros lo alegraron
y entonces me ganó el monte
por sacar pan del quebracho.
Y en esa vida de obraje
fui carrero, capataz,
y hasta anduve administrando.
(Porque el que no dentra en el molde
lo sueltan pa' otro conchabo).
Y allí me pasé algún tiempo
endurenciendo mis años
hasta que paró el obraje
y rumbié para otros pagos.
Anduve de domador,
de alambrador y tropero,
carpidor y cosechando,
haciendo de todo un poco
porque eso sí, y a Dios gracias,
para todo fui baquiano.
Y... ha de ser porque de chico
el machete de la vida
me fue curtiendo a planazos.
Y esas nostalgias las trae
la lluvia de tantos años.
Agua que endulza recuerdos
también de tiempos amargos
porque supe quedar solo,
como gaucho allá en el rancho
esperando que volviera
la madre de mis muchachos.
Pero no quiso volver...
Comentaban que juí malo
porque jugaba algún truco
y a veces vine borracho.
Dijo que la castigué
que tenía otra mujer,
y otras cosas fue aumentando,
tanto por justificar
el llevarse los muchachos.
Pero... son cosas que pasan
y yo ya la perdoné,
porque no fue por un hombre
que ella se fue de mi rancho.
(Cuando una yunta de bueyes
no son parejos pa'el tire,
lo mejor es separarlos).
Por eso que ya hace mucho
me di cuenta, pero tarde,
que en algún tiempo fui malo.
De ahí que en la galería
mientras tomo mis amargos,
con el hilo de la lluvia
voyt enhebrando retazos
de todo el tiempo pasado.
Me alegro, me pongo triste,
y a veces hasta he llorado.
Porque no hay nada que hacer
con la lluvia de verano.
Muchas veces le pedí
que me lave los recuerdos,
que los entierre en el barro.
Y no sé si por amiga
o tal vez por caprichosa
nunca quiso hacerme caso.
Porque viene el aguacero
y en vez de lavar recuerdos,
me los viene amontonando.

martes, 18 de mayo de 2010

Del mesmo palo (Fotos: Eduardo Amorim)


De las costas del Tuyú
truje un moro pampa viejo
gordo, lustroso el pellejo,
lo llamaba "El Tacurú".
Guapazo para el ñandú
conocido en las boliadas
era pa’ las gambeteadas
como soplido de viento
había que hacerse tiento
pa’ no cáerse en las cuerpeadas.

Cuando había asao con cuero
pa’ demostrar su destreza
saltaba sobre la mesa
sin redamar ni un salero.
No había zaino, no había overo
con que igualarlo pudieran
ni en toda mi vida entera
hallaré otro mancarrón
que tenga su corazón
y su mirada altanera.

Hoy han pasado los años
vos estás viejo y vencido
yo estoy triste y abatido
charqueao por los desengaños.
Vos te acordarás de antaño
en que eras guapo y ligero
mientras que yo, compañero,
añoro mis alegrías
que se me fueron un día
volando tras un lucero.

Te acordás mi moro viejo
del lindo tiempo pasado
cuando estabas pelechao
y lustroso como espejo.
Hoy en un box desparejo
te desprecian la ración
vos que fuiste un redomón
que costó un triunfo domarte
has tenido que entregarte
lo mismo que tu patrón.

Congoja


Vengo luciendo altanero
bombachas, poncho y chambergo
y traigo del patrio albergo
frescas sombras de mi alero.
Traigo bien curtido el cuero
por el sol, la lluvia, el viento,
traigo resuellos de aliento
que recogí en los caminos
y traigo sonoros trinos
templados en mi instrumento.

Templado en mi instrumento
y anidado en mi garganta,
traigo un chingolo que canta
con triste y sonoro acento.
Canta porque yo lo siento
dentro de mi alma vocear,
junto al corazón golpear
como si acaso mi pecho
le fuera quedando estrecho
para poder aletear.

Para poder aletear
quiere mi pobre chingolo
ganar espacio, irse solo
por la vida a reserear.
Apenas sabe tranquear
y ya pretende alzar vuelo,
está muy lejos el cielo
para tus pobres alones,
hasta los mismos alcones
son prisioneros del suelo.

Prisionero de este suelo
tendrás que vivir, chingolo,
es muy penoso andar solo
cantando su desconsuelo.
En tu afán de ganar cielo
te emborracharás de altura
y al pasear tu desventura
por los senderos más anchos,
se burlarán los caranchos
de tu infinita amargura.

También yo, en mis mocedades
me di a la vida sin rumbos
y a fuerza de ir dando tumbos
la enfrenté a la inmensidad.
Me perdí en la soledad
sin conseguir lo anhelado,
así siempre esperanzado
hice pie en el albardón,
fue allí donde un lechuzón
me volvió al camino andado.

Pero al fín tenés razón
de pretender andar solo
... en esta vida, chingolo,
quién manda es el corazón...
Más frente a la desazón
de tus horas errabundas
sabé ser libre, no te hundas
y en el barro hacete ampollas
¡por algo la sangre criolla
no se cuaja en las coyundas!

Que yo, luciendo altanero
bombachas, poncho y chambergo
volveré a mi patrio albergo
a beber sombras de alero.
Allí, chingolo, te espero,
vuelve, pero no vencido,
vuelve solo... noble... erguido
del largo peregrinaje,
¡yo, entonces, me haré ramaje
para que escondas tu nido!

domingo, 16 de mayo de 2010

Reclaración

(Dibujo: Eleodoro Marenco)

Dispense doña… y permita
que desensille a su sombra
porq’entre sueños la nombra
mi persona a usté solita.
Hoy mi cariño la invita
a que sujete el volido
y acomodemos el nido
en el pago que usté elija,
no teniendo más cobija
que un amor firme y tupido.

Yo moza quiero decirle
que pa’l “25 ‘e Mayo”,
quise atracarle el caballo
y dispués... pensé escribirle.
Pero al querer derejirle
mi pensamiento afetuoso,
me resultó trabajoso
porque el no praticar cartas,
dentré a enriedarme en las cuartas
y agarré pa’ lo ‘e Reynoso.

Toy sufriendo una manquera
como manquera ‘el encuentro
y tengo juegos de adentro
que me salen para ajuera.
Es un lazo su pollera
ande quisiera pialarme,
en sus trenzas enriedarme
como en lana los abrojos
y en el candil de sus ojos
como un bichito quemarme.

No espera que tanto pida
y acete mi apadrinada,
sujete pues la risada
y contésteme enseguida.
No desperfete mi vida
ni ponga mi amor a prueba,
porque si usté no me lleva
en su pecho de muchacha,
via morir como vizcacha
con el humo entre la cueva.



viernes, 14 de mayo de 2010

Por una china


-¡Parensé! ¡Nu es ansina
que se matan los hombres!
- ¿Y quién lo mete
a'pagar el fogón d'esta cocina?
- Algo haberá, paisano,
si le pido que envaine y me rispete;
no me'pegao este galope en vano.
- Mejor, hagasé a un lao, ya que ha venido
sin que naide lo llame y dé sentencia;
el que quede parao, jué el ofendido:
pa'l otro basta un rezo
que le aliviane un poco la concencia.
- Ni soy melico ni se trata d'eso.
- Entonce, está demás, y como el caso no almite ni testigos ni tardanza,
estribe y siga pal boliche al paso;
uno'e los dos, siguro que lo alcanza.
-¡Párensé, les he dicho,
y tendré mis razones: nu es ansina
que se matan los hombres pu el capricho,
atravesao y sucio, de una china.
- Pero, ¿y usté quién es?
- ¿Yo? Nada... y mucho,
uno que agata, en ciertas ucasiones
dió por su vida, ni el valor de un pucho,
o se sentó de miedo, en los garrones.
Antes que ustedes, he freniao quereres
y antes de verme con la barba blanca
por caudillos, partidos y mujeres,
gané los montes con la muerte en l'anca.
Dentro pues a enjuiciar aunque les duela;
¿vos, quién sos? vamo a ver, un pión de tropa
que te doblás al sol como una vela
o tiritás de frío en la nevada
sin tiempo pa cambiarte ni la ropa
y a fin de cuentas te encontrás sin nada.
¿Y vos?... un gaucho con tesón de hormiga
que te agrandás en el trabajo, al ñudo,
pa verte al fin como el maizal, desnudo,
dispués de haberlo coronao la espiga.
Dos paisanos honraos, a cual más güeno,
que ya tienen de sobra
con cuidar y sembrar el campo ajeno
pa dir perdiendo lo que el dueño cobra.
¡Y se iban a carniar!... Guarden el fierro;
pa'l que ha vivido lo que yo he vivido
no hay vicio más injusto y sin sentido
que el vicio zonzo de peliar, del perro...
¿Jué por una mujer?
Por eso ha sido.
Entonces, muenten; güélvansé a la reja.
Yo conozco a la moza del asunto,
esa nu es una china, ¡es una oveja!
y es poca plata oveja por dijunto.
A denguno'e los dos tiene estima,
vive engañando, pincha como el tala,
hasta la madre la olvidó por mala,
pasa pu al lao no más, y ya lastima.
Y usté, descréido, pa que no se encoja
como potro cinchao en la berija,
o pa réirse de mí, si se le antoja,
que ansí paga la vida a quien se ofrece,
oiga esta confesión que me deshoja:
esa mujer sin corazón, es m'hija...
¡Aura pueden peliar, si les parece!

El payador

Me llaman el Payador
porque entre espinas y flores
suelo entretejer primores
con mi propio sinsabor...
Sin envidia ni rencor
planto ande quiera mi tienda
y en la paz o en la contienda
como fortuna bizarra,
tengo un alma, mi guitarra,
tengo un galardón, ¡mi prenda!

Con esa arma, mi guitarra,
y ese galardón, mi prenda,
no he encontrado en la contienda
quien me eche encima la garra,
he sabido dar mi ofrenda
vendiendo cara la vida
cuando iban en la partida
o mi guitarra o mi prenda...

Cuando van en la partida
yo también en la contienda
o mi guitarra o mi prenda,
¡Sé vender cara mi vida!
Nadie me ha visto en la huida
abandonar la presea
y si quiso la pelea
mezclarme en el entrevero,
¡Tuvo mi prenda un acero
y mi guitarra una idea!

Tiene mi prenda un acero
y mi guitarra una idea,
cuando así quiere que sea
quien me hizo hombre y trovero...
No tengo pa venta el cuero
ni me asusta la contienda
y es bueno que así lo entienda
pa que conozca mi garra
quien quiera hallar mi guitarra
¡o quiera robar mi prenda!

jueves, 13 de mayo de 2010

Dios quiera no venga el cuatro...


- Me doy güelta...
- Tengo mano:
voy cien pesos al caballo.
- Pago... y me güelvo, señores.
.....................................
- Sota en puerta: ¡cosa'el diablo!
- Otra vez será, paisano.
- Ahura ha de ser, ¡qué caracho!
Pulpero: ¿qué precio le hace
a este tirador plateao?
- Cincuenta pesos... y pierdo.
- Alcance. Vaya tirando.
....................................
Los dedos del tallador
se hacen trenzas barajando
y el silencio cae a plomo
sobre el tapete manchado.
Afuera, como en racimo,
diez pingos desensillados
dormitan en el palenque
y entre el humo del tabaco
desde adentro llegan voces
saturadas de presagios...
- Van mis últimos cien pesos
a ese siete!
- ¡Tomo al gallo!
Miradas como puñales
se clavan en las dos manos
del tallador, forastero
que está de paso en el pago.
Cayó esa siesta al boliche
y entre convites y tragos
se fue metiendo de a poco
en la rueda de paisanos;
después, a la tardecita,
como "pa pasar el rato",
el hombre fue convidando
"pa'cer un truco de cuatro".
Ahora entre caña y baraje
la noche se va acortando,
mientras se alarga el cansancio
y el alcohol pesa en las manos,
sigue enyenando los vasos.
.................................
- Sirva, pulpero, yo pago,
siga enyenando los vasos...
.................................
Los dedos del ventajero
ya no trabajan tan claro;
la trampa se hace más sucia
y alguien, fresco, la ha notado
y se le crispan los dedos
sobre el acero envainado:
- ¡La plata de este cuchillo
contra ese cuatro de bastos!
(El aire se abre de un tajo
y queda el naipe ensartado
contra el tapete grasiento.)
Ya huele a sangre el tabaco
en aquél aire viciado;
la diestra, ya menos diestra
del tallador, vuelve al mazo
mientras la zurda temblona
va las pintas orejeando
y siente que en cada naipe
la muerte lo anda campeando:
se lo anuncian veinte ojos
que se han clavado en sus manos
y le hace ver que esta vuelta
si anda de suerte es finado.
Un miedo que ya es ahogo
se hace voz entre sus labios
y murmura quedamente
clamando por el milagro:
"Dios quiera no venga el cuatro..."

Aquellos paisanos mansos
no perdonarán la afrenta:
lo van a dejar tirado
con diez puñales adentro...
¿Devolverles lo trampeado?
Para el caso es lo mismo;
comprende que está jugando
su destino en la postura
y que ese naipe ensartado
en la punta del acero
contra el tapete engrasado
es su vida o es su muerte,
vida que pierde ganando,
vida que gana perdiendo.
Lo sabe y ruega el milagro:
"Dios quiera no venga el cuatro..."

Mueve los labios apenas
en aquél rezo pagano,
mientras la rueda paisana,
inquieta, se va estrechando.
Pinta espadas... es la sota...
una copa... acaso el cuatro...
No puede más, un suspiro
se le escapa pecho abajo,
le duele el naipe en los ojos.
..................................
- Apure, don -dice alguno,
y él sigue y sigue orejeando...
"Dios quiera no venga..." - ¡Cuatro!
grita una voz y otra brama:
- Ganó, señor... ¡y ahí le pago!
..................................
Luego un salto de pantera
con la enorme garra en alto,
un grito inmenso, un cuchillo
ahondando un pecho hasta el mango
y un hilo de voz y sangre
mojando el naipe estrujado:
"Dios quiera... no... venga... el cua..."

Gente de áura


Que naides golpee las manos
gritando el ¡Ave María!
con que antes se conseguía
un amigo como hermano.
Aquél sentimiento humano
es un asunto olvidado.
El que anda necesitao
y a pedir algo se allega,
naides dejuro le entrega
el reparo codiciao.

Antes, cuando uno llegaba
con el caballo cansao
le daban otro prestao,
mientras el suyo dejaba.
Así el viaje no contaba
y seguía pa destino;
áura le ha errao el camino
quien dentra a pedir ayuda
y le han de decir, sin duda,
que pretende un desatino.

Si los recibe el patrón
lo va enredando a preguntas,
que las hace casi juntas
en cada averiguación.
Quiere saber la razón
porque uno anda mal pisao;
quién hasta allí lo ha mandao
y si tiene documentos,
desconfiando por los cuentos
con que alguno lo ha engañao.

No tiene nada de sobra
pa llevar en la maleta;
si le da carne o galleta
de seguro se la cobra.
La caridad ya no es obra
que pueda afirmar su orguyo.
El cáido es mismo que el yuyo,
que anque quiera se combate,
y si quiere tomar mate
ha de hacerlo con lo suyo.

La vieja hospitalidad
que jué siempre ponderada,
tiene áura que ser pagada;
aunque dura, es la verdad.
Se ha terminao la bondad
pal que anda necesitao,
tal vez quede sosegao
si se arregla como pueda
siempre que algo no suceda
ajuera del alambrao.

Es el progreso que avanza
y que las cosas cambea,
haciendo que el hombre sea
pialao por la desconfianza.
Que naides tenga confianza
sinó en lo que pueda hacer
y tendrá que comprender,
quien por los campos camina,
que ya la estancia argentina
no es áura como fue ayer.

En el banco de Bostón


Llegó a comprarme el ganao
un jonys color ladrillo.
Pelo y bigote amarillo
y traje cuadriculao.
Pantalón avejigao,
con gorra en vez de sombrero.
Y entre unos tubos de cuero
traiba las patas forradas,
la cara y manos pintadas
lo mesmo que huevo'e tero.
Cuando el rodeo formó,
desembolsó una libreta,
medio ladeando la jeta,
y en ella una firma echó.
Y así la hoja me aclanzó,
diciéndome que tenía
la plata que me debía
en el Banco de Bostón.
Ande a la presentación
de aquél papel, cobraría.

Pa Buenos Aires rumbié
y a mi llegada enseguida
jui pa la calle Florida,
ande tal banco encontré.
En la puerta me paré
con desconfianza'e dentrar.
Y a gatas alcancé a dar,
descuidándome, un paso,
me tragó de un aletazo
sin poderlo remediar.

Augué las esclamaciones
y me quedé calladito,
viendo allí más de un mocito
escribiendo a picotones.
Sin gastar conversaciones
esperan los que han llegao
y la orden le han entregao
al que llaman pagador,
que está atrás de un mostrador
y como un preso enrejao.

¡Qué manera'e despachar
en aquella pulpería!
¡Cuánta plata, quién diría
que ahí se puediera juntar!
¡Qué baquianos pa contar
los que pagan enjaulados!
Y los dedos, apuraos,
¡cómo escarban ligeritos
entre aquellos papelitos
amarillos y rosaos!

Cuando la orden entregué
al mozo del enrejao,
después de haber esperao
lo mesmo que otros, cobré.
Pero entuavía no sé
porqué en aquella ocasión
el pagador del Bostón
que recibió el papelito
me devolvió un pedacito
diciendo: "Cuide el talón".

Yo dentré a considerar
que debía estar alerta.
Acaso fuera la puerta
quien m'iba a destalonar.
Ella seguía su aletear
sin suspender la carrera;
yo, pa que se detuviera,
le hice seña con el brazo.
¡Pero con otro aletazo
al trote me echó p'ajuera!

Mesmo que'l hornero


Como imitando al hornero
hice un ranchito de barro,
donde abrigo a mis cachorros
y a la mujer que venero.
Tiene los cuatro esquineros
rodeados de amor materno,
me costó muchos inviernos
con otros tantos veranos,
porque lo han hecho estas manos,
será que tanto las quiero.

He visto dentrar mil soles,
he visto llegar mil noches,
sin protestas ni reproche
siempre pegao al adobe.
Bien haiga mi suerte pobre
trabajar de enero a enero,
con paciencia y con esmero
con cariño y con amor,
hice un ranchito cantor,
igualito que el hornero.

Lindo es ver al pajarito
cuando comienza su nido,
va bolido tras bolido
recorriendo los charquitos
llevando barro en el pico
trabaja sin descansar.
Ansí tuve yo que andar
como pájaro barrero,
si pa´ ser como el hornero
solo me falta volar.

No cuento lo que he sufrido
porque el techo está primero,
si trabajé cual hornero
para levantar mi nido.
Es un deber que he cumplido
puedo decirlo orgulloso,
y si hoy de esa dicha gozo
solo me resta pedir,
que Dios me deje vivir
para ver mis hijos mozos.


A mi me dicen el Chino


A mí me dicen el chino
porque soy pampa, señores,
porque en rueda de cantores
fui quinchando mi destino.

Yo soy del sur argentino,
hecho a campo y sin bajía,
que la herencia de otros días
que me legaron mis tatas:
sencillo como alpargata
y del pago'e Lobería.

Si oservan bien mi figura,
mirando todo el detalle,
va a ser difícil que hallen
en mí ninguna mixtura.
Soy hombre de la llanura
donde el indio anduvo suelto,
libre lo mismo que el viento
y amigo de la verdad,
y poniéndome a cantar
largo en mi voz lo que siento.

Lo mismo que sé tocar
esta guitarra encordada,
me afirmo como si nada
sobre el lomo de un bagual.

Nunca le supe aflojar
al basto o al bordoneo
y no me gusta el charqueo,
ni cantando ni en la doma.
Y si creen que hablo en broma,
busque un potro y traiga un cuero.

Porque ando medio empilchao,
a la manera pueblera,
han de pensar los de afuera
que del campo me he olvidao.

Siempre recuerdo el pasao,
porque el pasao no se borra,
cuando de pañuelo o boina,
bataraza o algo así,
yo vivía más feliz
que el loro entre las cotorras.

Y ahura ya me voy andando,
no me gusta importunar,
tal vez en otro lugar
alguna me esté esperando.

Si otra vez me hallan cantando,
o prendido entre las clinas,
seguiremos la partida
siempre en el mismo camino.
Ya saben, yo soy el Chino,
del pago de Lobería.

Lujo


Yo me salvé de la muerte
cuando tuve sarampión
y por culpa de esta suerte
toda la vida juí pión.

Siempre, pa'l pobre, la suerte
trai la disgracia escondida.
¡Si me salvé de la muerte,
no me escapé de la vida!

Y vos, cuando te caparon
casi morís de la herida.
Pero... como te sanaron...
juiste güey toda la vida.

Y ya se sabe el final
de un güey y un pión carrero.
Yo, a morir a un hospital
y el güey viejo... al matadero.

Morir en un hospital
pa un pobre pión no es pavada.
¡Ni lujo me voy a dar
muriendo en cama y almohada!

Historia


Pa nacer no di trabajo,
tampoco di pa criarme,
y por ahí va andar el ajo
cuando tengan que enterrarme.

Nací en un rancho de latas
en un invierno muy crudo.
Mi infancia la pasé en patas,
mugriento y medio desnudo.

Dispués se cambió mi vida
y dejé de andar en patas.
Pero jué muy parecida,
porque seguí en alpargatas.

Cuando mi historia repaso,
me risulta muy sencilla:
Un tiempo... anduve descalzo
y otro tiempo... en zapatillas.

Juramento


Debajo de este algarrobo
deshojado por los años
con una raíz de peldaño
tal vez me inspire a mi modo.
Sin buscar mucho acomodo
ya armé mi fogón campero;
mi pavita de tropero
ya está soltando un murmullo
que a mí se me hace un arrullo
al calorcito del fuego.

Viejo algarrobo curtido
ya se achicó tu ramaje;
¡si habrás soportado ultrajes
del arroyo embravecido!
Tu suelo se ha carcomido
pero vos, en tu defensa,
tus raíces, como una trenza,
enterraste vertical
de riendas o de puntal,
disimulando la ofensa.

Te canto, viejo algarrobo,
por humilde y por valiente
por ser un real exponente
en estas selvas que adoro.
Hago justicia a mi modo
con estas observaciones;
destaco tus condiciones
que en tantos años pasados
fuiste un símbolo ignorado
en las costas de Mojones.

Hoy parecés un fantasma
en el aire suspendido...
Al verte así, tan sufrido,
me arranca un jirón del alma
vos, que le pretaste calma
a las bestias insoladas,
bajo tu verde enramada
les aliviaste el calor,
y hoy se opaca tu verdor
al rigor de las heladas.

Siempre vendré a visitarte
mientras dure mi existencia.
Tú me ofreciste querencia
y no voy a abandonarte.
Si quisieran machetearte
al verte viejo y vencido
si yo todavía estoy vivo
te juro, algarrobo viejo,
por vos me juego el pellejo,
el nombre y el apellido.

Desvirando


Si alguna vez los recuerdos
Con un pesar me acorralan;
Pensando en tus ojos negros
Vuelvo a ganar las bagualas.

Es, como si algo me diera,
No se que fuerzas extrañas,
Para empujar, puerta afuera,
Las amarguras del alma.

Recoje el poncho la pena,
Prende el candil la esperanza,
Y el corazón, abre huella,
Con la sonrisa más gaucha.

Vuelvo a templar con cariño
Las cuerdas de mi guitarra,
Punteo,de vicio,un estilo,
O endulzo alguna vidala.

Canto, y al oirme, en los Moyes,
Canta también la Calandria,
Y hasta el Zorzal me responde:
Sólo tu trino me falta…

Y mientras en el fogón
Se hacen brasitas de Tala,
La pava y el cimarrón
Parece que te esperarán!

martes, 11 de mayo de 2010

Así es la décima


Para tejer una décima
el asunto es muy sencillo:
en la punta del ovillo
debe enhebrar el que teja.
Las consonantes parejas
con la mayor presición;
ocho las sílabas son
donde el pensamiento juega,
y debe cerrar la idea
en el décimo renglón.

La décima es la mujer
más linda que tiene el campo,
su belleza y sus encantos
nos inundan de placer.
La nostalgia del ayer
hoy florece en el presente
y se inserta nuevamente
en lo nuevo, en lo moderno;
con sus pimpollos más tiernos
tal vez viva eternamente.

Décimas canta el pampero
cuando sopla enfurecido;
décimas cantan los ríos
como el pajal del estero.
Décimas canta el tropero,
décimas canta el cardal,
en la copa del sauzal
canta en décima el boyero,
y en el albor mañanero
canta en décima el zorzal.

Cantan décimas las fieras
bramando de amor y celo.
La décima es el señuelo
en toda fiesta campera.
Hay décimas corraleras
como hay décimas de amor,
y la décima mejor
la canta el enamorado
que en su décima ha volcado
lo que dicta el corazón.

Desde el pájaro a las fieras
en décima cantan todos,
y yo cantaré a mi modo
la décima más campera.
Con este pial puerta afuera
y una monta sobre el pial
en la puerta del corral
dejo la firma esculpida,
y la yapa bien ceñida
en las manos de un bagual.

Gambeteando al ñudo

¡Acepte, amigo, chupe y no se siente
en la débil retranca del desprecio!
¡Acompañe el dolor de un pobre gaucho
si es que comprende el sufrimiento ajeno!

¡Quisiera atar las riendas de mis penas
al palenque'el olvido y soy muy lerdo!
¡Es al ñudo, señor, creiga le juro
que ni chupao'e de lograr mi intento!

Voy como perro cimarrón campeando
de pago en pago pa buscar sosiego,
pero la audacia de la china perra
me ha dejao como un ñudo en el garguero.

Quisiera hablar para desalojar mis males,
pero me encuentro el corazón con freno
y hay un lazo que piala mis palabras
cuando atino a explicarme lo que siento.

¡Sirva, pulpero, hasta que diga basta!
Habiendo no mesquine, ¡qué canejo!
Pa apagar este fuego de amargura
traiga de tuito, y aunque sea veneno.

¡Ah china maula, yo no creiba nunca
que mi espíritu ansina de matrero
bajo el peso 'el rebenque' e tus desdenes
iba a aflojar como un potriyo enfermo!

¡Ahijuna! No quisiera ser un gaucho
de ésos que lloran, como yo, por dentro;
acepte, amigo, chupe y no se siente
en la débil retranca del desprecio.

Apadrinando


Déjese'e pavadas... ¡Dele puerta libre
que yeguas como ésa no son pal palenque!
Bien sabe qu'el bruto que nace con mañas
no lo duebla el fiero rigor del rebenque.

¡No se diga, un gaucho!... Parece mentira
qu'el primer chirlazo se me ande quejando:
¡y eso qu'es apenas carretiya lisa
y recién el bozo le viene asomando!...

¡Perderse p'una hembra que no vale un pucho!
¡Podrirse entre rejas p'un bicho dañino!...
asujete el pingo, se lo dice un viejo
que ha echao muchas malas por causa'el destino.

Yo también de joven quise, como quieren
los gauchos senciyos que cráin muchas cosas...
el amor, muchacho, m'encajó antiojeras
pa que conjundiese los cardos con rosas...

¡Cuando abrí los ojos, quise hacerme el gusto
y un cuatro machazo l'escribí en la cara!
dispués, a lo yegua le corté las crines
y le abrí la puerta pa que disparara.

Luego, la justicia me encajó diez años,
porqu'el comesario m'encontró culpable;
¡ahí recién comienza l'arrepentimiento
al verse uno solo, triste y miserable!

Nueve años estuve purgando esa pena...
Cuando me largaron, sólo era un espetro;
ayí dejé tuito... ¡pero en cambio truje
esta tos maldita que me ruempe adentro!

Por esto le digo que asujete el pingo,
que yeguas mañeras no son pal palenque,
qu'el bruto que nace con malos istintos
no lo duebla el fiero rigor del rebenque.

Campo nomás (Estilo)


¡Qué lindo el cielo estrellado
antes que salga la luna!
¡Qué lindo el olor del campo
cuando lo moja la lluvia!
Estan más verdes los verdes
por el rocío del cielo;
mezcla de trino y perfume
es el aire mañanero.
Campo nomás, sin embargo,
cuántos y cuántos recuerdos.




¡Qué lindo canta el arroyo
saltarineando en la piedra!
Y despeinándolo al sauce
su verde y lacia melena.
Un ranchito, un algarrobo,
un zorzalito cantor,
y allá en el cielo las nubes
juegan a esconder al sol.
Campo nomás, pero cuánta
paz y sosiego, señor.




La pulpería


Vieja casa solariega
cuya gran tragedia narra
la descendencia bizarra
¡del payador Santos Vega!;
triste a tus puertas hoy llega
el eco de mi canción,
como una lamentación
de los que bajo tu alero
vieron morir el lucero
de la gaucha tradición.

Yo vengo como un zorzal
que busca el antiguo nido
que en el ramaje florido
dejó cerca del juncal;
como en la siesta estival
buscan las aves frescor,
como busca el payador,
en su "prenda", amor ardiente
y como busca vehemente
la mariposa a la flor...

Pero ya no encuentro nada
del recuerdo que dejaron
esos gauchos que habitaron
en tu soledad callada.
Baluarte, en fiera jornada,
en la lucha nacional,
fuiste; y al choque fatal
de los bélicos pamperos,
se agacharon tus aleros
y te arrastró el vendaval.

Entonces enmudeció,
como protesta altanera,
la guitarra lastimera
que Martín Fierro templó.
Hasta el matrero lloró
sobre tus míseras ruinas
y murieron tus glicinas
y tus cantos de zorzal
en la tristeza otoñal
de las tardes argentinas...

Ya vienen en procesión,
para imponerte sus yugos:
ésos de la inmigración...
Ésos que, sin compasión,
te darán golpe mortal,
y en la fiebre tropical
de sus pasiones mezquinas,
han de alzar sobre tus ruinas
algún palacio ducal...

El cencerro



Yo llevo el canto surero
como bandera sonora
que me endulza en cada aurora
el despertar de mi sueño.
Un canto libre, sin dueño,
entre la pampa y el cielo;
como un ave que en su vuelo
eterniza la distancia,
como un sol cuya fragancia
nace y vive en este suelo.

Cencerro, viejo aparcero,
de los campos argentino;
pájaro sembrando trinos
con voz de bronce y acero.
Peón sin sueldo, tropillero,
obediente a tu llamada
se junta la caballada
que tras la yegua madrina,
enfila con disciplina
siguiendo tu clarinada.

Antaño de mañanita
cuando los potros pastaban,
y los gauchos escuchaban
el son de tu musiquita.
Nacía la vidalita
para volar en un silbido;
todo el sur ha recorrido
tu voz criolla y cristalina,
voz de la pampa argentina,
voz del recuerdo querido.

Cencerro clarín sureño,
viejo poeta de bronce,
hablame de aquél entonces
en que era niño mi sueño.
Y cantando con empeño
prendido de la madrina,
traeme en tu voz que afina
mensajes de tradición,
con gusto a pasto y fogón
de una milonga Argentina.

Hoy que ocupás jubilao
en mi rancho un rinconcito
de vez en cuando algún grito
se te oye si te han tocao.
Alerta el viejo soldao
vuelve a su pampa el lenguaje
por eso es que nadie ataje
su sonora voz de fierro
y que ande vive un cencerro
esté vibrando el gauchaje.

lunes, 10 de mayo de 2010

Milonga del hijo'e naide


Aquí me pongo a cantar
bajo la noche serena
mi desgracia que no es poca,
voy embretando mi pena
entre un verso y una copa.

Poco tiene que contar
mi vida que se deshoja
igual que el árbol o el yuyo,
una vida sin baruyo
como freno sin coscoja.

Poco ruido hacen mis males,
pero declaro que hay uno
que resueya por la herida,
no se cura con bebida
ni con remedio ninguno.

Sé que me nombran "el guacho"
porque soy un hijo'e naide,
y yo pregunto, caracho,
¿de qué clavel, entre tantos,
es hijo un clavel del aire?

El colorao


Yo también tuve un buen flete,
vivaracho, escarceador,
lindazo como una flor
y ligero... ¡la gran siete!
El más pintado jinete
pa montarlo ha disconfiao.
¡Si era de verlo, cuñao,
hasta cosa de no crer
lo veloz que pa correr
era mi güen colorao!

Era sencillo el apero
con que a mi flete adornaba,
pues a él nada lo rialzaba
como la flor de su cuero.
Brilloso como un lucero
y lindamente apostao...
¡a quién no dejó almirao
con esa presencia... ahijuna!
¡Si era pa mí una fortuna
mi lindazo colorao!

Ricuerdo qu'era un domingo
que a unas carreras llegué,
lugar ande m'encontré
a un chacarero algo gringo
a quien gané con mi pingo
un desafío mentao.
Y ahí nomás con un tostao
vino a pedirme revancha
y en lo largo de esa cancha
le ganó mi colorao.

En tuitas partes que juí
con mi bravo parejero,
no sé mentirle, aparcero,
siempre halagado me vi;
aunque también comprendí
que pa ser tan afamao
también hube dimostrao
ser un jinete sin trampa
sobre la temible estampa
de mi lindo colorao.

Y aquel flete escarceador,
dueño de tantas victorias,
envuelto en sus propias glorias
cayó... ¡pero vencedor!
Inorando que un traidor
me lo había envenenao,
corrió una tarde, cuñao,
y en una prueba de agaya
triunfó... y al pasar la raya
¡cayó muerto el colorao!

¡Criolla!


Yo soy la criolla campera
con perfume de gramilla,
la coqueta de la villa
que enamora en su tranquera.
Soy retoño de pradera
que alumbra el sol cuando asoma,
soy el juguete y la broma
del viento de la quebrada,
soy la paloma mimada
que hace su nido en la loma.

Soy la hija de la campaña
más hermosa de esta tierra,
donde cada palmo encierra
la historia de alguna hazaña.
Soy ramita de espadaña
que circunda la laguna,
soy un reflejo de luna
que lleva en cada mirada
una sonrisa enlazada
como un rayo de fortuna.

Soy la que bajo el alero
del rancho de paja y barro,
entre el humo de un cigarro
y el balar de algún ternero,
da un suspiro lastimero
al dueño de su pasión,
una infinita canción
que lleva entre dicha y calma
y un cielo en el corazón,
un pericón en el alma.

Soy sombra de la enramada
que cubre la margarita,
soy rumor de vidalita
sobre la pampa callada.
Soy la plantita mimada
que hace trizas el rastrillo,
hoja de chala sin brillo
que el rayo de sol enciende,
¡soy flor que el gaucho defiende
con la punta del cuchillo!...

Escuela gaucha


Cuando te hallés en la mala
y hasta te falte el puchero,
recordá que lo primero
que el hombre debe tener
es ande dir a comer,
que andar con hambre es muy fiero.

Si acaso un mal pensamiento
encuentra en tu alma un abrigo,
nunca olvidés lo que digo:
Siempre debés respetar
y con altura mirar
a la mujer del amigo.

Sé que el alcohol no es consuelo,
como el borracho comenta,
el hombre que se lamenta
y toma para olvidar,
piensa a las penas ahogar
y en cambio las alimenta.

Y que en el juego has entrao,
aunque te cause dolores,
poné tus fuerzas mejores
y hacelo a un lao con rigor...
Al vicio del jugador
lo siguen cosas más piores.

Si al amor sos inclinao
no le volqués tu esperanza,
mirá que en esa balanza
siempre falló el tantiador...
¡En las cuestiones de amor
es mejor la desconfianza!

No prestés plata a cualquiera,
fijate bien al prestarla
que después, para agarrarla,
vas a tener que ir al Juez...
Yo he prestao más de una vez
y siempre estoy por cobrarla.

Antes que se acabe el rollo
otro bonito consejo,
sacale lo desparejo
si encontrás otro mejor...
Jamás tratés con rigor
al que es niño o al que es viejo.

Como final de mi canto
esta sentencia te espera:
por Madre, Dios y Bandera,
toda tu vida y honor...
¡El que no tenga ese amor
será mejor que se muera!

Ramirez el domador


Hasta el pago de Durazno
cierta vez llegó un jinete,
cuyo soberano flete
era de prendas crisol;
freno, riendas y presillas,
cabezada y estriberas,
con otras galas camperas
eran juguetes del sol.

Tirador chapeado en plata
bajo la blusa lucía
y el fino rebenque hacía
buen juego con su puñal;
poncho de vicuña al brazo
y el ala de su sombrero
como inclinada al pampero,
cuerpiándole al temporal.

Cuentan como una leyenda
que al borde de una laguna
en cierta noche de luna
Mandinga se le ofreció,
y dándole rienda al vicio
jugó cuanto tuvo, en calma,
hasta que jugando su alma
por siempre se condenó.

Sepultado en aquel sitio
Ramirez quedó en el pago
sin recibir el halago
de una flor o de un cantar;
y cuenta la paisanada
que en donde cayó el jinete
se aparece siempre un flete
que los hace santiguar.

El canto gaucho


Canta el jilguero entre flores,
mientras construye su nido,
y entre el ramaje escondido
canta el zorzal sus amores.

La alondra canta, en el cielo,
de la tierra indiferente,
y canta, aunque tristemente,
el gaucho en su propio suelo.

Canta y recuerda los días
en que era rey del desierto,
y en que todo el campo abierto
presenció sus correrías.
Recuerda sus cacerías
de gamas y de avestruces;
recuerda a Fierros y a Cruces
y a pasadas alegrías.

Ahora, la guitarra gime
en las manos del paisano;
¡cuando la pule la mano
triste será lo que rime!
Sello de tristeza imprime
hoy el gaucho a su canción,
¡porque el campo de su acción
espeso alambrado oprime!

A sus ranchos con alero
y de construcción de paja,
los ha dado ya de baja
el invasor extranjero,
el cual, por el vil dinero,
adquirió dominios vastos,
para negarle hoy los pastos
que come su parejero.

Solamente al recordar
días de grata memoria,
en que a la argentina historia
gloria y paz le supo dar,
tiene alivio su desmayo,
porque sabe que su muerte
nunca hará olvidar que fuerte
sostén fue del sol de Mayo.

¡Güena noticia!


Ya tengo la vista blanquiando mi rancho
nido en el que'mpoya mi amor la paisana:
la morocha tierna de prolijas trenzas,
de blanca sonrisa y mansa mirada.

Con una carona de pelaje bayo
florido, el aromo, da sombra al palenque,
y el humo que juye buscando la'ltura
dice que pa'l mate hay agua caliente.

Güelvo del potrero más lejano al puesto
ayá en el que pasta la manada overa,
y he visto al padriyo guardián como perro
al lao de un potriyo que ricién naciera.

Coscojea el oscuro pidiéndome rienda,
el perro... se corta buscando las casas,
y en mi pecho crioyo de antigua rudeza
florece un secreto como una esperanza.

¿Quién lo hubiera dicho Mariano, hace un año,
cuando andabas solo por tuitas las güeyas,
que hoy te'ncontrarías engüelto en las ansias
de que yegue'l día que 'un señor' te sientas...?

Al potriyo nuevo que vide en el fondo
en cuantito crezca lo traigo y lo amanso
porque ya me dentran las ganas de verlos
a los dos, que cruzan al galope el patio.

Y tuito porque eya me dijo hace días
con una sonrisa bailando en sus ojos
eso que hace poco yo ni carculaba
y aura por saberlo me ha puesto orguyoso.

En la sien me late, mi güena morocha,
eso que dijiste las otras mañanas:
"-¿Vos sabés Mariano, que'n algunas lunas
voy a darte un hijo que te diga Tata...?

Oiga...Pulpero...

¿Qué le importa a denguno, si me mamo?
¿Me pagan eyos el consumo, acaso?
Venga, pulpero; enyéneme este vaso,
que yo soy un tranquilo ciudadano.

De mi, no tendrá quejas, me supongo!
Ni fresco ni mamao, le doy trabajo!
Yo solo, en un rincón, tayo y barajo
y a naides incomodan mis resongos!

Pero eso sí: que no se me presiente
ni uno solo vestido'e polesía,
porque ahí se desconcierta la armonía
y hasta me sé poner, medio insolente.

¡No es pa menos también! ¡Cha que los velen!
Lo que hicieron conmigo, jué inhumano!
No puedo concebir, que haya crestianos
que ansí como eyos, en el mal, se encelen.

Veinte años me tragué; ¡cuasi una vida!
Metido en las tinieblas de una celda,
con un traje rayao, como una cebra
y el alma entera, de vergüenza herida.

¿Será posible, que el Señor del cielo,
mire ansina, con tanta indiferencia
lo que sufre el mortal, en su esistencia
sobre este fango, que le yaman suelo?

Yo que soñé en mi juventú florida
con ser un hombre güeno, y de provecho,
al fondo del abismo, jui derecho,
como cosa olvidada o maldesida!

Pensé en las glorias del ayer risueño;
quise ser, como el sol de su bandera;
conoser de las dichas, las riberas,
siendo de mi ambisión, señor y dueño.

Cráiba poder acariciar un día
la imagen del amor, en una cuita;
besar la frente de una noviesita
de vos, como seleste melodía.

Serrar los ojos de la madre aqueya
que me yamó en su fúnebre agonía
y en su ataú, sobre la frente fría,
volcar mi yanto, al feneser mi estreya.

Pensé en un porvenir, color de rosa;
en el trabajo honrao, en la noblesa,
y hoy solo tengo blanca la cabesa
y el cuerpo, a medio cáir, entre una fosa!

¡Cuánto sufre en la selda, el impotente!
¡Cuánta amargura, se sacude en su alma
y yora y gime, entre la negra calma,
de aquel muro infernal, el inosente!

Yo que jamás maté; yo que sentía
por el mundo, los seres y las cosas,
admirasión sinsera y respetuosa
dando al nesesitao, cuanto tenía;

juí el destinao, a soportar, silente,
el injusto castigo de una pena
y el bochorno mordas, de una condena
por el capricho vil, de un inconsiente!

¡Ah, humanidad; que revolcás infausta,
la más sagrada dinidá del hombre
y de odios vas plagando tuito el orbe
con tu consensia pútrida y nefasta!

¡En fin! Pa que pensar; si es preferible
buscar en el alcol, un poco'e calma
y emborrachando el cuerpo y hasta el alma
entregarse a la muerte, inasesible!

Oiga, patrón; no yeve la boteya.
Eche hasta que se vuelque, que yo pago,
y dejemé si en ucasiones vago,
buscando en las alturas, esa estreya.

Quiero fresco o mamao, ver si converso
con quien me dio la lus de la esistencia,
aqueya santa, que mató mi ausensia,
la dueña'e mis plegarias y mis versos!

Necesito, con eya, confesarme,
y con este puñal, clavao de punta,
cortar de mi esistencia la coyunda
y a su lao, como en antes, arruyarme!

Y a mi alma volverán las horas beyas,
dispués, verá pulpero, como unidas,
al ganar la región desconocida,
briyarán en la noche, dos estrellas.

Protesta gaucha (Video de Carlos Lopez de Quilmes)

http://www.youtube.com/user/carlosquilmeslopez

Ha de ser un rebencaso
mi palabra retadora,
pidiendo una nueva aurora
pa que el hombre cambie el paso.
Si de fracaso en fracaso
se desangran las naciones,
y si mueren a millones
los hombres en cada guerra,
¡pa que haiga paz en la tierra
no fabriquen más cañones!

Queda ande quiera el tendal
de muertos por la metralla.
Balance de la batalla
de la guerra criminal.
Y naides sembrando el mal
ha de tener más derechos,
porque subiendo repechos
para conquistar la gloria,
¡dejan manchada la historia
por mil hogares deshechos!

Hay que borrar la amargura
que entristece a los humanos,
y hacer que los arioplanos
no maten dende la altura.
Y rechazar la bravura
empliada en la destrucción,
mesmo que toda invención
que por matar nos humilla.
Al hombre una carretilla
le sirve más que un cañón!

Que si Dios hizo la mar,
el sol, el aire y la tierra,
con las riquezas que encierra
jué pa nuestro bienestar.
Debemos aprovechar
el bien que se nos ofrece,
de un mal que siempre se agranda
si la humanidad padece,
¡la culpa la tiene el que manda,
tanto como el que obedece!

Que se afirmen los patriotas
mejorando sus ideas,
para que así las peleas
marquen solas sus derrotas.
Que corte el clarín sus notas
pa tráir un tiempo mejor.
Que borrándose el rencor
al fin se habrá comprendido
que tanto pierde el vencido
como pierde el vencedor.

Hagan los trabajadores
reinar la paz soberana,
tanto hoy como mañana
con todos sus esplendores.
Que sean los hombres mejores
levantando el corazón,
pa que la baja ambición
se deshaga en la raíz,
y pa que el pueblo feliz
trabaje en cada nación.

El mate

Es el mate el compañero
Que nos presta gran servicio,
aunque diga que es un vicio
más de un dotor extranjero.
Si lo prueba es el primero,
que ha de quedarse prendao
y cuando se ha acostumbrao
por las bondades que encierra,
queda el gringo en nuestra tierra
para siempre aquerenciao.

La novia, la gaucha linda
que en un beso dio un "te quiero"
y al gaucho dijo "Te espero"
sonriendo su boca 'e guinda.
Hizo que el hombre se rinda
por su belleza admirao,
después que ella le ha brindao
una promesa de amor
encerrada en el primor
de un cimarrón bien cebao.

El gringo que a trabajar
llega de tierra extranjera
y se acomoda ande quiera
pa' levantar un hogar,
y que sabe respetar
la patria ande hace su nido,
se hizo gaucho cuando vido
el mate tan delicioso,
y de avariento y goloso
inventó el mate cocido.

No le bastó el cimarrón
pa' poderlo saborear,
lo hizo caldo, pa' tomar
el mate con cucharón,
y pa' quedar barrigón
bien satisfecho y pesao,
con sopas de pan cortao
se alimentó en las mañanas.
¡Pa' mí que quedó con ganas
de echarle queso rayao!

Al cortar la trilladora
el rum-rum de la polea
y suspender su tarea
la gente trabajadora
pa' descansar, porque es hora
de darle al cuerpo frescor,
pa' aliviarlo del rigor
con que el trabajo lo abate,
el hombre encuentra en el mate
su compañero mejor.

Y cuando de madrugada
el sol da su luz al cielo
y muestra el verde del suelo
como una alfombra estirada,
y colora la enramada
el resplandor del fogón,
el criollo, guapo varón
que pocos han de igualar,
halla su mejor manjar
en el rico cimarrón.

Lo mismo que en el ranchito,
en la mansión del magnate,
es rey y señor el mate,
nuestro brebaje exquisito.
Decir más no necesito
en esta ponderación,
pues quien le tiene afición
comprende que yo no miento,
pues hasta el abatimiento
quita nuestro cimarrón.


viernes, 7 de mayo de 2010

Los tesoros del indio

Hoy ando sufriendo de una pena enorme
y quisiera juirme, no se ni pa'dónde...

Es que mi huahuita se ha venío de golpe
preguntando: - "¿Tata, porqué somos pobres?"

Yo quise contarle cualquerita cosa,
pero como nunca me'i cayao la boca,

Mi he quedao mirando su vestido viejo,
su boquita juerte, huayco de mis besos.

Mi he quedao mirando su carita'i bronce,
sus ojos de koya, mitracita'i noche...

He mirao mi poncho, mis pobres ushutas,
y estas manos mías: curtidas y oscuras.

Y he sentío e golpe ganas de gritarle,
¡Huahuita! ¡si somos más ricos que naides!

Tenimos los cerros, los valles inmensos,
¡tenimos todito: la tierra y el cielo!

Y aquí están los ríos, rosadas las albas,
las tardes de oro, las noches de plata,

El sol que nos mira todas las mañanas.
El tiempo del Inca fue Dios de la raza.

El indio y el cóndor, sabelo mi guagua,
son dueños del mundo cuando abren las alas...

¡Duérmase guagüita, duérmase tranquilo,
que seremos ricos todita la vida!

Al fin y al cabo (foto: Eduardo Amorim)


Traigo en mis manos el frío
de un sin fin de madrugadas
talvez por eso mis manos
son torpes pa la guitarra.

En mis brazos traigo el duro
luchar con la hacienda brava,
talvez por eso mis brazos
no aquerencian las muchachas.

Y, en mis ojos, pobres ojos,
resplandores de pasadas
miserias con gusto a pena
y arisco rigor de estancia.

Dejé mi pago pensando
que lejos talvez hallara
lo que no pude hallar cerca;
error que a tantos engaña.

Cambiar de pago es tan solo
probar suerte en otra cancha;
sin pensar, que pal que és pobre
la tierra está emparejada.

Va a encontrar el que camina
aujeros pa mil rodadas:
tucu-tucos, hormigueros
y cavernas de vizcachas.

Mas, las rodadas se hicieron
pal hombre que piensa y anda,
el que nació pa estar quieto
no apeligra en las rodadas.

No me pesa haber salido
a pesar de no hallar nada
canto cuando ando en la güena,
aguanto si ando en la mala.

Me gusta el árbol pa verlo
aquerenciar las bandadas
a mí me gusta ser pájaro;
el pájaro vuela y canta.

Total, si nací pa pobre
me sirven todas las canchas.
Cuando es limpia la pobreza
es una cosa sagrada.

Mi pucho


Cuando me enguelve en su manto
una cerrazón de penas
barajo malas con güenas
enciendo un puchito y canto.
Me hago el retovao y aguanto
pitando en una carpeta
pito o canto si me embreta
alguna pasada brava;
si se me vuelca una taba
y he copao de pura jeta.

Por chico que sea el pucho,
o feo que el verso sea
me agranda sólo la idea
de creerlos que valen mucho
y si tiemblo con el chucho
que da el frío o el temor
enriedo un verso de amor
en el humo de mi chala;
tiene muncho de luz mala
mi pucho trasnochador.

Un pucho es vicio gastao
que a ningún gaucho envilece
anima como ennoblece
un vicio tan empliao;
con mis versadas mezclao
mi pucho es estimulante
y no se estrañen que cante
aunque caiga derrotao;
me siento mas alentao
llevando el pucho adelante.

Fogón amigo


¡Qué cosa linda un fogón
en cualisquier circunstancia
en un monte, una estancia,
cocina, patio o galpón.
Mojao por un chaparrón
en él se seca un paisano
y en invierno o en verano
y medio de retirao
mientras se dora el asao
calienta el mate la mano.

Y junto a él, cuando el dolor
nos clava las nazarenas
vamos trenzando con penas
las hebritas del dolor
nos entibia el sinsabor
y hallamos mirando el suelo
pa nuestro dolor, consuelo
y calor pa nuestra fe.
Junto a un fogón, yo soñé
lo que tengo y lo que anhelo.

Junto a él, en las madrugadas
de los inviernos amargos
alivié mis viajes largos
e insufribles trasnochadas.
Y es él, que en las enramadas
cuajadas de luna llena
bajo la noche serena
convida a desensillar
y nos invita a soñar
desvelando el alma en pena.