martes, 30 de marzo de 2010

Milonga



"Parece que sin largar
se cansaron en partidas"

(Martín Fierro)
.............................................................
Me la he pasado en aprontes
desde el día en que nací,
aprontes para la vida
aprontes para vivir.

Me la he pasado en aprontes
afinando el encordado,
ya ni recuerdo las coplas
y hasta el canto me he olvidado.

¿Para qué te quiero, vida,
si no te alcanzo a vivir?
Si la vida no se vive
es preferible morir.

Me la he pasado en aprontes,
y ya lo dice el refrán:
"Quien tiempla mucho las cuerdas
al final no ha de cantar".

Se va viniendo la muerte
y no acabo de afinar.
Ya lo di por terminado
y no lo alcancé a empezar.

La aparecida




La retrataban despacio
los peones de aquellos días:
nerviosas las manos frías,
retinto el cabello lacio.

Trajo su esbelta belleza
de garza huraña a la estancia
cuando todo era distancia,
desolación y tristeza.

Siempre de blanco vestida
y más blanca que su traje
parecía un ángel de encaje
paseando por la avenida

y temblaba el horizonte
de las noches de verano
cuando la voz de su piano
quebraba la paz del monte.

Herida por mano aleve
poco después de casada,
murió de una puñalada
en 1909,

y al tiempo de fallecida,
como suele suceder,
se comenzó a aparecer
mucho más linda que en vida.

Nunca sabré si fue a ella
a quien vi una noche clara
pasar como si volara
por el manchón de la huella.

La rodeaba una aureola
de lumbre fosforecente
y arrastraba en el relente
el albo traje de cola.

(Otro que había conseguido
mirarla durante un trecho,
dijo que en medio del pecho
llevaba el puñal hundido).

Inquietando la vislumbre
del galpón, junto a su antiguo
piano flotaba un exiguo
brillo de piedra de alumbre,

y un mensual que no era blando
ante un potro o un cuchillo,
se tiró desde el altillo
cuando la encontró tocando.

Al despuntar los retoños
en los árboles partía;
como la melancolía
tornaba con los otoños.

Primero igual que una esencia
vaga en las habitaciones,
después con apariciones
de líquida transparencia.

A veces correr de espuma
donde el monte era más hondo,
otras descenso redondo
tan leve como de pluma,

parecía que se acercara
de atrás, y en la media vuelta,
uno rozara de suelta
cabellera con la cara.

Cuando nos fuimos seguro
que al girar la última llave,
su incierta presencia suave
debió plasmarse en lo oscuro.

Lejos de todo testigo
pasearía su alado porte
sin tocar un picaporte
ni desprender un postigo,

y saliendo por los rojos
corredores del pasado,
a solas habrá llorado
todo el dolor de sus ojos,

porque un perro que no quiso
seguirnos detrás del coche
y se quedó aquella noche
sufrió un maléfico hechizo,

y aunque llegó al día siguiente
despavorido y jadeante,
allí nomás adelante
nuestro, murió de repente.

Décimas


No puede ser que me vaya
del todo, cuando me muera;
que no quede ni la espera
detrás de la voz que calla.
No puede ser que solo haya
pan de naufragio y olvido
en este amor desmedido
que se me yergue en el pecho.
¡Si hasta en el trino deshecho
se salva el duelo del nido!

Se apagarán algún día
las lámparas de mis huesos.
Me haré nudo de regresos
y rizomas de agonía.
Seré triste geometría
de materias en derrota:
labios de sal, sangre rota,
manos cayendo y pasando...
Pero he de seguir mirando
desde el cristal de una gota.

Si en las albricias del vino
resuena el lagar, si queda
recuperada en la rueda
la infinitud del camino,
si el canto tiene un destino
y el cantor tiene un acento,
retoñará el fundamento
de este temblor descuajado
y en todo lo que he cantado
tendré pedazos de aliento.

Que si una copla adelanta
la anunciación del prodigio
se me llenan de prestigio
los ojos y la garganta.
Es tanto el amor y tanta
la luz que me corrobora
que una insistencia sonora
junta mi pulso caído
y hace que pierda sentido
la muerte que me devora.

Pongo mi infancia en canciones
y siento que me ilumina
una siesta golondrina
toda duraznos pintones.
Celebro las estaciones,
lloro su fugacidad
y al anegar de piedad
la mortaja de su gloria
me crecen en la memoria
rastrojos de eternidad.

Cuando no esté, cuando el leve
sobresalto que me ordena
se trueque en tiempo de arena
conmemorando en la nieve;
cuando en mis venas abreve
la liturgia de la flor
tal vez algún labrador
comprenda que en las gavillas
hay lágrimas de semillas
y polen de mi rumor.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Remolinos de ausencia (Estilo)



Pasó de largo y al tranco
por la reseca tapera...
Pasó con una sonrisa
como si no le doliera.

Se alzó espantao un carancho
de la dormida cumbrera
y el viento encrespó en la tarde
un remolino de ausencias.

¡Qué rancho pa estar de noche
bautizando las estrellas!,
¡qué campo con el rocío `
pa desvelar las viguelas!.

¡Qué lastima que aquél año
pudiera tanto la seca!...
Ya no le duele la herida
pero entuavía le quema.

Pasó de largo y al tranco
y se perdió por la huella,
quedó vagando en el aire
la sed de la polvadera.

El viento entró como siempre
por las paredes abiertas,
dejando por los rincones
un remolino de ausencias.

¡Qué lastima que aquél año
pudiera tanto la seca!

Coplitas al cencerro


Como el lazo y como el perro
en los trabajos de estancia
tiene la misma importancia
en la tropilla, el cencerro.

Observe'n horas silentes
apasibles y serenas
que todo cencerro suena,
de manera diferente.

Si el cencerro va colgao
a una potra es conocido,
porque no sale el sonido
con el ritmo acompasao.

De cabeza levantada
camina como perdida;
sin tirar ni una mordida
y sin bajar a la aguada.

Al atravesar la zona
donde atropellan los perros,
nos va diciendo el cencerro
que la madrina es potrona.

Al dirse haciendo el trabajo,
empieza la montarás,
como imprimiendo el compás
de su andar sobre el badajo.

Pal gaucho, ¡qué maravilla!
cuando por gaucho es tenido,
verle seguir el sonido
del cencerro a su tropilla.

Es fácil diferenciar
cuando es lerdor el sonido
que el cencerro va prendido
a una madrina de andar.

La madrina debe ser
puntiadora y obediente,
en donde quiera de el frente
y mansa más no poder.

Bien puntera y decidora
ya sea potra o de silla,
y solo por la tropilla
ser celosa y pateadora.

Si la yegua es elegida,
¡nunca de pelo tapao!,
la de pelo entreverao
ha de ser la preferida.

Porque en caso que se juya
de día saca a la legua,
por el pelo de la yegua
cual es la tropilla suya.

Si de noche se ha perdido
o con otras se embaruya,
busque lo tropilla suya
sobre el ritmo del sonido.

Yo les puedo asegurar
que en valles, montes o cimas,
no hay dos yeguas que le impriman
igual sonido al andar.

Canta el cencerro sin tregua
ante la extensión serena,
y asegún la hora suena
sobre el andar de la yegua.

En los escarpados cerros
o en las extenciones llanas,
con el fresco'e la mañana
canta más lindo el cencerro.

Y a la hora en que el vapor
de la tierra se levanta,
suena como la garganta
veladita de un cantor.

Al caer la oración marchando
suena la extención dormida,
igual que un alma perdida
que anda en el campo llorando.

Hundida en la soledad,
más agreste y campesina;
atándole la madrina
la tropilla no se va.

Sin ronda, corral ni esquina
entablados los baguales,
entran solos los bozales
cuanto agarró la madrina.

Punteo por milonga:

Deschalando a mano


Al llegar la deschalada
varias cosas se renuevan,
y uno prepara los cintos
con pedazos de arpillera.
Se pueden hacer de lona,
de cuero crudo, de suela;
con unos ganchos seguros
pa'que aguante la maleta,
donde se sabe enganchar
colocada entre las piernas
que no es fácil de arrastrar
una vez que está repleta.

Pero uno necesita
y la miseria atropella,
una lucha 'e cuatro surcos
para que valga la pena.
El deschalador pulido
de tantas chalas abiertas,
que desnuda las espigas
que caen dentro'e la maleta,
y hay varias bolsas vacías
que están esperando atentas,
pararse entre los surcos
con la ganancia'e la siembra.

Hoy seguro no se ve
¡quién arregla una maleta!
y si se habla de una "lucha"
piensan que es una "pelea".
Y la "lucha" son los surcos
que uno marca como melga.
Las chalas con las heladas
se ponen ásperas de veras
y va gastando los dedos
hasta sangrarte las yemas;
que con unto y grasa'e iguana
en pocos días se arregla.

Seguro entre surco y surco
está crecida la maleza,
donde está el "manca-potrillo",
el chamico y otras yerbas,
por más que tengas cuidado
¡seguro que te chucea!
Y ahí la grasa de gallina
pasa a ser la mejor ciencia,
pa sacarte las espinas
que hasta el güeso te lancean,
y te duele hasta el "tutano"
pero el patrón, ni se entera.

Y él solo piensa en su rancho,
que su familia lo espera,
y lejos tiene que andar
cual golondrina viajera;
pa'poder hayar conchabo
en otras tierras ajenas.
Porque en el pago, señor,
siempre el trabajo escasea.
Y el que quiere vivir bien
no debe cruzar las piernas,
y hay un refrán conocido
que "todo el que busca encuentra"...

Y así pasa el cosechero
bien mojado hasta la pera,
y al llegar al campamento
los "buenos días" trompieza,
en un mate que ahí adentro
tiene muy poquita yerba.
En un guiso sin fideos,
media dura la galleta,
tampoco tiene tabaco
como pa que se entretenga;
pero un programa en la radio
le alivia un poco las penas.

Y al pasar la temporada
lo van a encontrar de vuelta,
comprando lo que hace falta
después de pagar las cuentas,
o hacercarse hasta el boliche
con las pilchas domingueras;
o con toda su familia
alrededor de la mesa,
después de una temporada
regresa a su querencia,
cotento porque ha traido
buena plata de la cosecha.

Milonga a mi amigo fiel.


En mi largo andar y andar
un perro supe tener,
tan humano que a mi ver
solo le faltaba hablar.
Además en mi rodar
un cariño tuve yo,
pero pronto se cansó
de mi sentida pobreza
y se fue con su belleza
pero mi perro quedó.

Tuve un amigo, a quien dí
lo mejor de mi amistad,
le entregué sin falsedad
lo mejor que vive en mi.
Pero pronto comprendí
la crueldad conque pagó,
pues cobarde se llevó
mi perro en su cobardía;
él no ha vuelto todavía,
pero mi perro volvió.

Muchos amigos vinieron
otros amores también,
y por mi mal o mi bien
como vinieron se fueron.
Muchas penas me trajeron
y mi ser ensombreció,
mas la suerte tuve yo
de ver que todos pasaron
y solito me dejaron
pero mi perro quedó.

martes, 23 de marzo de 2010

La escopeta de mi abuelo.


Mi abuelo se iba a "cazar"
y preparó su escopeta,
con una buena bagueta
por dentro la entró a limpiar.
De nuevo la quiere usar
pues de tenerla guardada,
está tan amojosada
y dura como una suela,
desde que murió mi abuela
no la ha tocao para nada.

Tiene que tener mucho ojo,
revisarle bien la junta
pues dice que hasta en la punta
se le ha taponao con "mojo",
que tiene el seguro flojo
y el gatillo mueve a gatas;
que va a costar mucha plata
pa' completar esa hazaña,
si hasta con tela de araña
se le ha ensuciao la culata.

Dice que antes bien andaba
aun cuanto vivía la vieja,
sin tener ninguna queja
de vez en cuando probaba
Muchas veces gatillaba
y el tiro no le salía,
pero él que ya la entendía
de nuevo la preparaba,
entonces en cuanto gatillaba
a caño lleno escupía.

La púa que está gastada
ya no martilla como antes,
y en vez de ir pa'delante
pa'trás se vuelve arrollada.
Él le pegó una estirada
pero se quedó ahi nomás,
y tiene miedo además
de que el caño no le aguante,
y en vez de ir por adelante
le reviente por atrás.

Cuando mi joven abuelo
la tenía bien completa,
daba gusto su escopeta
entonces le andaba al pelo;
le desparramaba al vuelo
sin andar con precauciones,
en que en esas ocasiones
andaba bien el martillo,
ni bien tocaba el gatillo
saltaban las municiones.

Y antes sí que pateaba
pero mucho más que ahora,
como era tan patiadora
a veces miedo le daba;
un día juntando estaba
apretó el gatillo y ¡zas!
lo hizo caer pa'trás
y según cuenta mi abuelo,
que cuando lo vió en el suelo
le diez patadas más.

Él dice: -"Por más que sea
no tiene la fuerza de antes,
èl gatilla muy campeante
pero ya ni se mosquea.
como casi no patea
en la punta y sin cuidao,
y aunque le ha gatillao
aunque le parezca extraño,
por el olor que hechó el caño
se da cuenta que ha tirao.

Pero ni la quiere usar,
ni maltratarla tampoco;
la va a limpiar otro poco
y después la va a guardar.
No saldrá más a "cazar"
y se arrepintió enseguida;
dejó su vista tendida
sobre el verdoso paisaje,
recordando los pasajes
de su ¡escopeta querida!

lunes, 22 de marzo de 2010

En mis tiempos de jinete (Foto: Eduardo Amorim)


En mis tiempos que domé,
de esto hace unos cuantos años,
y aunque les parezca extraño
nunca he quedado de a pie.
Me acuerdo de aquella vez
que iba bajando un overo,
yo lo monté con el cuero
mirando cara pa'trás
y de pasada nomás
levanté unos huevos'e tero.

Con la cabeza escondida
pegó el primer arrancón,
y yo firme en el garrón
le aguanté la zambuyida.
Después me hizo otra venida
y picó como endiablao,
dejó el campo como arao,
se lo juro por mi abuela;
que en un rayón, con la espuela,
saqué un peludo enganchao.

Apenas venía aclarando,
lo monté por la mañana,
volví como a la semana
pero siempre jineteando.
Sacarlo del palo hachando
y eso era costumbre vieja;
se le sentían las quejas
a este overo hecho un ovillo,
mientras armaba un cigarrillo
lo espueleaba por la oreja.

Pa no pasar de lo peor,
de la espuela hice un derroche;
cuanto me agarró la noche
perdí el apadrinador.
Sólo un cuzco toreador
de cerca me acompañaba,
por ahi me lo garroneaba
y el overo se me enfurecía;
y de lejos se sentía
solo el perro que ladraba.

Por ahi se quedó parado
dando un resuello al apronte,
y conocí por el monte
que era la estancia "El Quemao";
diez leguas había andao
jineteando, ¡Virgen mía!
y en esa gaucha porfía,
sin pedir ni dar ventaja
había perdido la faja
y el perro que me seguía.

En cuanto salió la luna,
se me agrandó el condenao,
saltó varios alambraos
y atravesó una laguna.
Y yo le grité: ¡Ahijuna,
te quiero ver en la meta!,
le buscaba en la paleta
y al sentirse los chasquidos;
levantaban los volidos
los patos y gallaretas.

Al poco tiempo al overo
lo hice un pingo de silla,
y lo entablé en la tropilla
mansito como un cordero.
Carcuren si soy campero,
a través de mi'norancia,
hoy no quiero hacer jactancia
si de mi premio se trata;
no alcanzaría con la plata
de vender grandes estancias.

Miren si soy respetao,
ya no me dejan montar,
tienen miedo que al hachar
les mate algún reservao.
Allá en mi tiempo ¡cuidao!
no conocía rival,
y si a veces algún bagual
se me ha caido corcoveando:
yo he salio caminando
como perdiz del maizal.

sábado, 20 de marzo de 2010

Milonga para la lluvia

Me gusta ver cuando llueve,
pelearse a los nubarrones,
mirar como se enamoran,
las gotas en los terrones.

Me gusta prender el fuego,
y poner leche a mi cita,
pa’ que se quemen los troncos
hasta que se hagan cenizas.

No me gustan los recuerdos
que trae la tempestad:
muerte, dolor, malos trancos
que a veces tuve que dar.

Tampoco me gusta el río
que arrastra con el sembrao
que aunque no me pertenece
mis años le he dedicao.

Yo que no tengo caballo
ni perro para silbar,
mejor que mire la lluvia
para poder olvidar.

Si acaso en la madrugada
me despierto de improviso,
si ha llegado la bonanza
salgo a buscar un camino.

Me gustan y no me gustan
los versos que da la vida,
la noche no entrega nunca
camino de amanecida.

Yo que no tengo caballo
ni perro para silbar,
mejor que mire la lluvia
para poder olvidar...


Alambrador

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Usted me habla de las cosas
computadas de su pueblo,
¡qué va a hablarme de una pala,
de un pisón mucho menos!
¡Qué sabe de barreñar,
de plantar un portonero;
de engrampar una varilla,
de calzar un puntalero!
Y si se corta un alambre
y te da un chirlo en los dedos...

Yo todo eso lo he pasao
y duele màs en invierno...
Si habré rumbiao pa la linea
con el taladro en el cuello,
la tenaza, california,
y un palo cortao pa' "muerto".
Y en el mango de una pala
colgar un tarro con cebo,
y al llegar al mediodìa
pa'la hora del almuerzo;
una varilla quebrada
que traigo para hacer fuego,
y mi perro en la ranchada
esperando mi regreso.

Las conversaciones son:
-"que a la bandera del medio
hay que hecharla a la derecha
porque la ha torcido el viento".
Y mientras uno ceba mate,
otro prepara un puchero;
baja la carne del gancho
y la revisa primero...
porque siempre la queresa
está en contra del hueso,
y haciendo broma pregunta:
-"¿sopa de arroz o fideos?".

Por eso quiero que sepa
usted, querido pueblero,
que los cayos de las manos
y las grietas de los dedos,
son del mango del pisón
y del frío del invierno.
Y el dolor de la cintura
es de hoyar días enteros,
y cuando llega la noche
da vuelta en su pensamiento:
su esposa, que allá en el rancho
lo espera con su borrego.



viernes, 19 de marzo de 2010

Así soy


Cuando me piden que cante
yo nunca me hago rogar
aunque en esto de cantar
apenas soy principiante.
Me gusta echar adelante
la tropilla de mis versos
y en cien motivos diversos
volcar una inspiración,
siempre con el corazón
a la par de mis esfuerzos.

No tengo la ilustración
ni el estudio suficiente
para llegar de repente
y animar una reunión,
pero me sobra emoción
para cantarle a mi tierra
que tanta belleza encierra
y tengo por toda ciiencia
ese mucho de experiencia
que dan la pampa y las sierras.

Siempre digo la verdad
y nunca lo que no siento,
llego como llega el viento
cantando a la libertad.
Desato una tempestad
a veces con mi franqueza
y mantengo con firmeza
y el cuchillo si es preciso
lo que digo y lo que piso
por Dios me dio entereza.

Soy más malo que un león
y más manso que un cordero;
soy último y soy primero
según cuadre la ocasión.
Para mí la tradición
es el honor, la decencia,
la libertad, la prudencia,
el orgullo y el coraje:
que al gaucho no lo hace el traje
sino su hombría y su ciencia.

Ennoviao


(Pintura: Rodolfo Ramos)

Ha llegao la primavera
y el aire está perfumao
como si hubieran echao
agua florida'e primera.
En mirando campo ajuera
se divisan los colores
que entre los pastos, las flores
van tejiendo primorosas
con alas de mariposas
y dorados resplandores.

Al galope por la güeya
que se estira culebreando,
un mozo se va alejando
como guiao por una estreya;
de tanto pensar en eya
se ha quedao sin pensamientos
y lleva atao a los tientos,
un amor que lo chucea
y deande quiera que sea
se la va nombrando el viento.

Nunca ha sido muy formal
y siempre jué abandonao
pero áura que anda ennoviao
ya naide lo mira mal.
Ta trabajando'e mensual,
se ha comprao pilchas decentes
y asigún dice la gente
es serio y trabajador:
¡chá lo que puede el amor
cuando llega de repente!

Se llama Nemesio Ayala
y ella Dolores Valdés
y hace apenitas un mes
que le anda arrastrando el ala.
La encontró en un monte 'e talas
llevando un atao de leñas,
se le acercó haciendo señas
y por miedo de asustarla,
dentró dispués a silbarla
y dende entonces la sueña.

Ese día va risuelto
a decirle que la quiere
y que con ella prefiere
vivir atao y no suelto.
Dos o tres veces se ha güelto,
sin haberle dicho nada,
pero ya noche cerrada
esa vez viene cantando
y al aire le va gritando:
¡ya tengo mi pior es nada!

El boliche del venado


(Pintura: Jorge Frasca)


Su nombre quedó grabado
entre carreras y tragos
y hoy es historia en el pago
el boliche del venado.
El tiempo se lo ha llevado
como una cosa cualquiera
sólo quedan a la vera
del camino que va a Pila,
los recuerdos que desfilan
en medio de una tapera.

Un montón de cosas viejas
quedaron alrededor,
en lugar del mostrador
y de las antiguas rejas;
las baldosas desparejas
de la cancha de pelota,
algunas botellas rotas,
escombros, huesos, ladrillos,
donde se esconden los grillos
y le gritan su derrota.

A las dos huellas iguales
de la cancha de cuadreras,
las borran las vizcacheras,
los pastos y los cardales.
Sólo sombras fantasmales
de famosos parejeros
galopan por el potrero
y sus nombres favoritos
los repiten en sus gritos
las lechuzas y los teros.

Pero cuando muere el día
en medio de aquella calma,
parece que vive el alma
de la antigua pulpería.
Vuelve el fogón que encendían
y rodeaban los reseros
pero a falta de yesqueros,
hoy lo encienden las estrellas
y lo rodean las huellas
que dejaron los troperos.

Vuelve a sonar la vihuela
que pulsaba el payador
y en el palenque hay rumor
de coscojas y de espuelas.
Todo eso en el aire vuela
sobre el sitio abandonado,
cuando el viento del Salado
acaricia las barrancas
y llega trayendo en ancas
todo un hermoso pasado.

jueves, 18 de marzo de 2010

Añoranzas



Lanza que en otros tiempos fuiste compañera
de mi brazo rudo, de mi brazo macho.
Cuando mis veinte años no pesaban nada,
cuando era más fuerte que el duro quebracho.

Cañita ‘e tacuara que en mis mocedades
entraste de punta en los entreveros.
Hoy dormís tranquila, colgada en mi rancho,
lanza fiel amiga de este montonero.

Esa vieja hilacha que tenés colgando
la prendí aquél día, cosas de muchacho.
Fue el pañuelo blanco que me dio mi mama
que dejé solita por seguirlo al Chacho.

Al primer combate se tiñó de rojo
y vos, vieja lanza, nunca reculabas.
Nunca te quebraste ni melló tu filo
el pecho de un maula cuando vos entrabas.

Y anduvimos siempre peleando, derecho.
En defensa siempre de esta patria mía.
Hoy dormís tranquila colgada en mi rancho,
cañita ‘e tacuara, mi más fiel amiga.

Cuando yo me muera y te deje sola
vendrá algún intruso y dirá:
"¡Qué pavada, tener esa lanza colgada en el rancho,
esa vieja caña que no vale nada!".

Pero si algún día, que Dios no permita,
asoman caranchos a robar la patria,
pónganle la firma de que a mi tapera
llegarán mis nietos para usar la lanza.

Volarán en potros de crines al viento.
Sus ponchos tendidos cual pumas con alas.
Y el clarín llamando estridencia altiva
retemplando el fondo de la estirpe gaucha.

Formarán serenos. En primera línea.
Y yo estaré presente en cuerpo o en alma
pa’ irles diciendo muy suave al oído
cómo se maneja esta vieja lanza.

Pasarán los años. Vendrán otros tiempos.
Y si en otro rancho se encuentra colgada
entrará un intruso y dirá lo mismo:
"¡Tener esa caña que no vale nada!".

miércoles, 17 de marzo de 2010

Volando en arioplano


Azul el cielo se veía
tal como recién pintao.
El arioplano mentao
un pájaro parecía.
Tiesas las alas tenía
y sentao en los garrones
al mandao de los patrones,
parecía estar alerta,
pa volar en cancha abierta
por sobre las poblaciones.

Un mocetón disfrazao
le hizo unos cuantos tanteos.
El bicho, a los manoseos
los aguantó resignao.
Cuando se hubo asegurao
que andaba bien el motor,
me dijo: Suba, señor,
arréglese en el asiento,
pa que nos muestre en el viento
su audacia de domador.

Yo subí, me persiné,
ya creiba cerca mi fin.
Como cuando chiquilín,
un padre nuestro recé.
Mi alma a Dios encomendé
y al acabar la oración
se me acercó el mocetón,
que ya me vido en apuro
y me ató pa estar seguro
el cuerpo con un cinchón.

Dio el pájaro un refalón,
que le llaman descollar
y ansina empezó a volar
pa tomar su dirección.
¡ Ni potro, ni redomón,
mañero, ni reservao,
me tuvo tan apurao
ni me dio tal desconsuelo!
¡ Si parecía, que del pelo,
me tenían soliviao!

Cuando pal cielo rumbeaba,
y como flecha subía,
la ciudá se descubría,
cada vez más se agrandaba.
La tierra se retiraba
y el arioplano ligero,
que ya volaba al pampero,
lo habían dejao segundo,
nos iba mostrando el mundo
lo mesmo que un hormiguero.

Sobre las olas ponía
el sol, inquietos reflejos
y como una red de espejos
al ancho río cubría.
Y dende arriba, se veía
los vapores amarraos.
Y otros que tal vez cargaos
iban echando humareda
llevando a tierra extranjera
lo que a la nuestra han sacao.

Como grandes viborones
por el campo culebreando
pa la ciudá iban rumbeando
los trenes con los vagones.
Y en todas las direcciones
que miré quedé asombrao
dende allá arriba colgao
sin saber de que ni como.
¡ Las cosas mostrando el lomo
al mundo me habían cambiao!

Jinetear un potro en pelo,
cruzar nadando un arroyo,
enlazar con todo el royo,
dormir a campo, en el suelo.
Todo eso es un caramelo
pal gaucho trabajador,
pero ¡volar! - al mejor
le dejo yo esa guapiada
si no tiene bien templada
la cuerda de su valor.

sábado, 13 de marzo de 2010

El Chasqui Argentino (Estilo)


-"Sí, Capitán, llegaré!",
dijo el chasqui Justo Ayala.
-"Solamente que una bala
me baje del pangaré.
La nota la retobé
en un basto del recao
y aunque caiga acribillao,
envuelto entre polvo y pasto,
naides sabra que en los bastos
llevo un secreto sagrao".

Cuenta el que el caso describe
que una tarde sol adentro;
Ayala tuvo un encuentro
con un piquete de Oribe
y al grito de -"¡Alto, ¿quièn vive?",
lo empezaron a correr
y aunque era el atardecer
y a la sombra de esas horas
balazos y boleadoras
le empezaron a llover.

-"Pangaré en este día
si llegamos a la meta
te deberá una jineta
la gloriosa patria mía".
Y mientras estos decía,
las clinas le acarició:
-"Dios quiera, dijo, que yo
llegue al comando con vida"
y apretándose una herida
al trotecito siguió...

Sólo dijo en la llegada
el moribundo patriota,
-"Mi jefe traigo una nota
en los bastos retobada..."
y ya sin decir más nada
murió sobre su bagual.
Sabrá Dios en qué cardal,
o a orillas de qué camino,
descansa el chasqui Argentino
de nuestra guerra rural.

martes, 9 de marzo de 2010

Del tiempo viejo

Paisano vengo de lejos
por huella de evocaciones
y traigo con mis canciones
aromas de tiempos viejos.
Moros, pampas y azulejos
muentan mis trovas señeras
y al ir pechando tranqueras
que a nuestro ayer le cerraron
paso, como antes pasaron
en tropel las montoneras.

Canta en mi voz el gauchaje
con la altivez del pampero,
flameando en el clavijero
donde se tiempla el coraje.
Soy del nativo linaje
que sin pompas ni oropeles,
con tacuares por cinceles
bronces, de sombras grabaron
cuando a tajo conquistaron
para la patria laureles.

Luzco el heroico atavío
que de una estirpe fue orgullo,
porque llevando algo suyo
lo siento al suelo más mío.
No es mi canto un desafío,
reto o grito insolente;
es una voz solamente
pero al pasao amarrada,
suele ser la clarinada
que despierta al indolente.

Siento que en cada canción,
cuando sus alas desplega,
algo de Hernández o de Vega
pone a mi acento emoción.
Abro rumbo a la extención
hacia lejanos albores,
y evocando a los cultores
de nuestra musa campera,
al suelto pelabanderas
de los viejos payadores.

viernes, 5 de marzo de 2010

Palenque



Palenque, al verte plantado
como pechándolo al viento,
te comparo a un monumento
injustamente olvidado;
es que sos de aquél pasado
donde el valor fue estandarte
y aunque hoy pretenda taparte
un yuyal alto y tupido
no te hará sombra el olvido
mientras yo pueda cantarte.

Desde un tiempo muy distante,
por mil cosas superior,
vos fuiste del domador
sereno y mudo ayudante;
te recia estampa garante
firmeza, humildad, coraje
y en el campero paisaje
representás con nobleza,
la colosal fortaleza
que es herencia del gauchaje.

Y aunque el progreso te deje
al irse de sobresalto,
desde allá, de lo más alto,
la Cruz del Sur te protege;
el tiempo, adversario hereje,
a mí también me soslaya
y al ir llegando a la raya
al final de la partida,
quisiera atarte mi vida
para que no se me vaya.

De pie forzao


Tengo un pingo colorao,
vi'a ver si me compro un bayo
para las fiestas de mayo
por si soy abanderao.



Como soy hombre campero
me gusta tener un pingo
preparao pa'los domingos
y bien tusao con esmero;
acomodao el apero
o mejor dicho, el recao,
los mandiles recortaos
como por manos de brujo
y para darme ese lujo
tengo un pingo colorao.

Por demás escarceador
y juguetón con las riendas
y en los trabajos de hacienda
se luce que es un primor;
pero mi orgullo mayor
sería tener dos caballos,
por eso al cantar el gallo
saldré pisoteando abrojo
y pa'sacarme un antojo
vi'a ver si me compro un bayo.

A la oración regresé
trayendo al bayo de tiro,
como aliviando un suspiro,
el puesto viejo pasé;
de noche al rancho llegué
y lo fui a largar al bayo
en un potrerito playo
que muy buen pasto tenía,
pues prepararlo quería
para las fiestas de mayo.

Al otro día lo fui a ver...
tal vez extrañando el pago
arisco, me hizo un amago
y dentró a retroceder;
más como es bueno tener
dos caballos preparaos;
no sea que se haya dao
lo que a creerlo me resisto,
pero vi'a tenerlo listo
por si soy abanderao.


Qué pensará la calandria


Qué pensará la calandria,
cuando me ve merodeando
en un silbido apagau
la pretensión de algún canto...

Pensará que de envidioso,
tal vez la estoy imitando,
o a lo mejor de contento
le echo vientito a mis labios

O tal vez piense que yo
soy otro bicho del campo
que se le da por silbar
ni bien aparece el ruano.

Lo que la moza no sabe
es que a veces chiflo un llanto
como un fénix de dolor
que no se quema llorando
y aunque le avive la braza
con algún olvido extraño,
su pico se hace chamuzca
pero le sigue picando.

Y en un nido de nostalgia
que tejí desde hace rato
voy empollando una pena,
que nunca saldrá volando,
por tener las alas cortas
pero el cansancio muy largo...

Se conforma con mirar
el volido de otros pájaros,
por eso aquella calandria
que siempre me ve silbando,
piense que yo de envidioso
tal vez la estoy imitando.

Ella canta de allá arriba,
entre eucalipto y álamos,
como poderla imitar
si yo lloro desde abajo;
como poderle decir
que apenitas soy un gaucho
que tiene las alas cortas
y amás` muy largo el cansancio...

Qué pensará la calandria,
cuando me ve merodeando
en un silbido apagau
la pretensión de algún canto.



Permiso


Permiso dije al dentrar
y el permiso me lo han dao
rispeto al que me ha invitao
y agradezco su amistad
y aura que voy a cantar
ya que el turno me ha tocao
quiero dejar aclarao
pa'que no haya resquemores
mis versos son mis dolores
en seis cuerdas enredaos.

Nunca canto por cantar
porque mi verso es sagrao
soy bruto como un arao
cuando digo una verdad
naides se crea capaz
de hacer callar mi garganta
soy un sureño que canta
y aunque no soy el mejor
en la mano tengo flor
el truco ni me hace falta

Atajen atajadores
soy rebenque deslonjao
sólo el cabo me ha quedao
sin tiento ni pasadores
no me meto entre las flores
porque soy yuyo espinudo
no me arrimo al cogotudo,
de sus favores me aparto
de promesas ya estoy harto,
si es por él vivo desnudo.

Sé que me van a decir
que esto ya lo dijo alguno
y que soy medio ovejuno
y me acoplo en el sentir
pero les debo advertir
que son muchos los que sienten
y se callan de prudentes
o por temor a la biaba
y comen en las yerbeadas
churrascos de agua caliente.

Soy un pájaro que canta
soy hijo del sentimiento
juro que pa'lo que siento
me está faltando garganta
soy tigre que no se espanta
ante la vida o la muerte,
soy guasca sobada a diente,
soy de la lanza a la punta,
soy potro que no se junta
con los domao a palenque.

Dicen que soy mal hablao
porque miro y no me cayo
busco respuesta y no la hallo,
díganmen si estoy errao;
soy un perro abandonao
tan sólo por ser altivo
ser decente es mi castigo
y de gritarlo me empacho
he pecao por ser macho
pero nunca por ladino.

Y no le pido perdones
por que es falsear en cumplido
son verdades las que digo,
aguanten si son varones
me quedan muchos botones
prendidos del tirador
no son de plata ni son
de esos que el oro los baña
tampoco tienen lagañas
son enjuagaos pa'sudor.

He tranqueao muchos caminos
buscando el menos poceao
pero al fin he comprobao
que el mío tiene un destino.
Soy demasiao argentino
pa'que me vengan con cuentos,
mi pampa la llevo adentro
he de llevarla hasta que muera,
seré horcón de una cumbrera
de patria y hombres contentos.

jueves, 4 de marzo de 2010

El canto de las aves


El hombre caminador,
que recorre las distancias;
sabe del campo fragancias
y de huellas de frescor...!
¡Oye el pájaro cantor
que se arrima a los senderos;
como símbolo campero
que en aquellas madrugadas...!
¡Despierta las alboradas
con sus silvos lisonjeros...!

Dicen que cantan las aves
más lindo si corre viento;
sembrando como de intento
esa melodía suave...!
¡Y así tal fuera una clave
que sale del corazón;
crece igual que una emoción
o un anuncio vespertino...!
¡Ese manojo de trinos
que es más que una bendición...!

Por eso que el hombre sabe
andando aquellas distancias;
de los campos sus fragancias
y del cantar de las aves...!
¡Y dudas nunca le cabe,
por sus quebradas y amagos;
de que le hacen un halago
cuando las sabe escuchar...!
¡Y hasta le parece andar
entonces, sus mismos pagos...

Viejo tren

(Foto: Pedro Luis Raota)
Hoy que ya estás de regreso
Se vá olvidando tu hazaña,
Pero toda la campaña
Te está debiendo el progreso.
Y yo te canto por eso
sin preguntar quién te trajo.
Pa´l de arriba y pa´l de abajo
Vos fuiste igual, viejo tren
Porque sin mirar pa´quien
Llevaste vida y trabajo.

En campera madrugada
El paisano te sintió,
Y te tuvo de reló
Al escuchar tu pitada.
Y al mirarte a la pasada
El tiempo supo prever,
Diciendo al salirte a ver,
Y con un acierto sumo
“si sale bajito el humo
Es señal que vá a llover”

Con un linyera en el techo
Se vá “el especial de hacienda”
Y la maquina tremenda
Se la escucha un largo trecho..
Como un fabuloso pecho
Con un corazón que late.
Tras el vapor que se abate
La estación se queda sola
Y vá en el furgón de cola
El guarda tomando mate.

Pienso que el tiempo es distancia
Y durmientes son los días,
En los que tiendo las vías
Que me llevan a la infancia.
Vuelven en su resonancia
Paragolpes y eslabones…
Viejo tren que en ocasiones
Te miré como embobao
Y me olvidé de un mandao
Por contarte los vagones.

Recuerdos de mi lazo

(Foto: Eduardo Amorim)
Alguna vez comenté
sobre ese lazo que tengo;
y que guardao lo mantengo
desde que allí lo colgué…!
¡Recuerdo que lo trencé,
en momentos disponibles;
y cuando me era posible
descuidar algún quehacer…!
¡De aquellos que saben ser
mucho menos preferibles…!

Con él siempre que pialaba
me lucía en un rodeo;
o sujeté en un arreo
al toro que matreriaba…!
¡Siempre ayuda me prestaba
en todas las circunstancias;
y andando por las distancias
muchos me lo han codiciao…!
Y hasta también ponderao
como prenda de importancia…!

Por eso es que todavía
está en el rancho guardao;
porque en lo nuevo llegao
como demás lo tenía…!
¡Sin embargo su valía
en ese tiempo pasao;
hace que lo he conservao
como una reliquia más…!
¡Sin olvidarme jamás
de lo que me ha acompañao…!

Cocina 'e chacra




Cocina, vieja cocina
que jué de siete por cuatro
lugar donde fuera el teatro
de la reunión campesina.
Hoy mi mente te imagina
y al tiempo lo he desandao
Y ya me veo parao
allí mismo donde estabas
y ese lugar que ocupabas
hoy es potrero pelao.

Allí se habló de las trillas
del tiempo y la maquinaria,
de los rindes por hectárea
y los tipos de semillas.
Aqui estaban varias sillas
dispuestas en derredor,
y creo que sin error
podria decir, certero,
adonde estaba el aujero
de ensartar el asador.

Aqui se afiló un cuchillo
por acá pasó un amargo,
aqui había un banco largo,
bien fregao con el cepillo.
Estaba haciendo un martillo
con la punta de la mesa,
que era larga, tioca y gruesa,
y estoy viendo el perro abajo,
masticando con trabajo
el resto de alguna presa.

Aqui jué la carcajada
por la ocurrencia más cómica,
aqui estaba la "económica"
y su plancha bien fregada.
Aqui jué la choriciada
y el baile con acordeón;
allá se colgó el jamón
y la caña choricera,
cerquita de la arpillera
del cieloraso panzón.

Aqui se contó el suceso
de la muerte de Lencinas,
esa tarde que en la esquina
estaba tirando el "hueso".
-el silencio más espeso
la alegria fue copando-,
...aqui se arregló Servando
con una de las muchachas:
le lavó un par de bombachas,
¡y se las siguió lavando!

Aqui se sintió el olor
que dá la leña de vaca,
o el del guiso que se saca
con paciencia y con amor.
Aqui se sintió calor
la noche más invernal,
aqui se hacia el mensual,
al lao del fuego encendido,
sobre algún callo partido
su cura de unto sin sal

Cocina , vieja cocina
que jué de siete por cuatro;
hoy te vé, como en un teatro,
mi añoranza campesina;
Como buscando tus ruinas,
por entre huellas inciertas,
por tus invisibles puertas,
penetro con paso tardo
pa´ florecer como un cardo
entre tantas cosas muertas.

Leña verde


En lo mucho que he rodao
por cerros, pampas y montes,
me han conversao los caminos
con sus profundas razones.
Verdades tienen las sendas,
sentencias los callejones,
cuanto más largo el camino,
más hondas son sus lecciones.

Leña seca y ardedora,
siempre se debe encender,
fogón de muy buena brasa,
¡si es un gusto verlo arder!
Cuidao con la leña verde,
que el humo te ha de envolver,
se te ha'i gastar el yesquero
sin que la puedas prender.

Los hombres van por la vida,
cada cual con su horizonte,
unos con rumbo seguro
y otros pa ande el viento sople,
unos son pura humareda,
verdes leñitas del monte,
y otros quemando sus sueños
en los callados fogones.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Mi poncho agujereao


Tengo un poncho avicuñao
que lo llamo el calamaco,
cuando hace frío lo saco
y me lo tiro a un costao;
está todo agujereao
con los flecos carcomidos,
mas yo no lo hecho al olvido
y ahí está sobre la cama,
lo hizo una vuelta mi mama
de rato en rato perdido.

Si habré montao orgulloso
con mi poncho en el recao,
cuando andaba enamorao
allá por mis años mozos;
cuando nuevo, era hermoso,
en el pago no había igual,
me acuerdo, ´pa'un carnaval,
la menor de las Traverso,
mientras yo le canté un verso
me le bordó la inicial.

Este asunto de aujereao
a muchos les causa risa,
pero a mí, ni una sonrisa,
porque sé las que he pasao;
cada aujero es un bordao
que en mi vida de campero
le hicieron lluvias, Pamperos
y el filo de algún facón,
cuando en más de una ocasión
me salvó de un entrevero.

Es por eso que lo quiero
a mi poncho calamaco,
de mi lado no lo saco,
siempre fue mi compañero;
y les voy a ser sincero
¿saben por qué no lo olvido
y ahí, lo tengo tendido,
adornándome la cama?
Porque lo tejió mi mama
de rato en rato perdido.


Gato "Chúcaro"

martes, 2 de marzo de 2010

Las dos aves



Una bella golondrina
que ya estaba de regreso,
conversó con la calandria
que se posaba en un cerco:

- "Siempre libre en el otoño,
en este lugar te dejo
y al volver en primavera
aquí mismito te encuentro.

"En esa horqueta naciste
y se te ha pasado el tiempo,
volando entre los corrales
del palo del esquinero.

"En esa horqueta naciste
y allí nacerán tus nietos,
y te morirás de vieja
sin conocer pago ajeno.

"Yo en cambio conozco el mundo
y mil horizontes bellos,
pa mi el agosto es verano
como es verano en enero.
..............................
Calló aquí la golondrina,
y aprovechando el suspenso;
se desató la calandria
razonando en un gorjeo:

- "Es verdad que he de morirme
sin conocer pago ajeno,
pero sin embargo es fama
que no acepto el cautiverio.

A mí me tienen envidia
"los zorzales y el jilguero,
porque invento melodías
y ellos repiten su acento.

"He visto temblar el rancho
azotao por el pampero,
y puedo hablar de las penas
del gaucho que vive adentro.

"Lo que no aprendí en las huellas
me lo ha enseñao el silencio,
y vos nunca meditaste
por conocer pagos nuevos.

"No copiaste ni una nota
de los mares y los vientos,
vas de verano en verano
siempre cantando lo mesmo.

"Andá nomás golondrina
que tu suerte no envideo,
y aunque conocés el mundo
no conocés el invierno.
.........................

Yo no se cuál de las aves
habló con más fundamento,
pero qué lindo sería
ser las dos a un mismo tiempo.

Milonga del cuatriciclo


Ese Aniceto Perales,
hijo y nieto de jinetes,
una vida entre los fletes
y el patrón donde el trabaja
dijo:-"Ajústese la faja
y hay que apretarse la gorra,
le traigo pa´ que recorra
un cuatriciclo Yamaha"...

Lo saltó dentro ´el galpón
cosa que nadie lo viera
pero arrancó las maderas
del portón al arrancar.
Cuando le quiso apretar
las piernas en un derrape
Se quemó con el escape
y le tuvo que aflojar.

Cuando agarraba el manubrio
se ve que lo aceleraba,
y claro se avalanzaba
y el decía entre avalanzos
-"¡Me trajo uno que no es manso!"
Y copando la parada
lo llevó a la tierra arada,
"seguro que allá lo canso".

Adonde entró a cruzar terrones
entre saltos y corcovos,
aunque no era ningún bobo
lo desacomodo igual
y lo saco pero mal,
donde lo quitó, te encargo
quedó tendido a lo largo
en el medio del tierral.

Siguió solo y se paró,
después de haber ido al mango,
confundidos los chimangos
en círculo lo volaban;
al verlo quieto que estaba
aquel cuatriciclo rojo
como buscándole el ojo
pa´ ver si se lo picaban.

Pero se habituó y recorre,
orgulloso y satisfecho.
Motoquero hecho y derecho
ya no luce aquel apero,
no suele encerrar nochero
ni hecha tropilla al corral
Y luce un casco integral
en lugar de usar sombrero.

La mano que antes llevaba
el rebenque o arreador
Sobre el acelerador
y ha puesto sobre el asiento
la encimera y a los tientos,
atada del lao´ del lazo
Llave bujía por si acaso
tuviera algún contratiempo.

Ya no lo ensucia el sudor,
ahora huele a lubricante
Ya no cruza como antes
chiflando que era un primor.
Y esta bien a lo mejor
total pa´ que iba a chiflar
Si igual no se iba a escuchar
con el ruido del motor.

Suele ponerle la doble
si se encaja pa´ sacarlo
y hay que verlo acelerarlo
yendo al pueblo , legua y cuarto:
mató al perro de un infarto
tratando de alcanzarlo.

Ya no tiene un encargao´
que llorar caballos muertos.
Eso ah cambiado por cierto,
se cerró aquel periplo.
Hoy se recorre otro ciclo
y cambian los encargao´
Y en ese campo el montao´,
sigue siendo el cuatriciclo.

Mire amigo

Al pueblo Uruguayo: ¡Le deseamos lo mejor en este nuevo amanecer campero... y al pueblo lo que es del pueblo! Salud paisanos!

Mire, amigo, no venga
con esas cosas de las cuestiones;
yo no le entiendo mucho,
discúlpeme, soy medio bagual;
pero eso sí le digo:
no me interesan las elecciones;
los que no tienen plata
van de alpargatas;
todo sigue igual.
Fíjese, por ejemplo,
en don Segismundo, con diez mil cuadras:
tiene dos hijos mozos
que son doctores en la ciudad;
yo tengo cuatro crías,
y a la más grande tuve que darla;
ninguno fue a la escuela
y pa'que hagan muela me falta robar.

Mire, amigo, no venga
con que los gringos son gente dada;
yo lo vi a mister Coso
tomando whisky con los del club,
pero nunca lo vide
tomando mate con la peonada,
no dirá que chupaban
y que brindaban a mi salud.

Mire, amigo, disculpe,
no se moleste, no tomo nada:
yo no sé si usted sabe
que pa'la trilla hay que madrugar;
los que nacimos peones
no conocemos las trasnochadas;
ando muy mal comido,
y si tomo un vino me da por pelear.