jueves, 14 de agosto de 2014

Honra gaucha




Le había dao al malvao pan y cubijas;
y p'hacerlo de bien y de vergüenza
cuando alguno'e sus trapos aventaba,
al palenque del honor lo aseguraba
con el ñudo potriador de su defensa.

Y esa noche, de vuelta del trabajo,
hayó a su china a las boquiadas
-en su rancho, nidito de alegría-
y taladas de hipos de agonía
alcanzó a arrancarle estas palabras:

-El Prudencio.. mi gaucho... sí... el Prudencio
me venía siguiendo a sol y a sombra
y... ya ves... su locura adónde a ido;
en pelea desigual, aquí, he caído,
¡pero en alto y de pie... quedó mi honra!

Y, recién... apenitas... un instante...
se juyó por ayí...
                         -¡Maldita estreya!
Fue a decir algo más, pero vencida
con el último soplo de su vida
señaló con la diestra hacia la güeya.

En tanto, un malambo de descargas
iniciao en el cielo a troche y moche
silenciaba en el yano dormitante,
al relós de los gayos vigilantes
en su kikirikí... de media noche.
Y and'entraron las furias de las nubes
a romper a pechazos la compuerta
y'alumbrar a relámpago el camino,
¡se vió al gaucho siguiendo al asesino
en el rumbo del brazo de la muerta!




(Pintura: Carlos Montefusco)

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