lunes, 4 de junio de 2012

La chica'el Dinamarqués

(Foto perteneciente a la película "Don Segundo Sombra")


La chica'el dinamarqués
se llamaba Margarita,
ya dentraba a señorita
sin salir de la niñez.
Sus lindos ojos tal vez
eran la copia luciente
de algún linal floreciente
y su pelo parecía
la misma nube que había
esa tarde en el poniente.

En un día de primavera,
al llegar la tardecita,
de a caballo Margarita
salió a buscar la lechera.
Si iba el sol por la ladera
toda sembrada de avena
y al ver su cara serena
de cierto no se sabía
si era un sol que se ponía
o si era la luna llena.

La vaca se había estraviao
y no la podía encontrar;
se cansó de galopiar
sin verla por ningún lao.
La petisa había sudao
de tanto andarla campiando;
la noche se iba cerrando
y por fin, allá en el fondo,
contra el campo de Elisondo
la vió que andaba costiando.

Es que andaba enamorada
con un torito machao
que andaba del otro lao
en busca de una pasada.
La lechera colorada
nunca le había dao trabajo,
porque siempre que la trajo
casi sola se venía,
pero esa vez no podía
sacarla de allá del bajo.

En eso llegó Perico,
el hijo del dueño'el toro.
En un rosillito moro
andaba Elisondo chico.
Ya se ensuciaba el hocico
con bigotes de pelusa.
Bombachas color lechuza,
oscuro tapao el pelo,
desparramao el pañuelo
y algo cortona la blusa.

Requitándose el sombrero
el güenas tardes le dió
y a la muchacha miró
con sus ojos de ternero
y dende el otro potrero
lo saludó ella también;
diciendo "me venís bien
pa'sacarme de este apuro,
porque ya está tan oscuro
que no las casas se ven".

Y Perico de un pechazo
puso el toro en el encuentro
y lo echó medio pa'dentro
cruzándolo de un guachazo.
Y cuando meta lonjazo
campo ajuera me lo saca
por allá va y se le empaca
y al volvérsele enojao
vino y saltó el alambrao
juntándose con la vaca.

Margarita atropelló
procurando de apartar
y el rebenque al castigar
al suelo se le cayó.
A buscarlo se volvió
desmontando la petisa.
Por todas partes revisa
y busca también Perico,
entre plantas de chamico,
cardo ruso y altamisa.

Un rato largo buscaron
tratando de no encontrarlo
y al fin tuvieron que alzarlo
cuando casi lo pisaron.
Y después que se miraron,
dijo ella con desconsuelo:
"me cuesta subir en pelo
soy pesada como un plomo
voy hasta cerca del lomo
pero de áhi me vengo al suelo".

Mientras subía la luna
por el cielo despacito,
la vaca y el manchadito
no perdían el tiempo ahijuna.
Sus sombras se hicieron una
y allá arriba las estrellas,
igual que pupilas bellas
que brillaban por los celos
en el azul de los cielos
se asomaban todas ellas.

La petisa pa'subir
no se quería quedar quieta
y afirmada en la paleta
ella se empezó a reír.
Perico empieza a sentir,
que, aunque sin frío, tirita,
cuando escucho a uno que grita
y oye unos pasos también
Era el viejo Petersen
el padre de Margarita.

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