miércoles, 29 de junio de 2011

Fierro a fierro

(Dibujo: Jorge Campos)
Por que sí por probarse dos peleadores
porque uno dudó de otro que fuese fuerte
como hacen en el publo los "bosiadores",
se han retado a cuchillo, pero no a muerte.

Les hacen corralito, se hace una apuesta,
ebrio contempla el caudro un chino sargento;
los cuchillos filosos, buscando cresta,
tienen que conformarse cortando viento.

Aprétanse las clinas con el pañuelo;
se arrollan las vicuñas al fuerte brazo;
los facones reflejan la luz del cielo
cabrillando de golpe al primer hachazo.

-Te as chingao- dice Heredia, que, por ligero,
Lagartija le llaman, y su mal nombre,
va peleando a saltitos, como los teros
y a la vista se nota que es el más hombre.

Corvalán no recula. Ya su cuchillo
está como serrucho con melladuras.
Se ladea, se agacha, se hace un ovillo,
mezquinando la cueva de las achuras.

El contrario fintea, y hasta por lujo
amaga dos reveses, tiende su tajo
y grita: -Sacate ésta si es que sos brujo-
rasgándole la blusa de arriba abajo.

Se estrechan las distancias cual si buscasen
ponerse como gallos, pico con pico.
Menudean los cortes, a un lado se hacen
moviendo los traseros como abanico.

Corvalán, apotrado, con mirar fijo
lo tiene preocupado su mano lerda,
no evita un corte de hacha, salva un barbijo.
Y un mirón pega el grito: -¡Caiste, cerda!

Sonrientes se saludan los dos paisanos;
la herida se ha curado con buena caña
y aquellos enemigos ya son hermanos
que chupando festejan la linda hazaña.

Un baile del tiempo viejo


Rezongaban en un rincón,
el teclao de la cordiona,
una mazurca lerdona,
que llegaba al corazón.
Era un rancho de terrón,
ande la fiesta se hacía,
y cada candil ponía,
en la paré senicienta,
la claridá amarillenta
que la llama producía.

Se sentían las parejas,
mesmo que en un pisadero,
y oservando el entrevero,
se volvían ojos, las viejas.
Los mozos, en las orejas,
de las mozas como flores
iban goteando primores,
con palabras de alabanzas,
¡haciendo criar esperanzas,
pa después trensar amores!...

El malambo, galopiando
los tacos en las mudanzas,
resultaba entre las danzas,
un contrapunto bailando.
Y para dirse probando,
los mozos, se desafiaban.
Las mujeres suspiraban,
y con el oido al rasgueo
se ajustaba el zapateo,
y los aplausos volaban.

Cáiba a la fiesta un cantor,
que una guitarra pulsaba,
y a su compás desgranaba,
la espiga de su dolor.
Luego un viejo decidor,
cortándole el bordoneo,
después de hacer un rodeo,
pa contar un sucedido.
Al cantor, por ser cumplido
lo envolvía en un floreo.

Con cuidao en la cocina,
revolvían el chicolate,
dejando de lao el mate,
por tan rica golosina.
Se hacía puchero'e gallina;
tortas de horno, empanadas,
las brasas desparramadas,
abajo'e los asadores,
daban con sus resplandores,
color a las enramadas...

¡Bailesitos que se jueron,
por el progreso barridos!
donde se tejieron nidos,
donde las dichas se hicieron!
Los que de lejos vinieron
aventaron los fogones,
¡Pero hay en los corazones
argentinos, todavía,
bien hondo, la simpatía
por las viejas tradiciones!

El gaucho enfermo


Cuerpiandolé al curandero,
y acobardao por sus curas,
enfermo de las achuras,
juí a ver al doctor pueblero.
Y le dije al hombre: "quiero,
me haga una revisación,
y me ponga en curación,
que pá eso del campo vengo.
¡Parece que adentro tengo,
como una revolución!...

El corazón fatigáo,
da a veces sus aletazos,
arisqueando en otros casos,
parece cambiar de láo.
"Ha de estar enamorao,
-el doctor me respondió-
"Abra la boca, ordenó,
pa ver si su mal encuentro".
Después de mirar pa adentro
de esta manera me habló:

"Bueno, amigo, no hay que hacer,
a usted lo voy a curar,
pero tiene que pasar
unos días sin comer.
Porque asigún pude ver
su estómago se ha cargao,
el hígado ha amontonao,
así como un pedregal,
y pá salvarlo del mal,
tiene que ser operao.

Están duros sus tendones,
y usted anda como embarao,
eso es porque se han cansao
de trabajar los riñones.
Con sellos, con inyecciones,
volverán a funcionar.
Pero, tiene que aguantar
con pasencia la carrera:
¡Su cuerpo es una tapera,
que se empieza a derrumbar!..."

La noticia mortifica,
al hombre mejor templao,
por eso es que acobardao,
juí marchito a la botica,
con el papel, ande explica
la melesina el doctor
y pa aliviar mi dolor,
y pa aflojar mis tendones,
¡me dieron unos botones,
como pa mi tirador!...

Me voy pa siempre del pago,
-dije pa mí desidido:
yo, pa avestruz, no he nacido
y esos botones no trago!...
La muerte me hizo un amago,
pero, de mí se ha olvidao,
áura tranquilo he quedao
el dolor, pasó de largo.
Me curé con mato amargo,
con ginebra y con asao.
.....................................

Dedico estos versos llenos de cencia y terapéutica sabiduría criolla, al paisano don Carlos Raúl Risso, pà que se siga recuperando de su operación, camperamente, es decir: a lo muerto, pero de risa... un abrazo del gauchoguacho

Por la cría

(Pintura: Juan Blanes)
L'oiga, lo he llamao, porque supe
que usté iba a dirse, m'hijo, güeno,
yo colijo su rumbo. Y es natural, si tiene
gusto a sangre en la boca lo compriendo;
al hombre más curtido
se le hacen ñudos en el facón los dedos
cuando le yevan la mujer querida
y lo dejan vacido por dentro.
Mas yo hablo por la cría;
me priocupa la suerte de mis nietos,
que aunque puedan mañana
encontrar el amparo del agüelo,
nu es lo mesmo malariarse en mis rezongos
que tomar enseñanza de su ejemplo.
Además, si los deja, aunque no quiera,
aunque los cobijen mis empeños,
siempre seran los pobrecitos guachos
que andan pegaos al chiripá de un viejo.

Pero, ¿a qué continuar, si le hablo a un poste?;
le escucho galopiar el pensamiento
y a tiempo que le pido que se quede
usté muenta a caballo y ¡hasta luego!
Ta bien, ¿a qué insistir?, siga su güeya,
vaya a sacair en sangre sus deseos,
mas antes, es necesario,
ya que el viaje es tan largo, que cavemos
sobre la sepultura de su mama;
hay que cambiarle pa otro lao los güesos
a la pobre finada.
Vamos a ponerla más acá del cerco;
se le han venido encima los caminos
y en cuantito descuidemos
l'echan la cruz abajo
tanto golpiar contra ella los troperos.

Aquí tiene la pala: tome y cave,
sacúdale nomás, duro y parejo;
yo, ya estoy muy bichoco
pa'estas faginas. ¡Y pensar que llevo
treinta años al costao de esta osamenta
que ha sido mi martirio y mi consuelo!
¿Es muy dura la tierra? ¿Qué parece
que nunca fue removida?; y güeno,
no le digo que son como treinta años
que hice una zanja pa enterrar mis sueños?
No se me pare, métale de punta,
qu'el cajón nu'estar lejos.
Hunda la pala p'haí, donde se asoma
ese pedazo'e cuero.

Empuje, tuerza, ansi tire p'arriba,
no se me áhugue de miedo.
¿Que es un cajón muy chico?
Más chica es la concencia
y cabe el mundo adentro.
¿Ta asustao porque ha visto
que ha sacao un cajón que nu es de muerto?
Váyase preparando pa otras cosas
más chicas y más grandes que tuito esto.
Déjeme abrir la tapa, que al abrirla
van a volar treinta años de ricuerdos.
Levántese; que un gaucho se almarea
tan sólo en hora que se está muriendo.
¿Lo asombra ver este montón de ropas
podridas por el tiempo
en lugar de los restos de su mama?

Mírelos, sin embargo, son sus restos,
lo que quedara d'ella en ese rancho
que ha guardao tantos años el secreto.
Aquí tiene, la bata florecida
que perjumó mi vida, su pañuelo,
el reboso de lana,
la cinta azul del pelo,
los botines puntiaos, las medias blancas
que le compré en el pueblo,
y ese montón de hilachas carcomidas,
la pollera punzó del casamiento.
Esto jué la osamenta
que yo he velao treinta años en silencio,
pa que denguno, nunca,
tuviera que marcarlo con el dedo
y refrescarle el barro y la vergüenza
que tuvo por herencia'e nacimiento.

Ella tamién, igual que áura la suya,
se jué con otro y al primer momento
decidí lo que usté: dir a buscarlos
y cobrarme la deuda fierro a fierro;
pero allá en la cunita abandonada
taba m'hijo durmiendo,
un inocente que al final de cuentas
diba a pagar lo que otros habían hechos,
y me morí disesperao las manos;
envainé mi cuchiyo en el alero
y enterré silencioso esos despojos
y me dispuse a continuar viviendo,
sonriyendo po ajuera,
y con la muerte adentro,
pa que m'hijo se criara
sin saber el por qué de mi tormento;
limpio de alma y de nombre,
trabajador, y honrao de pensamiento.

¡Treinta años que he guardao este misterio!
Aura, ya semos dos a soportarlo,
ya me puedo morir con el secreto;
y áura dígame usté, si ha servido
de alguna cosa tanto sufrimiento.
Saque esa cruz que ya no escuende nada,
empareje el terreno,
y váyase nomás a vigilar los nietos.
¿Cómo es eso?¿Rumbea pa su rancho?
Tráigame los gurises un día de éstos,
que tengo ganas de abrazarlos. ¿Juye?
¿Se ha echao sobre los ojos el sombrero?
¡Va yorando! No importa que padezca;
yo lo hice por usté, sufra por eyos.
...............................................
¡Gracias, Señor, por fin he comprendido
por qué me heriste en la mitá del pecho!
Las penas que sufrí resultan chicas
si las comparo con el bien que han hecho.
Te ensañaste en un gaucho pa que juera
tuito ese mal, la dicha de un agüelo.

viernes, 24 de junio de 2011

Suavecito pa'las chinas

(Pintura: Carlos Montefusco)
Como he tenido la suerte
de haber nacido varón,
vivo con la pretensión
de ir siempre pisando juerte,
quizá siga hasta la muerte
luciendo bien mi retrato,
y hasta por pasar el rato
dejé frases cristalinas,
siendo suave pa'las chinas
como "lambida de gato".

Si habré atropellado mozas
cuando dentraba en un baile,
encarador como fraile
pa'las chinitas golosas.
Algunas de caprichosas
se me iban apartando,
algunas juí enamorando,
y algunas se me iban yendo,
unas quedaban riyendo
y otras quedaban llorando.

Con una de tan contento
de tanto irle a cantar,
me llegó hasta embozalar
pa'llevarme al casamiento.
Ahí entró mi sufrimiento
y empezó mi perorata,
la pude sacar barata
pues me le pude zafar
"y me le alcancé a escapar
con la manea en una pata".

Una vez a una morena
en menos que canta un gallo,
llegué a atracarle el caballo
en una noche serena.
Ahí se me hizo una cadena,
yo me dije a la que cuadre,
y pa'hablar me citó el padre
pero yo no comprendía
si me hablaba de María,
de Zulema o la que cuadre.

Podría seguirles contando
de las que en ancas me alcé,
pues de tantas que cargué
creerán que estoy bolaceando,
siempre alguna voy marcando
le tiro el lazo a cualquiera,
la que suelto puerta ajuera
es la que está preparada,
y la que queda pialada
es carne pa'la ganchera.

jueves, 23 de junio de 2011

Se la regalo compadre


Mi amigo Juan Ballester
es un mentao domador,
sin vicios, trabajador
y dispuesto pa un quehacer.
Nada tiene que aprender
de ningún hombre campero,
porque piala, es buen resero,
sabe esquilar sin revés,
y a mostrao más de una vez
que es un prolijo soguero.

Como el paisano es casao
a una hora en que lo hallara,
fui pa verle un malacara
que él mismo me había ofertao.
-"¡Pero abajesé, cuñao!",
me dijo en tono afectuoso,
y aunque yo soy respetuoso
ni bien pasé a la cocina,
dentró a mirarme la china
como a sapo de otro pozo.

-"Pepa"... -le dijo el paisano
con sus mejores moditos-
"cebate unos amarguitos
vos que tenés buena mano".
La moza, de pelo ruano,
en vez de mostrarse atenta
le contestó por su cuenta
con ganas de que se arme:
-"¡No entrés a capataciarme
que yo no soy tu sirvienta!".

El hombre de avergonzao,
queriendo arreglar las cosas
me dijo que de mimosa
ansina le había contestao.
Yo en silencio y él callao,
yerbiamos al lao del fuego,
y ella quebrando el sosiego
le dijo: -"¡Juan apurate,
largá enseguida ese mate
y andá a carniar un borrego!"

Y Juan, pa disimular,
o quedar mejor conmigo,
le dijo: -"Pepa, a este amigo
quiero invitarlo a cenar".
Pero ella sabía trotar
hasta con manea redonda,
y ansí fue, que muy oronda
y con el ceño fruncido,
le dijo fuerte al marido:
-"¡Aquí en mi casa no hay fonda!".

Casi ni quiero decirlo,
la rabia que me agarré,
que hasta el rebenque tantié
con ganas de darle un chirlo.
Ella, que pudo alvertirlo
se acarició la melena,
salió pa afuera serena
y con su genio de fierro,
le dio una patada al perro
que estaba atao a cadena.

Por el bagual, Ballester,
ciento diez pesos pidió
-después que lo ponderó-
y yo cien llegué a ofrecer.
Y al no quererme mover
de los cien que había ofertao,
la moza que había escuchao,
gritó con su tono bravo:
-"No le bajés ni un centavo
y que lo pague al contao!".

Le negocié el malacara...
y ni bien cerramos trato,
le di la plata en el acto
pa que la "ruana" no hablara.
Y como quien no repara
si era oportuno el momento,
al dirme, cordial y atento
lo saludé a Ballester,
y le dije a su mujer:
-"¡Que le vaya bien Sargento!".

Quisiera echarte al olvido


Quisiera ser quien te olvida
como una cosa cualquiera,
sintiendo de esa manera
de que deshago una vida.
En mi garganta se anida
el perfume de tu pelo,
veo agitar tu pañuelo
en forma de desengaño,
con el viento de mis años
se irá esfumando tu anhelo.

Quisiera echarte al olvido
pero es cuestión espinosa,
sos como pilcha lujosa
de mi corazón querido.
Corazón, que ha recorrido
como una estrella encendida,
iluminando la vida,
del cielo de tu vivir
y te tengo que decir
que mi alma nunca te olvida.

Quisiera echarte al olvido
y estar el día de mañana,
en la milonga pampeana
que está temblando de frío.
Mi recuerdo, en un silbido,
irá junto a tu vivir;
compartiré tu sufrir
cuando ¡jué pucha! pudiera
recostao en la tranquera...
cuando tengas que partir.

Quisiera echarte al olvido
aunque me sienta penar;
tengo tanto para amar,
que es más fuerte que el olvido.
Nuestras almas que han perdido
el sueño grande de ayer,
dos sueñazos que a mi ver
como último trono han sido,
quisiera echarte al olvido
y no te quiero perder.

Lindo domingo de fiesta


Por ser más domingo que otro,
hoy es domingo de fiesta:
la primera luz del día
corre a lucero y estrella
que amagaron a quedarse
hasta que el sol con su cresta,
hizo un serrucho y cortó
a todas las nubes negras.
En la cruz de dos caminos
un cartel lleno de letras,
anuncia la jineteada
que en el pago se comenta,
y abriendo su boca ancha
para tragarse la huella,
hoy se libra del candao
una tranquera de rienda.

En el poste que se agarra
para afirmar su existencia,
luce en la parte de arriba
lo que de una yunta queda,
el rancho de dos horneros
que lo han dejao tapera,
y como adorno mayor
del otro lao se florea
un palo atao con alambre
que sujeta la bandera,
que está tirando p'arriba
como buscando querencia.

En menos que un gallo canta
envuelve la polvadera,
la gente de todas layas
que a este lugar se allega.
Algunos en sus montaos,
otros en sus cuatro ruedas,
y por ahi un sulky viejo
que a falta'e grasa se queja...
Los que justo al mediodía
todos al monte rodean,
mientras el humo delata
que "en este país no hay miseria",
y más si llega un domingo
y ese domingo es de fiesta.

El verdor de la gramilla
deja de dormir la siesta,
porque lo despierta el grito
de unas bocinas que suenan
como si hablaran los árboles
donde forman sus horquetas,
y ya comienza el revuelo:
jinetes, potros, maneas,
bastos, estribos y cueros,
bolsas, riendas, encimeras...

Los cardos le prestan pinchos
a dos rodajas de espuelas
y la lonja gana el viento,
celosa de las banderas...
Y allí se juegan el todo:
chuzos ariscos y yeguas
contra los bravos paisanos
que su coraje alardean,
mientras se adorna el paisaje
de esta pampa de mi tierra,
con baguales que se estiran,
bufan, disparan, se arquean,
o quedan sobre las patas
paraos y no se volean
cuando los hombres se afirman
mirándoles la cabeza,
poniendo acero en la carne
de los brazos y las piernas,
castigándolos sin yel,
rayándoles las paletas,
en la topada más gaucha
de bravura y de destreza.

Y así va pasando el tiempo
entre miradas inquietas,
cuando el monte se cansa
de ver machaza proeza,
llega la tarde trayendo
una sombra pa'la apuesta,
entonces los comentarios
pasan de oreja en oreja,
repitiendo lo ocurrido
a lo largo de la rueda,
donde caballos y criollos
jugaron tamaña apuesta,
unos: no entregar el lomo;
otros: no tocar la tierra,
y todo porque el domingo
¡cayó en domingo de fiesta!

Romance para tu beso

(Las fotos del video son del gaucho amigo: don Eduardo Amorim)Me está quemando las venas,
la brasa azul de tu beso,
en tiempos de cualquier hora,
de felicidad te encuentro.

Fresca flor de la esperanza
con transparencia de cielo.

Se me hace jardín el campo,
donde hacia el alba te veo,
andar con pasos de aurora,
nativa, entre el trigo nuevo.

La espiga que se estremece,
y yo viéndote de lejos,
y tu pollera floreada,
la nube de tu pañuelo,
y esa amapola temprana,
que está sangrando en tu pelo,
y ese fuego que olvidaron,
tus labios en aquel beso,
que me diste como en broma,
y que me ha puesto en serio.

Corazón enamorado,
que me estás quemando el pecho.
Es que ignoras que me quiere
menos de lo que la quiero,
y por quererla de un modo,
que ya dominar no puedo
le cuelga luto a mi amor
las sombras de tu silencio,
mientras llamea en mi sueño
su boca como un lucero.

Me va quemando la vida,
la brasa azul de su beso,
fresca flor de la esperanza,
con transparencia de cielo.

Se me hace jardín el campo,
donde hacia el alba te veo,
andar con pasos de aurora,
nativa, entre el trigo nuevo,
la espiga que se estremece,
y yo viéndote de lejos.

Como yo lo siento

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero
porque no es como aparenta
sino como yo lo siento.

Yo soy cardo de estos llanos
totoral de esos esteros
Ñapindá de aquellos montes
piedra mora de mis cerros
y no va a creer si le digo
que hace poco lo comprendo.

Debajo de ese arbolito
suelo amarguear en silencio
si habré lavado cebaduras
pa intimar y conocerlo.

No da leña ni pa un frio
no da flor ni pa remedio,
y es un pañuelo de luto
la sombra en que me guarezco.

No tiene un pájaro amigo
pero pa mi es compañero.

Pa que mentar mi tapera, velay
velay, si se está cayendo,
le han rigoreau los agostos
de una ponchada de invierno.

La vi, la vi quedarse vacia,
la vi... la vi poblarse e recuerdos,
sólo por no abandonarme
le hace pata ancha a los vientos
y con gotera de luna,
viene a estrellar mi desvelo.

Mi canto conserva cosas
guardadas en su silencio,
que yo gane campo afuera
que yo perdí tiempo adentro.

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta,
sino,como yo lo siento.

Su cinto no tiene plata...
ni pa pagar mis recuerdos.

Y fue famoso

(Foto: Eduardo Amorim)
Como el tiempo es una noria
Que da vueltas sin parar,
Suele las cosas dejar
Del otro lao de la historia.
Pero a veces la memoria
Sabe coparlo al olvido,
Y hoy el recuerdo ha querido
Que esté mirando al pasao,
Y vuelva aquél reservao
A su tiempo más florido.

Y ansí mis ojos retratan
A ese bichoco sumido,
Que por los años, vencido,
Anda arrastrando las patas,
Vuelvo al pasao y aunque a gatas
Hoy lo estoy mirando andar,
Yo lo quiero recordar
Como en sus tiempos mejores,
Cuando muchos montadores
Solo de él solían hablar.

Me hace volverlo a ver
Echo corcovo y relincho,
Y al enterrarle los pinchos
Ver un paisano caer,
Tanto que hace estremecer
Todo el público reunido
Cuando lo deja tendido
A un famoso domador,
O cortando un atador,
Cogoteando enfurecido.

Pero es al ñudo el intento,
Y se hace triste pensar,
Que se pueda regresar
Al inicio de este cuento,
Quisiera que en el momento
Que el chimango venga a verte,
Te sientas bellaco y fuerte,
Y pensés en la partida,
Que estás volteando a la vida,
Del palenque de la muerte.

Dos de los de antes


La gente que peina canas
Sabe hablar de dos jinetes,
Que fueron para los fletes
Igual que abrojo en la lana.
A fuerza de maña y gana
Supieron siempre echar buena,
Los que pa otros fue condena
Pa ellos fue jugarle y risa,
Uno: don Joaquín Equisa,
Y otro Oscar Esteberena.

Los dos supieron andar
Cerca del cuarenta
Y por el sur se comenta
Que no hubo otra yunta par,
Y dentrando a ponderar
Se recuerda al Balcarceño,
En la Esquina del Lucero
Al tordillo de Arrechea,
Lo ablandó como manea
Que la ha agarrao un guasquero.

Don Oscar dicen que fue
Lo mesmo que el Vasco Equisa,
Que le dio flor de paliza
A aquél alazán de Argüello.
Que anduvo en Parque Camet
Un muy famoso gateao
De Guerrero y me han contao,
Que a un doradillo de Lopez
En Juarez sacó al galope
Y fue con todo el recao.

A un mala cara padrillo
Que era de Pastor Molina,
La fama se le termina
Cuando Equisa lo echó al trillo,
Que ha aumentao el doradillo
Velaez también lo apoca,
Y aunque era fuerte de boca
Aquél bayo de Aspitarte
Le dejó la fama aparte
Como al “Huracán” de Roca.

En cada recuerdo van
Los nombres de estos criollos
Que a Candia por Tres Arroyos,
Oscar lidió su alazán;
Por hay otros contarán
Que con los ojos vendaos,
Joaquín anduvo enancao
Con su hermano o con Juan Alza,
Porque le sobró confianza
Pa’encarar los reservaos.

Y no termina la historia
Cuando en rueda de paisanos,
Se habla de un tiempo pasao
Y de jinetes con gloria,
Pero siempre la memoria
De dos nombres utiliza,
Ya que poco se precisa
Pa dar la razón más plena,
¡Si bueno fue Esteberena,
Ahí anduvo el Vasco Esquisa!

Corral de palo a pique

(PIntura: Carlos Montefusco)
El corral de palo a pique
Que pertenece al pasao,
Se hace cifra en mi encordao
Pa que cantando lo explique:
Que en el tiempo del cacique
Se clavó sobre una loma,
Y fue lugar pa la doma,
Pa pialar con todo el rollo,
O pa que se juegue un criollo
A largarse’e la maroma.

Su redondeada estructura,
Como circo sin techumbre,
Fue signo de reciedumbre
En medio de la llanura.
Aunque torcido en su anchura
en ñandubay fuerte y rudo,
se apretó entre sus ñudos
ya que ni el viento se colaba,
y pa más se sujetaba
con lonjas de cuero crudo.

Y fue el primer escenario,
Que el gaucho tuvo en la pampa,
Pa que se luzca su estampa
En un tiempo legendario,
En él tal vez solitario
Pa que alguien lo califique,
Lo supo andar con achiques
Encarando un potro fuerte,
Y fue testigo’e su muerte
El corral de palo a pique.

Y le sacó el invicto

(Foto: Eduardo Amorim)
Hoy que el hombre se ha tupido
De pelos blancos las sienes,
Se haya feliz porque tiene
Lo que siempre había querido:
Un hijo que le ha salido
De su cría fuerte y sana
Y que se afirma con ganas
Al bagual que más se alabe
Y de su fama se sabe
Entre la gente paisana.

Anduvo siempre a su cola
De que empezó a caminar,
Y fue aprendiendo a lidiar
Con sogas, lazos y bolas;
Como tiro de pistola
Salió para el yeguarizo,
Bien de a caballo, macizo,
Pa aguantar cualquier revez,
No había cumplido los diez
Y ya amanzaba petisos.

Así fue que al poco andar
Ganó fama de jinete,
Y el que a la huella se mete
Ha de ser para tranquear.
Hoy lo han venido a invitar
Al viejo pa que lo vea
Va a ser brava la pelea
Pues va a subir a uno malo,
Pero si el padre va al palo
Clavao que no lo voltea.

Y ansina llegó el domingo
Del día de la jineteada,
Y temprano, de madrugada,
Diba cada uno en su pingo,
En el boliche del gringo
Se bajaron de pasada,
El mozo no tomó nada
Solamente alzó tabaco,
Y el viejo, de un solo taco,
Se despachó una quemada.

Al rato estaban los dos
Dentro d’ el campo’e la fiesta
Escuchando alguna apuesta
De: -“¡Voy al flete!”,“¡yo a vos!”,
-“será lo que mande Dios”,
Dijo el dueño’el reservao,
Y siguiendo pa un costao
Padre e hijo ya caminan,
A los laos de la cantina
Pa hacerle un tiro al asao.

Cuando llegó el momento
De encararlo al reservao,
Le dijo el viejo: “Cuidao
Y atienda los movimientos”,…
Salió el flete como viento
Y en cuanto le abrió las dos patas
Se hizo un ovillo y a gatas
Le aguantó el primer revuelo,
El padre miró pa’l cielo
Y otros gritaron: “¡lo mata!”…

Pero al ratito cambió
El pensamiento’e la gente,
Porque el muchacho valiente
Nada al chuzo le aflojó,
La lonja se la asentó
De revés y de derecho,
De las verijas hasta el pecho
Le hizo correr las de fierro,
Y el padre dijo: -“¡No le erro
Que no lo baja es un hecho!”

Por su instinto de bagual
Y no entregarse vencido,
Aunque ya era pan comido
Siguió bravo hasta el final,
Y al cambiarse de animal
Para el del apadrinador,
Le cupo al mozo el honor
Por su clase de jinete,
Sacarle el invicto al flete
Por su baquía y valor.

Y rodeao por los mirones
Padre e hijo frente a frente,
Se abrazaron de repente
Cruzando los corazones,
Se vieron dos lagrimones
Sobre la cara correr
Del viejo que con placer
Dijo fuerte y sin empacho,
-“¡Hijo’e tigre mi muchacho…
Overo tenía que ser!”.

miércoles, 22 de junio de 2011

Repitiendo una milonga

(Pintura: Carlos Montefusco)
Hoy el llano es una estampa
tendida sobre una mesa
que una mano con destreza
pintó como un poncho pampa;
hoy el novillo es sin guampa
y más manso que un cordero,
ya no es lujo el cadenero
estirado como goma
ni cuchicheando se asoma
el gorrión bajo el alero.

El modernismo arrasando
fué con las costumbres viejas,
las pulperías sin rejas
fueron de a poco quedando.
Los pajonales arando
corrieron los sabandijas,
y se compraron cobijas
y el catre fue desterrado
¡y al alma del encordado
le rompieron las clavijas!

Ya del progreso al embate
se llama gripe a la "influencia"
y nadie tiene querencia
y avergüenza tomar mate.
El remedio es disparate
si no viene en frasco escrito
y adentro en un papelito
la forma en que ha de servirse
¡Si hasta amigo pa'morirse
tiene que hacerse el bonito!

Si revolviendo el pasado
usa un remedio casero,
desparrama el pago entero
las mentas que es atrasado;
tiene que ser revisado
por el dotor largamente
y tragar pacientemente
todo lo que él le enjareta
¡aunque le tuerza la jeta
el asco del ingrediente!

Y así las cosas, cuñao
(Que va a retrucar usted-
"Si, por la mía no sé
por la suya no hay cuidao")
Le dan un certificao
donde dice de que fiero
mal entregó, amigo, el cuero
y si eso es cierto o no es cierto
¡Total, qué le importa al muerto
si ya cantó pal carnero!

En vano ante el empujón
de la vida, al empacarse;
si ve a su mujer fugarse
no hay que hacer un papelón,
detenga en esa ocasión
la pena que lo desgarra,
tampoco lo tome a farra,
sea social en su trato
¡mirando de ella el retrato
cántele con la guitarra!

Y no importa que lo explique
en su canto dolorido,
eso queda muy lucido
cuanto más se le publique:
"Entrá nomás, no te achiques",
diga si llega a volver
pues bruto no debe ser
ni demostrarse tan malo,
que es feo moler a palos
a una "indefensa" mujer.

martes, 21 de junio de 2011

Tala


Te azotaron granizos y aguaceros.
Te zamarriaron bravos ventarrones.
Y a más, la helada en muchas ucasiones
supo emponcharte en los inviernos fieros.
Y si es que te curtieron entreveros
que’ntropiya en silencio “don destino”,
jue cura del dolor, el cristalino
canto de pajaritos mañaneros.

Trenzaron los jilgueros, sus amores,
en el amparo de tus toscas ramas,
y tus muchas horquetas jueron camas
de senciyos niditos soñadores.
Si el continuo vivir no te dio flores
te dio un fruto pequeño, que maduro,
pone lunares bayos al oscuro
sufrido opaco gris de tus verdores.

Pero sos servicial ¡sin güelta de hoja!
y de no, que lo digan los fogones,
ande son brasa eterna tus tizones
porque tu leña dura, nunca afloja.
Siendo monte tupido se me antoja
que sos techo de sombra pa’ la hacienda;
y antaño juiste rústica vivienda
del que ensució el facón en sangre roja.

Te versió de lo lindo un oriental
-Osiris, el de los pájaros locos-,
y anque mi verso es rústico y es tioco,
quiero que sepas que mi canto es lial,
un poco le hablo solo al del corral
(el de la añosa sombra de las yerras),
pero tuitos los talas de mi tierra
se merecen mi canto por igual.

Milonga


Milonga que la encordada
como llorando rezonga,
te llevo en mi alma, milonga,
como una espina clavada;
cuando la tarde soleada
va dorando los pajares
y en las sombras tutelares
de un sauce grande me acuesto,
el viento soplando fresco
milonguea mis pesares.

Fué tu canto guacho, el rezo
de mi niñez olvidada,
y de la tierra adorada
llevas el soplo de un beso.
Cuando el alma desperezo
y la osamenta reparto,
lanza del árbol más alto,
para hacer que me reponga
la calandria su milonga
y me enderezo de un salto!

Si la china culebrea
y me mezquina un pellizco
como mancarrón arisco
que desconfiado mosquea,
yo la sigo a la batea
aunque deveras se oponga,
y si "entoavía" rezonga
yo le canto del galpón:
y le acuno el corazón
en alas de una milonga.

Si en el boliche la taba
se da vuelta -vuelta a vuelta-
y la cosa está resuelta
en dejar lo que llevaba,
si la tristeza me traba
pensando en mi mala suerte
ya en el rancho, me hago el fuerte,
echo una milonga al medio
¡que dice que no hay remedio
tan sólo para la muerte!

Viento de otoño

(Pintura: "Moisesville" de Gaby Grobo)
Barriendo viene el camino
el viento que el polvo aventa
y desde lejos se menta
la fuerza del remolino;
chirria el eje del molino
y la rueda hace gambetas;
dan dos vueltas las paletas,
las repiten al revés,
y se oye de vez en vez
silbar a las martinetas.

Sacude de tanto en tanto
los sauces que amarillean,
sus hojas muertas gotean
con la blandura del llanto:
se siente un vago quebranto,
la angustia rompe su entube,
y a la garganta nos sube,
aumentando el desconcierto,
si el sol que parece muerto
se esconde tras una nube!

Queda algún nido de hornero
entre el ramaje desnudo
aguantando el soplo rudo
y seguidor del pampero;
se hamacará con el fiero
sacudir, allí en su horqueta,
y se me hace a mí, poeta,
al ver que nunca lo saca
¡un gaucho como una estaca
que jinetease un sotreta!

Aunque el alma como fierro
tenga el hombre más fortacho
siente, si no es muy muchacho,
como el frío aullar de un perro:
el Destino su cencerro
deja oir hasta el más feliz,
que la vida es un desliz,
sin un posible retoño
¡y tiene también su otoño
como esta tarde gris!

Día de la Bandera


"La cuestión no es cambiar de amo,
sino dejar de ser perro".

(Dicho por don Manuel Belgrano)

lunes, 20 de junio de 2011

A Ramón Ayala

(Foto de don Ramón)
Ramón, pintor y poeta
En cada color que canta
Quien pinta con la garganta
Y canta con la paleta
Halla una canción secreta
Que en lo hondo del alma empuja.
Silencio que nos embruja
Porque nuestro arte se entabla
Cuando la pintura habla
Y la palabra dibuja.

Me embruja tu melodía
De música silenciosa
Y la magia luminosa
Que enciende tu poesía.
Tu canto convierte en día
Montes de sombra y de fiera
Laberinto de madera
Que hace que “ El Mensú” llore
Para que no lo devore
La gran selva misionera.

Por cuantas viejas bajadas
Hoy cruzan los grandes sueños
De los amores pequeños
Que le duelen a Posadas
Viejas páginas ajadas
De un nocturno poema ciego.
Existe un antiguo juego
Que hace que el hombre se quiebre
El que desvela la fiebre
De aquellas siestas de fuego.

La zafra cazando al peón
Le quebró al invierno un gajo
Que gritó con el trabajo
Qué duro es el algodón.
Pueblo; Cantor sin canción.
Cantor; la voz del obrero.
En tu esperanza primero
Floreció la fruta blanca
Del algodón que le arranca
Las manos al “Cosechero”.

Pescador; Un aparejo
Tiembla esperando la suerte,
Le toma el pulso a la muerte
Que nada bajo ese espejo.
Que en su cementerio viejo
El río nunca te guarde
De muerte herida la tarde
Tira sus llamas al agua
Donde se apaga la fragua
Del horizonte que arde.


Si se apura mi imprudencia,
En lo maduro de tu alma
Encontraré un cause en calma
De profunda transparencia.
Abrevar en tu experiencia
Hará mi canto crecer.
Y tu agua al florecer
Su claridad me dará
Igual que un río que va
Cruzando mi amanecer.

domingo, 19 de junio de 2011

Mi poncho

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Para Alberto H. Acuña, que fue el primero en poner música a mis versos.

Yo tengo un poncho estimado
que conservo con cariño,
porque casi desde niño
mis noches ha cobijado.
Tiene el secreto guardado
de las cosas que he vivido,
y si hallándome sentido
lo extiendo o lo abro en la mano,
¡parece mostrarme el plano
de lo que hemos recorrido!

El ha contado mis horas
de trabajo y diversión,
él fue conmigo al fogón
y a salas deslumbradoras.
El copió de las totoras
el color de su tejido,
en el que tiene escondido
mi palpitar de campero,
y azotes que del pampero
mil veces he recibido.

Ese poncho compañero
que siempre tengo presente,
fué chiripá en caso urgente
y manta del parejero.
Terrible en un entrevero
y útil en cualquier lugar;
me sirvió para arrollar
una hacienda en disparada,
y en los pastos lo hice almohada
cuando he querido sestear.

Y cada nudo observando
de su fleco bien tejido,
parece que fuera un nido
de recuerdos incubando;
recuerdos que están hablando
porque son muy decidores;
recuerdos que ya son flores
o esperanzas deshojadas,
¡que en la vida hay madrugadas
obscuras y sin albores!

Ha sido en época inquieta
de exigencia y de rigor,
abrigo de lo mejor,
colcha de cama y carpeta.
Y aunque el tiempo no respeta
lo querido y lo sagrado,
los recuerdos no ha borrado
del poncho que quiero tanto...
¡Y es por eso que le canto,
para sellar su pasado!

Escuela de baile


Aunque de chico soñé
ser bailarín como tata,
salí más duro de pata
que mi yegua pangaré.
Pa peor me enamoré
de Prospolapia Carrizo,
una mujer: todo hechizo,
joven, coqueta y ladina
y la mejor bailarina
de los pagos de Chamiso.

Por eso en cualquier lugar
que sonara una'cordeona,
no había un solo varón
que no la juera a invitar.
y ella, pa no despreciar,
bailaba la noche entera,
yo nunca entraba en carrera
porque mi pobre bichoco,
me resultaba muy poco
para tan buena parejera.

Tuitos formaban pareja
y yo por ser maturrango,
andaba como un guarango
bostezando entre las viejas.
Aunque al ver las muchachejas
se me hacía agua la boca,
sofrenando mi ansia loca
masqué fuego en más de un baile,
siempre haciendo las del fraile
que mira pero no toca.

Y pa remediar la cosa,
me decidí sin temor,
consultar el profesor
de una academia famosa.
Vendí la vaca barrosa
y los tamangos de goma,
le dije a mi paloma:
-"Ahura pienso ser por fin
tuito un señor bailarín
con autoridad y diploma".

Con mi ponchito oriental
y mi rastra dominguera,
viajé sentao en primera
con rumbo a la capital.
Me apié en la estacion central
y en eso vino a mi encuentro,
un hombre, gordo pa dentro,
uniformao de chofer
en su coche de alquiler
me ofreció llevarme al centro.

Le amostré la dirección
que mi Mama y tío Jacinto,
habían guardao en mi cinto
apuntada en un cartón.
Oservó la inscribición
y me llevó hasta una casa
con una puerta machaza
y unas cortinas de lujo,
con chorretes y dibujos
tuitos de color mostaza.

Apenitas toqué el timbre,
apareció una belleza,
con cara de actríz inglesa
que se arqueaba como un mimbre.
Le dije: -"No se desimbre
porque no aguanto el corcovo,
y retrucó: -"no sé a cómo
que no soy hombre de broma",
mientras mascaba una goma
formando con ella un globo.

Cuando llegué a comprobar
que aquello era el profesor,
avergonzao por mi error
dije pa'disimular:
-"Vengo a'prender a bailar
si no es mucho lo que cobra"...
-"Tenemos tiempo de sobra
para hablar del presupuesto",
dijo: "¡Bien dispuestos
piecesillos a la hora!"...

-"Le daré para empezar
algunas lecciones básicas,
¿prefiere las danzas clásica
o está por lo popular?
-"Mire, yo quiero rumbear"
le dije, "aunque más no fuera
un chotis y una ranchera
pa bailar a rienda suelta,
y un valse de vuelta y vuelta
y una polca rastrojera".

Se riyó con tantas ganas
que el globito del chiclé,
saltó contra la pared
salpicando las persianas;
y me dijo: "Esas macanas
son del tiempo de Falucho,
aura lo que se usa mucho
es el paso caballito,
el canguro y el patito
y la danza del serrucho.

-"Yo enseño piezas modernas,
contagiosas y animadas,
y no cosas antiguadas
del tiempo de las cavernas".
Escarranchó bien las piernas
en posición de descanso,
y camiando a lo ganso
al compás de un disco loco,
comenzó a avanzar de a poco
como quien planta garbanzos.

Viéndolo tan papanata,
no pude soportar eso,
y tomé un tren de regreso
pa'la tierra Malagata,
al llegar le dije a tata
que tocara el acordeón,
y en una sola lección
sin profesores de fama,
aprendí a bailar con Mama
la polca y el pericón.

Palenque

Palenque, poste plantado
de madera resistente,
que está firme en el presente
como añorando el pasado;
que está como amojonado
de hazañas de domadores,
y a cambio de los rigores
del tironear de baguales,
hoy lo escoltan los cardales
como rindiéndole honores.

Mucho podría contar
de bozales y atadores,
de maneas, maneadores
y de los que vió domar;
de cuando ha visto soltar
esa alegre carcajada,
que escapaba acollarada
a un dicho con picardía,
cuando a cualquiera se veía
charquiar en la jineteada.

Hay en él originales
leyendas como rayones,
escritas a manotones
por vasos de los baguales;
fue testigo de los piales
puerta afuera y con destreza,
cuando entre tanta proeza
en que el tiempo transcurría,
cada gaucho parecía
una expresión de grandeza.

De ñandubay o quebracho
de la estancia colonial
fue poste fundamental
cuando el hombre era bien macho;
cuando el de sombrero gacho
o de vincha en la melena,
calzando la nazarena
sobre el bagual se lucía,
cuando aquí no se admitía
ni mordaza, ni cadena.

El que alcanzó a palenquear
muchos soberbios baguales,
que hasta de altos Generales
fueron caballos de andar;
hoy sólo podrá esperar
por toda compensación,
que quiera un nuevo patrón,
de esos de pelo dorado,
verlo en su estufa, trozado,
dándole calefacción.

(Pintura: Carlos Montefusco)

El hijo pródigo (El Evangelio criollo)

(Dibujos: Eleodoro Marenco)

¡Felz día del Tata...!
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Tenía un padre dos hijos;
un día, el más joven de ellos
le pidió con atropello
la herencia que le tocaba,
porque el mundo lo embrujaba
con sus mágicos destellos.

Y aquel padre entristecido
entonces le dió la herencia;
pero el hijo sin concencia
se le jué con toda calma,
dejando hincadas en su alma
las espinas de la ausencia.

Anduvo rodando tierra
sin recordar a su tata,
y derrochando la plata
en vicios y entretenciones,
cuerpiando las afliciones
que tiene la vida ingrata.

Y se le jueron los pesos,
porque al fin todo se acaba;
llegó una penuria brava
por razón de carestía,
hasta el punto que faltaba
la menor proveduría.

Esa epidemia de males
lo agarró sin ningún cobre;
y pa aguantar el zozobre
se conchabó de boyero,
chiqueriando cerdos fieros
como el mendigo más pobre.

En tan triste situación
ni un poco de pan tenía;
y ni siquiera podía
comer en esa amargura
las algarrobas maduras
que aquellos cerdos comían.

Vestido de hilacha y mugre,
como un pobre pordiosero,
cavilaba el día entero:
"¡Cúantos piones de mi tata
tienen pan y tienen plata,
mientras de hambre yo me muero".

Y entonces se dicidió
en medio de sus desvelos:
"Me levantaré del suelo,
iré al padre y le diré:
He pecado contra el cielo
y he pecado contra usté".

"Soy indino de ser su hijo;
tratemé como si juera
un mensual suyo cualquiera,
o como mejor le cuadre";
y hablando de esta manera
volvió a casa de su padre.

Lejos estaba entuavía
cuando aquel padre lo vió;
pronto lo reconoció
y, acortando el largo trecho,
apretó al hijo en su pecho
y llorando lo besó.

"¡Padre mío yo he pecado
no soy dino de ser su hijo!";
pero el tata lo bendijo,
y mandó que le trajieran
las pilchas más domingueras
pa aumentar su regocijo.

"Faenen un gen novillo
pa hacer la carne con cuero;
haiga paz y guitarreros,
porque mi hijo descarriado
está de guelta a mi lado,
después que tanto lo espero".

Y empezaron los festejos,
en eso, el hijo mayor
que andaba de campiador
por los cercos de la estancia,
cayó justo en lo mejor
de esa alegre circunstancia.

Cuando supo que su hermano,
que al final llegaba vivo,
era la causa y motivo
de esa fiesta familiar
perdió tanto los estribos
que no quería pasar.

Le urgió el tata que dentrara;
pero él dijo con reproche:
"Siempre vivo día y noche
trabajando sin flojera,
y ni un cabrito siquiera
me permite que derroche".

"Pero al hijo perdulario
que le vació los bolsillos,
usté le carnió un novillo
pa festejar su llegada,
como si no jueran nada
los perjuicios de ese pillo".

"¡Hijo mío! -dijo el tata-,
son suyas las cosas mías;
pero el baile convenía
pa festejar a su hermano,
que volvió a darme la mano
al cabo de ingratos días".
......................
Tata Dios es este padre
y aquel hijo, el pecador;
¡cuántas veces el Señor
espera a sus hijos malos,
y en lugar de darles palos
los recibe con amor!

¡Tata Dios! ando perdido
pero buscando su encuentro;
yo me hallo como en mi centro
solo en su amistá divina;
que naides siente la espina
como el que la tiene dentro.

¡Ay Tata Dios, Tata Dios!
que al hombre que se convierte,
en cambio de darle juerte,
le da su mano resuelta,
yo también estoy de gelta,
dolorido hasta la muerte.

Vuelvo a sus brazos abiertos
cubierto de fieras llagas;
y le doy mi vida aciaga
como en pago de su amor,
porque yo creo, Señor,
que amor con amor se paga.

El mundo es un Hijo Pródigo
que dejó su hogar paterno;
pero, aunque va pa el infierno,
sin embargo el corazón
siempre le hace comezón 
pa volver al Dios Eterno.

Viaje imaginario

(Pintura: "Cura Brochero"de Paula Sarría Allende)
He galopiao muchas leguas
pa'poder yegar a "El Cielo",
la gran estancia que Usté
Señor, es único dueño.
Me recibió en la tranquera
su mayordomo, Don Pedro,
le pedí que me anunciara
y me contestó sonriendo:
"Dentre nomás, amigazo,
Él sabe que viene a verlo".

Y aquí estoy, Don Jesucristo,
a molestarlo me atrevo
por cosas que andan pasando
ayá, en los pagos terrenos.
Quisiera que con la cencia
de su sagrao inteleto
pare por siempre las guerras
que nos están destruyendo,
también le pido Señor
un güen trato pa'los viejos,
que no haigan pestes malditas
ni drogas, ni nada d'eso,
que haiga trabajo y amor,
que no esistan ventajeros,
que'l odio sea desterrao
pa'siempre d'entre los nuestros,
que sin distinción de razas
-con la paz como precto-
vivamos todos felices
rodiaos de chicos risueños.

Yo lo sé muy ocupao
pero, comprienda Maestro,
que mucha gente en la tierra
de hambre se está muriendo
y hay poblaciones enteras
carecientes de colegios
ande seres desalmaos
capacitan a "rateros"
que con el tiempo, Señor,
yegan hasta ser gubierno.

Por rigor de la injusticia
a veces, el hombre güeno,
pierde su fe y su pacencia
y se convierte en matrero.
Si me he yegao a su casa
jue Don -pa'serle sincero-
buscando su santa ayuda
y si es preciso le ofrezco
mi vida, que poco vale
pero es l'único que tengo.

Aura que ya he terminao
he d'emprender el regreso.
Entréguele de mi parte
a su Mama mis rispetos
y quedo a disposición
si quiere verme de nuevo.
Contento de haberlo visto,
dispacito me voy yendo
canturriando a media voz
en su honor, el Padre Nuestro.
.........................................

Pd: Recordando al Gran Tata de todos, y pa' todos los tatas...¡Feliz Día!

sábado, 18 de junio de 2011

Con el pie en el estribo


Cuando ya esté pa dirme,
cuando las prendas suebren en el viaje,
cuando tu voz se empañe al despedirme
¡escasa de coraje!

Cuando como un ñublao,
como una tela tenga encima de las vistas,
y la lengua trabada se ha empacao-
¡porque al cuete es pensar que se resista!

Secá los ojos y mirá pa'juera
y pensá-
Que la muerte, si es fiera, no es tan fiera:
¡Por lo menos nos hace descansar!

Ahorrame los rezos,
que si hubiese justicia más ayá,
no la creo ni temo, ¡qué canejo!
Si a naides hice mal!

No necesito cruz pa'los lamentos,
consolate, nomás:
La cruz -en vida- la llevé en los tientos,
¡Pa'qué preciso de las cruces más!

Reculando al tiempo


En los días más diversos,
con alegrías y penas
hilvanaba las cadenas
muy sencillas de mis versos;
como de arreos dispersos
campeando las consonantes
iba por pagos distantes
-tropero de mis empeños-
tejiendo ponchos de ensueños
con cosas pasadas antes.

Así encontraba el olvido
calmando toda inquietud
por alguna ingratitud
que me hubiese dolorido;
el recuerdo, colorido
le daba a la evocación
y me veía ante el fogón
con un costillar plantado,
un amargo bien cebado
al amparo del galpón.

Chillaban los venteveos
en las ramas de los sauces,
y como siguiendo cauces
cruzaban el campo arreos;
y en aquellos ajetreos
llegaban bandeando el llano
el grito de algún paisano,
de la madrina el cencerro
y algún ladrido de perro
como un lamento lejano!

Después, calma: en el alero
cuchicheaban de a ratitos
gorriones y chingolitos
y allá por el bajo, el tero;
dormitando, el ovejero
en la siesta descansaba,
las patas acomodaba
sirviéndole de almohadón,
y a veces un tarascón
tiraba a una mosca brava.

Quebraba luego el reposo
de la tarde muy serena
el chirriar de la cadena
en la "rondana" del pozo;
de la ranchada algún mozo
se llegaba a tranco largo,
que aunque no fuese de encargo,
por gaucho y por servicial,
¡traía sonriente y cordial
el brindis de un mate amargo!

Y de la hora a la pregunta
caía al punto la respuesta
y terminaba la siesta
y a con los huesos de punta;
de torcazas una yunta
era fácil divisar-
que del sol al amparar
los cuerpos como capullos,
¡deshojaba el sauce arrullos
como un doliente rezar!

Mano criolla


El botón de la presilla
que sujeta a la encimera
no lo abre un tirón cualquiera
aunque cinche una tropilla.
Es de confección sencilla,
salido de mano ruda,
mano en que el criollo se escuda
y va al peligro tranquilo
¡Que no ha de mermarle al filo
cuando la cosa es peluda!

Mano tosca, mano fiera
que aguanta al lazo el cimbrón
cuando enlaza el cimarrón
que ha puerteado campo afuera
y un pial de astucia certera
junta sus manos al vuelo
y el tirón venido al pelo
a la libertad lo arranca
¡y golpea con el anca
chicoteando por el suelo!

Mano que calza la taba
y la acaricia un baquiano
con la magia de su mano
de vuelta y media la clava;
al ventajero lo traba
al conocer la intención
que va a pelar el facón
y bien sabe, compañero,
¡no hay animal pescuecero
si se le gana el tirón!

De los alambres de púa
a veces luce una herida
que el sol la seca enseguida
como seca la garúa;
la mano es como ganzúa
que abre cuanto se imagina:
y en esta tierra argentina,
si algún amor lo desgarra,
¡abre al son de su guitarra
el corazón de una china!

(Foto: Aldo Sessa)

La vuelta del resero

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Cuando la noche es oscura
y el rumbo se presta a yerros,
el tilín de los cencerros
es la guía más segura:
la madrina va en procura
de la querencia, afanosa,
y la noche tenebrosa
parece menos huraña
¡Dando una apariencia extraña
de misterio a cada cosa!

De los ranchos más cercanos
llegan furiosos ladridos
y los teros, sorprendidos,
gritan su angustia en los llanos.
Al llegar a los pantanos
el galope se detiene
y con molestia se aviene
el pingo baquiano al cruce
¡Mas la espuela que lo induce
con él compasión no tiene!

La brasa del pucho que arde
porque el viento la acaricia,
en la noche desperdicia
el brillo que hiciera alarde;
se agranda de tarde en tarde
y parece así una estrella
que recorriese la huella
en la boca de un varón
¡campeando algún corazón
perdido en la noche aquella!

El viento descansa a ratos
dormitando en las cañadas
y descubre a la bandada
el silbido de los patos;
los teros sus alegatos
siguen en largo desvelo,
y alas tendidas en vuelo
de un pájaro misterioso,
en la noche, sin reposo
son las puntas de un pañuelo.

Y el ruido del galopar
se prolonga en el camino
rumbo al deseado destino
que aguarda nuestro llegar;
un alegre respirar
el pecho gozoso hincha,
que aunque esté floja la cincha
apura al gaucho el halago
de sentirse ya en el pago,
pues la madrina relincha!

Peoncito

(Pintura: Carlos Montefusco)
Demasiadas carnes pa'poca bombacha,
y pelos te suebran p'al viejo chambergo;
y por las caniyas curtidas y flacas
tenés sobrenombre "patitas de tero".

Pedazo'e camisa que tiene su asomo
por un ujerito que te hizo la púa
y alcanzó a arañarte brutalmente el lomo,
que sabe de fríos, de sol y garúas!

Caniyas chorriadas al dir al galope
por los cañadones jugando con barro,
y cáscara dura tenés los talones
de dir taloniando matungos muy flacos!

La bocaza abierta, yenita de risas,
sos pájaro manso que canta riyendo;
pa'mandarte, siempre alguien te precisa
y todos son dueños de dirte exigiendo!

Te tratan con lástima -hasta que los años
a apuntarte un día se atreven el bozo,
y a algún engreído de pagos extraños
le hacés ver difícil arriar al mocoso...

Patente de gaucho te da tal hombría,
y ya alguna pilcha comprás en la "Esquina";
y un día dichoso -¡Dichoso aquél día!-
te agenciás -muchacho- de rancho y de china!

Y darás gurises muy pobres de trapos,
pa'quienes no alcanza jamás la gayeta,
que igual que ñanduces que van por los campos
¡Irán por la vida rumbiando gambetas!

Ortiga crespa


Deja el cuero dolorido,
que güen rato mortifica,
porque es ortiga que pica
dendeveras y al descuido.

Y no sé porqué razón
lo comparo a tu desdén
que deja roncha también
en medio del corazón!

Mujeres ortigas son
que aunque naide no las ve,
¡Levantan las ronchas que
no se curan de un tirón!

La esquila

(Pintura: Molina Campos)
"Si hay carne y cueva, que llueva!"
Un galpón grande y abierto
del lado que da al corral
sirve de hermoso tendal
contra los soles cubierto;
el agarrador despierto
no le merma a la tarea,
agarra, trae y voltea
y las va poniendo en fila,
¡Mientras la comparsa esquila
con ligereza y bromea!

Doblados de la cintura,
entre las piernas la oveja,
va cayendo la madeja
de lana con su blancura;
el esquilador apura
pero cuida su trabajo,
que, aunque trabaja a destajo,
ser lerdo es de mala fama:
¡Y a veces el cuero inflama
la llama ardiente de un tajo!

Un balerío tristón
responde, de la majada,
a la recién esquilada
que va a engrosar el montón;
y al mirarla, un juguetón
dice, por tomar el pelo-:
"Como contaba mi agüelo
que en los tiempos suyos fuera,
era ansina la escalera
con que un zonzo subió al cielo"!

La tormenta amenazante
hace temer al patrón,
que con recelo tristón
mira al cielo a cada instante.
La mortandad, importante
ha de ser en esta prueba.
Que el frío mata y se lleva
a muchas, como un veneno:
y uno grita al oir un trueno
"¡Si hay carne y cueva, que llueva!".

viernes, 17 de junio de 2011

Boyero cantor


Desparramando el aroma
de las florcitas camperas,
van las brisas mañaneras
apenas el sol asoma,
y ya, bordenado la loma,
hacia una estancia vecina,
en busca'e carga encamina
un boyero su carreta,
que, crioyo, sensible y pueta,
ansí recuerda a su china:

"Manejando mi picana,
de la yunta al tranco lerdo,
como un pájaro el recuerdo
al nido'e mi alma se gana.
Tempranito de mañana
le doy cancha a dos bostezos,
pongo de punta los güesos
y en cuantito m'espabilo
mi china está en un estilo
qu'es dulzón como sus besos.

"Me ilumina tu mirada
y me tenés en la ausencia,
con el alma en la querencia
a tu cariño maniada;
pronto, bajo la ramada,
hayarme a tu lao confío,
pa entreabrir al beso mío
tu boca roja y golosa
como un capuyo de rosa
cuando lo besa el rocío".

Ya la carreta chirrea
en un lejano sendero
y apenas se oye al boyero
que de cantor alardea.
Cuando el sol el pasto orea,
porque alto se ha remontao,
piensa: -Si no se ha pegao
mi chinita a la cubija
me ha de aguardar, a la fija,
con un verde bien cebao.

Estimada Cantalicia:

(Mural azulejado con pintura de Molina Campos en Subte de Bs As)

Estimada Cantalicia:
habrás estao impaciente
al no tener del ausente
ni rastros de una noticia.

No estrañés que no t'escriba
seguido, pues ni con cuarta
yego al final de una carta
sin sentir el cuest'arriba.

Hoy, con tranco'e caracol
la escretura despareja,
tal vez s'estire, mi vieja,
como perro echao al sol.

Desimulá si las tachas
y borrones, forman suma:
es que me queda la pluma
como freno a las vizcachas.

Pero si mi letra es fiera,
también jués escaso mi estudio;
en fin... suspendo el preludio
y le meto a la ranchera.

Hoy más que nunca un caudal
de ciencia precisaría
pa pintarte, vieja mía,
lo que hay en la capital.

¡Cuánto pueblero manate!
¡Qué palacios, virgen mía!
Me la paso todo el día
abriendo la boca... al mate!

Y vos también, en verdá,
te asombrarás si te cuento
lo ingenioso e cada invento
oserváo en la ciudá.

Una visita al hotel
me dió un alegrón, temprano:
Cáiba a verme Martiniano
pa que saliera con él.

Tuvo a mi compadre en cura
un médico e mucha fama,
y ahura que dejó la cama
volver al pago procura.

Sin hacerme rogar mucho,
pues vino que ni de encargo,
me desprendí del amargo
y cabrestié sobr'el pucho.

Tras del convite espontáneo,
cuando la caye ganamos,
dijo mi compadre: vamos
a viajar pu'el suterráneo.

Una abertura enrejada,
hecha al costao de la acera,
me hizo vichar la escalera
que desciende iluminada.

Bajé con cierto recelo,
aunque desconfiaba en vano,
pues yevaba a Martiniano
sirviéndome de siñuelo.

Dejé el último escalón
cuando almiré de improviso,
lo largo y limpio del piso
embaldosao de un salón.

Yo, pa rumbiar más en fija,
a mi compadre hice cola
y vide que una chirola
le acomodó a una rendija.

No puso la plata al cuete,
porque dispués que la echó,
pude oservar que pechó,
pa pasar un molinete.

De miedo a los papelones,
como el mono lo imitaba
y, de paso, me cuidaba
de los puebleros burlones.

Pero al ñudo jué el cuidao
que tuve entre los estraños,
porque abrí ojazos tamaños,
igual qu'el pavo atorao.

Decí si no es pa asombrarse
una escalera muy larga
que rueda repleta e carga
de cristianos, sin pararse!

Aquí, si somos sinceros,
ni la distancia jeringa.
No se le ocurrió a Mandinga
lo que han hecho los puebleros!

Yo, sin tomarme el trabajo
de moverme tan siquiera,
me acomodé en la escalera
y eya me yevó p'abajo.

Cuando me apié, se acercaba,
devorándose el camino,
un tren, que a pararse vino,
al lao mesmo ande me hayaba.

Juí a subir y, cosa rara!
la intención me conocieron
viente puertas, que se abrieron
sin que naides la tocara.

Hasta que un pito escucharon,
estando todas abiertas,
vide, embobao, que las puertas
del tren solas se cerraron.

Creerás que la fantasía
en ancas va de mi cuento
y yo pienso, no te miento,
que esto huele a brujería.

Lo mesmo qu'exhalación,
por un tubo que lo encierra,
el tren, por debajo e tierra
va d'estación a estación.

Y sin para un minuto,
de puebleros atestao,
de punta a punta el poblao
recorre por el cañuto.

Agatas yegué a la meta,
me pasó una cosa ingrata:
emboqué mal con la pata
y cuasi me voy de jeta.

Eso pasó en la escalera
rodadora, a la subida,
cuando campié la salida
ansiando el aire de ajuera.

Martiniano, que a la cuenta
es un ladero machazo,
viendo yegar el porrazo
m'enderezó la osamenta.

Ya sé que no te hace meya
qu'en mesivas d'esta laya
l'hacienda 'e mis letras vaya
saliéndose de la güeya.

Por eso dentré al pantano
d'escrebir tendido y mal,
con letras flacas, igual
que perro'e vegetariano.

Saludos de mi compadre,
que sueña con la querencia,
ansioso e ver a Prudencia
y de abrazar a la madre.

Recuerdos en abundancia
envío pa nuestra hija
y pa que hagás repartija
entre la gente la estancia.

Güeno, mi vieja, sujeto
las ganas de prosiar mucho
y t'encajo, sobre'l pucho
un juerte abrazo
Aniceto

jueves, 16 de junio de 2011

Rodolfo Flores


Una guitarra encintada,
güen caballo, güen apero,
linda brasa en el yesquero
y mucha dicha soñada.
Alguna criolla olvidada
entre otros viejos amores
unos cuantos sinsabores,
poquitas sus alegrías,
así era, señora mía,
el gaucho Rodolfo Flores.

De verlo tan sin agüela
las criollas lo maldecían
pero alguna brujería
sabría darle a las mozas
que al volver, las muy donosas
otra vez lo bendecían.

Cuando cáiba a las cuadreras
ya lo rodeaba la gente,
con una vincha en la frente
y otro pañuelo en gorguera,
concertaba una carrera
a vaciar los tiradores,
porque en sus tiempos mejores
tenía un zaino de laya,
primero siempre en la raya
los fletes del gaucho Flores.

Pa’ correr dos cuadras libres
ninguno se le igualaba:
él siempre de atrás picaba
el hocico a la paleta
pero áhi nomás su sotreta
como tres cuerpos sacaba.

Pa’nde te juiste aparecero
de mi mocedá bravía?,
si sabrás que mi alegría
se acabó, porque te quiero,
que conservo tu yesquero
y tus lazos potriadores,
y en la sombra ‘e mis dolores
tu yesquero es sombra y luz
para encenderle a tu cruz
mis velas, Rodolfo Flores.

El viejo gaucho


Hijo soberbio del llano,
desde la cuna el pampero
del rancho bajo el alero
lo besó como un hermano...
Veló su espíritu sano
empapado de grandeza
y su indómita fiereza
no fue carne de rebenque,
¡ni fue la fuerza, palenque,
para doblar su cabeza!

Viejo ya; encanecido;
del ombú seca guirnalda,
siente crujir en su espalda
los derrumbes del olvido...
Y de intemperies curtido
entre sus júbilos probos
no llegan a sus arrobos
del desengaño las rachas...
¡hasta el filo de las hachas
se mella en los algarrobos!

Así les cuenta a sus nietos
de la enramada al arrullo
los altos timbres de orgullo
de sus amores inquietos;
los dolorosos secretos
de una pasión infeliz,
que grabó con su desliz
la opuesta y cortante hoja
¡y fue una rúbrica roja
la indeleble cicatriz!

Así les cuenta del brío
que tuvo en la guerra el puño
cuando de sangre el terruño
sintió desatarse un río...
Cuando el gauchaje bravío
confundido con el lodo,
sobre las cumbres un codo
se alzó con la correntada...
¡para convertirse en nada
después de haber sido todo!

Como su potro triunfal
haló en el trabajo freno
y el arado rompió el seno
de la pampa virginal.
Como al nacer el trigal
hamacado de sudor,
convertido en labrador,
hizo de su lanza astillas,
para caer de rodillas,
ante el surco redentor.

Al vibrar su voz amena
en la nostalgia concluye
como el raudal que diluye
sus espumas en la arena...
Nublan sus ojos la pena
de la tarde desmayada...
y temblando la enramada
al pasar las mariposas
vuelca un perfume de rosas
en su cabeza nevada.

Del tranquilo atardecer
con la luz de tono vago,
parece el alma del pago
que se está por desprender...
Desata el fondo del ser
una lágrima cautiva
la tarde ya pensativa
recogiendo su visión
¡y pasa la tradición
como una sombra furtiva!

El canto de la pampa


Yo siento como perdura
en los sembrados que acopio,
ese orgullo, ese amor propio
de la grandeza futura.
Y tendida en la blandura
de mis lomas sin marañas,
tiemblo en génesis extrañas
al beso del sol amado...
¡Yo nací para el arado
que me rompe las entrañas!

De los astros al vibrar
sin quebradas y sin montes,
me abrazan los horizontes
en un incendio solar.
Siento lo inmenso del mar
en mi regazo fecundo
y de rumores inundo
el espacio siempre abierto...
¡como si alzara el desierto
las armonías de un mundo!

En la curva indefinida
de mi verde exuberancia
es vértigo la distancia
sin valladar y sin brida...
Y del Andes desprendida
-sábana inmensa de mies-
palpita el mundo al través
de la tierra que se asombra...
¡Al tenderme como alfombra
para que rueden sus pies!

Yo guardo de la leyenda
sobre mi límite ancho
la vieja historia del rancho
como la última ofrenda...
Y en el polvo de la senda
que corta la lejanía,
aún resuena de'otro día
en polvoreda de lauros
¡el galope de centauros
de la patria bizarría!

En mis verdes extensiones
que el arado despedaza
parece crujir la raza
mezclada con los terrones.
Del pasado los girones,
llevan los surcos triunfantes,
y en los confines distantes
de la fiera y del corcel
¡sutura tajos el riel
de una herida de gigantes!

Yo llamo con alboradas
de profética vislumbre
a la vieja muchedumbre
de las tierras agotadas.
En apoteósis de azadas
abro al mundo mi heredad,
por que la fecundidad
de mi suelo ha de extinguir,
¡el hambre de porvenir
que tiene la humanidad!

Venga el hierro del cultivo
y el brazo del sembrador
que mi suelo redentor
no ha sido estéril ni esquivo...
Tiembla el orgullo nativo
en mis humanos antojos,
y con los sacros despojos
de heroísmo que en mi duermen
revienta espigas el germen
y se enfloran los rastrojos!

Yo siento, patria, la diana
del futuro que fascina,
patria, que siendo argentina,
no dejás de ser humana.
Yo soy la tierra lejana
que se convierte en venero,
la que enguirnalda el alero
de tus glorias de arrebol
¡y canta dianas al sol
con el clarín del pampero!

Cuchillo, poncho y caballo


I
Pa'l tiempo en que aún se solía,
poblé marcando orejanos
sacaos a fuego y perrada
del monte y de los bañados.

Contaba entonces mi tarja,
lo que cayera en el lazo
-sin salir de la zoncera
de veinte suertes de campo!-.

Y aquí mesmo a'nde me ve,
redotao y de tamangos,
sin darme güelta el capincho
mandaba parar a mano.

¡Ta claro!
Tenía más vacas
que moscas trai el verano.

Cuando paraba rodeo
llovía polvo en tuito el pago.

Pero...
hubo que recular
p'hacerle patancha al diablo,
y al campo de veinte suertes
lo tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte;
más mi suerte no es de campo:
suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.

II
Pa'l mesmo tiempo, tenía
un alma como d'encargo

...Cuando la poblé de sueños
dio tres engordes al año...

Alma y campo, pasto tierno;
verde esperanza alma y campo.
Los novillos con mi marca,
y los sueños... orejanos.

Lindo verme cair entonces
-tropilla'e pelo y chiniando-
a pencas y californias
como peludo'e regalo!

Medio "quebrao de verija"
y echao p'atrás el capacho,
dentraba a pedir boladas
a'nde afluejaban los guapos...

Pero, hubo que arrollar cuartas
cuando vino el tiempo malo
y hasta'l alma de a poquito
la tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte
pa'rimediar, cuanto cuanto:

Suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.
(Pintura: Pablo Uriburu)