viernes, 27 de noviembre de 2009

Donde no pasó la ciencia

(Foto: Aldo Sessa)

Se presentó Santa Rosa,
temporal de la leyenda,
y llevaba una semana
apaciguando una seca.

Se habían cortao los caminos,
aislando gente y hacienda;
la estancia se despertó
en un rumor de tragedia:

la mimosa del patrón
había amanecido enferma.
Era una rubia preciosa,
un ángel sobre la tierra;
y a juzgar por el estao
no alumbraba cosa buena.

El patrón por el teléfono,
le habló al doctor que saliera,
que él iba a salir también
para adelantar su enferma.

Pero al llegar al arroyo,
pa'cruzarlo...¿de'ande, yerba?
Si estaba fuera 'e los causes
más de dos cuadras y media.
Allí terminó el camino,
allí siguió la tristeza.

La madre abrazada a su hija
miraba el agua revuelta
y el doctor en la otra orilla
dando recetas por señas.

Iluminó la tormenta
y recortó en la llanura,
un relámpago de acero
a un gaucho de tez morena.

Que venía en un tordillo
galopeando a media rienda,
paró, sofrenó el caballo;
de un salto echó pie a tierra...
Su saludo fue diciendo
aquí estoy pa lo que quiera.

La madre le quiso hablar
pero la ahugó la tristeza,
y el padre tartamudeando
le decía a media lengua:
-"¿Sabe Señor, lo que pasa,?
¡que está muy grave mi nena!...

"¡Mire el doctor dónde está!,
pero hasta allá, ¿cómo llega?!"
Entonces dice el moreno:
"¡No está muerto quien pelea!".

Desensilló su caballo,
le sacó recao y rienda;
se acomodó el chiripá,
descalzó las nazarenas...

De un salto volvió a montar
y gritó con voz serena:
-"¡Lo único que le pido,
que me la den desenvuelta"...

"Ya ven que el diablo anda suelto,
pero que Dios me proteja!
¡Via llegar con mi caballo
donde no pasó la ciencia!".

Se volvió corriente arriba
pa después tirarse en ella,
él sabía que su tordillo
iba a cumplir su promesa.
Porque un sabino jamás,
desmereció la leyenda.

Cuando llegaron al medio,
remolinos de tragedia,
querían sacar del brazo
aquella flor de inocencia.

Que apretada sobre un hombro
y acostada en la derecha,
parecía un escapulario
sobre un albardón de tierra.

Cuando llegó en la otra orilla
y se afirmó en la ribera,
vió que la mano de Dios
le había encendido una estrella.

Allí se la dio al "dotor",
palmeó el pingo en la paleta,
y le dijo: "Bueno, hermano,
está al medio tu promesa".

"Ahora descanse un ratito,
le viá exigir otra fuerza",
a las dos horas y medias
estaba el negro de vuelta.

Con la chiquita en los brazos
y cumplida su promesa,
por lo que dice el papá
-"Se ha ganado esta carrera...
y usted, ¿cuánto va a cobrar?"
-"¿Yo?, ni las gracias siquiera,
Cuando hago de estas gauchadas
¡nunca fijo recompensa!"

"Pero sí viá reprocharle,
para aliviar mi conciencia,
de que hace unos cuántos años
dicen que por muy chambón,
Usted me echó de una yerra".

"Le via a hablar por mi caballo
él fue quien cruzó a su nena,
y aunque es un pobre animal
quiero que tuitos lo sepan".

"Que aquí naides es más que naides
frente a la naturaleza,
y a mí que por ser moreno
la sociedad me desprecia,
que por pobre y por humilde,
no pude ir a la escuela..."

"Y a usted, Señora, le pido,
cuando haga dormir su nena,
en esas noche de lluvia
en que el sueño matrerea,
le enriede un cuento como éste
que tiene olor a pobreza".

"De que éste moreno viejo,
que no conoce una letra,
que por pobre y por humilde,
no pudo ir a la escuela
cruzó, donde hace un momento,
no pudo cruzar la ciencia".