jueves, 12 de noviembre de 2009

Dejá que silben los vientos


Dejá que silben los vientos
y que se arqueen los talas,
que en este rancho de adobe
jamás ha pasado nada.

El horcón y las tijeras
están muy bien sujetadas,
por unas sogas y tientos
que fueron bien maseteadas;
de una yegua cimarrona
que quebré en una pialada.

Dejá que silben los vientos
y que castiguen las aguas,
y que en la vieja tapera
se aparezca la luz mala.

Que todo lo que sea luz
es mejor nunca apagarla...
Mientras rebire unos tientos
atracá al fuego la pava
y cebame unos amargos
compañera de mi alma.

Dejá que silben los vientos
y que llueva con más gana,
que buena falta hace aquí
que cayeran estas aguas.

Mañana cuando amanezca
con el lucero del alba,
ensillaré mi picaso
pa'ensillar la caballada;
y dir arando estas tierras
y después poder sembrarlas.

Nunca te asustes del viento
ni le temas a las aguas,
asustate de que puedas
hacer una cosa mala.

Yo voy a dir ensillando
pa'traer la caballada,
vos seguí con tus quehaceres
que sos una moza guapa...
Dejá que silben los vientos
y aparezca la luz mala.