miércoles, 28 de octubre de 2009

Faustino, el hachero


Faustino, era hachero pa'ese entonces;
se lo veía llegar de su trabajo
y con el resto'e juerzas que guardaba,
dir poco a poco levantando el rancho.
A su lao, secándole sudores,
cebándole algún mate o ayudando,
andaba su Jacinta, moza güena
con la que iba a levantar su nido'e barro.
Regao por el sudor de aquél esfuerzo
el barro jué creciendo, y un verano,
Faustina y la Jacinta conocieron
la dicha de sentirse "propietarios".
Esa migaja de alegría que al cielo agradecieron
logró el milagro de hacerles olvidar,
que el pobre en cualquier parte
nunca es dueño, sino esclavo.
Pasó el tiempo. El hacha de Faustino
ya le andaba pesando entre las manos.
Cambiaron capataz en el "obraje"
y el nuevo pa'cumplir, tuvo que echarlo.
¿Y áura... ande iba?
... a los sesenta, Dios hace milagros...
De hacha al hombro volvió:
- "...Jacinta... es duro lo que viá decir, ¿sabés?
¡Me echaron!... ¡Sí!...¡Me echaron!
... el obraje necesita gente moza
y dicen que estoy viejo pa'l trabajo..."
Su mujer lo miró muy dulcemente:
-"Y gúeno... al fin y al cabo
ya ha voltiao mucho monte,
... y será cosa de Dios, que andaría viendo
que estaría po'apretarlo algún quebracho!...
¿Ánde va?... ¡Yo lo quiero!... ¿No le alcanza?
Recuerde que cuando usté hizo el rancho
yo apenas lo ayudaba,
¡áura me ayuda usté... y emparejamos!..."
Jacinta era guapa dende chica,
¡pero nunca lo jué tanto!
Faustino iba a buscarle ropa al pueblo
y ella arqueaba su lomo trabajando,
hasta que el sol oscurecía el arroyo.
Recién se daba cuenta del cansancio
cuando volvía a su casa
con el montón de ropa entre los brazos.
Así fueron peleando a la miseria,
hasta que un día
el reuma le meneó las juerzas;
cayó en cama... y seguro
la soledad le ahugó adentro del rancho.
...La cosa es que una noche entró a dormirse
y el sueño se hizo eterno de tan largo.
Nunca se sintió tan solo el viejo hachero
que esa tarde que añudó dos palos
y los clavó en el sitio ande Jacinta
dormía para siempre su cansancio.
Después vino el asunto del camino...
No habría pasao un tiempo
en que la soledad y la miseria
habían hecho del viejo un pobre andrajo,
cuando cayeron una tarde
los de la Vialidá, mostrando planos
de un proyecto 'e camino que cruzaba
justo por donde estaba el rancho...
-"¿Voltearlo... dicen?? ¡No puede ser!
¡Mucho me costó alzarlo!
....¿Que lo manda el gobierno?... ¿Y de ahí?... ¡Es mío!
¡Yo mesmo he levantao esas paredes
con estas manos!..."
-"Si ...¡pero el terreno no es suyo!".
- "¡No era'e naides, señor, pa'quel entonces!".
-... Se equivoca, mi amigo. Tenía dueño.
¡Se llamaba "Don Fisco" el propietario!
El gobierno ha mandao abrir camino
y su rancho va'ndarnos estorbando..."
-"¡Pero es que toda mi raza
ha nacido y muerto en este pago!
¡No me pueden echar sin darme un sitio
ande vivir como crestiano!
... Usté es léido, señor... me compriende...¿no cierto?
¡Un es plata lo que ando precisando!
Todo lo que tengo es este rancho
y los huesos de Jacinta,
¡que me den un lugar para enterrarlos!..."
Vano fue el pedido; en esos casos
no hay que pensar en Dios, sino en el Diablo...
-"(¡De llevarnos de la queja de estos indios,
no acabaríamos más con el trabajo!)
¡Yo comprendo, mi amigo!... ¡pero la ley exige
cumplir con lo que ordena!
¡Eso sí!... ¡le quedan quince días
pa'que arregle sus cosas y deje el rancho!"
-..."¿Quince días?... ¡Ajá!... ¿Es mucho tiempo!
¡Lo que tengo que hacer, lu hago en un rato...!
Faustino entró a su rancho y al segundo
salió de hacha en mano:
-"...En mis tiempos juí hachero... ¡y de los güenos!
... dentre a ser un estrobo en el obraje
y me echaron...¡aura es cuestión de ver
si el uficio'tuavía me vale de algo!!...."
...Y el hacha, revoleada por la furia
sin control de aquél viejo, hizo pedazos
las paredes añosas y sufridas
de su rancho de barro.
Después jadeante removió la tierra
hasta dar con un montón de güesos
que envolvió en su poncho...
-"¡Y ya me voy nomás, pa'no estrobarlos!
¡Díganle al señor "Fisco" que disculpe,
pero a veces los indios olvidamos
que hemos perdido tuitos los derechos
a vivir como viven los cristianos...!".

Cuentan los hacheros que a Faustino
lo hallaron días más tarde,
gritando enloquecido, monte adentro:
-"...¡El señor "Fisco" precisa todo el campo!
¡Él solo es el patrón!... ¡Cuidado!¡No estorben!
¡Vienen voltiando ranchos!
¡Juyan pa'donde no yeguen los caminos!
¡Juyan... que ni los muertos están a salvo!
¡Miren!... ¡Miren!... Estos son los güesos de Jacinta!
¡Tengo que andar con ellos en la mano
... porque no tengo tierra pa'enterrarlos!!".

1 comentario:

Anónimo dijo...

uno de los mejores poemas que escuche recitar en mi caso de un tio ya fallecido aldo ali