lunes, 4 de mayo de 2009

El tuse de mi pingo.


Siempre me gusta tusarlo
y más si tengo un paseo,
porque pa mí es un floreo
cuando tengo qu'empilcharlo.
Dispués me gusta mirarlo
y observar su movimiento,
rebosando de contento
cuando se me muestra altivo,
y con el pie en el estribo
ya caminando, lo muento.

Naides podrá criticar
el tuse de cogotillo,
ni la altura del martillo
que siempre le sé dejar.
Y han de ponerse a mirar
cada pata bien pelada,
y la cola recortada
arribita del garrón,
a la caída del jamón
bien abierta y cepillada.

Una vez que ya ha salido
y divisa campo ajuera,
hace jugar la testera
escarciando en son medido.
Estornuda presumido
como luciendo el recao,
que le queda de asentao
como si juera exprofeso,
y juega sobre el pescuezo
las riendas, mi colorao.